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jueves, abril 04, 2013

Teatro

Carmela nos habló de tres reglas:

* No vale pensar

* Hay que entenderlo como un juego

* Lo que pase aquí se queda aquí

Dije que sí porque es un terreno desconocido, creativo y emocional, porque he crecido estableciendo fronteras absurdas a mi propio cuerpo y por poner a prueba mi capacidad para expresar.

El hecho de que la profesora y mis compañeros sean amigos podía ser una oportunidad o lo contrario, formaba parte del reto.

En la primera clase sudé como un pollo, no porque el ejercicio físico fuese intenso sino por mi incapacidad para abrirme a exteriorizar roles que no son míos, hablar en lenguajes inventados o exponerme sin pudor a los ojos de otros.

Ayer fue la segunda y decidí que no cabían corsés. Si había que moverse como un bebé, gritar como si te hubiese tocado la lotería o comportarme como un vagabundo tenía que hacerlo. No pensar y dejar actuar a las tripas. Si tenía que improvisar un encuentro en una galería de arte con personajes desconocidos o convertirme en un repartidor de pizzas a domicilio debía entrar en el juego.

Teatro como terapia entre amigos.

Justo antes de la segunda clase lo veía como un suplicio, pero con las cervezas que vinieron luego empecé a admitir que puede ser un método para conocerme mejor y eliminar rigideces que anulan aspectos de mí desconocidos o repudiados.

Deseando estoy que llegue la tercera.

¡Qué grande se hizo mi vida cuando se cruzó por ella Carmela!

(Espero que esto no traicione la tercera de las reglas)

sábado, febrero 23, 2013

Limpiador

Cenábamos ayer en el Kiosko Santi, Isaac y yo. Acababa de llegar de pasar la tarde con mi sobrino en la consulta de Nuria para que a Iván le pusieran su primer aparato dental ahora que está en la edad propicia para colocar bien la dentadura en su sitio.

Iván tiene la edad, 10 años, en que todo le interesa, incluso el detalle de mi trabajo de cada día. Me pregunta cuánta gente trabaja conmigo, qué es lo que yo hago para conseguir la calidad de las cajas de cambio, cómo se hacen las cajas, cómo trabajan los operarios, cómo son las máquinas, cuántas luces tienen, cómo de grandes son, cómo es mi jefe, cómo es mi despacho... Necesita saberlo todo y a cada respuesta mía él gesticula interpretando mis explicaciones, tal vez imaginando máquinas más grandes y galácticas en una factoría como la de Charlie (y su fábrica de chocolate).

Tras el primer impacto que le supuso verse con el aparato, y pasado el susto, volvió a hablar como un loro camino del bar, pero ahora sin poder pronunciar bien las tes, la erres tras la pes o las eses al tener el paladar inundado de metal.

Ya en la mesa él se nos unió a la cena, y el interrogatorio comenzó con Santi. ¿En qué trabajas? Él le explicó que en una empresa de limpieza. ¿Como Lipasam? Sí, algo parecido, pero mi empresa trabaja limpiando edificios y Lipasam limpia las calles.

Entonces yo le detallé un poco más, en base a ejemplos, en qué consistía el negocio de Santi:

Cuando una empresa o un bloque de vecinos quiere una limpiadora, pues contactan con Santi y llegan a un acuerdo.

¿Y no puede ser un limpiador?

'¡Plaf!'

Bofetada plena de ingenuidad a mi involuntario, pero imperdonable, comentario sexista.

Hay esperanza en las nuevas generaciones.

martes, agosto 09, 2011

Ángel

Siempre he defendido como estrategia propia el mantenerse alerta planificando nuevos proyectos.

Creo que es un soberano error la actitud pasiva de quien ve las cosas venir y, en función de como vengan, se estructura.

Lanzarme en el proyecto de la película NTSP ha supuesto un giro nuevo a mi vida. Seis meses codo a codo con Manuel Benito de Valle organizando el guión mientras, en paralelo, realizábamos el casting y llamábamos a todas las puertas posibles buscando financiación y voluntarios que se sumasen a esta aventura.

A través de Santi, un día recibí un email. Una actriz amiga de él, Carmen Tamayo, se ofrecía para participar en la película. Acababa de leerse la novela y me pidió, con entusiasmo, interpretar el papel de Gloria.

Todo ocurrió con unas cuantas cervezas en la Alameda.

Tras hacer las correspondientes pruebas para el casting no había duda. Carmen sería Gloria.

La pasada semana estuvo con nosotros en Portugal. Ocurrente, sensible, culta, divertida, humana.

Cuando las primas de riesgo absorben nuestras energías, pasamos indiferentes ante las hambrunas de Somalia y el mundo parece no tener solución, de pronto aparece un ángel.

Carmen nació en una familia humilde de agricultores y se le cae la baba hablando de sus padres. Hace unos días fuimos a Prado del Rey, su pueblo gaditano, para encontrarnos con los paisajes de los que nos hablaba estas últimas semanas.

Luchadora y curranta, se ríe de su sombra hablando de sus primeros pasos en Madrid o te enternece al extremo recordando sus amores perdidos.

Qué placer encontrar personas que te hagan creer con fuerza en el ser humano.

viernes, marzo 11, 2011

Fácil

Con el tiempo uno aprende a apreciar determinadas características en la gente que le rodea.

A mí me gusta la gente fácil. Sin ser fácil sinónimo de simple. Me gusta la gente compleja, en cuanto a que tenga un mundo interior amplio, pero al mismo tiempo accesible, receptiva, atenta, cercana.

A Santi lo conocí en la biblioteca provincial de Sevilla. Nos habían invitado, junto a Javier Márquez, como autores jóvenes con publicaciones recientes para hablar del difícil mundo editorial.

Tanto él como Concha, su editora, me encandilaron.

Ese día salí pitando de allí porque había quedado, pero memoricé su libro: 'El que no vuela es porque no quiere'. Algún tiempo después lo compre, lo leí. Relatos cortos donde determinadas obsesiones se repetían, con un lenguaje directo, terrible e inocente a la vez. Le escribí gracias a que me hice con el email el día de la charla.

Por entonces vivía en Manchester.

En una de sus visitas a Sevilla quedamos. Volvió a aparecer Concha, su editora, que me habló de su pintura y nos invitó a una exposición hermosa en un bar de Triana donde se confundían dos temas enfrentados, el nacimiento de su hijo (a ella la conocí embarazada) y la muerte en accidente de moto de su hermano.

Santi se fue a vivir a Brasil y a Concha la retuve como contacto irrenunciable en esta Sevilla en la que a veces parece difícil, cada vez menos, encontrar gente que te provoque.

Hace meses apareció de nuevo Santi por Sevilla, al parecer para vivir por una larga temporada.

Santi es de las personas que sabes que te escuchan cuando te tomas una cerveza una noche cualquiera. Es casi imposible que te diga que no cuando apetece dar un paseo, organizar una cena o pegarte una fiesta.

El otro día me contó acerca de su sequía literaria. Tiene ideas buenísimas que no voy a contar a nadie, gente con superpoderes y 'mostros' que nos atacan. Quiero que se lance a escribirlas.

Me gusta la gente fácil.