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viernes, septiembre 12, 2025

SAE

Charlábamos en una de nuestras habituales tertulias y, mientras pedía mi bebida, escuchaba a uno de mis amigos comentando algo que no entendía, referido a si estaba en el SAE o no estaba en el SAE.

Traté de enlazar con lo que decían para descubrir por mí mismo de qué hablaban, pero cambiaron de conversación.

¿Qué diantres es el SAE?

Me miraron con cara de guasa.

Salva, ¡qué suerte que no lo sepas! 

Es el Servicio Andaluz de Empleo. El INEM de toda la vida.

martes, agosto 19, 2025

Faro

Recogíamos a un amigo que venía a visitarnos al Algarve y, entrando en Faro, me topé con varios carteles electorales de Chega, el partido hermano de Vox en Portugal.

«Tornar Faro grande outra vez» (Hacer Faro grande de nuevo). Un eslógan al más puro estilo trumpista para las inminentes elecciones municipales.

Al llegar a casa me puse a investigar el pasado de Faro. El reciente y el lejano. No más allá de 1900 apenas era una pequeña ciudad pesquera y agrícola de 10.000 habitantes. A día de hoy roza los 70.000, tiene un aeropuerto internacional con una enorme actividad, una universidad puntera en ciencias marinas, biomedicina, quíimica, artes y comunicación. Su tasa de paro no llega al 5%.

¿Tiene problemas? Seguro. Muchos están relacionados con la gestión de su principal fuente de ingresos, el turismo, que aboca a condiciones difíciles para encontrar vivienda. Sorprende, por otro lado, la cantidad de inmigrantes de origen indio en sus calles, pero son personas que te sirven el café, recogen la basura, ponen los ladrillos de las nuevas construcciones, a pleno sol. Con un nivel de paro al 5%, el Algarve no se podría sostener sin la mano de obra extranjera.

Con todo este panorama, la ultraderecha aboga por un Faro «grande otra vez». ¿A qué juegan? Tal vez quienes los voten lo hagan pensando en cómo de felices eran de pequeños, cuando la vida les abría sus puertas. Votan con las tripas. Les da igual que su voto vaya a un partido racista que quitará recursos a la sanidad pública, que reducirá impuestos a los ricos, que quitará derechos adquiridos, que hará la vida imposible a los inmigrantes.

El voto del amargado de empatía cero hacia su sociedad. Si a mí me va mal, que reviente el sistema.

No hay nada más grave que cuando el pueblo humilde vota contra el pueblo. 

Vengo de un Berlín que tardó décadas en sanar las heridas de políticos que prometieron grandeza sustentada sobre la raza y el odio al extranjero.

miércoles, mayo 17, 2023

Eslava

Mis pausas para comer en el Eslava eran una delicia.

Eran.

Me saludaban al entrar y en dos minutos ya tenía mi salmorejo por delante. Simpáticos, eficientes, comida sabrosa y barata, ese bar era un paraíso a cien metros de casa. La pausa perfecta en las jornadas de trabajo.

Tan buenas opiniones tenía, y tiene, que desde hace años es imposible comer allí.

El otro día estaba tan antojado que decidimos plantarnos a cenar ¡a las siete de la tarde! Completo. 

No hay un solo cliente local, abundan los japoneses y los nórdicos, que disfrutan del placer de comer como los ángeles por un precio regalado, solo se oye inglés, francés o alemán.

Esto trae consigo la despersonalización del negocio, los camareros pierden a la clientela fiel y se vuelven trabajadores de aeropuerto, donde cada día aparecen caras nuevas que nunca volverán.

Eso desanima, sí o sí, a los empleados. Eso rompe la magia de negocios con solera.

Pero el euro es el euro. Nada que objetar.

