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lunes, enero 20, 2025

Conchita

Fue un viaje inolvidable a Gran Canaria.

Mariángeles, recién salida de una larga relación, Fran y yo. Los tres nos largamos ese verano a Maspalomas, alquilamos un coche y nos dedicamos a meternos entre pecho y espalda unos desayunos de marajá, recorrer cada rincón de esa maravillosa isla y disfrutar del placer de las charlas al sol.

Eran otros tiempos y el descapotable que cogimos tenía aparato de compact disc's, lo que no sé es cómo se nos ocurrió comprar en la primera gasolinera en la que paramos un CD de Conchita.

—Qué tía más cursi —dijimos cuando empezó a sonar—. ¡Qué música más ñoña!

El caso es que nos acompañó durante todos esos días; cada vez que nos montábamos en el coche, sonaba ella. Si en cualquier lugar del mundo oigo una de sus canciones, me transporto de inmediato a las islas y esos días felices.

Hace poco, bajaba en coche a Sevilla, en una ruta larga, yo solo, y me puse colorado al pedirle a Google que me pusiera música de Conchita.

Me encantan sus letras, cursis y poéticas, me gusta su música ñoña y su voz de no haber roto nunca un plato.

Qué le voy a hacer.

domingo, enero 12, 2025

Reverte

Tras publicar 'Andrea no está loca', una novela iniciática donde descubro mi vida como escritor al tiempo que la ciudad de Nueva York, me invitaron desde una asociación literaria a compartir espacio con Javier Reverte en una mesa redonda en La Casa Encendida, para hablar de literatura de viajes.

¡Qué responsabilidad!

Al avisarme con tiempo, no desperdicié la oportunidad de leer varios de los libros de viaje que Reverte había publicado en su larga vida de escritor, a los que uní alguna que otra novela de grandes autores, de las que guardo un gran recuerdo.

Y allí estaba yo, un escritor que apenas daba sus primeros pasos, junto a él, generoso, en las etapas finales de su carrera.

Hace unos meses, tras un viaje a Roma, me topé con su Un otoño romano, un encargo que le hicieron para retratar la ciudad. Entre sus páginas, describe cómo tuvo que volver a Madrid para dar una conferencia, y no pude evitar hacer cuentas: ¿habría sido aquella charla en La Casa Encendida, la que compartí con él hace veinte años?

Las fechas cuadraban. Busqué en mis archivos y encontré la foto de esa tarde.

De golpe, sentí un estremecimiento. Me vi formando parte de un libro, de su libro, y me dije qué afortunado he sido en la vida.

Mi recuerdo para Javier Reverte, un maestro que siempre tuvo la generosidad de tender la mano a quienes comenzábamos. No dejéis de leerle, es viajar a través de las palabras.

martes, agosto 06, 2024

Cascais

Estaba programado al minuto. Tomamos el barco para ir a la orilla opuesta de nuestro hotel, situado frente a Lisboa, y allí caminaríamos de la estación fluvial a la de tren, en Belén, para ir hacia Cascais.

Con lo que no contábamos era con que la máquina expendedora no tuviera papel, que no hubiera nadie en la taquilla y que la aplicación del móvil no funcionase para sacar el billete.

¡Cambio de planes!

Ya saliendo de la estación le pregunté a una pasajera.

¿Sabe si podemos comprar el ticket dentro del tren?

Entonces ella se interesó por lo que nos pasaba y nos obligó a acompañarla.

No os vais a perder ese viaje por un mal mantenimiento de una estación. Quedaos a mi lado y si viene el revisor yo os protejo. "Cascais é muito bonita'.

Nos habló de su amor por Galicia ya una vez dentro del tren, hasta que se bajó un par de estaciones antes del final de trayecto, momento en el que nos sentimos un poco desamparados.

Qué importante es dar, siempre, una oportunidad al desconocido.

Nos puede alegrar el día y hacérnoslo mejor.

―Fran, vigila las puertas, no vaya a aparecer el revisor. 

(No estamos acostumbrado a hacer cosas 'ilegales')


sábado, marzo 09, 2024

Quejica

No me fío de los quejicas.

De los pejigueras con la comida, de quienes hablan a todas horas de enfermedades, de los que ponen pegas a todas las ciudades que visitan, de aquellos a quienes les aburren todos las novelas, 

Me alejo de los expertos en ver el gris incluso en paisajes de colores.

No me gusta la gente a la que no le gusta nada.

sábado, abril 08, 2023

Crisis

Los tacos tienen tal fuerza, que mejor decirlos en tu propio idioma.

