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domingo, junio 28, 2026

Rumanas

La primera impresión es decir ¡qué catetas!

Porque sorprende ver a una importante cantidad de mujeres rumanas con peinados cardados de colores rojizos que retrotraen a la época soviética.

Para alguien como yo, educado en la admiración de los cánones estéticos de la mujer occidental, esos pelucones me provocan rechazo. 

Sin embargo, pienso, ellas bien que se ocuparán de sentirse guapas. Tienen espejos y criterio.

El problema de los seres humanos es creer que los patrones en los que se crían son leyes universales.

domingo, marzo 08, 2026

Flor

En la Feria de Sevilla las mujeres se colocan una flor en el pelo.

¿Hay algo más absurdo? ¿Algo más hermoso?

Cuando te cruzas por las calles de mi ciudad a turistas extranjeras con esa rosa en el moño, te das cuenta de que es una seña de identidad, un intento de asimilarse al paisaje que visitan.

Anoche una dominicana me servía una tarta de queso en un restaurante del centro, con todo el arte del país caribeño. Al darse la vuelta, le vi el clavel prendido a su cola.

«Soy mujer y soy luz».

jueves, septiembre 11, 2025

Música

Qué fuera de lugar estaba mi profesora de música.

Yo tendría ocho o diez años, no tengo idea de qué edad se tenía cuando a uno le hacían tocar la flauta en clase, pero sé que era la EGB porque recuerdo mis ensayos en la puerta enladrillada de entrada al colegio.

Ella era alta, delgada, ¡moderna!, en un ambiente rancio como era el de la institución religiosa donde yo estudiaba. No sé definir cómo vestía, ni qué cosas decía, ni cómo nos hablaba, solo sé que era una mujer rompedora, interesante, ¡viva!

Hasta que llegué a la universidad nunca había sacado un suspenso, yo era el niño empollón, ejemplar, sabelotodo. Salvo con ella, que me suspendió un trimestre de música.

—¡Para!, ¡para! —me gritó, cuando empecé a desafinar con la flauta.

La admiración, entendí, no siempre es de ida y vuelta.

sábado, agosto 30, 2025

Mujeres

Dicen varios estudios científicos que es más difícil detectar los síntomas de insuficiencia cardíaca en una mujer que en un hombre. La razón es clara: siempre se ha estudiado el cuerpo masculino para la investigación.

Siempre el hombre como medida de todas las cosas, la mujer se ha acostumbrado a vivir a un mundo concebido desde la mirada de sesudos señores.

Apartadas durante siglos de los círculos de decisión, de las aulas, de la capacidad de voto, de la independencia necesaria, ahora más que nunca esperamos de ellas, de vosotras, que copáis laboratorios de investigación, universidades y hospitales, un mundo más femenino.

Falta nos hace.

miércoles, diciembre 27, 2023

Coquetear

No había situación que me resultase más tensa en mi juventud que la coquetería de una mujer conmigo, no porque no me sintiera halagado, sino por no poder corresponder en ese juego entre lo sensual y sexual que se establece entre personas que se gustan.

Yo era un chaval atractivo no por lo físico, sino por mis ansias de comerme el mundo, de experimentar, de conocer, de entregarme a lo que la vida mi ofreciese. Un hombre así es rápidamente calado por una mujer sensible.

Entonces aparecía el pánico a defraudar, a mostrar mi sexualidad, a decirles no me gustas, porque no me podían gustar en el sentido que los dos hubiésemos querido.

Aún hoy en día hay circunstancias en las que una mujer se me acerca, coqueta, y se me revuelve el estómago con los miedos de mi juventud de entonces.

martes, diciembre 26, 2023

Vestidos

Hay semanas en las que puedo ir con el mismo pantalón al trabajo, algo que no suelen hacer las mujeres que trabajan conmigo.

Un político puede tener un par de trajes, azul y negro, pero a una política se la critica si repite ropa en poco tiempo.

La mujer tiene que pensar muy bien qué ponerse mientras el hombre tira de lo primero que le aparece al abrir la puerta del armario.

Hay veces, pienso, en que debe ser cansado ser mujer.

domingo, agosto 20, 2023

Futbolistas

Aunque sea de refilón, cualquier niña española vio imágenes ayer de un grupo heroico de chicas levantando una copa del mundo.

