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miércoles, marzo 17, 2021

Subjuntivo

Muchos vascos, en castellano, usan el condicional en vez del subjuntivo. Y a mí me produce mucha ternura.

No sé si es porque tiene un sesgo infantil, pero cuando dicen 'si yo tendría suerte' en vez de 'si yo tuviera suerte' a mí ya me tienen entregado.

Este pasado verano, que lo he pasado casi en su totalidad viajando por tierras vascas, tuve la ocasión de comentarlo con un guipuzcoano recio y sabio al que aprecio horrores. 

—Román, ¿en euskera existe el subjuntivo? —pregunté, inocente.

Se me paró en redondo, en medio del paseo de Azkoitia por el que caminábamos.

—¿Quién te ha dicho semejante tontería?

Entonces le expliqué mi teoría. Yo entendía que al utilizar el condicional, en castellano, era porque hacían una traducción directa del euskera.

En esos mismos días se lo comenté a Josu, mientras nos invitaba a una cena en su casa de Donosti.

—Pero, Salva, ¡si nuestro subjuntivo es precioso!

Entonces empezó a jugar con los vasos, los cubiertos y la ensaladera, como si fueran sujeto, verbo y predicado, para explicarnos cómo se construían las frases en euskera. 

—Vamos a simular la hipótesis —me proponía— de que tu quisieras pescado.

Efectivamente, el subjuntivo en euskera es precioso.

Cómo llena el alma que alguien te explique las cosas con pasión.

sábado, noviembre 21, 2020

Conflictos

Tengo un amigo reconocido a nivel mundial como intérprete de música clásica.

Nos vemos menos de lo que quisiéramos porque vivimos a mil kilómetros de distancia.

Este pasado verano he salido de cervezas varios días con él, he cenado en su casa y hemos reído mucho.

-Salva, me han ofrecido un contrato espectacular en el Teatro de la Ópera de San Francisco.

Le brillaban los ojos. Incluso a él, acostumbrado a tocar en solitario en los grandes teatros de medio mundo. Tan pronto está en Sidney como en Buenos Aires. Un orgullo de amigo.

-Pero he dicho que no.

Su padre con una grave enfermedad y su única hermana, discapacitada, le hacen decir que no.

La vida, a veces, se muestra así de extrema. Te pone a prueba. Llegas justo donde querías llegar, te abre las puertas del Olimpo, para al mismo tiempo decirte que no, que te debes a la sangre, a la tierra.

En situaciones así lo máximo que puedes hacer es sonreírle, felicitarle por la gran oferta y decirle que comprenderás la decisión que tome. ¡Me acuerdo tantas veces de él!

Qué raro es vivir.