Mi amigo Miguel nos había recomendado tomar una copa en el Marie's Crisis de Nueva York, tras alguna de nuestras cenas por Manhattan.

Así que allí nos plantamos mi hermana Raquel, Fran y yo, tras disfrutar en un mexicano fabuloso de comida muy picante y música a todo trapo que triunfaba en el subsuelo de la ciudad.

Mientras Fran se acercaba al baño, nos pedimos dos gintónics. El bar era famoso porque los cantantes de Broadway solían ir allí tras las actuaciones para cantar alrededor del piano. 

Saqué la tarjeta para pagar y el camarero, un señor bien mayor con cara de malas pulgas, nos gritó:

Cash!!!

Le expliqué que no teníamos dinero en metálico y él, en un gesto que no había visto en mi vida, le quitó la copa de las manos a Raquel y la vació en el fregadero.

Fue tal mi indignación que grité, cabreadísimo, lo primero que se me vino a la cabeza.

Fuck you!

Ese hombre se encendió como la cabeza de una cerilla y levantó la parte móvil de la barra para salir. Mi hermana y yo nos miramos y decidimos salir corriendo. Fran bajaba del baño y nos alertó. El hombre venía detrás con las manos en alto para agredirnos.

Tuvieron que separarnos, no sé cómo salimos de allí.

Ya en la calle, vimos un cajero justo en la puerta del bar. Con lo fácil que hubiera sido decírnoslo a la hora de pagar. 'No admito tarjetas, pero podéis sacar dinero justo a dos metros de la entrada'.

Cuando me cabreo mucho, digo para mis adentros, 'fuck you', y se monta la de dios en mi cabeza.

viernes, marzo 31, 2023

Terremoto

Nos lo pasamos en grande en la noche tokiota.

Dimos tumbos, bebimos mucho, conocimos gente, bailamos, buscamos taxis, tomamos metros, llegamos reventados al hotel.

Al día siguiente, resacosos, salimos a una plaza a pasear. Había un mercadillo de artesanía. Yo sentí el suelo temblar. Corrí como pude hacia un extremo de la plaza y me apoyé en un muro. Mi amigo Pablo seguía a su bola, los objetos de los tenderetes no se movían, las hojas de los árboles tampoco.

—Salva, estás blanco.

¿Hubo un terremoto en Tokio o el terremoto estaba en mí?

Qué mal sienta el afamado whisky japonés.

miércoles, marzo 29, 2023

Alfombra

Fue la primera vez que visitaba Marruecos.

Se nos ocurrió sobre la marcha y, al no tener los pasaportes con nosotros, la única forma de entrar era mediante un tour organizado de un día completo, que incluía paseo en camello y comida en la medina de Tánger.

¡Qué bien nos lo pasamos!

Veíamos Tarifa desde la Alcazaba de la ciudad, donde jóvenes con chilaba se colocaban serpientes alrededor del cuello, y nos planteábamos cómo podía haber tal salto cultural a tan pocos kilómetros de distancia.

La ruta, en autobús, incluía paradas en el zoco, en tiendas compinchadas con la compañía turística que organizaba la visita. Entramos en una farmacia bereber, en un mercado de especias y en una tienda de alfombras. A pesar de la explosión de colores, y olores, de estos lugares, yo quería que nos sacaran de allí. ¡Había tantas cosas por ver!

Nos tratan como a rebaño protesté—, y todo para sacarle los cuartos al turista tonto que se acabará comprando una alfombra —insistí.

Entonces me saludó el de la tienda.

El único que iba con una alfombra a los hombros, en el ferry de vuelta a España, era yo.

viernes, marzo 03, 2023

Aragón

¿Tomamos por Aragón o por Litoral?

—Por Aragón —respondió Fran, sin un atisbo de duda.

Íbamos dirección Plaza de España y yo lo miré con ojos de sorpresa. Ninguno de los dos conocemos Palma de Mallorca lo suficiente como para saber por dónde nos convenía que tomara el taxi.

Su respuesta gestual hacia mí, la de Fran, lo decía todo. Si dudamos, me hacía ver, tirará por el camino más largo. Suele ser la táctica de algunos taxistas para saber cómo de bien conocen el terreno sus clientes, hacer una pregunta de tanteo.

Me divierte la seguridad con la que Fran se maneja.

Así que tomamos por Aragón. La ciudad estaba llena de vida. Es precioso cuando viajas por lugares que apenas conoces, porque todo sorprende, a todo prestas atención, los carteles con conciertos, las viejas paseando, los chavales en sus patinetes, los puestos de flores.

