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martes, noviembre 06, 2012

Piedras

Trataron de impedir en los años ochenta la ley que posibilitaba el divorcio a los matrimonios que fracasaban, se organizaron utilizando argumentos religiosos para impedir la ley que regulaba el acceso a un aborto que protegiera a la mujer de hacer frente a una interrupción del embarazo fuera de la clandestinidad, sacaron banderas de España para insultar a los homosexuales cuando se les concedió el derecho a contraer matrimonio.

Y han luchado con todas sus fuerzas para poner piedras en el camino.

El sentido común y la evolución natural de la sociedad española ha ido abriendo camino al andar, quitando las piedras con las que nos querían retener en tiempos que no volverán, épocas pasadas en que todo se evaluaba en forma de pecados y condenas.

Hoy es un día feliz. El Tribunal Constitucional sentencia que las personas tienen derecho a elegir con quien firmar un compromiso vital, que les proteja y dignifique, independientemente de su identidad sexual.

Es una ley que no obliga a los homosexuales a casarse, como la del aborto no inducía a abortar ni la del divorcio fomentaba las separaciones.

Es sencillamente la proclamación solemne de que todos somos iguales, quitando etiquetas de persona más o menos válida según con quien te acuestes.

Han sido miles de años de historia del ser humano sometiendo al ostracismo y la vergüenza a aquéllos que sienten diferente, condenándolos a relaciones ocultas, a vidas dobles y justificaciones perversas.

Una ley no cambia la mentalidad de una sociedad, pero en este caso dignifica y hace justicia a ese porcentaje importante de la población que en todas las épocas pasadas, sin importar razas, naciones o creencias, ha sufrido la burla, el menosprecio y la falta de comprensión.

Días como hoy sí me siento orgulloso de ser ciudadano español.

lunes, septiembre 27, 2010

Romaníes

Apagada ya la burbuja de la información periodística de las expulsiones de los gitanos rumanos de Francia (la actualidad exige 'más madera' y a éste episodio ya no se le puede sacar más jugo por parte de la prensa), aún no se ha apagado mi indignación por el apoyo expreso de Zapatero a esa política de trazos gruesos, por decirlo en términos suaves, del populista Sarkozy.

No soy tan simple como para pensar que no es un problema la creación de guetos en nuestras ciudades, pero de un presidente, y más si es de izquierdas, se exige una política más elaborada que la de expulsar en masa a colectivos de una raza.

Desde el poder se ha querido demonizar a la comisaria europea Reding por unas declaraciones que daban en el centro de la yaga. Ella criticaba una circular expresa en la que se ordenaba a todas las prefecturas francesas desmantelar los campos de 'roms', gitanos rumanos.

Se crea un Derecho Europeo y una Comisión que vele por ellos, pero se les ridiculiza cuando tratan de hacer aplicar la norma.

Zapatero, tratando de entender los compromisos con Francia por su lucha contra ETA o la inclusión en el G20, podría haberse remitido a la declaración conjunta de Jefes de Estado. Pero no, apoyó expresamente a Sarkozy.

Si rompemos los ideales, ¿dónde queda la izquierda?

Cuando se aprobó la entrada de Rumanía y Bulgaria en la UE, se asumía que en poco tiempo habría libre circulación de personas. Y los gitanos lo son, le duela a quien le duela.

¿Que son pobres en su mayoría?, ¿que no se integran?, ¿que montan campamentos alrededor de las ciudades?

Habría que haber contado con ello y, si no se hizo, habrá que establecer políticas de integración, contar con el gobierno rumano para establecer mecanismos de repatriación voluntaria, escolarizar a los niños de estas familias, fomentar el aprendizaje de la lengua del país, establecer convenios entre organismos sociales, sindicales...

Recuerdo que nuestro alcalde socialista ordenó dar una bolsa de plástico con dinero en metálico, muchos miles de euros, a gitanos de un barrio de Sevilla para que se fueran.

A mí, en mi empresa privada, me exigen resultados y un código de conducta.

Yo, de izquierdas convencido e irreductible en mi posicionamiento social, critico con fuerza a los míos, porque a los Sarkozy de turno no me queda otra que soportarlos.

domingo, enero 03, 2010

Zapatero

Reconozco especial simpatía por este hombre, vilipendiado en tantos medios de comunicación, tachado de incompetente, indeciso, integrista, ingenuo, voluntarista sin más, chaquetero, improvisador... 

Desde mi propio campo, muy cercano al suyo, son muchos los errores que identifico en su trayectoria, los cuáles los resumiría en haber sido poco claro en sus estrategias políticas (a nivel de aliados, especialmente hablando de los grupos nacionalistas, cuyo único ideal es el terruño), en haber dado imagen de improvisación en cuestiones económicas (no me parece muy socialista ese beneficio de 400 euros en el IRPF o la ayuda universal de 2500 euros por nacimiento, debería de haberse hecho en función del nivel económico del interesado). Creo que ha errado en cuestiones internacionales, al menos no veo una línea clara, en que se moje en asuntos trascendentes (Cuba, Marruecos, Venezuela, la Unión Europea, Afganistán). 

No se puede estar a bien con todo el mundo, sobre todo cuando el mundo es tan terriblemente injusto. 

Creo que a Zapatero le ha faltado más contacto con la realidad de la calle, un impulso realmente fuerte en los terrenos de la investigación y la innovación científica, más valor a la hora de redactar la Ley Antitabaco. Creo que fue un error por su parte nombrar a Bermejo como ministro de Justicia, o a César Molina como Ministro de Cultura. Me hubiera gustado que durante esta terrible crisis que le ha tocado padecer se hubiese rodeado de un equipo técnico-economista de primer nivel. Se pueden mantener principios de izquierda pero coger el timón con las dos manos, el país se juega mucho. Y el timón no se puede coger si no se tienen todos los conocimientos necesarios. 

