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jueves, diciembre 04, 2025

Onda

Soy un gran lector de clásicos.

Haber disfrutado de Madame Bovary, Trafalgar, La tía tula o La montaña mágica es algo que queda dentro para siempre. 

Lo que sí observo, en mis intentos actuales de acercarme a escritores de hace siglos, es cómo la onda literaria actual vibra en otra frecuencia. La falta de tiempo para el ocio que padece nuestra sociedad hace que se haga bola para muchos el poder pausar los ritmos para leer capítulos largos donde, aparentemente, no pasa nada.

No hay paciencia.

Se pide más emoción, más rápido, más golpes de efecto, menos profundizar.

Es un reto al que nos enfrentamos los escritores actuales: saber narrar en la prisa de los demás.

Cada lector mira cuánto queda para terminar una escena, cómo de largo es el texto de facebook, qué porcentaje del ebook llevo leído, qué grosor le queda aún a la novela. 

Corremos, corremos, sin saber muy bien hacia dónde. Sin pararnos a disfrutar de estar parados. De respirar.

Recomendaría vivamente a Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.

No hay sitio al que llegar.

viernes, abril 18, 2025

Mails

Con tanta movida trumpista uno acaba por darse cuenta de lo frágil que resulta el mundo en que vivimos.

Visto lo visto, uno de mis mayores temores es perder este canal de comunicación que desde hace tantos años me mantiene unido a ti diariamente. Esa café que te tomas leyendo mis posts, tu despertar asomado a mis textos, el rato que dedicas a comentar mis relatos, el enlace de ida y vuelta que hemos establecido.

Así que le pedí a mi sobrino que rehiciera mi web.

Por si Facebook o Instagram me bloquean por algún pensamiento subversivo o alguien hackea mi cuenta.

E Iván ha hecho un trabajo soberbio, ya lo podréis ver.

Así podrás conseguir los correos electrónicos de tus lectores me decía, por si te quedas sin redes.

¡Ya está terminada la web! Y viene con regalo, un pequeño cuaderno electrónico con mis diez textos más celebrados en todos estos años. 

Aquí te espero -> www.salvador-navarro.com


jueves, abril 21, 2022

Conspiración

Vivimos asediados por el tufo de la conspiración. Una humareda que se extiende por la sociedad con tal fuerza que una gran parte de la población piensa que estamos siendo engañados, siempre, en todos los asuntos.

—A la prensa le interesa que ya no hablemos del covid —me decía un amigo mientras paseábamos por las playas de Portugal.

—¿Qué prensa? —le pregunté yo—. ¿Se ponen de acuerdo en una cueva siniestra los directores de La Razón, El País y El Mundo para decir que ya se deja de lado el covid?

—Pero, Salva, ¿no ves que ya todo lo ocupa la guerra de Ucrania?

—Porque la guerra de Ucrania es un asunto mayor, gravísimo, y porque, afortunadamente, las vacunas han hecho mucho bien por vaciar las UCI's del covid.

Soy un convencido de la libertad de prensa y de la posibilidad que se nos da por infinitos medios de informarnos, de contrastar, de ir a medios franceses, estadounidenses o de la India, de izquierdas y de derechas, para comprobar cómo se explican las cosas en otros sitios. No podemos dejarnos narcotizar por esa corriente que dice que los ciudadanos somos unos peleles y que nos llevan por donde quieren los poderosos grupos de comunicación.

Sí es cierto que hay un terreno donde me siento más incómodo y no es otro que el monopolio de cierta información de determinadas compañías digitales como Google, Facebook (espero que no borren este texto) o Microsoft. Éstos sí tienen herramientas mucho más peligrosas, más audaces, menos sanas, porque escuchan lo que hablamos, analizan lo que escribimos, investigan nuestros gustos y pueden hacer, si no se legisla de manera ordenada en favor del ciudadano, que a nuestros ojos se nos ofrezca sólo lo que nos interesa ver, hasta el punto de llegar a vivir cada uno de nosotros en el paraíso venenoso de nuestras supuestas convicciones.

Y yo no quiero que nadie decida por mí.

viernes, noviembre 30, 2018

Vergüenza

A una foto mía de esta semana con la gran mezquita de Casablanca a mis espaldas publicada en Facebook, una mujer respondía con un comentario vergonzoso: 'si tan bonito es ese país, ¿qué hace tanto marroquí aquí?'. A esta señora yo le invitaría a leer acerca de la historia de España para que así pueda entender cómo a muchos de nuestros antepasados directos los recibieron en Alemania para escapar de la miseria.


El odio al inmigrante no es sólo una cuestión de incultura, sino de maldad, porque seguramente mucha de la gente que piense como esta mujer será católica, apostólica y romana y, sin embargo, no tiene la mínima calidad humana para evitar soltar improperios hirientes sobre la memoria frágil de miles de seres humanos que han muerto ahogados en el traicionero estrecho de Gibraltar al que desafiaban por tratar de encontrar una vida más digna.


Me aterroriza pensar que el próximo domingo las portadas de los periódicos informen de que en mi querida tierra han salido elegidos diputados del ultraderechista partido VOX (vergüenza + oprobio + xenofobia) y me tendré que tragar mis argumentos de que España está a salvo de partidos fascistas como el Frente Nacional o la Liga de Salvini.


No me vale el argumento de que en democracia cabe todo. No. Hay propuestas que no caben en una constitución democrática.