—¿Dónde les dejo? —Nos preguntó.

—En la Plaza de España —respondió Fran, contundente.

El taxista frenó y se giró hacia nosotros, descubiertos en el último momento del trayecto. Comprendió que no teníamos ni idea de dónde estábamos ni por dónde veníamos.

—Esto es la Plaza de España, señores. Les pregunto que en qué zona les dejo…


jueves, diciembre 22, 2022

Comporta

Con idea de entender su fama de lugar de moda, ayer nos adentramos, sin prisas, en Comporta. Es una experiencia inolvidable, sobre todo cuando empiezas la ruta tomando el ferry en Setúbal, para atravesar, por una carretera solitaria, la lengua de tierra que te lleva hacia el sur.

Comporta es verano. Así lo entendimos cuando nos encontramos con calles desiertas y negocios cerrados.

Fran, deseoso de entender la magia del lugar, fue colocando lugares conocidos en el GPS del coche para orientarnos por dónde estaría el núcleo del postureo en ese enclave más alejado del mar de lo que pensábamos.

Por fin lo encontró y vino a por mí, que andaba absorto en realizar fotos de esa ciudad fantasma.

Paseamos una calle llena de tiendas de decoración, restaurantes de diseño, supermercados pijos… 

En una cafetería había apenas una chica, con ropa de gasa y una suerte de turbante, sola entre las mesas, con un desayuno y un libro. Vio que yo la miraba y me sonrió.

Yo me hubiera cambiado por ella, un rato, ver la vida con la calma que da poderte tomar un café a media mañana con un libro en un pueblo soleado sin un alma. Ver la vida pasar así, tranquila, permitiéndote sonrisas con extraños, saboreando el café sin relojes a los que mirar.

Yo, de pronto, quise llevar turbante.

Ya conduciendo, camino del Algarve, se me heló la sangre.

¿Y si el turbante no era para presumir?

domingo, noviembre 13, 2022

Solo

Hay que reivindicar la figura del solitario, mal vista en esta sociedad, por otro lado tan individualista.

Si te encuentras en la sala de cine a una señora sola, a un tipo comiendo en una mesa de restaurante sin compañía, a alguien aislado en un asiento de avión la tendencia es a calificarlo como raro.

Yo antes caía en ese error, quizás porque me llevé muchos años yendo al cine conmigo mismo a películas que nadie quería ver, viajando sin compañeros por trabajo, visitando ciudades por el puro placer de hacerlo a solas. Sentía esa mirada escrutadora de quien piensa que eres infeliz.

Yo he evolucionado a todo lo contrario, a admirar a aquéllos que viajan por la vida sin más que ellos y sus circuntancias.

El éxito se ha basado demasiado tiempo en tener pareja, en formar una cuadrilla de amigos, en tener una amplia vida social, estigmatizando al que disfruta de un vino a solas, reflexionando, observando cada detalle del restaurante que nunca antes vio al estar de charla, distinguiendo el cilantro en un plato en el que tiene puestos los cinco sentidos, emocionado hasta las trancas delante de una pantalla de cine sin darle apuro llorar.

Sintiendo que tú llenas todo tu espacio.

Cuando se elige, es preciosa la soledad.

miércoles, octubre 05, 2022

Equivocarme

Soy partidario de equivocarme mucho.

Tal vez ese sea uno de mis principios vitales y a ello va unido mi disposición a decir a todo que sí.

Las equivocaciones vienen, por muy sesudas que sean las reflexiones previas acerca de una decisión a tomar, por eso siento que es mejor tirarse al río con pocos miedos. Lo que tenga que venir, vendrá, pero que no quede por mí.

La vida me hubiera tratado peor, seguro. No habría viajado a tantos países, conocido tanta gente, escrito tantos libros o vivido tantas anécdotas de haber buscado la perfección.

Meditar mucho cada paso a dar lleva a no dar los pasos suficientes. Y yo no quiero vivir con freno.

Siempre que me han propueso algo, ha podido más la curiosidad de lo que podría ocurrir que las ganas de encerrarme en mi habitación.

viernes, abril 01, 2022

Tokio

Se conjugaron los astros para que nos cruzáramos las miradas.

Una cosa llevó a otra y el chaval, con muchos nervios, nos preguntó qué hacíamos en Tokio. Su novia sonreía con la timidez propia de los japoneses con los extranjeros.

