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jueves, diciembre 01, 2022

Edad

De pronto veo a gente que tiene mi edad y me asusto.

¿Tan viejo soy?

Más que el espejo del baño, en el que estoy acostumbrado a observarme, y a perdonarme, es el reflejo en aquellos que nacieron cuando yo lo hice la verdadera medida de lo que soy, de la vida recorrida y aquella por encarar.

Llego a un período de mi vida en el que casi todos los que están en el candelero, artistas, políticos, tertulianos son más jóvenes que yo.

Al menos, cuando llego a los bares con Fran, aún nos dicen...

¿Qué os pongo de beber, chicos?

Y me tomo una cerveza con la alegría de quien se siente encantado dentro de su piel.

Burdeos

Pasábamos unos días en Donosti con Raquel e Iván y se nos ocurrió ir a Burdeos, ciudad elegantísima donde las haya.

Mi hermana y mi sobrino no la conocían, así que nos plantamos allí, en uno de esos viajes imprevistos que nos gusta organizar sobre la marcha. 

Fran, apasionado de todo lo que tenga que ver con la decoración, descubrió una calle, en el barrio marroquí, plagada de tenderetes de artesanía. 

Se enamoró de una vajilla y, cuando ya nos volvíamos para España, nos acercamos con el coche para cargarla. Yo quedé a la espera, aparcado en segunda fila, por lo que no pude escuchar que la bolsa tenía las asas muy frágiles. 

Varios días después llegamos a Sevilla, con la obsesión en Fran de atravesar con cuidado cada pequeño bache en la carretera para no dañar los platos, que a mí me tocó subir a casa. 

Justo cuando iba a depositarlos en el suelo de la cocina, las asas se rompieron.

Hay tardes en las que me tomo unos cereales con leche en un bol de Burdeos, la única pieza que sobrevivió, entonces se me viene a la cabeza la cara de Fran cuando subió y me pongo colorado.

lunes, noviembre 28, 2022

Planes

A la gente le molesta que le rompan los planes, y no imaginan lo beneficioso que puede ser.

Porque de ese día seguro que te acordarás, no de los treinta anteriores en que no hiciste sino lo mismo de siempre. La tarde en el sofá, la cena frente al telediario y un capítulo más de una de las series que devoras.

Un timbrazo al telefonillo que no esperas para sacarte de casa es el mejor regalo. Propongan lo que propongan. Di que sí. Aunque sea para bajar al bar de la esquina a tomar un par de cañas.

Porque con las cervezas vendrá una charla, unas risas, quizás alguien se cruce, alguien a quien hace tiempo que no ves, o te percatarás que el vecino de abajo no es tan malaje o te invitarán a una ruta por el campo al domingo siguiente.

Cuando siempre dices no, acaba por no asomarse nunca nadie a tu portal.

domingo, noviembre 27, 2022

Tarjeta

En épocas en que mi economía estaba hecha un desastre casi nunca perdí el humor.

Si tiraba de una tarjeta para comprarme algo ya pensaba lo feliz que me haría, pero cuando me la rechazaban por falta de saldo me alegraba de no gastar el dinero.

Todo me venía bien.

Todo me viene bien.

Si llamo a alguien para cenar ya pienso en lo bien que me lo voy a pasar, si me dice que no puede me relamo pensando en lo a gusto que voy a estar en casa viendo una peli.

Que mi jefe me encarga realizar una presentación de los últimos avances en algún trabajo, me pongo como un pavo real. Si, en el último momento, se suspende me digo que de buenas me he librado.

Cuando a uno todo le vale se hace casi inmortal.

Maldición

Aunque todos somos animales, hay quien nace con la maldición de un apetito sexual desbocado.

Tengo en mente un par de compañeros de bachillerato que no hablaban de otra cosa y me gustaría saber, a día de hoy, dónde están.

A todos nos gusta el sexo, pero cuando éste se pone por encima de cualquier cosa todo se desequilibra, a no ser que o bien encuentres a tu media naranja con la misma obsesión por estar todo el día copulando, o consigas llevar una vida equilibrada yendo de aquí para allá, saltando de flor en flor.

No envidio a quienes lo tienen como la primera de sus prioridades, por mucha fascinación que eso pueda provocar a mucha gente.

Saber retener, encontrar los momentos, respetar las apetencias de los otros son, a mi entender, cualidades de una persona serena con mucho más atractivo personal, consiguiendo que el sexo, sin dejar de ser animal, se haga más humano.

Váter

Apenas llevaba unos meses en la fábrica de Renault, más perdido que el barco del arroz.

Me habían contratado para el departamento de Mantenimiento, para lo que la dirección me organizó un período de formación con los eléctricos y mecánicos de la factoría, a los que yo me pegaba para aprender cómo solucionar averías, bajo la presión de un programa de producción que no podía parar.

Aprendí mucho más de esos compañeros que en seis cursos de Ingeniería en la universidad. Me enfrentaba al mundo real y ahí no había que sacar sobresalientes, sino resolver problemas. Entendí la importancia de términos como solidaridad, escucha o fiabilidad.

Una mañana, cuando andábamos viendo las líneas de producción que estaban paradas, llegó mi jefe a mi sitio.

El director quiere verte.

A mí se me heló la sangre. Era tanta la inseguridad en mí que pensé que me despedían, o que me dirían que no era lo rápido, efectivo y resolutivo que se esperaba de mí.

Entonces, un compañero de mantenimiento, al ver mi cara desencajada me dijo:

Salva, cuando te sientes frente a él, imagínatelo cagando.

Cuántas veces no me habré acordado de esa frase el resto de mi vida. Cuando alguien me impone, cuando participo en una reunión con algún gran jefe, cuando hago una presentación delante de un tipo que se toma por importante, entonces lo visualizo, con los pantalones bajados, en el váter.

Contigo

Cuando uno lleva veinte años felizmente emparejado, hay códigos asentados entre los dos que no necesitan explicación.

Fran y yo somos tan diferentes que necesitamos nuestros espacios de libertad, que funcionan porque los respetamos. Es más, se convierte en una de las claves de nuestro amor. Sabemos ponernos en la piel del otro, proteger ese lugar donde la pareja se siente calentita, hacer por que nada perturbe su mundo cuando lo ves disfrutando en él.

Hay veces, también, en la que tenemos que hacer concesiones. Sitios, actividades o personas que no nos apetecen mucho, pero que entendemos que son importantes para la persona con la que compartes tu vida.

Entonces, cuando llega ese momento, yo siempre respondo:

Yo, estando contigo...

Dando por hecho que, a pesar de mi falta de entusiasmo, allí estaré con él.

Cuando soy yo el que propongo alguna movida de las mías, él me responde con guasa.

Sí, amor mío, lo que tú digas.

Y nos reímos.

jueves, noviembre 24, 2022

Versiones

Podría escribir tres veces la misma historia y contarla de forma tan diferente que pensaras que me la estoy inventando, pero las tres son verdaderas, solo que filtradas por los resquicios de mi memoria, mi estado de ánimo y mi experiencia vital en el momento en que te las narro.

No se miente cuando se cuentan cosas que no ocurrieron así, porque lo que pasó es imposible de describirse con total fidelidad a los hechos. Lo que para ti ocurrió un día caluroso, para otro sucedió un día que tenía una resaca insoportable y para otro aquello pasó poco después de la muerte de su padre.

La realidad del pasado siempre está deformada por nuestra memoria, que olvida cosas feas y encumbra momentos dulces que en su momento no lo fueron tanto.

De ahí que me guste escribir, para jugar a averiguar mi propio pasado convencido de que un día caluroso y con resaca, tras la muerte de mi padre, me dijiste que me querías.

miércoles, noviembre 23, 2022

Tres Cruces

—Perdona, ¿una plaza donde hay Tres Cruces?

Yo andaba en mi mundo por las calles del Barrio de Santa Cruz y me quedé parado, con una sonrisa delante de esa chica rubia que pronunciaba el español con acento alemán. 

—Claro. A ver...

No era aún época de GPS ni Google Maps, así que tuve que posicionarme en el recodo donde nos encontrábamos para tratar de localizar esa pequeña placita que retrotrae a tiempos en los que Sevilla era el único puerto con América.

