No es que sea insano soñar con un cochazo o un viaje a Australia, pero es más liberador que las metas sean más del ser que del tener. Que las posesiones futuras se midan en tiempo.
Tiempo para leer.
Es en eso en lo primero que pienso cuando oteo esa jubilación que nunca llega: tener el control de mi vida para organizar mis días. No depender de los ritmos que marcan otros.
Intentaré manejarme para hacer lo que me gusta y para hacerlo bien. Incluso aburrirme (aprendiendo japonés).