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sábado, octubre 18, 2025

Culito

Ya de pequeño mis hermanas se reían de mí porque me dejaba la yema del huevo para el final. Cuando todos habían terminado de comer, yo empezaba a mojar mi trocito de pan.

A día de hoy veo las mismas caras, más disimuladas, en mis amigos a la hora de llegar al postre. Sé retener mi copa de vino y reservar el último sorbo para disfrutar de la tarta de queso o el tiramisú, en esos momentos finales del convite en el que ya nadie se atreve a proponer otra botella.

Miran de reojo mi copa y se dicen 'qué coraje'.

Soy especialista en estirar el placer hasta el final.

martes, octubre 18, 2022

Bethania

Eran las tantas de la madrugada y yo había pasado la noche en la discoteca donde ponían copas mis hermanas.

Estaba descubriendo la vida, todo por entonces era novedoso, incluso esaos chupitos que me hacían perder, por primera vez, la compostura.

Mi amigo Quino estaba en Brasil de prácticas y me trajo un disco de María Bethania, con quien caí rendido de inmediato. Tenía puestas sus canciones a todas horas y las sabía recitar con un portugués destartalado.

Esperé a que mis hermanas terminaran de currar, ya casi amanecía, y les propuse, a ellas y sus amigos, con la borrachera propia de un adolescente, cantarles una canción de la Bethania.

—Chega de tentar, dissimular e disfarçar e esconder o que não dá mais pra ocultar... —Aún recuerdo hoy la letra, de esos tiempos, en carne viva.

Los tenía en corro, en torno a mí, pero tantos ojos me hacían perder el hilo de la letra. Se reían a carcajadas y yo suplicaba por que me dejaran empezar de nuevo.

—Chega de tentar...

Y me perdía otra vez. Iba perdiendo el equilibrio. Abría los brazos para cantar y volvía a equivocarme. 

Así hasta que me caí de espaldas, en forma de cruz. No tuvieron reflejos para evitar la caída y allí seguía yo, bocarriba, cantando por la Bethania.

Desinhibido, dolorido, feliz, con todo el futuro abrazado en esos brazos abiertos.