—Creo que es por allí.

Ella me miró raro.

—De allí es de donde vengo. —Movió la cabeza y me dio una nueva oportunidad.

Yo soy de los que se tiene que girar hacia algún lado para distinguir la derecha de la izquierda. Y de allí salían calles estrechas para todos lados.

—¿Dónde vas tú? —me preguntó, ante mi bloqueo.

—A mi casa, por la Alameda.

—¿Sabes cómo ir?

—Ahora mismo estoy perdido.

Entonces la guiri me enseñó el mejor camino para volver a casa, y yo la dejé con la duda de cómo llegar a la plaza de las Tres Cruces.

Escaqueo

Con todo lo buen estudiante que siempre he sido, nunca perdí la ocasión de hacerme el enfermo para no ir a clase.

A veces ponía tal empeño que mi madre, aún confirmando con el termómetro que no tenía fiebre, se lo creía.

Esas mañanas metido en la cama, escuchando los movimientos de ella por la casa, la radio en la cocina, los sonidos desde el patio, no tenían precio.

No tenía problemas de integración en el colegio, ni me lo pasaba mal en el recreo, ni siquiera echaba de menos mi casa cuando estaba en clase pero, de vez en cuando, forzaba mi espíritu novelero y ponía cara de puchero al despertar, esperando el veredicto de mamá.

Quejica

La gente es muy quejica y no se da cuenta.

Vivimos en la época de los insatisfechos.

A mí me gusta ponerles el espejo de vez en cuando, aunque les moleste. Decirles que se vuelven cansinos en su pelea eterna contra el mundo.¡Todo va mal! 

Una de las mejores maneras de zamarrear a personas así es decirles que pierden todo su atractivo con esa forma de ver las cosas. Si siempre hace mucho frío o mucho calor, si a cada sitio que vas a comer le pones una pega, si nadie viste bien ni nadie tiene conversaciones interesantes, estás definiendo a la persona amargada en la que te has convertido.

Cuando todo lo que te rodea está mal, es porque el que está mal eres tú.

lunes, noviembre 21, 2022

Vanidad

Pienso que no es malo que exista un mecanismo subconsciente vanidoso que busque el premio cuando se realiza una buena acción.

El caso es actuar con bondad, aunque en lo más profundo de nuestros gestos haya un deseo involuntario de ser reconocido, amado o premiado con una sonrisa.

Qué más da si alimentamos nuestro ego al ofrecer la mano, ya sabemos que somos imperfectos y los santos no existen en la tierra.

Los humanos deberíamos ser más compresivos con nosotros mismos, aceptar nuestra necesidad de cariño, de ser queridos, valorados, recompensados. ¡Pues claro que sí!

A todos nos gusta que se nos devuelva un guiño cuando actuamos con coherencia.

Siempre será mejor canalizar nuestros defectos hacia lo bueno, que no nuestras virtudes en no solucionar nada.

Dolor

Ayer escribí un texto sobre el dolor físico que he borrado esta mañana.

Lo eliminé por el miedo a causar un daño real a alguien que lo pudiese leer, alguien que padezca molestias crónicas que les hagan la vida imposible y no captase mi sentido del humor.

A fin de cuentas, en ese relato me disculpaba al principio y al final por si alguien se sentía ofendido, y cuando necesitas disculparte tanto de antemano por hacer algo, mejor no lo hagas; aunque no quería más que hablar de mi experiencia con la enfermedad, de cómo consigo privilegiar la mente frente al cuerpo, hacer ver cuánto podemos hacer para superar una crisis y proponía varios juegos. Juegos que me funcionan. Quería poner una sonrisa al dolor.

Sin embargo, lo borré. Por respeto, por miedo al rechazo, por inseguridad, por empatía con quien sufre.

No sé cuántos de mis textos están en la carpeta de lo irrecuperable, ni cuántas veces he pecado de demasiado precavido.

Yo quería proponer un juego, pero no sería correcto si tan sólo una persona se sientiese ofendida por hablar con una sonrisa del estigma de la enfermedad.

Bisexualidad

Si hay una tendencia maldita, ésa es la de la bisexualidad.

Porque la gente no se la cree y no hay mayor estigma que resultar una persona poco de fiar. 

El grado de salud moral de una sociedad se gradúa en función de cómo trate a las minorías. Cuanto más pequeña sea ésta y mejor esté integrada, más sana es la convivencia colectiva. A nivel racial, sexual o religioso, todos cuentan. En cuanto dejamos a alguien atrás, algo se pudre.

Basta con echar un vistazo al mapamundi para darse uno cuenta de que aquéllos lugares de religión obligatoria y condena al homosexual son los más pobres a nivel moral y democrático.

El bisexual no está del todo integrado ni en los países más avanzados, porque la gente es del blanco o el negro. Ya que no eres heterosexual, ok, tolero que seas homosexual. Tolerar, verbo horroroso con este uso. Pero no me vengas con patrañas de que te gusta la carne y el pescado. No me líes. Demasiado moderno soy ya.

Yo, que sólo siento atracción física por los hombres, reivindico esa tendencia. El que te exciten las mujeres y los hombres. No imagino sexualidad más rica que la de no tener ninguna cortapisa para enamorarte de otro ser humano.

A mí me hubiese encantado, ya desde joven, haber podido comerle la boca a aquel o aquélla que me conquistara con su conversación, sin importar cómo fuesen sus genitales. Poderle quitar la ropa, tumbarme a su lado, tocar y dejarme tocar, sin tapujos ni fronteras. Amar a la persona y llegar a la cumbre por ser como es por dentro y por volverme loco lo de fuera.

domingo, noviembre 20, 2022

Molestias

De las molestias sólo nos acordamos cuando éstas llegan.

Padecemos dolores crónicos que, en su mayoría, tardan semanas en desaparecer, aunque tengamos siempre la sensación de que el malestar que hoy sentimos se hará eterno en nuestras vidas.

A mí me gusta jugarle la partida a ese pinchazo en la espalda, en la rodilla o en la cabeza que creemos que nos acabará matando.

Las reglas son facilonas. Si el dolor viene de imprevisto, un punto para él. Si, en cambio, soy yo el que me acuerdo espontáneamente de él, por inexistente, un punto para mí. Que me coge comiendo y me pega un latigazo, ya vamos dos a uno; que me estoy duchando y veo que no me duele nada, ya estamos dos a dos.

Así que llego a la cama, me siento en el borde y me digo, estoy en plena forma. Así que gané por tres a dos.

Aunque haya días en los que pierdas, el hecho de marcarle algún que otro golpe al dolor te sirve para confirmar que todo pasará. Que somos más listos. Que vamos a poder.

La mente juega un papel tan importante que es capaz, más veces de la cuenta, de derrotar a las quejas del cuerpo.

(Mi empatía más sincera con aquéllos a los que el dolor siempre les gana la partida)

jueves, noviembre 17, 2022

Catar

Llegué a Catar por pura coincidencia.

Mi vuelo de trabajo a Teherán tuvo que desviarse por el temporal de nieve que padecía la capital iraní, así que nos desviaron al emirato a la espera de una mejora en mi destino.

Los imprevistos son un regalo para la gente curiosa, así que me propuse disfrutar de la experiencia las 24 horas que pasé en suelo catarí.

Ya desde el avión se podía comprobar la inmensa obra de ingeniería que suponían las inmensas urbanizaciones que ganaban terreno al mar con formas de palmeras, pero ya una vez en tierra veías una ciudad con una vida un tanto artificial, tal vez porque el clima no invita a paseársela.

Al no tener visado, no podíamos pasearnos con libertad por la capital, pero sí pude ver desde el autobús lo que significa un país en construcción, con dinero a espuertas, en mitad de una nada llena de arena.

Lo que más recuerdo es el amanecer desde la ventana de mi hotel. 

Hordas de trabajadores filipinos y malayos camino de las obras de uno de los grandes estadios de fútbol, donde hoy empieza el Mundial. Sin derecho a la ciudadanía, ni protección laboral, vivían hacinados en barracones insalubres ocultos de la ostentación de un país inventado para ser de colores. Han muerto por miles para construir esos escenarios fulgurantes que nos tendrán pegados al televisor, bajo la mirada esquiva de un Occidente que se limitará a gritar a su equipo de fútbol.

