x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Estambul. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estambul. Mostrar todas las entradas

miércoles, enero 07, 2026

Obrigado

Cuando viajamos a Estambul, Marrakech, Palermo o Berlín, nuestros primeros agradecimientos siempre son en portugués:

—Obrigado.

Porque para nosotros, acostumbrados a nuestros fines de semana en el Algarve, estar fuera de España es estar en Portugal.

Los que nos escuchan, con nuestro fuerte acento castellano, dirán: ¿de qué país son estos dos?

sábado, septiembre 20, 2025

Platito

Cenaba, a solas, en mi restaurante favorito de Estambul, con la libertad de no tener distracciones. Dejé el móvil a un lado y me propuse disfrutar. 

En la mesa de al lado un grupo de chinos, que de tan educados los confundí con japoneses, se maravillaban con cada plato que les ponían por delante. 

Ya al pedir la cuenta, con apuro, el único hombre del grupo suplicó por que le dejasen llevar el platillo metálico de colores donde les habían traído la cuenta.

La camarera le ofreció una servilleta para esconderlo y le hizo gestos para que no se chivara.

Entonces una de las chinas, riéndose con la escena, vio que yo los miraba y abrió los ojos bien grandes en forma de amenaza amistosa.

Yo levanté las manos en señal de paz. 

Aguacate

La otra noche me recogió un taxista de Almodóvar por las calles de Estambul.

Me había pegado una caminata tan larga para visitar la sublime mezquita de Süleymaniye, que no me quedaban fuerzas para volver al hotel.

—¿Quieres wifi? —me preguntó nada más montarme, lo que acepté. 

Luego me ofreció un cigarro.

—Gracias, no fumo.

—Un hombre saludable —me dijo—. Entonces te apetecerá un aguacate. —Se paró junto a un puesto ambulante y se compró uno— ¿Te corto un trozo?

Al ser un precio cerrado, no me inquietaba que se parase.

—¿Te apetece un café? ¿Un té?

Yo miraba por ver si tenía una cocinilla por ahí instalada.

—Ahí tienes revistas de Estambul —me señaló.

—Gracias. 

En cuanto me dejó en el hotel investigué en la aplicación cómo podía dejarle una propina.

miércoles, agosto 06, 2025

Té

Nos ofrecieron un té de cortesía tras el primer almuerzo en Estambul y a mi hermana y a mí nos encantó.

—¿De qué es?

—De manzana —nos sonrió.

Así que el día que visitamos el bazar de las especias, se nos iban los ojos en la zona de las infusiones. Ya por fin nos decidimos y entré en una de las tiendas.

—¿Eso es té? —pregunté, extrañado, al llenarme una bolsa de polvo blanco.

—Sí, quiere que le prepare uno para comprobarlo.

Le dije que no, que confiaba en ella, pero salí de allí pensando que llevaba medio kilo de cocaína. Así que nos llevamos el resto del viaje pensando como meter la bolsa en el avión sin levantar sospechas en el control de pasaportes. Raquel se ofreció a llevarlo y yo, desde Múnich, me interesé en cuanto aterrizaron ella e Iván en el aeropuerto de Sevilla.

—¿Qué tal la mercancía?

—¡A salvo!

domingo, agosto 03, 2025

Estambul

En Estambul, más que en ningún otra ciudad que conozca, se cumple el dicho de que hay que alejarse de la zona turística para conocer el alma de la ciudad. 

Gracias a mis compañeros turcos, conseguimos montar una ruta llena de paseos por lugares que los guiris no conocemos, porque dentro de los paseos habituales no somos para ellos sino una máquina de expender dinero.

La atmósfera en torno al turismo está maleada y es algo ya tan orgánico que será difícil de regenerar.

Las entradas a museos, mezquitas, palacios y monumentos rozan y traspasan el límite de la decencia, en una política cortoplacista de ahogar a la gallina de los huevos de oro. 50 euros Topkapi, Dolmabahçe. 30 euros visitar las Cisternas o Santa Sofía, con recorridos limitados llenos de vallas que no puedes traspasar... Aquello por lo que no preguntas el precio en los restaurantes, como el agua o el pan, se convierten en artículos de lujo en la factura.

Una sensación continua de que te faltan al respeto.

La vieja Estambul no se merece eso. No puede permitirse que la muestren así, que mires hacia todos lados por ver dónde está el siguiente timo. Cuál es el siguiente limpiabotas que va a simular que se le cae el cepillo para hacerte caer en sus redes.

En cuanto nos metimos por las callejuelas de barrios escondidos descubrimos que otra ciudad es posible. Amable, relajada, acogedora.

Nos lo hemos pasado, como siempre, en grande. Pero tardaremos en volver. Algo se ha roto.

Caída

Lo que los alumnos occidentales estudiamos como la Caída de Constantinopla, ocurrida en 1453, cuando las tropas otomanas se hacen con la ciudad bizantina y acaban con siglos de predominio cristiano, para los alumnos turcos la lección histórica se llama la Conquista de Estambul.

El mismo hecho narrado con relatos contrapuestos.

Así es la historia del hombre.

Por eso es bueno viajar, leer, escuchar, reflexionar sobre las realidades que hemos heredado, tratando de obviar el lugar en el que hemos nacido para tener una visión objetiva de las cosas.