Al rato habíamos juntado nuestras mesas en el restaurante, ellos nos comentaban los mejores lugares para escuchar música y nosotros les explicábamos todo aquello que nos sorprendía de su país.

¡Tan fácil!

La realidad es que esas situaciones ocurren de higos a brevas, con lo sencillo que sería romper una conversación para decir.

¿Cómo estás?

Los turistas, en cambio, tienen la tendencia a encerrarse en ellos, a cenar entre ellos, a mirar las ciudades y los paisajes desde su propia interpretación, sumergidos en sus esferas culturales poco dispuestas a airearse con los vientos locales, sin dejarse llevar por los remolinos de lo de ahí, lo que se trama, lo que se escucha, lo que se hace. Vibrar con la frecuencia de sus sonidos.

Yo estoy bien, gracias por preguntarme. Deseando saber de ti.

domingo, marzo 27, 2022

Semáforo

No se veía un coche a los dos extremos de la avenida, así que crucé.

Una mujer de avanzada edad me tomó por el brazo y me metió en la acera, tras soltarme un discurso indignado en danés. Me señalaba el semáforo en rojo para los peatones. Yo sólo supe decir:

Sorry.

Era un domingo tranquilo y soleado en Copenhague, al que acabábamos de llegar en nuestra ruta adolescente de aventuras con Interrail, tras recorrer media Europa en tren. Yo aún tenía la cabeza amueblada como un crío, así que obedecí a la reprimenda de la señora.

Hay días, muchos, en los que me acuerdo de esa mujer al atravesar una calle por donde no debo. Y siempre me planteo que soy un afortunado por haber nacido en una sociedad menos cuadriculada que aquélla que se relame en una educación cartesiana que no sabe lo que es la mano izquierda.

lunes, enero 29, 2018

Catar

Hordas de obreros enfilaban el páramo urbano al que me asomaba este amanecer desde la ventana de mi hotel de Doha. Su formación disciplinada y el color oscuro de piel me hizo pensar en sus vidas desprotegidas de todo lo que un occidental considera exigible.

Un país con fotos de su jeque en todas las calles y edificios, una bandera omnipresente y ausencia de elecciones libres en un estado donde sólo tienen la nacionalidad propia menos de una décima parte de sus habitantes es un cóctel complicado de digerir. ¿Quién se atreve a protestar?

Doha se muestra como una ciudad artificial en plena efervescencia urbana en la que los turistas deambulan sin saber muy bien qué ver. Todos, en cambio, tienen aprendido su rol para que el sistema funcione, a pesar de que falta, a simple vista, la alegría propia en las calles de quienes se sienten dueños de su ciudad.

La mejor noticia ha sido ver mujeres militares, azafatas, camareras, directivas... Y no siempre con el pelo tapado. No llegué a ver a ninguna conduciendo por más que puse interés.

Observaciones ligeras de un tipo curioso que se sustenta en los datos frágiles y escasamente estadísticos de un viajante más.

Ahora toca Teherán.

viernes, marzo 10, 2017

Venecia

La primera vez que pisé Venecia entré en ella sin saber que estaba dentro. Apresurado en mi viaje hacia Eslovenia, llegué con el coche de alquiler a Piazzale Roma, lo dejé con las llaves puestas, desconfiado, en un parking cutre donde me mostraron todos los vehículos con sus llaves, para convencerme, y me adentré a la carrera. De golpe, el Gran Canal, a mis pies; un fogonazo brutal que aún perdura, arrollador, en mi memoria. Atemorizado por perder el coche, troté, borracho de belleza, siguiendo las indicaciones que me llevaban al Puente Rialto. Cruzaba canales, atravesaba soportales, olía la comida de mediodía bajo un sol espectacular. No hay emoción como la de atravesar Venecia por vez primera. Compré un trozo de pizza que comí extasiado ante la Basílica dorada de San Marco. Volví por el Puente de la Academia hasta dar con un coche que no sirvió sino de acicate para enamorarme de la ciudad en carne viva, deprisa, deprisa.

Hoy, tras muchas otras visitas, pausadas, y varios años sin meterle mano, vuelvo a ella, a dejarme de nuevo erotizar, poniendo a prueba mi capacidad de sentirme desarbolado por su mirada, en un juego de verme en el espejo de sus encantos, falsos, eternos, retadores, sibilinos, majestuosos. A la vieja socarrona Venecia, dada tantas veces por muerta y enterrada.

Quiero ver si sigo siendo aquél que se estremece ante la grandeza de lo sublime. Retozar entre sus muros para hacer valer mi derecho a decidir que nunca renunciaré a la vida.

domingo, febrero 12, 2017

Ventanilla

Sólo un tercio de los asientos de un avión estándar tiene ventanas.