El hombre.

lunes, noviembre 14, 2022

Más allá

Sólo creo en el más allá cuando me interesa.

En mi vida diaria de hombre maduro tengo claro mi agnosticismo. No sé nada de lo que ocurre detrás de la muerte ni lo voy a saber hasta que llegue a ella.

Sin embargo, cuando surge el niño pequeño que hay en mí, juego a que mi madre me ve desde el cielo. Y no es que yo juegue a ser infantil de higos a brevas, sino que lo hago a diario, cuando ordeno el armario y recuerdo lo contenta que se ponía cuando lo hacía, en mi lucha contra el tipo desordenado que habita en mí; cuando como lentejas, ésas que yo disfrutaba como un enano y que me alegraban la mañana al salir de clase; cuando suena la musiquilla del telediario y pienso que ella se reirá viándome correr hacia la tele; cuando estoy tristón en la cama y siento que ella querría venir a darme un beso para ayudarme a salir de mis reconcomes.

Entonces sí creo en el cielo, en los ángeles y en una madre buena observándome desde el cielo.

Luego vuelvo al hombre maduro que soy.

domingo, noviembre 13, 2022

Solo

Hay que reivindicar la figura del solitario, mal vista en esta sociedad, por otro lado tan individualista.

Si te encuentras en la sala de cine a una señora sola, a un tipo comiendo en una mesa de restaurante sin compañía, a alguien aislado en un asiento de avión la tendencia es a calificarlo como raro.

Yo antes caía en ese error, quizás porque me llevé muchos años yendo al cine conmigo mismo a películas que nadie quería ver, viajando sin compañeros por trabajo, visitando ciudades por el puro placer de hacerlo a solas. Sentía esa mirada escrutadora de quien piensa que eres infeliz.

Yo he evolucionado a todo lo contrario, a admirar a aquéllos que viajan por la vida sin más que ellos y sus circuntancias.

El éxito se ha basado demasiado tiempo en tener pareja, en formar una cuadrilla de amigos, en tener una amplia vida social, estigmatizando al que disfruta de un vino a solas, reflexionando, observando cada detalle del restaurante que nunca antes vio al estar de charla, distinguiendo el cilantro en un plato en el que tiene puestos los cinco sentidos, emocionado hasta las trancas delante de una pantalla de cine sin darle apuro llorar.

Sintiendo que tú llenas todo tu espacio.

Cuando se elige, es preciosa la soledad.

Optimista

Siempre he pensado que ser pesimista es de torpes, porque por el mismo precio se enfocan las cosas de otra manera y se vive mejor.

El caso es que seguramente tenga más razones el que lo ve todo negro, porque la realidad es que nos plantaron en este mundo sin preguntar y no nos dieron escapatoria, nacimos condenados a morir.

Esa premisa la conocemos todos, sin embargo es posible trabajar nuestro espíritu, no digo que sea fácil, para apreciar las luces que nos ofrece la existencia en este corto recorrido que se nos regaló sin nosotros pedirlo.

Cuando esas luces se nos apagan, de tanto en tanto, las buscamos en el bienestar de aquéllos a los que queremos. Si no es por mí, que sea por ti.

El optimismo comienza por uno mismo, por buscar esas cualidades que tenemos y potenciarlas, dejar de flagelarnos por lo que pudimos ser y no fuimos, para reconciliarnos con nosotros mismos y querer a la persona que somos hoy. Cuando das con esa parte sana que hay en ti, se irradia esa energía positiva en todo tu interior.

Sí, tal vez los optimistas seamos ilusos, pero vivimos mejor, sabemos encontrar la mayor parte de las veces la salida digna a cada disyuntiva, nos juntamos con gente cálida, oteamos el horizonte a la búsqueda de estímulos que nos cosquilleen el estómago. Y aunque no siempre se consigue, lo transcendente es la actitud.

Actitud de mimetizarnos con la naturaleza, de dejarnos llevar por ella, sin oponer continuas resistencias al devenir de las cosas, sino nadando impulsados por la corriente hacia islas alcanzables donde poder disfrutar, de tanto en tanto, la felicidad de estar vivos.

sábado, noviembre 12, 2022

Estrés

Sonará pretencioso, porque quizás lo sea, pero cuando el estrés me agarra por el cuello me pongo a escuchar ópera en youtube.

Coloco la Casta Diva interpretada por Anna Netrebko, con su espectacular vestido de oro, y me sumerjo por completo en la fantasía de la belleza más absoluta, lejos del aquí y del ahora, con los vellos erizados durante diez minutos.

Son viajes a lo inmaterial que el hombre ha conseguido crear a base de revelarse contra la muerte. De burlarse de ella a través de la más hermosa de las invenciones, la música. Aunque sea por diez minutos, nos permite trasladarnos a un espacio donde no hay miedos.

Cuando no es tanto el estrés, sino la melancolía la que me invade, entonces tecleo a Montserrat Caballé y su Sposa son disprezzata de Vivaldi. Con las luces apagadas y a todo volumen, observo directo a los ojos de la Caballé, que me canta a mí desde un espacio atemporal y eterno en el que siempre hay esperanza.

viernes, noviembre 11, 2022

Vecina

Noooooooo... se murió la vecina —me escribió mi sobrino Iván hace unos días. 

Le contesté en cuanto vi el mensaje para preguntarle de qué mujer me hablaba, porque llevo más de veinte años fuera de la casa familiar y quería aclararle que no me acordaba de quiénes vivían a nuestro lado, pero me llevé una alegría en su respuesta, llena de guasa.

Que no, que es la vecina del libro.

Le envié un emoticono de no estar enterándome de nada, y entonces él me aclaró.

Crímenes imaginarios.

Yo había escrito uno de mis textos de las cinco de la tarde en el que describí lo apasionante que me pareció esa novela de Patricia Highsmith. La alegría era doble, primero porque Iván había leído mi texto, en estos tiempos en los que se dice que la gente joven no hace caso a nada, segundo porque se había animado a meterle mano a la novela.

Esta mañana me escribió para decirme que se la había terminado y que no entendió bien el final. Le hice recordarme los momentos finales de la historia y me los explicó con todo lujo de detalles.

—Qué buen resumen —le confirmé.

Iván, como ahora sé que me lees, lánzate ahora por Brooklyn Follies, de Paul Auster.

A ti, que te gustó tanto Nueva York, te encantará.


jueves, noviembre 10, 2022

Pena

Hay gente que se mueve por la pena.

Yo era así.

A mí, de jovencillo, se me presentaba cualquier amigo con un drama y a mí me volvía loco. Era un atractivo más, así de chungo era yo. En mi subconsciente tenía establecido que una persona que había sufrido mucho era, de por sí, más interesante. Cada muerto puntuaba, cada enfermedad, cada ruina familiar que me contaban me hacían más excitante el relato. Yo era un necrófilo que se regodeaba en enamorarse del desgraciado.

Quizás fuera porque yo había sufrido mucho de adolescente, tal vez era por sentirme un bicho raro, pero era una persona necrófila.

El paso de los años me fue abriendo los ojos hasta conseguir pasar del negro al blanco luminoso.

Me sigue conmoviendo el dolor ajeno, mucho, pero ya no constituye una cualidad que convierta a esa persona en alguien por quien necesariamente apostar. Encontré el antídoto contra ese enganche.

He necesitado media vida para darme cuenta de que no se puede utilizar la pena como reclamo. 

Contrario

Quien diga lo contrario, miente.

Qué frase más fea.

Encuentro pocas situaciones en las que se pueda usar. Es tajante, capadora y vanidosa.

El ser humano es muy de sentenciar, de marcar barreras, de clasificar entre buenos y malos, de señalar con el dedo, de aceptarte con condiciones.

Con lo bonita que es una batalla de argumentos donde el único arma sea la palabra. Escucharse sin interrumpirse, empatizar con el de enfrente.

Quienes utilizar frases tan rotundas suelen tener los pies de barro y se agarran a expresiones tan zafias para protegerse de su propia inseguridad.