Hay mucha gente amargada que no desea otra cosa que odiar.

domingo, agosto 26, 2012

Drama

No soy una persona tímida ni extrovertida. Las relaciones sociales las cultivo con soltura, de hecho las potencio y cuido en lo posible, manteniendo una sutil barrera que me permite preservar mi espacio personal.

He venido construyendo desde hace tiempo una teoría sobre mí, del mismo modo que me gusta elaborarla sobre los otros, para explicar mi lugar en el mundo.

A saber: soy lo que soy por la gran carga dramática con la que he afrontado la vida.

Drama en cuanto a capacidad para atacar con ojos pasionales cada decisión como si fuera la última, creyendo ser consciente de lo que suponía un no en cada caso, interpretando mi vida futura en función de lo no hecho, no disfrutado, no proyectado.

Todo ello no implicaría, en mi caso, una connotación peyorativa sino más bien lo contrario; plantearme que las oportunidades no se repiten, que la gente no pasa por tu lado a pedirte amistad, que los proyectos laborales no esperan a que a ti te entren ganas de aceptarlos, que el amor es especialmente duro cuando no lo mimas.

Un síntoma para mí de vejez sería el dejar de ver la vida así. La energía irá disminuyendo, de hecho ya lo hace, pero no la óptica para afrontar el caminar.

No hay nada más absurdo que estar poniendo esparadrapos antes de tener heridas, y me he encontrado desde siempre con tanta gente así, tan incapaz de apreciar la unicidad de su propia existencia, que me sublevo de pensar, a veces, cuánto las quiero y qué torpes son.

La vida no tiene borrador. 

domingo, marzo 11, 2012

Aomame

La buena literatura divierte, informa y forma.

A más calidad, más fácil es que se cumpla esa función de formación humana, sutil y carente de moralejas; a mejor literatura más permeable se hace al lector a la reflexión e interconexión con el que escribe, por muchos años que hayan pasado de su muerte o miles de kilómetros que te distancien de él. Son momentos únicos en que un autor te abre la mente a su mundo, que haces en parte tuyo.

Son innumerables los aprendizajes que, como ser humano, he recibido de los grandes clásicos o de la buena prosa contemporánea.

Son frases o reflexiones que provocan un 'clic', un antes y después en tu forma de pensar, que haces tuyas, incorporas para siempre y además sabes ponerle nombre al personaje, le encuentras un paisaje a la escena, recuerdas circunstancias y te acuden emociones de cuando un día atravesaste esa página.

Recién finalizado 1Q84 de Murakami, tendré para siempre en mí el momento en que Aomame, la joven protagonista de esta historia intimista, se introduce en la cama con su amado Tengo para hacer el amor tras veinte años sin verlo.

Ella, desnuda en la cama, emocionada y henchida de amor, le confiesa con rubor la desconfianza en su físico, falsamente protegida por la poca luz que atravesaba las sábanas que les cubrían:

'Imagino que no te gustarán mis pechos, son pequeños, y uno es mayor que otro'.

A lo que él responde con sinceridad:

'Me encantan. Si tus pechos no fueran así, no serían tuyos'.

domingo, junio 15, 2008

Irreversibilidad

Las aulas de la Escuela de Ingenieros me daban mucho margen para la reflexión. Es jodido que las carreras universitarias sean tan estancas, castradoras de todo lo que no case bien con la salsa de sus Planes de Estudios. Poco humanistas las ingenierías, poco técnicas las humanidades… cuando un ingeniero sale con su título bajo el brazo tiene muchas posibilidades no ya de no saber redactar un informe con soltura y sin faltas de ortografía, sino de escasear de mano izquierda, de capacidad para relacionarse con equipos multidisciplinares o, a la experiencia me remito, de arte para contar las cosas y para vivirlas bien. A falta de ese punto de base metafísica en mi Escuela, ésta debíamos encontrarla entre las fórmulas de mis apuntes o en las charlas magistrales de algún catedrático que se deslizaba del mundo de la Mecánica de Fluidos hacia el de la fluidez de las relaciones humanas. Una de las grandes magnitudes de la Física-Metafísica la encontré en esas clases. Se llamaba Entropía. Se resumía en una S. Era la medida de la Irreversibilidad. La tendencia de todo sistema al desequilibrio y la imposibilidad de recuperar el estado inicial. La variación de entropía siempre es positiva. Es la medida de la no vuelta atrás. Recuerdo el ejemplo de unas bolas. Las ordenas y las mueves. Nunca volverán a recuperar su estado inicial. La imposibilidad de ir a un viaje con amigos y volver a repetir el mismo viaje. Es un principio, una Ley de la Termodinámica. En esta Ley reside una de las claves de la vida. El principio del no retorno. Todos los tiempos pasados son pasados, todas las fotos reflejan un imposible. Ya nunca igual. Morimos a cada minuto, vamos dejando vidas imposibles de volver a vivir. De ahí la importancia de los pasos bien dados, para que esa irreversibilidad no nos lleve por caminos tan extraños que no sepamos volver a un punto de partida de un mínimo contenido ético. Quien es cabrón, quien no es humilde, quien pisa por subir, quien no sabe devolver una sonrisa, quien cierra los ojos a la vida no cae seguramente en la cuenta que la entropía lo domina todo, y que cuando se abandonan estados de equilibrio para avanzar ya no hay vuelta atrás. Se vuelve de otra manera, pero la entropía no permite corregir del todo los errores. Lo hermoso de la vida es saber que caminamos hacia adelante y nos vamos haciendo a nosotros mismos. Lo duro de la vida es que la física ha encontrado una fórmula para decirnos que no es posible el paso atrás.