Nadie nunca tiene toda la verdad.

sábado, agosto 02, 2025

Taxi

Una de las claves de lo bien que nos lo estamos pasando en Estambul está en los taxis, que nos han llevado de una punta a otra de la ciudad a los cuatro en cuanto los hemos solicitado. 

Frente a los precios abusivos de todo lo que tenga que ver con el turismo, los Fiat Egea amarillos son el contrapunto, a pesar de la agresividad con la que conducen y de la muy mejorable limpieza de sus interiores.

Anoche felicitaba a un taxista joven que nos recogió en Sultanahmet.

—¡Qué limpio tienes el coche! -le solté. 

El tipo utilizó su traductor para agradecerme el comentario y decirme que normalmente lo lleva incluso más impecable. 

—¡Lo limpio a diario!

Le  había alegrado la noche.

Siempre nos quejamos de lo que nos chirría, con lo mucho que también se gana —ganamos todos— cuando ponemos en valor lo bueno.

domingo, julio 27, 2025

Marrakech

Marrakech siempre será una habitación luminosa en la que pasé horas leyendo sobre Estambul. 

Será también el bullicio de calles destartaladas de muros ocres y motos que te atropellan, y gente amable que te saluda con la mirada al pasar, y tajines de pollo, y de pescado, y de cordero. Sin embargo, recordaré esas tardes marroquíes con mi cabeza apoyada en la barriga de Fran, leyendo sobre Estambul. 

El calor implacable del verano nos obligó a disfrutar una ciudad intermitente, a la que nos asomábamos y de la que escapábamos a nuestro refugio, como se vuelve a una sombra fresca al mediodía, para seguir leyendo sobre Estambul. 

Sé que pasarán los años y vendrán imágenes de ese espacio mágico donde nos refugiamos, felices, mientras sonaban las llamadas del almuecín. Y me costará saber si ese lugar estaba en Marrakech o en Estambul.

domingo, noviembre 26, 2023

Por ella

Mi madre hizo un viaje a  Galicia y no paró de contar cuánto disfrutó. 

Su juventud se fue volando y se vio con cuatro críos antes de darse cuenta de que la vida se le iba de la mano de un cáncer no detectado en su momento.

A mí, al niño que se le volvería viajero cuando empezó a caminar solo, a mí no me dio tiempo a llevarla conmigo a recorrer el mundo que no pudo conocer.

Ya sus cuatro hijos hemos sobrepasado con creces la edad a la que ella murió y, aun así, no hay ciudad que visite en la que no me acuerde de mi madre.

¡Cómo hubiera disfrutado de Estambul! De esas mezquitas alfombradas; de los paseos por el Gran Bazar, parándonos en cada puesto, tocando cada tela con sus manos de dedos pequeños; de los tés de manzana que nos hubiéramos tomado para reponer fuerzas.

Me gusta pensar que ella viaja en mí.

viernes, julio 11, 2014

Ramadán

De los lugares mágicos uno tarda en salir incluso tras haberlos dejado lejos; con Estambul siempre me ocurre.

A pesar del evidente progreso constatado durante los más diez años que llevo visitando esta ciudad, los niños tirados en las calles tocando la flauta o las manadas de perros salvajes corriendo de un lado a otro me hacen recordar que hay dolores viejos e irresueltos en esa urbe inmensa, que se debate, a ojos de un occidental, entre mundos radicalmente opuestos.

Llegar a Estambul en su primer día de ramadán y encontrar a familias enteras en los jardines de Sultanahmet con las bolsas llenas de barras de pan y bebidas esperando la caída de la noche es un espectáculo en sí. Al mismo tiempo, paseando entre ese pueblo devoto en torno a mujeres pertrechadas de hyjabs, se pasean ejecutivos y tribus de jóvenes ignorantes de restricciones que parecen no ir con ellos.

En la fábrica de Bursa donde estuve trabajando la cantina estaba a medio llenar a la hora del almuerzo, y me apetecía preguntar a mis anfitriones, que comían con nosotros, cómo se llevaba esa dualidad, que parece tan abismal, en la sociedad turca. El desconocimiento y la precaución me hicieron, sin embargo, hacer preguntas más sutiles que no me aclararon la existencia, o no, de barreras de comunicación entre las dos formas de ver el mundo que componen el alma turca.

Oír el canto del almuecín a las 4 de la mañana, ver las ojos negros de mujer asomando de trajes negros que lo cubren todo, espiar sus esperas para disfrutar de la caída de la noche me hizo creer que yo vengo de un mundo menos rígido, obviando las procesiones incansables embadurnadas de incienso por el centro de mi ciudad.

Esta misma semana, en una comida de trabajo, hablamos del Vaticano y su visión de la nueva iglesia por venir. Un compañero afirmaba, con tono solemne, que un cura, aunque sea apartado del sacerdocio por haberse casado, 'siempre tendrá el poder para convertir el pan en la carne de Cristo'.

Yo lo escuchaba tomando mi salmorejo, acongojado por una frase tan rotunda, y me vinieron imágenes de las abluciones al entrar en las grandes mezquitas de Estambul.

Qué repeluco me dan las religiones.