Bandazos

Sin dar bandazos, siempre estoy dispuesto a cambiar de opinión.

Y es que a veces creemos saber mucho de algo y, de golpe, nos enfrentamos a alguien que lo ha vivido, sufrido o disfrutado y te explica cómo es realmente aquello que tú creías conocer.

Yo puedo tener muy clara la posición sobre los problemas en la sanidad pública, pero seguro que un médico de urgencias con el que me tomara una cerveza conseguiría que yo afinase mi percepción de esa realidad, de la misma forma que un experto en desahucios, o en criptomonedas, o en acuíferos en Doñana me reposicionaría en mi visión de esos temas.

Cambiar de opinión no es malo, lo malo es la tozudez. Yo quiero aprender y evitar los dogmas, escuchar a quien sabe, reflexionar sobre lo que escucho, preguntar de lo que no sé.

Hay conversaciones en las que no oso ni abrir la boca si no es para preguntar, porque sé que no estoy en disposición de aportar nada interesante.

Tengo mis certezas muy claras, pero estoy dispuesto a que tú me convenzas de que no tengo razón.

Egoísta

Ser generoso es una forma de ser egoísta, porque quien más sale ganando cuando te ofreces a los demás eres tú mismo.

Yo trabajo en un grupo multidisciplinar, en el que nos entendemos con profesionales de muy diversos sectores de la empresa. Supe, desde el primer día, que andaría perdido si no me ganaba la complicidad de mis compañeros.

Eso me hace reconocer con franqueza y públicamente cada cable que me echan. Si hago una presentación, emito un informe o respondo a un email, trato siempre de aclarar quiénes son las personas que me han ayudado a realizar ese trabajo. Las pongo en valor cara a otros colegas o a nuestros jefes.

Es algo que hace mucho bien a todos, a la persona aludida, sí, pero sobre todo a mí, porque me da la oportunidad, sencilla, de demostrar que soy de fiar.

Ponerse medallas que no son tuyas es la mejor manera de meterse en el agujero de la mediocridad.

Cuando uno reconoce los valores de otro y los pregona, no hace sino crecer.

miércoles, noviembre 09, 2022

María Emilia

María Emilia se fue ayer de Sevilla.

Tras pasar sus días propios de duelo, compartir con nosotros unas tapas y muchas risas, María Emilia se volvió a Estocolmo.

Exiliada en Suecia de la desaparecida y terrible dictadura uruguaya, tras un período de cárcel en su país, consiguió formar una familia en tierras escandinavas, donde ha pasado más de media vida.

A su hija pequeña le dio en su juventud por estudiar danza, empezó por bailes tribales hasta que se topó con el flamenco. Se vino a vivir a Sevilla para formarse y arrastró, en su periplo, a su hermano. Los dos únicos hijos de María Emilia.

Sofía, la niña, volvió a Suecia y ahora es una afamada bailarina de flamenco y danza contemporánea. Felipe, el mayor, se quedó en Sevilla. Apasionado de la música, participaba en programas de radio y montó un pequeño estudio en su apartamento. Se hizo querer.

Lo doloroso es que Felipe nació con un problema cardíaco. Ya en Sevilla, la cosa se fue complicando. Su madre lo acompañaba a los hospitales, cuidaba de él. Hace unos años, con treinta y tantos, el corazón de Felipe no pudo más.

María Emilia pasó una temporada dolorosa, sola, en el apartamento vacío de su hijo. Fue por esa época en que la conocí. Vital, ilustrada, divertida, trabajadora, ella nos abdujo, a mí y a muchos, con su tremenda sensibilidad.

Ahora, a sus 71 años, vive entre Montevideo y Estocolmo. De vez en cuando, aparece por sorpresa en Sevilla. Se la pasea recordando los lugares en los que su hijo Felipe fue feliz.

Qué potencia de mujer, cuánta bondad, qué fortaleza. Si el mundo estuviera lleno de personas como María Emilia otro gallo nos cantaría.

Ayer se nos volvió a ir.

Luego me preguntan de dónde saco personajes tan interesantes para mis novelas.

Me los regala la vida.

martes, noviembre 08, 2022

Alma

Yo no podría compartir mi vida con alguien que no tuviera un alma buena.

De hecho, las pocas relaciones que terminé vinieron precedidas de un acto diáfano de maldad, de aquéllos que hay quien perdona en nombre del amor.

Ante esos primeros síntomas, cuando aún estás a tiempo, hay que salir corriendo, no buscar los argumentos que justifiquen, sino tener bien claro que quien lo hace una vez, lo vuelve a hacer.

No hay que matricularse en un curso de psicología para entender cuáles son aquellas acciones que dejan transparentar la perversidad en una persona, basta explicarlas a alguien que te quiera para confirmar que con esa persona no.

Construir un proyecto de futuro no puede hacerse sin tener claro que compartir la vida con alguien que no es de fiar es el mayor equívoco, por muy encantador, atractivo, divertido, inteligente o cariñoso que sea ese individuo.

lunes, noviembre 07, 2022

Caldito

En la nevera tienes un caldito para la cena.

Andábamos remoloneando, tras un día de paseos y comida, en nuestro apartamento de Conil. Mi hermana Raquel, con nosotros este fin de semana, aprovechaba una de sus múltiples conversaciones telefónicas con Mónica, mi otra hermana, para explicarle qué había en la nevera de su casa de Sevilla para la noche.

Han tenido relaciones y trabajos diferentes, pero nunca se han dejado de tener la una a la otra, conviviendo, casi siempre, de casa en casa, hasta llegar al piso de nuestra infancia, donde cuidaron de mi padre hasta su muerte.

No tienen nada que ver entre la dos, la extrovertida Raquel y la Mónica más metida para dentro, pero se cuidan mutuamente como no hay amor que lo consiga. Se cuentan todo, organizan su futuro, salen juntas, se pelean sin enfadarse, como un matrimonio perfecto.

Entre las dos se ocupan de Iván, al que se le saltan las lágrimas cuando, muerto de risa, imita a su tía Mónica en su día a día de potingues, cursos de inglés y ejercicios gimnásticos.

Iván nació con dos madres, Raquel y Mónica, que se convirtieron, desde que él nació, en sus dos ángeles de la guarda.

Si una está tristona, la otra está allí para tirar.

jueves, noviembre 03, 2022

Duración

Durando igual, cada vez las cosas duran menos con los años, porque el tiempo, por mucho que se pueda medir, es subjetivo.

Escuché de un experimento con personas puntuales y tardonas. Las metían en una habitación cerrada y les proponían hacer sonar una campana cuando considerasen que había pasado un minuto. Los puntuales la activaban antes de que se cumpliera el tiempo, los que siempre llegan tarde la hacían sonar cuando las agujas ya se acercaban a los dos minutos.

Aunque ya es imposible, me gustaría que me hubieran metido de pequeño en ese cuarto de paredes blancas, para hacerme contar cómo era un minuto mío de los de entonces. Imagino lo impresionable que eso sería, la de cosas que pasarían por mi cabeza, el terror que me produciría estar ahí, las ganas que tendría de contarlo a mis amigos, las dudas de saber si lo haría bien. Estoy seguro de que habría un siglo de emociones en ese minuto.

Si me metiesen ahora en ese espacio sin referencias, tal vez recordaría el niño que fui y tocaría el claxon antes del primer suspiro, cuando el tiempo, malaje y volátil, apenas habría empezado a correr.

miércoles, noviembre 02, 2022

Cabra

No sé por qué, pero yo llevaba todo el cargamento y Fran corría por delante de mí.

Desde cincuenta metros atrás yo veía cómo cruzaba carreteras sin mirar, hasta adentrarse en un descampado sin apenas vegetación y plagado de rocas enormes, como si del viejo Oeste se tratase.

Justo cuando llegué al centro de aquel paisaje, con Fran subido a lo lejos en una roca, oí un grito terrorífico.

¡¡¡La cabra!!!

Vi que venía a por mí y no tenía escapatoria. Cuando ya la tenía a dos metros utilicé mi bolsa como muleta, que arrojé hacia un lado para conseguí evitar sus cuernos, pero la cabra volvió a por mí y yo me lancé a patearla.

¡Borete!