Ocurrió con otro restaurante que adorábamos. Estábamos como en casa, nos conocían por nuestros nombres, se dejaban aconsejar. Con los años, eliminaron la posibilidad de reservar, había que llegar tempranísimo y hacer cola antes de que abriesen, fueron subiendo precios, disminuyó la amabilidad del personal. La gallina de los huevos de oro se hizo agresiva y el turista se asustó. A día de hoy, han tenido que retomar la carta antigua, más económica, y vuelven a buscar al cliente sevillano. 

Soy un firme partidario del turismo, más en una ciudad como Sevilla, necesitada de empleo y de entrada de dinero. 

Mi preocupación versa sobre cómo solucionar contradicciones para no convertir a la ciudad en un parque de atracciones. Si el turismo se apropia de los espacios más singulares, estos pierden su gracia, sin su esencia dejan de ser atractivos para el de fuera, se vuelven mediocres y vuelta a empezar.

El empresario debe cuidar a su cliente de toda la vida, porque siempre estaremos aquí, porque damos color, y calor, al local, porque el visitante prefiere sentir que está en un espacio auténtico, señero, con personalidad, pero prefieren eliminar la posibilidad de reservar, para así ponerlos a todos en cola, para que la cadena de producción, ¡qué importa el romanticismo!, vaya a pleno pulmón.

martes, octubre 12, 2021

Andaluz

Cuando a alguien lo educan para hacerle ver que no vale para nada, muchas veces ese crío acaba creyéndoselo.

España ha querido educar a Andalucía así durante mucho tiempo. Sólo aparecíamos en las películas para servir a los señores y contar chistes.

'Pero qué graciosos son'.

Había interés en que creyésemos que no valíamos para nada, porque la mejor forma de no tener problemas con un pueblo es ningunearlo.

Atrás está nuestro pasado brutal, nuestros grandes creadores, el impresionante patrimonio cultural con el que convivimos en tierras andaluzas.

Parece que en esta región no hay universidades, no se investiga, no se produce, no se crea, no se piensa. Cada vez que se acuerdan de nosotros en los telediarios es para entrevistarnos en la cola del paro o en la barra de un bar.

Ayer, cuando llegamos a nuestro hotel de París, nos recibió en recepción una chica encantadora, de Chipiona, que acababa de incorporarse como becaria.

Sois andaluces, ¿verdad? —nos preguntó, aliviada al escuchar nuestro acento.

Cuando le respondimos que sí, nos contó su experiencia en esos primeros días de trabajo.

Pero llevo muy mal el francés, será porque los andaluces tenemos dificultades con los idiomas.

Yo no pude reprimirme y le dije, firme, con todo mi cariño.

Yo soy andaluz y no tengo ningún problema con el francés.

miércoles, junio 02, 2021

Pequeñito

Lo grande que es el mundo se comprende cuando tu mundo se para.

Mientras estás bien en tu piel, tu caminar transcurre paralelo al de los demás. Estás en el sistema. Con más o menos armonía, todo fluye. Eres un individuo más del grupo y eso te hace sentir, sin tú saberlo, calentito.

Cuando llegan mal dadas es cuando te das cuenta de tu pequeñez, porque todo continúa girando como si no pasara nada. La gente sigue preocupándose por llegar a tiempo al trabajo, por recoger al crío del colegio, por preparar la comida, por terminar de ver una serie de Netflix. Por esos kilos de más.

Es un terror que se une al que te dejó paralizado. Acabas de perder a alguien, te acaban de informar de una enfermedad grave, te has quedado sin empleo o se ha terminado tu historia de amor.

A la tragedia personal se une la asunción amarga de lo chiquitillo que eres, de cómo la rueda sigue, siempre, girando.

Es por eso que es bueno parar las máquinas de vez en cuando. Desconectar. Ejercitar el sano ejercicio de sentirte solo con tus propios vacíos. Hacerlo cuando estás bien, sudar esa soledad, sentir ese frío, tensar los músculos y aprender a respirar en la oscuridad. Tener el cuerpo preparado.

La vida nos pondrá a prueba, ejercitemos el escudo frente al terror. Sabremos, entonces, encontrar la salida.