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viernes, marzo 27, 2026

Soria

Para ver Soria hay que ir a Soria.

No pilla camino de ningún lado.

Esta semana he ido por trabajo y confirmé que me embelesa, con el encanto propio de lo sencillo.

A mí, sevillano, me enamoran los enclaves machadianos. Me identifico con esa tristeza andaluza que el genio proyectó en ellas. Ciudades de piedra lejanas a las paredes de cal blanca de su infancia. Tanto que me cuesta distinguir, cuando ya no son más que recuerdo, si aquel portón era de Baeza, si ese instituto era de Segovia, si los paseos bajos árboles sin hojas eran de Soria. 

Cada cierto tiempo vuelvo para reencontrarme con la verdad de cada una de ellas.

Este miércoles bajé hasta el Duero por donde imaginé que bajaba él, paseé sus orillas con su caminar pausado, agarrado a su abrigo en noches invernales, aguantando el viento que yo aguanté.

Asomado a su río, al caer la noche, sin que nadie nos viera, le dejé mis ojos por un buen rato.

jueves, diciembre 04, 2025

Onda

Soy un gran lector de clásicos.

Haber disfrutado de Madame Bovary, Trafalgar, La tía tula o La montaña mágica es algo que queda dentro para siempre. 

Lo que sí observo, en mis intentos actuales de acercarme a escritores de hace siglos, es cómo la onda literaria actual vibra en otra frecuencia. La falta de tiempo para el ocio que padece nuestra sociedad hace que se haga bola para muchos el poder pausar los ritmos para leer capítulos largos donde, aparentemente, no pasa nada.

No hay paciencia.

Se pide más emoción, más rápido, más golpes de efecto, menos profundizar.

Es un reto al que nos enfrentamos los escritores actuales: saber narrar en la prisa de los demás.

Cada lector mira cuánto queda para terminar una escena, cómo de largo es el texto de facebook, qué porcentaje del ebook llevo leído, qué grosor le queda aún a la novela. 

Corremos, corremos, sin saber muy bien hacia dónde. Sin pararnos a disfrutar de estar parados. De respirar.

Recomendaría vivamente a Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.

No hay sitio al que llegar.

lunes, octubre 13, 2025

Prensa

Habituado a leer el ABC de Sevilla desde pequeño, porque no había otro periódico en casa, cuando llegó a las cabeceras el Diario de Sevilla pensé que aumentaría el espectro ideológico en la prensa de mi ciudad. Nada que ver con la realidad.

La prensa local de nuestras ciudades está en manos de empresas que, en su inmensa mayoría, defienden una línea editorial propia de la patronal, e inundada de localismos que adormecen el espíritu crítico de sus lectores.

En la de mi ciudad te atiborran de imágenes de cofradías todo el año y dan más importancia al nombramiento del hermano mayor de una hermandad que a un sevillano que haya registrado una patente en la universidad de Harvard.

¡Y hay tantos paisanos brillantísimos en el terreno de la ciencia, de la investigación, del emprendimiento, de las artes!

No. Prefieren hablar de Jose Manuel Soto.

Religión, toros y fútbol, con unas columnas de opinión en las que transmiten que las ideas progresistas van contra la esencia de una ciudad que no necesita vigilantes de lo que es o no auténtico.

Somos legión los sevillanos que aborrecemos tanto falso purismo. Nuestra ciudad es más grande que todo eso y se hace más válida cuanto más diversa. La machadiana, la de Cernuda, la de Aleixandre, la de Velázquez, la de Chaves Nogales, la de Mañara, la de Blanco White, la de Fernán Caballero, la de Alberto Lista, la de Bécquer. 

Nuestra época más brillante coincide con el período en que fuimos el puerto de conexión entre Europa y América, felizmente invadidos por gentes de otros mundos. ¡Que se abran las puertas!

Nos salva cierta prensa nacional que sí se atreve a tratarnos como adultos, donde la religión, el fútbol o los toros tienen el espacio limitado que le corresponde a una sociedad culta como la española.

martes, febrero 18, 2025

Francisca

Fue no más de un minuto y ya tengo necesidad de leer de ella: Francisca Aguirre.

Fran se había quedado dormido viendo el documental de Antonio Machado y al día siguiente le comenté.

—Hay un momento en que habla de él una poetisa con tal devoción, que se me puso la piel de gallina.

La película está en Filmin, así que esa misma noche la busqué para ponerle ese minuto en el que Francisca habla con devoción de la generosidad de Machado, hacia el ser humano, al escribir sus poemas. Cuando lo encontré, ¡Fran se había dormido de nuevo!

Pensé entonces en 'La Naranja Mecánica', tendría que ponerle pinzas en los párpados para que no se me durmiera.

A la tercera, la noche siguiente, fue la vencida. Conseguí que escuchara esas palabras de puro amor hacia la literatura del poeta en boca de una poetisa.

—Maravilloso —admitió.

Está por allá por el minuto 31, no os arrepentiréis.

viernes, febrero 14, 2025

Laura

'Mañana pego el salto para Sevilla', me escribía Susana Martín Gijón.

¿No habéis leído nada de ella? Estáis tardando. Su saga de novelas de Camino Vargas es todo un disfrute.

Acudía a un acto en el Hay Festival junto a la directora de cine Laura Hojman, así que reorganicé toda mi agenda para poder estar allí, con esas dos sevillanas empoderadas.

El acto, celebrado en las impresionantes salas de la antigua fábrica de Artillería de Sevilla —de donde salieron los leones del Congreso—, fue un olvidar todos los estreses.

A la salida del acto nos fuimos de cervezas y tuve la oportunidad de charlar con Laura, que compartió con nosotros las alegrías que los últimos documentales le está regalando.

Al día siguiente, Susana me escribió disculpándose... Yo le conté lo mucho que me gustó conocer a la directora.

'Anoche nos vimos su 'Antonio Machado, los días azules' en Filmin. No pude emocionarme más. ¡No dejéis de verlo!

Como le decía a Susana: la gente buena trae gente buena.

sábado, abril 03, 2021

Delfines

Un día, hace siglo y medio, llegaron dos delfines a Sevilla.

Subieron Guadalquivir arriba y la gente enloqueció cuando los vio jugando bajo el Puente de Triana.

No había por entonces programas de la 2 ni salas de cine donde ver a esos animales tan sonrientes.

Ana, una jovencita todo alegría que trabajaba como dependienta en una pastelería de la calle Betis, escuchó el tumulto mientras limpiaba los cristales de la tienda. Pidió a su jefa permiso para asomarse al puente a ver qué pasaba.

—Pero sólo un minuto, Anita.

Entre la muchedumbre se abrió paso hasta conseguir ver a los delfines. 

También vio a un señor con la cabeza metida en una caja de cartón y le preguntó qué hacía. Él le explicó que se trataba de una máquina para hacer fotografías y dejó que Ana metiera la cabeza allí. 

Ya no se separarían más.

Pocos años después, Ana dio a luz a Antonio Machado.

Sesenta años más tarde, escapando de la Guerra Civil española, Ana, vieja y enferma, llegó cogida de la mano de su hijo a un pueblecito de Francia pocos días antes de morir. Totalmente perdida en su dolor, preguntó a su hijo.

—¿Ya estamos llegando a Sevilla, Antonio?

Unos delfines provocaron escenas que nos aprietan el corazón siglo y medio después.

El azar mueve el mundo.