Dicho esto, considero que Zapatero es una gran persona y un político con aún muchas cosas que aportar. En su haber está la valiente reforma de la ley del aborto, la ley de Dependencia, pensando en los que más sufren, la ley del matrimonio homosexual, dando dignidad a los que siempre estuvieron marginados. Siempre ha luchado por mantener los derechos de los trabajadores, en una época en que hubiera sido fácil apoyar políticas más agresivas contra éstos, porque en época de grandes crisis vale todo. Es una persona con principios, por mucho que se le quiera tratar de apocado. Es un hombre bueno que sueña con una sociedad que funcione bajo principios más humanos. Poco a poco se acerca su final político en esta su etapa como Presidente del Gobierno de mi país. Dijo en su primer discurso, que yo escuché emocionado desde Francia días después del atentado del 11-M, que no nos fallaría. Ha fallado como fallan todos los humanos, pero yo no tengo ningún reproche que hacerle a su persona. Me parece un hombre digno, que enaltece la política, que se mueve exclusivamente por sus ideales y que siempre lo hará así. Sería una gran alegría para mí que consiguiese frenar, reflexionar, tomar las medidas oportunas para los que tanta esperanza pusimos en él volvamos a creer que es posible construir un mundo más justo a base de buenas políticas. Estos días celebramos menos muertos que nunca en carretera, menos mujeres muertas a manos de sus maridos que nunca. La muerte de ETA está más próxima que jamás lo ha estado. Algo han tenido que ver sus ministerios en todo esto y leyes aprobadas durante su mandato. Deseo que estos años que queden hasta las próximas elecciones haga lo que esté en su mano para que, los que creemos en él, sigamos criticándolo con energía pero orgullosos de su quehacer como Presidente. Mucho ánimo

lunes, febrero 18, 2008

Nuestro mundo político

Vivimos un período de elecciones en que se nos bombardea por los diferentes medios, periodísticos y publicitarios, con mensajes políticos.

Es difícil no sentirse algo estafados por esa sucesión de promesas vagas en una carrera feroz por el quién da más.

Todos nos sentimos de alguna manera más cercanos a algún líder o espectro político, aunque sea difícil encontrar aquél que colme nuestras aspiraciones.

La política es difícil, tener en cuenta todos los factores que confluyen en la dinámica de una sociedad y construir un mensaje creíble, factible y sano no es cosa fácil; pero hay que reivindicar la política como necesaria y a los políticos como personas válidas. Un buen político, en esencia, es o debe ser una persona implicada, comprometida y generosa. Debe serlo porque está poniendo muy alto en su escala de valores el bien público. Salvando excepciones, la gran mayoría de los políticos luchan por ideales en los que ellos consideran que se deben sustentar las reglas para hacer de la nuestra una sociedad más justa.

En esta situación hay algo que me molesta especialmente y de lo que todos alguna vez hemos pecado: dar por supuesta la afinidad política en el otro. Ridiculizar a Zapatero, a Rajoy o a Llamazares, a los de derechas o a los de izquierda, a los nacionalistas o a los que no lo son, cuando estamos en reuniones de amigos, compañeros de trabajo o simplemente conocidos, en las que no necesariamente sabemos cómo respira el otro.

Creo que no nos debemos permitir el anatemizar a ningún líder político en público por respeto a quien puede no compartir esa opinión. Salvando el reducido círculo de las personas más íntimamente unidas a nosotros, dar por supuesto en el otro determinadas afinidades políticas es un gran error.

La verdadera democracia es poder opinar teniendo en cuenta siempre que quien se toma el café o la cerveza con nosotros tiene tanto derecho como tú a creer que la suya es la mejor opción política.

lunes, abril 30, 2007

Conversaciones con el nacionalismo vasco

Me escapé de la Feria de abril un jueves por la mañana para adentrarme en tierras vascas. Me quedo con una conversación en la parte vieja de San Sebastián. Mis contertulios, entre otros: Román Sudupe, ex-presidente de la Diputación Foral de Guipúzcoa, Patxi Baztarrika, vice-consejero de cultura del gobierno vasco y Xabier Ezeizabarrena, candidato a la alcaldía del Ayuntamiento de San Sebastián.

Delante de unos vinos de Rioja y un buen chuletón les di mi visión de ciudadano sevillano de andar por casa.

Román Sudupe me dijo no ser español.

Yo dije que tengo todo el derecho, como él, a pensar distinto (que él). Mi idea de España pasa por la seducción. Quiero una España respetuosa con todas las culturas, fuerte en su defensa de la libertad y del hombre. Y en esa España me gustaría encontrarme con Román Sudupe, una persona excepcional. En ese país él me dijo poder encontrarse conmigo.

Les pedí autocrítica, y se miraron entre sí. 'Hemos hecho muchas cosas mal'.

Creo que hay una táctica sanísima para estos casos. No pensar en qué se equivoca el otro (el Rajoy, el Zapatero, el periodista o el obispo de turno) sino corregir los fallos propios.

Les hablé de desigualdad de oportunidades. ¿Por qué para presentarse a unas oposiciones a profesor de Matemáticas a un vasco sólo se le exige en Andalucía ser bueno en Matemáticas y a un andaluz en Euskadi ser bueno en Matemáticas y en Euskera?

'Porque es la lengua del país', respondieron.

Pues hagan firmar un compromiso de aprendizaje del Euskera (compromiso evaluable uno o dos años después), una vez que haya demostrado su valía como profesor de Matemáticas.

Hay que buscar el sentido común. En esa mesa encontré disposición a escuchar al sevillano que llegó a disfrutar de unos pinchos (pintxos) en la parte vieja de San Sebastián.

Un abrazo a ellos