Por poco caso que hiciesen, integraron que esas jóvenes habían hecho algo grande para su país.

Por primera vez, no eran hombres los que salían abrazados a una medalla como primera noticia de todos los telediarios.

Eso queda ahí, para siempre, en el corazoncillo de esas niñas quedisfrutaban de un domingo de verano.

Sin saberlo ni analizarlo, desde ayer son más fuertes, porque han comprobado que pueden ser tan triunfadoras como quieran.

martes, junio 06, 2023

Ascensor

Era el hotel más lujoso de la ciudad y había una mujer en el ascensor.

Una mujer perenne, allí, en una silla, con una revista en un revistero, con pelo teñido de un color imposible, ni rosa, ni caoba, peinado alto de pura laca, como la madre de los Simpson, horroroso, una mujer cercana a la jubilación, cansada, de sonrisa estudiada, movimientos automáticos y saludos en rumano.

Yo levantaba tres dedos y ella le daba al botón del tercer piso. Me acordaba entonces de que no sabía decir hola en su idioma. El silencio era eterno. Ella en posición marcial y yo pensando que ella pensaba que estaba hasta el gorro de tipos como yo. Harta de pulsar un botón que todos sabíamos pulsar, cansada de saber que los demás sabíamos que su trabajo era ridículo.

El ascensor era pequeño, apenas su silla ocupaba la cuarta parte. La silla, la mujer del pelo de laca, un huequillo de nada y yo. Las paredes de terciopelo rojo. Un escenario de comedia.

Cada tarde llegaba, reventado de trabajar, y dudaba si subir por la escalera, por evitar la tensión de ese paseo militar hasta el tercero.

Hace un cuarto de siglo, en la ciudad rumana de Pitesti, el mundo era también así.

miércoles, marzo 08, 2023

Discriminación

Para entender la discriminación de la mujer no hace falta más que haber vivido.

No importa en qué familia, en qué barrio o en qué país. 

Por supuesto que hay grados, claro que hay avances. Muchos. No tengo más que echar la vista atrás para imaginar ese mundo de hace cincuenta años, cuando no existían mujeres en la mayoría de oficios, cuando era raro en el cole tener un compañero con los padres divorciados, porque en el matrimonio se aguantaban carros y carretas, tiempos en los que las niñas no tenían referentes en los que proyectarse si querían ser científicas, empresarias o deportistas.

Claro que como sociedad hemos conseguido avanzar para facilitar las cosas a la mitad de la población. Ese cincuenta por ciento que asume en gran parte el cuidado de los hijos, de los viejos, de los enfermos, que se preocupa de la casa, de la comida, de la ropa. 

Sí, claro que hay hombres que contribuyen. El problema es ese, que contribuyen. Como si determinadas facetas del vivir recayeran de forma natural en la mujer y el hombre hiciera un favor por echar un cable.

Recuerdo el enfado de mi amiga Irene cuando su chico le decía, tras comer:

—Ya te he lavado los platos.

—¿Me has lavado los platos? ¿Qué tengo yo, platos colgados de las orejas o me salen platos de la barriga?

Muchos hombres tienen aún el cerebro programado para pensar que al hacer tareas domésticas están haciendo un favor.

Es más fácil ser brillante cuando tu única preocupación eres tú.

jueves, febrero 02, 2023

Generalizar

Cuando me presentan a alguien nuevo y les hablan de mi faceta de escritor, si la persona recién conocida es hombre suele preguntarme cuántos libros vendo, si es mujer, en cambio, me pregunta qué es lo que cuento en mis novelas.

No hace falta explicar con quién me siento más cómodo.

Soy contrario a generalizar, salvo cuando las reacciones definen las sensibilidades de uno y otra. Las estadísticas son claras. La mujer lee más. Es un dato irrefutable. De ahí a deducir que la mujer es más sensible va un trecho, es como mínimo osado, porque no hay un termómetro que mida los sentimientos.

Sí es cierto que me gustaría una sociedad donde el género masculino leyese más, comunicase mejor su mundo interior, supiese manifestar, sin sonrojarse, cómo le trata la vida.

miércoles, octubre 05, 2022

Machistas

Las mujeres, a veces, son las peores machistas. 