Fran, tras recibir mis patadas, me abrazó con fuerza en la cama. Yo, con el corazón encogido y sin saber en qué mundo estaba, le hablé de cómo ese animal venía a por mí.

Tranquilo. —Me abrazaba—. La cabra ya se fue.

Textos

Una de las tácticas para escribir mi texto de cada tarde viene marcada por la disciplina.

Cuando un tema se me pasa por la cabeza, en cualquier lugar y a cualquier hora, me escribo un mensaje a mí mismo. A veces son cuestiones nimias fruto de la observación, otras son miedos anclados difíciles de descifrar, en ocasiones son recuerdos de juventud que quiero retener para evitar que queden perdidos en mi desmemoria.

La disciplina no está ahí, sino en hacer que ese granito germine, en no permitir que esa idea, por simple que sea, se evapore hacia ningún lado. 

Le doy vueltas por aquí o por allí, le busco la vena cómica, o le añado un toque filosófico, o lo personalizo con mi experiencia vital, o lo tomo como una tarea descriptiva. Pero debe salir un texto. Siempre. No hay granito que no germine para compartirlo con vosotros.

Hay días en los que mi propuesta no llega al corazón, cuando más espero de mi relato; otras, a veces, me sorprenden por la emoción con la que las recibís.

Este ejercicio diario, que respeto desde hace años, es mi mejor escuela como escritor y sois vosotros los que me ayudáis a comprender cuáles son mis puntos fuertes, aquéllos que debo trabajar más y los caminos que me quedan por recorrer.

Trastos

Acabamos de hacerle una reforma al baño. Cometimos el error de ponerle suelo de madera hace veinte años y ya no daba más de sí.

Hacer una obra es poner todo patas arriba. Tuvimos que dejar la casa por un tiempo y reagrupar todo para protegerlo con plásticos.

Cuando nos la entregaron, por fin, nos dimos cuenta de la infinidad de cosas que teníamos que no servían para nada. Empiezas por una punta y terminas por la otra llenando bolsas de basura. Fran tiende a darle vueltas a cada objeto, yo, en cambio, lo tiro.

Lo tiro todo en cuanto tengo dudas, si veo que no lo uso, que no me acuerdo, que no sé dónde meterlo, que no voy a utilizarlo en el futuro inmediato. ¡A la basura!

Queda una casa muy despejada, mucho más habitable y te ocuparás con más esmero de lo que salvaste de la quema.

Igual deberíamos hacer con nosotros mismos, con la gente que nos rodea, con las cosas que nos preocupan. Todo lo que no sirve, lo que no nos aporte, lo que nos haga sentir mal ¡a la basura! Sin miramientos. Tu corazón acaba mucho más relajado.

Pasamos demasiado tiempo atrapados en nuestros trastos interiores.

Ajo

La vida es una continua lucha entre nuestro yo que prefiere quedarse quieto y aquella otra parte de nosotros a la que le gusta echarle sal y pimienta al día a día. 

Lo malo es cuando le echas ajo.

Llevaba días durmiendo mal por un picor continuo en los oídos, así que investigué por internet qué podía ser. Como siempre ocurre en la red, ya había millones de personas que habían preguntado lo mismo y la respuesta mayoritaria era que se trataba de una descamación de la piel del oído interno. La solución, una gota de aceite de oliva virgen.

Hice malabarismos para echarme el aceite, pero lo conseguí. Y empecé a dormir como un lirón.

Así que decidí comprar un botecito con cuentagotas para facilitar la labor. En el tiempo que tardó en llegar, leí más sobre el asunto. Había quien sugería triturar algo de ajo en ese aceite, para aprovechar las propiedades curativas de la planta. De modo que cuando tuve el bote, trituré el ajo y me vertí una gota en uno de los oídos, para no manchar la almohada.

¡¡¡Qué picor!!!

Me desperté a media noche con una molestia insoportable y con un olor intenso a bar cutre de carretera que le llegaba por dentro a mi nariz. Así que me levanté, traté de limpiarme el oído con un bastoncillo y comprobé que lo tenía lleno de sangre. Se me heló el corazón. El novelista que hay en mí pensó que se me estaba derritiendo el cerebro. Tanteé el otro oído, la nariz, por ver si la sangre caía por todos lados.

Tras una inspección rigurosa, comprobé que la causa no era sino una pequeña herida externa producida por rascarme mientras dormía.

Me eché aceite del bueno, y me acosté.

Yo soy de los que le echan sal y pimienta a la vida, pero ajo... Ajo, nunca más.

martes, noviembre 01, 2022

Estellés

Es frustrante no vivir de acuerdo a la edad que uno tiene.

Rechazar el juego de pequeño, la pandillas de adolescente, los enamoramientos de joven, la búsqueda de tu lugar en el mundo al madurar, las cenas tranquilas con amigos al asentar tu vida, la preocupación por las generaciones que vienen cuando éstas van llegando.

Sin embargo, hay quien nace viejo.

A mí me aparecen varios rostros en la cabeza de gente que siempre ha sido así, aferrada desde pequeña a lo que no es consustancial a los años nuevos, aquellos tiempos que se deberían disfrutar con la inocencia propia de quien lo descubre todo.

Esas personas, resabiadas, antiguas, miedosas de todo lo que no sea lo de siempre, impermeables a los cambios que traen los futuros de cada uno, son referentes de lo que nunca quise ser. Yo, que lamento no haber sido más gamberro de pequeño o de haber perdido media juventud por culpa de la homofobia instalada en la cabeza de quienes nacieron viejos, me agarro a personas como Carmen Estellés, dulce, serena, en el mundo, sin miedos, tonterías ni prejuicios, alma libre que disfruta de lo que el viento trae, junco salvaje que se deja mecer sin oponer resistencia a los ritmos azarosos del existir.

lunes, octubre 31, 2022

Pedir perdón

Tanto creo en la capacidad de perdonar como en la virtud de pedir perdón, algo tan sencillo esto último que sorprende que haya personas con la reputación por los suelos que no se digne a hacerlo. No tienen más que ganar si se deciden a confesar que cometieron errores, que se les fue la cabeza, que les pudo la avaricia, que dejaron de lado sus obligaciones, que se enrocaron en su desidia.

Hubo un tiempo en el que tuvimos un rey que hizo monárquicos a republicanos. Campechano, sonriente, conciliador, parecía un buen representante de nuestro pueblo, daba una imagen amable del país, se mojaba por nosotros.

Qué gran chasco nos llevamos.

Próximo a recorrer sus últimos días, podría conceder una entrevista, explicarnos qué ocurrió, decir cómo fue equivocándose, qué le hizo defraudar a nuestra Hacienda, aceptar regalos de dictaduras, mantener un matrimonio roto, enriquecer a su amante, gastar a expuertas en un país que sufría un empobrecimiento galopante.

No lo perdonaríamos, no. Pero siempre es una virtud pedir perdón. Hacerlo a pleno pulmón, lamentar haberlo estropeado todo, decirnos que no todo fue mentira.

Se le acaban las oportunidades de ofrecer su corazón y, luego, será demasiado tarde para siempre.

No tengo tiempo

Es la frase maldita. No tengo tiempo. A todo el que acepta mis consejos le invito a no utilizarla nunca.

Es una expresión que lleva implícitas demasiadas connotaciones negativas con poco que se analice.

Negativas hacia uno mismo, porque incluye incapacidad y soberbia. La incapacidad, por llevar una vida constreñida, donde se admite que no hay libertad de elección; la soberbia, porque al decirlo, estás lanzado un mensaje subliminal, de ego descontrolado, 'tampoco tengo tiempo para ti'.

Es negativa, además, hacia los otros, porque de alguna manera estás diciendo que tu vida está llena y la de los demás no, que a quienes te rodean les sobra el tiempo. No como a ti, que eres el centro de un planeta que no podría girar sin ti.

Tiempo siempre hay, incluso cuando la vida se te vuelve del revés. Por muy mal que vayan las cosas, muchos trabajos que encadenes, mucha gente a la que cuides... siempre hay tiempo. Debe haberlo, hay que buscarlo, debajo de las alfombras o dentro de la nevera, pero hay que encontrar para uno mismo esos momentos en los que hacer lo que a uno le venga en gana.

