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domingo, febrero 22, 2026

Tráfico

Conducir mucho en carretera también da lecciones de vida.

Sin ir a los casos extremos de accidentes que quedan grabados para siempre en la memoria, hay determinados comportamientos que te hacen reflexionar sobre el alma humana.

Y hay uno especialmente delicado: el comportamiento de los mosquitas muertas.

Son esas personas que, a la búsqueda de su propia seguridad, ponen en peligro la de los demás. Conductores que van a 40 kilómetros por hora en carreteras que permiten ir a 90, lo que bloquea a quien va detrás y necesita llegar a su cita en un tiempo razonable. Obliga a la otra persona a maniobrar con una tensión innecesaria. No se mata el que entorpece, se mata el que acaba arriesgando.

La seguridad no es ir más lento, sino a la velocidad adecuada.

No es frenar al mundo, sino circular con él.

jueves, enero 15, 2026

Romántica

Sicilia es verde y montañosa.

Y grande. Como un país si tuvieras que elegir el tamaño de un país. Grande pero no tanto.

Hacerse una ruta en coche es viajar a tiempos en los que el tiempo no pasa y hacerlo escuchando música romántica italiana es suspenderse en un espacio que puede durar para siempre.

—Fran, graba esa canción.

Ahora viajo desde Madrid, tras una jornada de trabajo. Repasando la jornada, con la música alta, dejo que suene Sal da Vinci.

'L'amore e tu'.

Y me recorro Sicilia de nuevo entre Madrid y Sevilla.


jueves, noviembre 27, 2025

Mérida

Venía en coche desde Valladolid, seis horas de ruta hasta Sevilla, tras una semana agotadora de trabajo. 

Con mi música, a mi bola, con la futura novela en mi cabeza y las ganas de cenita romántica con Fran, cuando paré a echar gasolina al entrar en Extremadura.

Se me acercó un hombre con uniforme de trabajo.

¿Pasa por Mérida?

Sí le dije.

¿Puedo ir con usted?

No le respondí, con toda la carga de una semana tras de mí de reuniones, seminarios, cenas de trabajo. No, lo siento. Necesito estar solo. —Me miró como quien mira a un extraterrestre.

Terminé de echar gasolina y miré hacia un lado. El tipo se tomaba unas cervezas en una mesa cercana, pero a mí me dejó una mochila de culpabilidad.

viernes, septiembre 26, 2025

Prisas

Iba con mucha prisa en coche para llegar a tiempo a una reunión cuando, a cien metros de llegar, el de delante puso los intermitentes.

Me prohibí tocar el claxon.

La puerta del copiloto tardó en abrirse y de allí salió una mujer en la cincuentena, con una delgadez extrema, que no tenía apenas fuerza para cerrar el coche. Había un inmenso dolor en su rostro. Aún así, al pasar por delante de mí, tuvo la gallardía de levantar la mano para pedirme perdón por los treinta segundos que me había hecho perder.

Bofetadas así son necesarias.

lunes, mayo 26, 2025

Conducir

Con tal de no estar pegado al móvil en los tiempos muertos, prefiero conducir.

Cuando terminamos de trabajar y nos vamos a Portugal o a Conil, le pido a Fran ser yo quien conduzca, aunque ese día esté cansado.

Me despeja estar al volante le explico.

Poner música, fijar los ojos en el horizonte y dejarme llevar. 

Si voy de copiloto, me acordaré de una receta que vi en el periódico, querré ver qué tiempo hará el fin de semana, cuántos pasos he hecho cada día de la semana, qué ciudades visitaremos en verano, cómo está el euribor, cuándo será nuestro concierto de Pet Shop Boys, que día habíamos quedado con Elisa, si hay sitio en el restaurante de las coquinas, cuándo nació Madonna, cuántos habitantes tiene Estepona y cómo son las plantas de las que sale el aguacate.

Prefiero conducir.

lunes, julio 15, 2024

Tan peligroso es ir lento como rápido

Cuando viajas mucho en carretera te das cuenta que tan peligroso resulta ir más rápido como más lento, sobre todo si el camino lo realizas por nacionales.

Lo que ocurre es que el más lento no pone en peligro su vida, sino las de los demás. Cuando ves una carretera bloqueada por alguien que va a 50 cuando el límite es de 90, compruebas que ese conductor obliga a todos los que están detrás a realizar adelantamientos que, muchas veces, rozan las condiciones de seguridad.

Así va mucha gente por la vida, con apariencia de prudente, sin importarle cómo afecte su comportamiento a los demás. Personas que solo piensan en su propio confort y, a los demás, que les den.

Esos que envenenan las relaciones con sutilezas y luego se hacen los sorprendidos cuando las relaciones se pudren.

Me asustan mucho los suavones.

domingo, julio 07, 2024

Conducir

El otro día descubrí una razón más por la que me gusta conducir.

Amante de escapar a cualquier sitio con la libertad que da el hacerlo con tu propio coche, sobre la marcha y por las rutas que apetezcan, prefiero ser el piloto, aunque eso bloquee la posibilidad de fijar la mirada en la torre de un pueblo perdido en mitad de la sierra.