Tal vez sin quererlo, pero ya desde pequeños nos atribuyen roles en los que vamos cayendo, que hace que la niña acabe viendo el polvo de los muebles y los niños el enchufe estropeado.

En estos tiempos en los que no hay respiro, con cada vez más mujeres trabajando fuera de casa, la esperanza es que se reparta, de una vez, la educación de los hijos, que hasta la pasada generación estuvo pegada a las faldas de la madre. La madre protectora, trabajadora, servicial que acaba introduciendo en la mente de las niñas que una mujer está para eso, para cuidar de la familia.

Que ella se haya incorporado al mercado de trabajo es el mayor bien que se le puede aportar a la sociedad, porque quita testosterona a las empresas e instituciones, que falta hace, y promueve un reparto equilibrado de las tareas del hogar.

Que un niño vea a su padre con la plancha es la mejor forma de promover la igualdad.

sábado, septiembre 24, 2022

Irán

—Estoy cansada, Salvador.

Me había pedido que nos colocásemos en la mesa del fondo, pegada a la pared, con dos compañeros franceses a nuestro lado que hicieran de barrera para poder hablar con libertad.

Yo había llegado a Teherán un par de días antes. La ciudad estaba nevada, por lo que el vuelo se retrasó. Ella, desde la distancia, fue organizando todo para facilitar las gestiones aduaneras, el transporte al hotel, la visita a las fábricas.

Ingeniera muy cualificada, era ella quien dirigía a un equipo de técnicos, que la respetaban.

—Con mi sueldo mantengo a mi familia —me explicó—. Me da miedo que en cualquier momento la cosa se complique y me frenen mi carrera profesional por ser mujer.

A mí me había impresionado el país ya desde el momento en el que pisé el aeropuerto. Con esas mujeres de negro riguroso a las que se les veía sólo los ojos, sentadas en la cinta de recogida de equipajes. 

En mi semana de trabajo allí, no vi a una sola de ellas sin velo.

—Es la ley islámica, Salvador. Es un delito no llevarlo.

Le pregunté si no querría trabajar fuera de Irán y abrió los ojos grandes para decirme que sí.

—En este país todo está dominado por la religión y las mujeres no somos nadie.

No olvidaré esa mesa, la conversación y aquellos ojos grandes, tristes, enrabietados, con ganas de vivir.

miércoles, septiembre 21, 2022

Novela

Anoche terminé de escribir mi última novela y un arreón de melancolía me invadió esta mañana al despertarme.

Cuando llevas meses compartiendo tu día a día con otra realidad paralela, se hace extraño no acostarse paseando por esos escenarios inventados.

De un día para otro pierdo los superpoderes para construir universos en los que los personajes han ido pasando de figuras borrosas a compañeros de viaje en el hermoso camino de conformar historias de vida entrecruzadas.

A ellos les he dedicado largos tiempos de reflexión, poniéndome en sus pieles, tentándome la ropa, empatizando con los obstáculos que yo mismo les ponía delante sin darme apenas cuenta, porque dentro de los superpoderes están el de dar vida y el de no saberlo.

En estos últimos meses, cada noche, me he quedado dormido pensando en ellos, para escapar de mí y mis circunstancias, en una suerte de terapia gratuita donde mis personajes me han sentado en el diván, para hacerme olvidar momentos difíciles de mi mundo real, tirándome de la mano para sacarme de allí, de los pozos en los que los humanos caemos sin querer.

Pongo punto final a mi novela más social, con la que he querido acercarme al viejo, al explotado, al desahuciado, al inmigrante, al señalado, al engañado en una historia cargada de humor y de optimismo, comandada por una mujer de armas tomar que se pone el mundo por montera cuando creía, ella misma, que el relato de su vida ya estaba escrito. Siempre estamos a tiempo de dar un giro a nuestro futuro.

Comienzo a asumir, eso sí, que en mis historias siempre está la mujer en el centro de todo. De ellas nace la vida y ellas me corresponden ofreciéndome personajes como Andrea, Lucía, Virginia, Elena, Estíbaliz, Patricia, Lara o Reyes, que ya estarán siempre a mi lado.

Esta vez he acompañado en su lucha a mi querida Maru, he empatizado con ella, me he implicado hasta los huesos. Me ha vuelto loco. 