Cuando uno dice 'no tengo tiempo' está cerrando puertas y ventanas, y ahí dentro hay humedad, huele mal y se pasa frío.

viernes, octubre 28, 2022

O'Faolain

Cuando la religión te abandona, la ética funciona bastante bien.

Es una frase rotunda de la escritora irlandesa Julia O'Faolain.

A mí la religión me abandonó hace mucho tiempo, quizás el día en el que, con dieciocho años, enterré a mi madre. 

Eso, sin embargo, no implica que le pierda el sentido a la vida. Incluso puede que me hiciera más fuerte.

Los seres humanos no tenemos la capacidad de saber si existe algo más, aparte de nuestra limitada existencia en la tierra, por eso es importante asumir cuanto antes esa carencia, aprender a convivir con ella y aceptar que la regla fundamental de vida no debe ser otra que la bondad. El tratar a los demás como quieres que te traten a ti.

Si existiese un Dios, no podrá reprocharme gran cosa si actúo con honestidad. 

No hay que vivir con miedo, pero sí manejarse por el Amor, con mayúsculas, aunque suene cursi.

miércoles, octubre 26, 2022

Petra

Hay días en los que mi ciudad se me hace tremendamente divertida.

Paseábamos por Triana y Fran propuso un bar nuevo, Típico se llama; así que nos fuimos hacia allá. Aun recién inaugurado, buscaba recuperar la esencia de las tabernas antiguas, apuntando con tiza en la pizarra a los clientes en espera y llamando a voz en grito conforme van saliendo los platos.

No había sitio para nosotros, así que nos quedamos en la barra. ¡Qué me gusta la barra de un bar animado!

Hubo un momento en el que había tanta gente que empezamos a echarles un cable.

Perdona les interrumpía. No habéis apuntado a Joana.

Gracias, hombre.

Luego gritaban:

¡Victoria!

Y todo el mundo la buscaba entre las mesas.

Sacaban un plato de espinacas con garbanzos y yo les señalaba que no era para esa pareja, sino para aquel señor mayor.

Simpáticos e ingeniosos, agradecían de buen grado los capotes que los clientes les echaban desde la barra.

¡¡¡Petra!!! Gritó uno de ellos, para llamar a la siguiente clienta de la pizarra.

Entonces ocurrió lo inesperado. Dos mujeres, cada una en una punta del bar, gritaron:

¡Yo!

Pero ¡cómo va a haber dos Petras en un mismo bar en Sevilla!

Se hizo un silencio y yo me metí en mi plato de solomillo al whisky.

Molestar

Yo soy de poco molestar.

Me pongo en la piel de la persona a la que tengo que acudir y me planteo todas las posibles alternativas antes de solicitarla, sea para lo que sea.

Quizás sea un reflejo de cómo quisiera que me trataran a mí, pero no soy tan asocial. A mí me gusta que me enreden, que me pidan y propongan. Soy facilón.

Otra cosa es estar al otro lado de la barrera. Salvo para invitar a una cerveza o quedar para dar un paseo, me freno de forma no premeditada antes de descolgar el teléfono, porque no me gusta interrumpir, ni incordiar, ni forzar a la gente a posicionarse.

Tal vez sea miedo al rechazo. Y el miedo al rechazo venga de un ego mal gestionado.

En todo caso cada uno actúa según entiende que se siente más feliz.

Y a mí, qué le voy a hacer, me gusta no molestar.

martes, octubre 25, 2022

Chino

Además de trabajador, es simpático.

No hay hora a la que pase en la que no tenga el negocio abierto. Encuentras todo lo que se te ocurra y, por muy raro que sea, se sabe todos los precios de memoria. O quizás se los invente sobre la marcha.

Cuando entras a media tarde está medio adormilado, con una pequeña televisión emitiendo un serial en su idioma. Hay mañanas en las que está en cuclillas, tal vez haciendo ejercicios de meditación. Por las noches a veces le acompaña su esposa.

El local no puede ser más cutre, pero ahí está el hombre, defendiendo su negocio.

No sé qué educación ha debido recibir el pueblo chino para generar ciudadanos tan trabajadores. Echan doce horas diarias, no cogen vacaciones, no se les ve tomando cervezas.

Trabajar, trabajar, trabajar... No sé qué hay detrás de esos negocios, quiénes los surten, si hay quién los vigile, si hay alguien que pida cuentas. Desconozco hasta qué punto se han endeudado, cómo hicieron para salir de su país, qué perspectivas tienen, qué desean para sus hijos. 

Trato de imaginar cómo de felices son, con una vida tan previsible.

A mí, despistado por excelencia, me viene muy bien tenerlo abajo de casa, porque siempre hay algo que se me olvidó comprar.

Yo entro en esa tienda en penumbra como si lo hiciera en casa ajena, no queriendo molestar.

Viven entre nosotros y son unos perfectos desconocidos.

sábado, octubre 22, 2022

Premio

Me habían llamado para decirme que era finalista de un premio internacional de novela.

Yo iba conduciendo camino de casa de mi padre y el grito que pegué en el coche debió resonar en toda la Avenida de la Palmera.

Llevaba tanto tiempo escribiendo, tanto tiempo intentándolo, que recibir una llamada anónima, de gente especializada en literatura, para decirme que mi propuesta les había parecido merecedora de semejante honor, fue para mí un empujón enorme para creer que algún día sería escritor. 

Al llegar a su casa y contarle la noticia, mi padre me dio un abrazo de los que no se olvidan.

Días después se dio el fallo definitivo, y no fui yo el ganador.

El jurado lo formaban cinco escritores de reconocido prestigio, así que aproveché que uno de ellos firmaba en una librería de Sevilla para acercarme, con toda la ingenuidad, y decirle que yo era el autor de la novela finalista. 

Él me confirmó que les había entusiasmado.

Pero... provoqué.

Pero... es una historia demasiado triste para ser comercial.

Arroz a la cubana

Se me solucionan todos los sinsabores con un arroz a la cubana.

Como una zanahoria a un conejo, yo arreglo una dura mañana laboral sólo con pensar en ponerme ese platazo, con salsa casera de tomate preparada con mucho chup-chup.

A fin de cuentas, la felicidad la encuentra uno con facilidad en lo sencillo, cuando confirmas que en la vida no hay más, que nadie levita ni vive en orgasmos infinitos. 

Cuanto antes se aprende, antes se despeja el camino.

Que todo el sentido de la vida puede estar en un arroz a la cubana (con tomate casero).

Impaciente

Entre las muchos defectos que trato de corregir, está mi eterna impaciencia.

Es cierto que los años ayudan a mirar las cosas con ojos más calmados, pero aún así siempre hay tics que me delatan y me llevan a reflexionar por qué me entra cierta ansiedad cuando una persona tarda más de la cuenta en pagar en la caja del supermercado o en arrancar el coche tras un semáforo en rojo.

Me he criado en una familia así, con un toque de ansiedad en el día a día que no es nada bueno para la salud.

Hay veces en las que me veo a la carrera sin ninguna necesidad de correr.

El tiempo ayuda, eso sí, a entender que los ritmos son calidad de vida cuanto menos se aceleran. Ésa es la primera condición para cambiar, saber cómo no quieres ser. La segunda condición es voluntad de actuar diferente, respirar más hondo, preguntarte a cada asalto de las prisas, qué tengo tan urgente por hacer. 

Ay

Ay, los amores.

Esos amores pasados que aparecen, el día menos pensado, al oler un perfume por la calle, que te asaltan en un sueño con escenas lejanas, a quienes te lleva el nombre de una ciudad, una expresión coloquial o un modelo de coche.

Personas que fueron para ti lo más importante en tu mundo y ya no son nada, se los ha tragado la tierra, no tendrías forma de dar con ellos, aunque sea para decirles no me acuerdo casi nunca de ti.

Porque el nunca no existe, nunca existe, no cierras del todo las heridas, el recuerdo, la atracción que hubo, las cosas que os dijisteis.

Lo bueno es cuando esas personas aparecen siendo tú feliz, protegido por la guarida del verdadero amor, para demostrarte que un día lo quisiste, de verdad, pero que ese tiempo ya pasó.

