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domingo, febrero 01, 2026

Novela

Hace apenas unos minutos que he terminado mi última novela y ya siento el vacío de no volver a ella por un tiempo.

Me resulta aun sorprendente mi capacidad para conmoverme con historias que yo mismo he inventado, ese pellizco en el corazón al sentirse descubierta Marita por su hijo, mis lágrimas al acompañar a Iker para ayudar en la mudanza de su padre, la belleza de la devoción del protagonista por su primo Gorka, el dolor aterrador de perder a una segunda madre...

Entiendo que me emociono hasta los huesos porque las historias que escribo no hablan de mí, pero se construyen desde lo más íntimo de mis inquietudes: la pérdida de la infancia, la maternidad rota, el trabajo no deseado, las amistades que no fallan, lo azaroso del destino, la salud mental de nuestros mayores, el amor como solución a todo.

Y, para ayudarme en el viaje, tiro de personajes que se hicieron ya reales en novelas anteriores. Aquí volveremos a la cocina de Patri o al gabinete de rayos uva de Reyes. Son amigas leales en este mi mundo de ficción, tan real dentro de mí, como actrices de un director de cine que las necesita en el plató.

Si en 'Lo que hicieron de mí' hablaba de Álvaro, un hombre que cargaba con una culpa infantil que no le correspondía, en esta nueva novela os hablaré de Iker, un joven de salud frágil que se maneja como puede tras haber sido sobreprotegido desde muy pequeño.

¡La infancia!

Feliz de haber pasado tanto tiempo en Donosti con las Urzaiz, ahora toca corregirla, maquetarla, ponerla bonita para que en unos meses seas tú, quizás, quien te remuevas con esta historia arriesgada de herencias familiares donde la torpeza, a veces, desluce al amor.

jueves, septiembre 01, 2022

Digestión

Que los niños no podíamos bañarnos hasta dos horas después de comer era un dogma.

—Se os corta la digestión.

No sabíamos muy bien lo que eso significaba. Yo imaginaba que desobedecer esa orden implicaría que nos entrarían convulsiones hasta ahogarnos. Siempre he sido muy dramático.

Existía un truco. Bañarse justo tras terminar la comida. Entonces la maldición desaparecía.

Había una familia, sin embargo, que estaba liberada de esa condena divina. Sus padres les habían dicho que podían bañarse sin problemas después de almorzar, que no había regla ninguna, que lo podrían hacer en cualquier momento. Entonces, bajo el sol abrasador del verano, el resto de la pandilla los veíamos bañarse, pegados a la orilla, sin mojarnos los pies, como perrillos que ven un hueso tras un cristal.

Ahora puedo imaginar la indignación entre los padres con esa familia, porque les desbarataba la autoridad, hacía plantearse a sus hijos si esa orden no era una excusa para dormir la siesta tranquilos, sin tener que andar moviendo el cuello vigilando a los niños en el agua.

sábado, marzo 05, 2022

Mujer

La mujer siempre lo tiene más difícil, tome el camino que tome.

Si decide trabajar, descuida a su familia, si decide cuidar de la casa, es una inútil. Si se emplea a fondo en su profesión, es una mala madre, si pide jornadas reducidas para atender a los hijos, es una escaqueada. Si decide no tener niños, no es mujer del todo, si decide tenerlos es para cubrir una carencia. Si es lesbiana, es una marimacho, si quiere vivir soltera es una frígida, si le apetece una vida sexual sin restricciones, es una puta.

Si cambiamos de género, todos esos calificativos se convierten en cualidades cuando se trata del hombre.

Aún queda mucho por recorrer.

Soy uno de vosotras.

miércoles, febrero 17, 2021

Blanco

Comenzar a escribir una novela es tan duro como desafiante.

Ya tengo en mi cabeza la trama, jugosa de sangre caliente, diferente en su concepto, a estas alturas ya irrenunciable, avasalladora como reto.

Sin embargo, los personajes yacen inertes en la palma de mi mano. Algunos apenas balbucean, otros andan despistados, confusos. No todos saben aún cuántos hermanos tendrán, cómo será su físico, dónde vivirán, incluso si seguirán llamándose así o les cambiaré de empleo. Se miran y se ven muy parecidos entre ellos, cuando hablan no encuentran su tono, ni saben todavía reír.

He empezado a moldear a Lara, una valenciana de mediana edad que huye del Brexit con su hijo, al que cambié ya tres veces de nombre antes de saludarme el encargado de un restaurante, Abel, que lo bautizó, sin saberlo.

Con todos sus ahorros invertidos en un pequeño hotel en Sevilla, mi protagonista tiende a venirse abajo más de lo que yo deseo, así que le busco secundarios que la animen, que le hagan compañía, que le descubran las cualidades que atesora tras media vida como madre soltera en Londres.

Dudo si traer a su madre, ya mayor, desde Valencia, para que la cuide. O darla por muerta.