Cuando llegué ayer a la última frase, pronunciada por Beatriz, una octogenaria orgullosa, sensible, moderna, terriblemente viva, sentí toda la grandeza que la literatura me ha regalado desde pequeño y, con el tiempo, me ha permitido regalar.

Vuelvo, desde hoy, a vivir una sola vida.

sábado, marzo 05, 2022

Mujer

La mujer siempre lo tiene más difícil, tome el camino que tome.

Si decide trabajar, descuida a su familia, si decide cuidar de la casa, es una inútil. Si se emplea a fondo en su profesión, es una mala madre, si pide jornadas reducidas para atender a los hijos, es una escaqueada. Si decide no tener niños, no es mujer del todo, si decide tenerlos es para cubrir una carencia. Si es lesbiana, es una marimacho, si quiere vivir soltera es una frígida, si le apetece una vida sexual sin restricciones, es una puta.

Si cambiamos de género, todos esos calificativos se convierten en cualidades cuando se trata del hombre.

Aún queda mucho por recorrer.

Soy uno de vosotras.

viernes, enero 07, 2022

Maru

Quiero escribir sobre Maru.

A día de hoy esa mujer no existe. No le veo aún la cara. La tengo que inventar hasta hacerla de carne y hueso.

A Maru se le están yendo los niños de casa, se le acaba de prejubilar el marido y busca un nuevo territorio en el que moverse. Necesita respirar.

Mira a su alrededor, ve lo que ha construido y se pregunta, ¿cuánto de eso ha ido para mí?

No es especialmente buena ni mala, al menos aún no lo he descubierto. Sólo sé que quiere vivir.

Para descubrir cuál es su verdadera naturaleza la voy a someter a una prueba complicada. Voy a hacer que se le cruce una persona muy luminosa por sus narices y observaré cómo reacciona. Hasta qué punto es valiente, cómo de bien entiende la vida.

Es excitante, mucho, comenzar una nueva novela.

viernes, agosto 27, 2021

Sargento

Por no verme condicionado por las prórrogas, no me hice objetor cuando me tocó hacer la mili. Quería quitarme el 'muerto' de encima cuanto antes para empezar a trabajar.

Así que la empecé cuando terminé la carrera, desfasado respecto al resto de reclutas, a los que sacaba cinco o seis años.

El día de mi cumpleaños, en plena instrucción, esperaba como un tortolito más en la fila para entrar al comedor del cuartel. A voz en grito señalaron que empezaba nuestro turno y el sargento que había a mi lado me soltó un palmetazo en la coronilla, sin venir a cuento, para que me diese prisa.

Ha sido el momento en que más cerca he estado de perder los papeles y devolver el guantazo.

Si yo recuerdo como el momento de mayor vejación personal en mi vida ese tortazo de una persona que se servía de su jerarquía para hacer de las suyas, no quiero imaginar lo que podrá sentir una mujer a la que, contra su voluntad, un hombre la somete, la reduce y la viola.

No hay posible perdón con quien abusa de su fuerza para someter a otra persona.

domingo, junio 06, 2021

Mujer

Recuerdo el sitio exacto y la sonrisa que me deslumbró.

Estudiaba COU, tenía las hormonas revolucionadas, un panorama complicado en casa con mi madre débil, una sexualidad diferente y un futuro por construir. Un cacao monumental en la cabeza de un chaval tímido y delgaducho.

Fue ese día el que hablé con Montse Manzano a la salida de clase. 

No sé de qué hablamos, sólo sé que ella me sonrió con esos hoyuelos que se formaban en las mejillas, que me miró con sus grandes ojos descarados y que el mundo se paró.

De golpe, había descubierto toda la fuerza de lo que significaba una mujer. En mayúsculas. 

Andaba tan aturdido con mis miedos que las chicas eran para mí una suerte de enemigas, porque en esa época tenía la sensación de que todo lo dominaba el sexo, de que yo debía corresponder y en el maremagnum de esas contradicciones yo huía de las adolescentes de mi edad.

Pero, de pronto, Montse me soltó una sonrisa sin más intención que sonreírme y yo me derrumbé ante la potencia de lo que representó, a partir de ese instante, la palabra mujer. 

Comprendí que no podía ser enemiga, sino cómplice.