Ya que los quise, los quiero. Son parte de mí.

jueves, octubre 20, 2022

Autoridad

Era un niño muy pequeño de estatura, con un parche en uno de los cristales de mis gafas, que vivía feliz, porque tuve la suerte de nacer con una fuerza interior que actuaba como repelente de los malos de la clase.

Tenía todas las papeletas para ser el hazmerreír, bizco, con patitas de gorrión, introvertido. Por entonces no sé si supe analizar la situación, solo soy consciente de que me acoplé una armadura invisible que me hacía evitar cualquier chanza sobre mí. A pesar del ojo tapado, debía de tener una mirada aterradora con tan pocos años.

Es más, mi debilidad la convertí en fortaleza y los grandes me protegían. Echo la vista atrás de esos años de entonces y me siento un chaval terriblemente cuidado por sus compañeros de clase.

Es una consigna de vida que he mantenido hasta el día de hoy, que nadie me falte al respeto. En muy contadas ocasiones se ha roto la magia.

Cuando leo noticias en el periódico de niños que sufren bullying, me gustaría acercarme a su cole y decirles que no se arredren, que no muestren sus miedos ni debilidad, que no den un paso atrás, aunque, en el fondo, sé que no todos nacieron con mi armadura invisible ni esa mirada de un solo ojo que quitaba la fuerza a los de siempre.

Novelistas

Soy de aquéllos a los que les gustaría llenar la vida de momentazos; que pagaría por conseguir que los días no se repitieran nunca. 

Me llevo mal con la rutina, lo previsible; quiero vivir, al menos, alguna experiencia nueva cada poco tiempo, como bofetadas amistosas con las que evitar adormecerme con el elixir de lo confortable.

Las cosas no son así; el río revuelto de la adolescencia se vuelve cada vez más calmado, el paisaje más uniforme, las compañías más estables, y no se está mal. De hecho, para eso nos han educado, en eso consistía la vida sana, exitosa, deseada. En conseguir creer que lo tenemos todo bajo control.

De ahí que exista la ficción, para que los momentos de tensión que no llegan a diario los podamos buscar en un papel o en una pantalla de cine, para vivir instantes que nos meneen por dentro sin poner en peligro nuestra estabilidad emocional. Puros mirones de realidades ajenas.

Yo comprendí hace mucho que ni siquiera eso me bastaba y fue la raíz de mi presente como novelista. Tener yo mismo el control de esos momentos que dejan sin aliento, creando escenas que te dejen con el corazón en un puño, poniendo explosivos emocionales por aquí y por allás en un mundo inventado, construyendo escenas en las que personajes bien definidos se pongan de vuelta y media, donde abunden las sorpresas, los reencuentros, los abrazos, las miradas cómplices y los diálogos en carne viva.

Soy, en el fondo, tan simple, que me creo mis universos, que convivo con ellos de por vida desde que aparecen de la nada. Sus dudas, sorpresas y aventuras se hacen mías, como afluentes de aguas bravas de ese tranquilo río caudaloso, que me permiten escapar de vez en vez de lo tranquilo, para revolearme fuera de control, antes de volver a la dulce nicotina de lo de siempre.

miércoles, octubre 19, 2022

Generoso

Soy tan generoso, que muchas veces lo soy incluso con cosas que no son mías. Me entra la emoción e invito a gente a cenar a la casa de un amigo o propongo que se apunten a excursiones que no he organizado yo.

Una noche de fin de año, con la euforia del champán, me asomé a la terraza de mi amigo Alfonso. Un par de chavales me felicitaron desde la calle y yo les animé a subir.

Les presenté a todos mis amigos, les ofrecí una copa y continué a lo mío, hasta que Alfonso vino a buscarme.

¿Tú de qué conoces a estos dos?

De nada. ¿Por qué?

Habían robado el bote más caro de colonia del baño. Por suerte los cacé antes de que se fuesen y les hice sacar todo de los bolsillos, con una autoridad que a mí mismo me sorprendió.

Vergüenza me dais cogí el tarro y les grité. ¡Fuera de aquí!

No sé si es sano pensar, de primeras, que todo el mundo es bueno.


martes, octubre 18, 2022

Bethania

Eran las tantas de la madrugada y yo había pasado la noche en la discoteca donde ponían copas mis hermanas.

Estaba descubriendo la vida, todo por entonces era novedoso, incluso esaos chupitos que me hacían perder, por primera vez, la compostura.

Mi amigo Quino estaba en Brasil de prácticas y me trajo un disco de María Bethania, con quien caí rendido de inmediato. Tenía puestas sus canciones a todas horas y las sabía recitar con un portugués destartalado.

Esperé a que mis hermanas terminaran de currar, ya casi amanecía, y les propuse, a ellas y sus amigos, con la borrachera propia de un adolescente, cantarles una canción de la Bethania.

Chega de tentar, dissimular e disfarçar e esconder o que não dá mais pra ocultar... Aún recuerdo hoy la letra, de esos tiempos, en carne viva.

Los tenía en corro, en torno a mí, pero tantos ojos me hacían perder el hilo de la letra. Se reían a carcajadas y yo suplicaba por que me dejaran empezar de nuevo.

Chega de tentar...

Y me perdía otra vez. Iba perdiendo el equilibrio. Abría los brazos para cantar y volvía a equivocarme. 

Así hasta que me caí de espaldas, en forma de cruz. No tuvieron reflejos para evitar la caída y allí seguía yo, bocarriba, cantando por la Bethania.

Desinhibido, dolorido, feliz, con todo el futuro abrazado en esos brazos abiertos.

Praims

De los padres copiamos sin querer manías, que integramos como conductas naturales al haberlas observado desde siempre.

Mi padre, por ejemplo, era tremendamente vergonzoso. Para cambiarse de ropa cerraba todas las persianas, no fuera a ser que nos viera la vecina de enfrente. Yo aún sigo echando abajo los estores cada vez que me voy a vestir.

Había un anuncio de los años ochenta que le ponía especialmente nervioso, el que anunciaba unos caramelos de la marca Praims. Una mujer con los ojos muy grandes los masticaba y al final decía ¡Qué cosas tiene mi novio!

Nunca llegábamos a esa exclamación, porque ya mi padre se había levantado y cambiado de cadena.

A mí me pasa igual, pero con el de Flogoprofen. Veo aparecer el anuncio y ya me lanzo a por el mando para apagar la tele antes de que canten 'Flogoprofeeeeeen'.

Lo bueno es que muchas veces se me olvida volver a encenderla.


sábado, octubre 15, 2022

Cruel

Hay gente cruel que se cree graciosa.

Hacía tiempo que no iba a casa de mi amiga de la infancia, tanto como el tiempo que llevaba sin ver a su madre. Era entrar en un mundo que ya había desaparecido para mí.

Borete, te estás quedando calvo. Pero qué gordo estás se despachó la mujer, entre risas.

A mí se me ocurrían mil adjetivos para describir a esa señora que me acababa de encontrar tras media vida sin verla, pero supe ser tan elegante como siempre y sonreír.

—Tenía muchas ganas de verte —respondí.

Aquellos que se mofan del físico, de la forma de hablar, de tu vestimenta o de la vida que lleva cada cual son individuos de los que me alejo como si los poseyera el diablo, porque algo de diablo hay en ellos.

No hace falta tener mucha sensibilidad para saber que al tuerto no debes llamarle tuerto, ni al cheposo decirle que tiene joroba, ni a quien tiene los ojos saltones recordarle que los sigue teniendo. Ellos ya lo saben mejor que nadie.

Lo grave es que, entre risitas autocomplacientes, no quieren darse cuenta del mal que hacen.

Nubosidad

Es una delicia entremezclar la ficción con la realidad.

Le pedí el Opel Kadett a mi padre y enfilé la autopista de Cádiz. Estaba llegando al final de la novela de Carmen Martín Gaite y tenía que estar allí, en la calle Amargura de Puerto Real, sentir el olor a barro, a sal, el viento de levante, otear los astilleros, recrear su mundo, meterme en él.

Si me piden consejo sobre alguna novela siempre aparece 'Nubosidad variable'.