Decidí, como un electroshock, que la primera frase de la novela fuese el mayor golpe de efecto de la historia, pero ha dejado a Lara aturdida.

Pensé que su historia la narrase alguien desconocido, pero vi que no, que no hay mejor forma de contar su historia que a través de la pluma de quien más apasionadamente la quiso. Maxi.

¿Lo llamo Maxi?

Llegará un momento en que todas mis criaturas se me alboroten, tomen decisiones a pesar de mí, adquieran personalidad, tono, textura, sustento; pero aún están lejos los días en que mis manos teclearán solas la historia. Ahora necesitan de mi oxígeno y mi paleta de colores. Toda la energía la pongo yo, lo que me trae destrozado. Me despierto a medianoche pensando en ellos. Escucho conversaciones, veo películas, oigo música, leo novelas como ávido ladrón de detalles para mis personajes.

Tengo todos los avíos del puchero, ahora toca encender el fuego. 

Ya no me puedo separar de la lumbre.

domingo, enero 03, 2021

Pareja

El estado de felicidad no se sustenta en tener pareja.

Parece de perogrullo, pero en esta sociedad de falsos mitos, hay que reivindicar la capacidad de alcanzar la plenitud como persona sin tener una relación de amor. Tanto como la de ser mujer con mayúsculas sin ser madre.

De hecho, hay más dificultad en encontrar el pleno bienestar cuando se está comprometido, porque el terreno en el que necesitas desenvolverte para cumplir tus sueños debe ser compatible con el de la persona a la que amas; porque debes regalar parte de tu tiempo a las actividades que al otro llenan y, aunque estén lejos de tus querencias, aprender a disfrutarlas o, al menos, a no despreciarlas.

Bajo escenarios de novela romántica se encierran muchas jaulas sin rejas de las que resulta difícil escapar por mil causas. Pereza, falta de agallas, hijos por criar, cariño mal entendido, dinero, complejos, dependencia o compasión.

Una persona independiente tiene a menudo el mérito de la valentía, por mucho que añore a alguien con quien compartir su cama o un trocito de la tarta de queso de la nevera. Una persona sola es una luz que ilumina sin enganches ni pulmones artificiales. Es un todo completo al que no le falta un pimiento; una estrella fuerte, enorme, singular.

Nadie es un fracasado por no encontrar a la persona soñada que vea en ella la misma imagen. El fracaso sólo está en no intentarlo.

Uno no fracasa por no haber encontrado el amor, sino cuando se dice a sí mismo haberlo hecho sin ser verdad.

jueves, junio 26, 2014

Certezas

Hay infinidad de temas sobre los que uno puede pensar firmemente en un sentido en el momento actual y tomar la posición contraria un rato después sin incurrir, aparentemente, en contradicciones. Normalmente esas cuestiones son abiertas y generalistas.

¿Qué razones llevan a una mujer de cuarenta y tantos años a tener su primer hijo por inseminación artificial?

El otro día tuvimos esa discusión en casa de mi amigo Migue y los argumentos eran demoledores o admirativos, aún más extremos cuando la conversación es pasional, hay confianza entre los que charlan y está aliñada de alcohol.

Con toda la limpieza que implica hacerlo cuando no hay nombres y apellidos detrás de la pregunta, nos planteábamos: ¿Qué lleva a esa mujer a inseminarse?

Hay razones para pensar que la cordura de una persona ya realizada consciente a esas alturas de la vida de lo que quiere y de lo que no, con una capacidad enorme para encauzar su amor; del mismo modo que se puede pensar que esa mujer va a proyectar todas sus frustraciones en una criatura que va a nacer con las cartas marcadas y una presión insoportable, soterrada, que la llevará a tener como retos aquéllos de su madre; aunque, seguramente, la verdadera motivación, estadísticamente hablando, esté en el centro.

Cada cual interpreta con su bagaje personal a cuestas y su forma de ver el mundo como guía.

Cuando la mujer X se convierte en una persona de carne y hueso es cuando sí se puede analizar, con criterio, qué la llevó un día a un gabinete médico para solicitar esa inseminación artificial, y ahí se juntarán frustraciones, mucho amor por dar y ganas de cumplir un sueño. O no.

Las conversaciones de café o sobremesa que tratan de temas universales, ¿tienen sentido entonces?

Siempre.

Charlar sobre lo divino y humano nos hace distinguirnos como personas; escuchar lo que el otro piensa y sus argumentos permiten conocer mejor a aquél con quien nos rozamos a diario; interpretar los comportamientos de los demás es una manera de ponernos en la piel de los otros para entenderlo, aun a sabiendas de que no hay respuestas categóricas para gran parte de los interrogantes acerca del devenir del ser humano. Afortunadamente.

Lo más divertido, cuando uno piensa que todos tienen su parte de razón, es escuchar.