Recuerdo un comentario que hacía mi madre acerca de un viaje a Galicia con un matrimonio amigo: 'Atravesábamos unos paisajes tan diferentes de Andalucía, ¡y ella iba leyendo el Lecturas!'

No sé hasta qué punto mi rareza, pero no entiendo que la gente no dé bofetadas por coger ventanilla en el avión. Ese placer inmenso de ver el mundo desde arriba parece que gran parte del género humano lo considera normal, contemplar cordilleras nevadas o grandes valles, las costas arenosas, los pueblos escondidos, tratar de adivinar qué ciudad es ésa, qué río aquél. Aun cuando las nubes lo tapan todo y juegas a imaginar cómo de oscuro estará ahí abajo, cuánto frío no hará allí donde no termina de calentar el sol; incluso cuando todo es igual, aun cuando es noche cerrada. En mi mente almaceno largos viajes sobre el Atlántico, con todo el pasaje dormido y yo asomado al gran balcón que me ofrece mi ventana para ver el océano a mis pies, con la luna sola, para mí, mostrándome lo pequeño que somos; cruzar los Andes y ver los lagos turquesas escondidos entre cumbres heladas; sobrevolar el Amazonas viajando hacia Bolivia, tapado con una manta y viendo amanecer con el sol proyectándose sobre un manto verde infinito; imaginar los tiburones durmiendo alrededor de un Puerto Príncipe iluminado en medio del Caribe; emocionarme con islas diminutas repartidas en un mar de Indonesia tan azul que no lo distingues del cielo, en una suerte de levitación en que todo podría acabarse y hacerlo bien; saltar el mar de Japón desde Corea con un gintónic hasta divisar tierra nipona y contemplar los pequeños templos desperdigados entre sus montañas; aterrizar por primera vez en Nueva York y admirar la inmensidad de esa urbe con la que tanto sueño desde que la pisé; ver acercarse el Teide cuando vas a Canarias, o entrar en la hermosa costa de Huelva y su espectacular Coto de Doñana al volver de allí; despegar de Ciudad de México para alucinar con la vastedad de una tierra maltratada, donde sobreviven colinas no urbanizadas de épocas grandiosas; saborear los momentos en que el avión balancea para tomar tierra, instantes de cosquillas en que se atraviesan los algodones de nubes para asumir con orgullo lo lejos que ha llegado el hombre, para felicitarme por haberlo sabido siempre disfrutar.

jueves, agosto 25, 2016

Sumas

Por mucho que alguien se escape a un lugar idílico en un día laborable de cualquier mes del año, siempre encontrará gente allí disfrutando de una experiencia que para esa persona es excepcional. Si un día se pega un homenaje merecido en un restaurante de lujo, encontrará mesas llenas de comensales que charlan allí con toda naturalidad. Cuando vaya a un concierto majestuoso de ópera, acabará aplaudiendo emocionado entre una multitud entusiasmada y podrá preguntarse: ¿pero dónde he estado metido yo?

El ser humano, por lo general y de forma subconsciente, tiende a pensar que esos que viajan, se relamen con servilletas de seda y viven la dolce vita son todos los mismos y muchos más de los que son.

Si su equipo nunca gana una competición, uno llega a creer que es un desgraciado por no conseguir nunca nada, sin razonar que la inmensa mayoría de los clubs no ganan jamás.

Agrupan a los triunfadores en un 'todos menos yo' que los hace pequeñitos y provoca el efecto contrario al de sentirse privilegiados. Hacen sumas raras que suelen dejarlos en el escalafón inferior del disfrute.

Hay que guiñarle el ojo al que aplaude junto a ti o se baña en aguas cristalinas de un paraíso, porque ellos, como tú, sois triunfadores por entender que la vida está llena de momentos excepcionales para sentirse únicos; momentos irrepetibles que no todos saben aprovechar, creyéndose intrusos en un paraíso inmerecido.

miércoles, agosto 10, 2016

Domo

Subían Raquel e Iván a su habitación del hotel de Gante cuando, en el ascensor, una camarera de la limpieza de origen asiático les preguntó:

-Spanish?

Mi hermana asintió y entonces la limpiadora se acercó para preguntarles:

-Domo?

Siempre insegura con su inglés, mi hermana se quedó bloqueada, con Iván medio escondido detrás. La mujer insistía:

-Domo?