Quizás tenga que ver por mi perdición con la mujer madura, quién sabe si producto de haber perdido a mi madre tan joven, tan guapa, padezco un complejo de Edipo que me acompañará hasta la tumba. Lo que sé es que yo hice de mirón en esa historia, la de una amistad recuperada entre dos mujeres que ya trazaron sus vidas y contemplan en la otra lo que habría sido de ellas de haber intercambiado los caminos.

Yo me acerqué al lugar donde la que decidió ser psicóloga e independiente escribe cartas, acerca de sus historias de amor y de su soledad, a quien eligió dedicarse a su familia y dejar de lado sus ansias de ganarse la vida como escritora.

Me paseé la calle Amargura mientras terminaba el libro, pude entender el paseo que se dio por allí Martín Gaite, olí lo que ella olió y me emocioné sintiéndome parte, intrusa, de esa ficción tan real.

viernes, octubre 14, 2022

Tremendo

Paso por períodos en que me pongo tremendo con algo.

De golpe simplifico al máximo en mi mente, de forma irracional, a un colectivo. No tienen por qué ser los rusos, podrían ser los camareros, o los presentadores de telediarios, o los ingenieros industriales, o los mismos sevillanos.

Algún cable hace contacto en mi cerebro y, por algún gesto, unido a una expresión o a un comportamiento inesperado, de pronto ya esa colectividad, sin que ninguno se libre, es toda ella arisca, frívola, prepotente o cualquiera sabe lo que dispone mi cabeza.

Entonces viene el trabajo de recomposición, no, que todos los italianos no son así; de buscar ejemplos, ves, ése no es idiota; de buscarles otros adjetivos, mira, también son personas atentas; de leer acerca de ellos, para saber qué hizo que parezcan como yo siento que son.

Porque el estereotipo salta rápidamente a tu cabeza y uno lo compra sin más. Todos los de esa religión son de aquella manera, ¿o es que no lo ves? Mira esa tipa cómo se comporta, no es de extrañar, es de aquel país. No sabe conducir, claro, nació allí en...

¡Es lo fácil!

Luego lleva meses descomponer esas teorías infames y volver a confirmar que toda persona es un mundo imposible de clasificar.

miércoles, octubre 12, 2022

Larga

Me gusta la gente larga.

Esa mezcla de inteligencia, descaro y picardía que hace que capten todo a la primera sin necesidad de explicaciones. Personas muy vividas a las que les basta un movimiento de ojos para comprenderte.

No es fácil encontrarlos, pero yo tuve la suerte de casarme con alguien así.

Son personas observadoras, de verbo fácil y humor del bueno, intuitivas, perspicaces, empáticas, que cogen al vuelo lo auténtico, como sabuesos en busca del mejor hueso.

A mí gusta provocarlas, por ver cuánto juego dan.

Todo el estímulo no lo va a proporcioar el físico, un bellezón puede hacer que te tiemblen las piernas, pero si detrás no hay un cerebro a un alto nivel, el erotismo acaba yéndose por el desagüe.

El riesgo de la gente larga es que, si no espabilas, se puede cansar de ti.

Ombligo

Si hay una parte de mi cuerpo que me da repeluco que me toquen, ésa es el ombligo.

Fran lo sabe.

No pierde oportunidad, cada vez que me descuido, para meter el dedo ahí.

—¡Fran!


—Perdona, no me di cuenta —responde, guasón.

Es una manía visceral, desde pequeño, que alguna explicación tendrá en mi subconsciente, algún percance en la infancia o quién sabe si en el parto, pero hay algo ahí que me da grima. Esa parte de nuestro cuerpo que no es sino un nudo hecho, aprisa y corriendo, para desconectarnos físicamente de quien nos dio la vida.

Hay días raros en los que Fran viene tristón a casa, hay tardes contadas en las que nos peleamos, hay noches, muy pocas, en las que no me hace caso.

Entonces yo me acerco, me levanto la camiseta y le digo:

—Tócame el ombligo.

martes, octubre 11, 2022

Grifo

De pequeño soñaba con tener un grifo que echara chocolate blanco.

No lo soñaba durmiento, sino despierto. Calculaba que, cuando tuviera dinero, podría hacer lo que quisiera en mi propia casa y me extrañaba que a nadie se le hubiese ocurrido esa idea.

Un grifo para el agua y otro para el chocolate blanco.

Era muy goloso.

La vida me demostró que las cosas serían muy distintas y la realidad mucho más prosaica. Tuve mi casa con grifos de agua como las de los demás, e incluso tuve que admitir que ser tan goloso era un puñetazo a mi salud.

El futuro no se pintaba de colores tan vivos.

Ahora sueño con esa cocina de dos grifos, pero cuando estoy dormido, como tantas otras fantasías que no se cumplirán, pero me acompañarán siempre en ese mundo infantil que aún habita en mí.

Muchos días me despierto feliz.

sábado, octubre 08, 2022

Desubicado

Anoche salí a cenar sin móvil, por olvido.

El primer impulso fue el de volver al garaje, subir a casa y recuperarlo. Pensé, de forma instintiva, que si pasara algo importante siempre darían con Fran.

-¿Llevas tu móvil?

-Sí -me contestó.

Camino hacia Triana pensé en la situación como un esclavo al que quitan los grilletes. No voy a poder hacer fotos, me decía. ¿Y si me llaman mis hermanas?, me preguntaba. ¿Cómo irá el fútbol? ¿Habrá nueva ofensiva ucraniana en Rusia? ¿Tendré algún email de la aplicación que compré por la tarde?

Reconozco que antes de la primera tapa busqué varias veces el teléfono en mi pantalón, que en la conversación surgieron algún término que me hizo pensar buscarlo en Google, que cuando dijimos de volver a quedar quise mirar el calendario.

Pero ¡qué buena noche pasé! Cómo disfruté escuchando a Elisa, a Joaquín, a Marina... Metido en sus historias de amor, sus trabajos, sus niños, en las bromas de Fran, en observar a los clientes del local, las vistas del río con una tranquilidad desconocida.


viernes, octubre 07, 2022

Tierno

Me enternece pensar en los tiempos aquellos en los que salía a pasearme las calles de Sevilla sin rumbo fijo ni hora de vuelta, cuando quedaba en cualquier sitio a cualquier hora porque los amigos eran más fáciles de convocar. 

No había rutinas que nos anclaran a la casa, ni agotamientos laborales. Alguien llamaba al telefonillo del portal y yo bajaba, a tomar café por la Alameda para arreglar el mundo, porque el mundo estaba por encima de nosotros, a tomar un helado sentado un banco de la Plaza de San Pedro, a empalmar con unas cañas en el Salvador.

Sin leyes.

Esos tiempos de clandestinidad, sumergido en mi doble vida particular, anotado a mil tertulias, esos años en los que todo el dinero que hacía me lo gastaba en viajar. Esos viajes con mochila donde lo menos importante era dónde cenar, sino hacerse todas las ciudades posibles, encontrar conversaciones en inglés en paradas de autobús, decir que sí a desconocidos. Probarlo todo, dejarse llevar, volar en tierra.

Echo de menos llegar al Sopa de Ganso, con dos cervecitas de más, y pedir pechuga con bechamel.

jueves, octubre 06, 2022

Relaciones

Que las relaciones humanas se rigen por una relación de equilibrios es de las lecciones más difíciles de aprender.

Por mi vida han pasado no pocas personas que me han atraído mucho, a las que me encantaba escuchar hablar o su forma de enfrentar los desafíos, y que sin embargo no vieron el atractivo personal en mí. 

Admitir que uno no gusta a gente que te interesa es una pastilla difícil de tragar, pero el ser humano funciona así.

Se puede intentar estirar las relaciones a base de compasión, coacción o estratagemas, pero cuando una de las dos partes no siente necesidad de la otra poco hay que hacer.

Cuando se echa en cara a alguien que no devuelve la llamada, que no se acuerda de su cumpleaños, que no le invita a una cerveza, no tiene argumentos sólidos. Si no lo hace es porque no le interesas, al menos no lo suficiente.

No se pueden echar en cara las emociones y preferencias de cada cual.

Entenderlo a tiempo es vivir mejor.

No vale arrastrarse.