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miércoles, julio 22, 2026

Peor

Ante situaciones cotidianas de agobio hay una frase que funciona bastante bien: ¿Qué es lo peor que puede pasar con esto?

A veces se nos hace un mundo un despiste, un olvido, un retraso, una metedura de pata y nos sube la ansiedad por las piernas.

─Se me ha ido el santo al cielo, disculpa.

Los nubarrones ya vendrán, no saquemos el paraguas antes de tiempo.

jueves, abril 09, 2026

Tribu

—¿Tendrían sitio para dos? 

 —Solo nos queda esa mesa ahí fuera. 

 Fran me miró y yo negué con la cabeza. 

 —Hace frío —me disculpé—. Mejor otro día. 

 Nos giramos. 

 —¡Esperen! Tengo una mesa de ocho reservada para hace media hora. 

 Acabamos cenando en el interior de la sala con una mesa enorme vacía en un restaurante diminuto.

Ese sábado por la noche, a ninguno de los ocho se les ocurrió disculparse.

miércoles, julio 10, 2024

Sofocón

Un desacierto por mi parte, sin mala intención, provocó estos días un sofocón tremendo a mi hermana Mónica.

Pese a mis disculpas, aceptadas por ella, sus lágrimas al otro lado del teléfono me dejaron sin dormir.

—No quiero hablar más del tema—zanjó, con buenas palabras.

Esperé su mensaje al día siguiente, que intuía que llegaría. En mi respuesta, lamenté, de nuevo, el disgusto y su tristeza.

—Yo te quiero mucho —me dijo.

—Y yo a ti. No lo dudes nunca.

Cuando el amor es verdadero, hay que curar las heridas en cuanto aparecen.

lunes, julio 10, 2023

Aclarar

Casi nada es tan grave si se aclara, porque todos tenemos derecho a equivocarnos, incluso en temas importantes.

Podemos olvidar un compromiso, fallar en una cita ineludible, decir cosas que no debemos, hacer lo contrario de lo que pregonamos. Todo eso forma parte de la naturaleza humana y sus contradicciones. De ahí que exista ese hermoso verbo que se llama disculpar. Disculparse y disculpar. Sin medias tintas ni excusas baratas.

Sí, metí la gamba, te critiqué, no fui donde dije que iba a ir ni actué como se me suponía. Lo siento.

Yo soy de perdonar deslices si no se me cuentan milongas.

viernes, diciembre 09, 2022

Gallardía

En una reunión diaria que yo pilotaba, con veinte participantes, un gran jefe me cortó la palabra cuando quise cerrar un tema y con malos modos me acusó de no querer tanto a la empresa como él.

La tensión subió al techo entre todos los presentes y yo me quedé callado hasta que terminamos.

Luego, en un aparte, y en petit comité, se me acercó para disculparse.

—Lo siento, Salva. Nunca debí decir eso, porque además no lo pienso.

Yo le hice saber que no me servían las disculpas.

—Solo me valdrán si las dices en el mismo foro.

Al día siguiente, en esa reunión, él me interrumpió nada más empezar para disculparse en público.

Las heridas, si se cierran mal, comienzan a infectarse.

Hoy mantenemos una relación cordial.

lunes, noviembre 21, 2022

Dolor

Ayer escribí un texto sobre el dolor físico que he borrado esta mañana.

Lo eliminé por el miedo a causar un daño real a alguien que lo pudiese leer, alguien que padezca molestias crónicas que les hagan la vida imposible y no captase mi sentido del humor.

A fin de cuentas, en ese relato me disculpaba al principio y al final por si alguien se sentía ofendido, y cuando necesitas disculparte tanto de antemano por hacer algo, mejor no lo hagas; aunque no quería más que hablar de mi experiencia con la enfermedad, de cómo consigo privilegiar la mente frente al cuerpo, hacer ver cuánto podemos hacer para superar una crisis y proponía varios juegos. Juegos que me funcionan. Quería poner una sonrisa al dolor.

Sin embargo, lo borré. Por respeto, por miedo al rechazo, por inseguridad, por empatía con quien sufre.

No sé cuántos de mis textos están en la carpeta de lo irrecuperable, ni cuántas veces he pecado de demasiado precavido.

Yo quería proponer un juego, pero no sería correcto si tan sólo una persona se sientiese ofendida por hablar con una sonrisa del estigma de la enfermedad.