Cinco minutos después, Iván nos contaba a carcajada limpia la escena. Raquel me preguntaba qué significaba 'domo' y yo busqué en el traductor de google colocando todos los idiomas asiáticos posibles. No aparecía nada.

'Domo' se convirtió para nosotros en la palabra fetiche del viaje. Cuando apareció por la ventana del metro la enorme imagen del Atomium, gritamos al unísono: ¡Domo! Cuando en cualquier bar se nos explicaba del tirón la lista de comidas en holandés nos preguntábamos: ¿Domo? Cuando llamábamos a la puerta de nuestras habitaciones del hotel, con los nudillos, la contraseña era: 'Domo'.

Tras un invierno durísimo por la muerte de mi padre, estos días recorriendo Europa al grito de ¡Domo!, salpicado de la risa contagiosa de la inocencia de Iván, nos ha llevado a la edad del pavo, a reconciliarnos con nuestros huesos y a sentir que la vida es más fuerte que todo.

Domo.

lunes, octubre 06, 2014

Broadway

Hay muchos momentos en que mi curiosidad se lamenta de que el período de una vida humana sea tan corto respecto a los tiempos de cambio en una sociedad, incluso en ésta loca y acelerada que nos ha tocado vivir.

Fue en 2003 cuando aterricé por vez primera en esta deslumbrante ciudad de Nueva York; los recuerdos son suficientemente cercanos y el tiempo transcurrido significativo como para poder confirmar que ha habido evoluciones en esta inmensa urbe que me hacen presagiar un futuro mejor en determinadas materias que me conmueven.

Es una ciudad dura. Mucho. No hace falta viajar aquí para saberlo, aunque cuando te enfrentas en las estaciones de metro o en cualquier rincón de un parque con la mirada perdida de tantos desheredados, entonces confirmas que esta capital del mundo es un reflejo potenciado de los excesos, desequilibrios y egoísmos de un ser humano que no ha sabido, tal vez podido, estructurar con más sentido el hormiguero que conformamos.

Hay, sin embargo, pinceladas que me hacen creer que sí, que la esperanza es posible, aunque sé que no viviré para confirmar que esa familia negra que vi hace unos días en un musical de Broadway, y que espero serán dos en otros diez años, no será algo en lo que fijar la atención; porque cuando me emocioné en mi primer viaje viendo Nine, no pude sustraerme a presenciar el blanco uniforme del gallinero y el negro absoluto de los acomodadores.

Ya la línea C que lleva a Harlem no es sólo afroamericana a partir de la estación 96, ya encuentras hispanos enchaquetados camino de Wall Street.

¿Qué Nueva York encontraré en mis viajes de senectud?

lunes, abril 21, 2014

Aragón

Comíamos en casa, la familia al completo, un día soleado tras el colegio, en esos mediodías imborrables de olor a guiso, música de telediario y siestas de sofá con la telenovela de fondo que, más veces de lo imaginado, vienen a la memoria.

Era un anuncio publicitario alentando a visitar Aragón, por sus montañas, sus riquezas artísticas, los deportes acuáticos, el turismo rural. Justo tras terminar, mi hermana Raquel suelta:

-¿Dónde estará Aragón?

Y se quedó tan pancha. Yo, que era un renacuajo, pensé que no podría vivir sin saber dónde estaba Aragón. 'El repelente niño Vicente', que dirían mis hermanas.

No sé qué tiene la Geografía, pero reconozco que me pone, como a ese Luis Cernuda también pequeño que desplegaba los grandes atlas en su patio sevillano de luz insultante de la calle Acetres.

Estudié ingeniería, pero entre las tardes universitarias de café que más recuerdo no hay motores ni ecuaciones diferenciales, sino aquéllas, por ejemplo, en que me retaba, con Elisa y Mariángeles como víctimas, a escribir en una servilleta cincuenta ciudades francesas, o italianas, o inglesas, y narrarles algún episodio o peculiaridad de cada una de ellas.

Tal vez de ahí mis ansias de viajar, de poner colores y caras a esas ciudades perdidas por el mundo que se abrían a mí en cada novela, periódico o película de sobremesa televisiva, sin saber por qué me motiva tanto escuchar a cualquier persona hablar de su pueblo, su país, sus costumbres; algo que, por otro lado, enamora: saber que alguien desconocido atiende con tanta atención las explicaciones acerca del nido propio.

Sí, reconozco que mis sueños están plagados de territorios remotos que no sé cuánto tienen de imaginarios ni cuánto de mí se encuentra en el hecho de soñarlos.