Con música, con noticias o en silencio, avanzar por una carretera es un ejercicio de introspección cuando te toca llevar el volante.

Ahí está la clave de mi descubrimiento, conducir implica no tener un móvil encima para sumergirte en mundos lejanos a los territorios que recorres. A ese punto he llegado. Ir de copiloto dejó de ser hace tiempo una actividad pasiva de dejarse sorprender por paisajes, para convertirse en un monólogo del teléfono hacia ti, que te hace el camino más rápido, incluso más divertido e interesante, a costa de romper conversaciones, reflexiones e idas de olla, tan necesarias.

—¡Déjame conducir a mí! —pido, con cierta ansiedad.

Que quiero perderme en mí mismo durante un par de horas.

miércoles, diciembre 27, 2023

Tráfico

Resulta desesperante cruzarte con un mal conductor, aquellos que no se enteran de que las calles no son de su propiedad ni atiende a señales, ritmos ni sentido común.

Si, además, tienes prisa o no estás en tu mejor momento, el cuerpo te pide dar bocinazos y gritar, aunque nadie te escuche.

En esos momentos es buena práctica acordarme de algunos pésimos conductores amigos míos. Humanizo entonces a quien, en ese momento, me está haciendo la puñeta.

lunes, febrero 27, 2023

Louvre

Era la ruta más rápida para volver del trabajo.

Mis oficinas estaban en las afueras de París y la combinación con el transporte público era muy compleja, así que durante semanas probé varias alternativas con el coche, hasta dar con el recorrido más directo hasta casa.

El problema era cuando llegaba al túnel que atravesaba bajo el museo del Louvre. Llegaba por la parte derecha de una avenida de cuatro vías y tenía que colocarme, en pocos metros, en el carril derecho. Era el momento más tenso del día. Podría perder quince minutos en avanzar, apenas, la distancia entre dos árboles.

Cuando ya estaba bien enfilado, los conductores de los coches a mi derecha me suplicaban, literalmente, para que les dejara pasar. Me gustaba observarlos, porque esos mismos que acababan de colocarse en el carril bueno eran los que luego maldecían a quienes intentaban situarse delante de ellos. El ángel se volvía demonio en cuestión de segundos. Quien pedía misericordia le negaba la oportunidad al siguiente en pedir clemencia.

Era un aprendizaje diario brutal acerca del ser humano. Del arte del pedir... y de la miseria del dar.

domingo, agosto 21, 2022

Radio

No sé cuántas sorpresas nos deparará el futuro, pero espero que no acabe con la radio.

Reconozco que sólo la escucho al conducir, pero llevo tantos kilómetros encima que atesoro historias inolvidables en mi memoria radiofónica, en un cóctel, el coche y la radio, que me produce grandes dosis de felicidad.

Atravesar la Mancha, con ese horizonte inabarcable, mientras te acompaña una tertulia sobre el cine americano de los años setenta, o recorrerte la cornisa cantábrica entregado a una entrevista con un filósofo alemán. Placeres insuperables.

No sé la de carcajadas que he echado, solo, en mi coche. Ni cuánta emoción he sentido con historias personales. 

En la radio, tan básica, no estás más que tú y quien te habla, nada empaña esa relación, nada la distrae. No hay otra que tú a la escucha de lo que te quieren contar, en un juego en el que aceptas que eres solo receptor. Escuchar, qué verbo más grande. Tomar el coche para un camino largo y darte igual el destino.

lunes, mayo 31, 2021

Elegancia

La elegancia va mucho más allá de saber vestir un traje.

Yo tuve la suerte de tener un padre que la practicaba sin forzarse, y así nos mostraba, sin buscarlo, cuánto de noble hay en esos comportamientos que van más allá de la buena educación.

Uno puede ser educado y malaje; tener un comportamiento sin tacha no garantiza el saber estar.

La elegancia es no sólo respetar las reglas al conducir, sino estar pendiente de facilitar la conducción a los demás, retirarse al carril izquierdo cuando llega una entrada a la autopista, no bloquear la salida a un coche que quiere adelantar, dar un margen de tiempo al que está intentando aparcar.

Es una palabra bellísima, cuyo significado está en perfecta sintonía con su pronunciación, larga, armoniosa, sonora como una colina a la que tienes tiempo de subir y bajar. Aporta lo sutil, lo que da valor, lo que distingue. Es el sobresaliente, la visión amplia, el plus que hace la vida más hermosa.

Elegante es quien se aparta sin que sea obligatorio, quien se calla aunque pueda hablar, el que sonríe cuando los demás no lo hacen, es el que atrae las miradas, aquel con quien todos queremos conversar, el que te aconseja sin molestar, el que te da tu sitio, el generoso. El que escucha.

No hay nada más elegante que saber escuchar.

La elegancia se aprende, claro que sí. 

Sólo es cuestión de comprometerse con uno mismo a construir un mundo más amable.