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jueves, noviembre 06, 2025

Goloso

Soy de un goloso empedernido y esa parte insana en mí se enfada con el Salva cuidador de su cuerpo.

Por mucho estrés que me invada, no perdono mi rutina de los seis mil pasos. Llueva, truene o haga 40 grados. No hay ni un solo día, en años, en que no los haya caminado ese mínimo imprescindible.

Las tardes de más pereza me pongo como objetivo una confitería en la calle Canalejas que tiene unas palmeras de chocolate espectaculares. Ir y volver desde casa viene a supone cumplir con el compromiso diario. Compromiso con más nadie que conmigo mismo.

Entonces, una gran parte de las ocasiones, rodeo la manzana donde está la pastelería y me vuelvo sin pecar. Me sirve como la zanahoria al conejo.

Eso sí, hay días en que caigo de lleno y me regodeo en el Salva pecador.

lunes, octubre 21, 2024

Ochoa

Siempre terminábamos allí cuando íbamos de compras por el centro.

—¿Un carmen en el Ochoa?

A mi madre le volvía loca esa copa chata de metal donde nos colocaban bolas de helado adornadas con caramelo, servidas por camareros uniformados, en la más clásica de las confiterías de Sevilla.

Dejábamos las bolsas colgadas en la barra y nos apostábamos allí, hasta buscar con la cucharilla el último rastro de nata.

En esta media vida sin ella, cada vez que paso por la calle Sierpes miro de reojo a la confitería. Ya no quedará nadie de entonces, quién sabe si siguen sirviendo cármenes con caramelo, ni si habrá madres golosas que lleven a sus niños a asomarse al placer de los momentos que se van para siempre.

miércoles, diciembre 14, 2022

Pudin

Si hay un recuerdo que tengo idealizado de mi infancia, ése es el pudin de pan que hacía mi madre.

Tras décadas sin tomarlo, aún puedo recrear en mi cerebro el sabor, la textura, el placer que me producía, la fiesta que yo le hacía cada vez que llegaba a casa y lo olía.

Llevo media vida preguntando a la gente si sabe hacer pudin de pan y, no es que nadie sepa hacerlo, sino que nadie conoce ese pastel de mis sueños.

Con un pensamiento romántico, evité buscarlo en internet o en un libro de recetas, quería que esa delicia me encontrase a mí.

La otra noche, mi hermana Raquel me envío una foto.

—Te he hecho un pudin de pan, y sabe igual que el de mamá.

Muero de amor.