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Mostrando entradas con la etiqueta Pereza. Mostrar todas las entradas
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sábado, octubre 17, 2026

Crisis

La paradoja del escritor es el contraste diario entre la pereza por retomar la novela y la euforia tras haberlo hecho.

Cambiarse de traje cada día para meterse en situaciones psicológicas complejas, como las que habitan mis novelas, supone un desgaste enriquecedor.

Sí, todo es contradictorio: escapar del carrusel de Instagram, levantarse del sofá, apretar los dientes y disfrutar del traqueteo de un viaje al centro mismo de tu universo.

Hay gente que me espera allí.

domingo, abril 19, 2026

Confitera

La mujer tenía un negocio en mi calle del que no quiero dar más pistas.

Trabajaba como una jabata cuando ya había sobrepasado edades en las que el cuerpo merece descansar.

Sus dos hijos vendieron la tienda en cuanto ella falleció.

Hicieron las cuentas, les daba para ver la vida pasar.

sábado, marzo 21, 2026

Papel

Los perros también se cansan de ser perros.

Es tierno cuando ves a uno achacoso, siguiendo a duras penas los pasos de su dueño. Ya quedaron lejanos los tiempos en los que tiraba impetuoso de la correa, para ser ahora el perezoso al que tienen que jalearle para que siga caminando.

Son esos que se sientan al solecito en la terraza de un bar, junto a su humano, cotilleando con ojos somnolientos todo lo que se mueve alrededor.

Hasta que alguien se acerca y lanza, simulando oficio, dos ladridos.

lunes, enero 26, 2026

Eternidad

El ser humano está obsesionado con la eternidad, sin ponerse a pensar que, tal vez, sería una pesadilla.

Existir para siempre. Qué horror. Un futuro eterno de felicidad celestial. ¿Cómo se come eso?

¿No sería más sensato pensar que la realidad está aquí y ahora? ¿Que no hay necesidad de ocupar el tiempo en pensar en otras vidas que, quizás, no vengan?

Que hay que comportarse bien porque sí, no buscando un premio.

Vivir intuyendo que esto se acaba afina la mirada.

Porque si ocurre que cuando desaparezcamos, lo hacemos para siempre, bien está. No sufriremos, porque no existiremos.

El sentido de la vida, si lo hay, está en el presente, en querernos y querer. En apreciar lo bello, en aprender de los otros, en ser cada día mejor.

No olvidemos que estamos libres de toda culpa, porque nadie nos preguntó si queríamos plantarnos aquí. Nos han educado en lo contrario, en la puñetera culpabilidad. Eso sí, ya que estamos, saquemos nuestra mejor versión.

¿Ser eternos? Qué pereza...

viernes, agosto 22, 2025

Playa

Me horrorizan las playas llenas de gente, lo que hace que las visite poco o que, cuando lo hago, me pegue caminatas kilométricas por encontrar un hueco en el que pueda oír el sonido del mar y no se me meta en la cabeza las charlas de las toallas que me rodean.

Menos mal que la gente es perezosa por naturaleza y clava la sombrilla en cuanto ven un hueco.

Yo me he reconciliado con el mar a un par de días de acabar las vacaciones. He conseguido una ruta, que no contaré ni bajo tortura, para encontrarme a cien metros de cualquier ser humano viviente. Es tal el placer entonces, del roce con la arena, del arrullo de las olas, del sol tremendo sobre mi cabeza, que tardo en ser consciente de lo placentero de ese privilegio.

¡Que viva la pereza de los demás!

lunes, abril 21, 2025

Dejadez

Quizás sea el más inocuo de los mal llamados pecados capitales, lo que no impide que sea uno de los que más me fastidia: la dejadez, la pereza, el apalancamiento.

No nací para estar parado, de ahí que me rechinen los días en los que no puedo tirar de mi cuerpo. No tanto por el cuerpo en sí, sino por esa desgana que me impide incluso ordenar los pensamientos.

Sí. Ya sé. Claro. Hay que permitirse días así. Es sano no hacer nada. Una tumbada eterna de sofá, un día entero con pijama en casa, un fregadero con platos acumulados. Una tele sin parar de sonar.

Lo sé.

Lo que ocurre es que a mí esas horas tontas de no tener fuerzas para buscar el mando a distancia me provocan más ansiedad que descanso.

Me da pereza la pereza.


viernes, julio 19, 2024

Superpoder

Yo tengo el superpoder de crearme la felicidad.

Lo que me falta, qué rabia, es hacer que se mantenga en el tiempo.

El caso es que conozco los ingredientes y sé mezclarlos en las dosis justas para provocar un cosquilleo en mi cabeza, ése que se convierte en la mejor prueba del placer físico, donde el cuerpo se une con lo intangible, instantes en los que me olvido del ajetreo del mundo mundial para volar en mi propia esfera.

Lo consigo al desayunar, al ducharme, en el trabajo, dando un paseo, tirado en el sofá o agarrado a Fran. Apenas necesito pequeños trucos mentales de puro autoconocimiento, diferentes y adaptados a cada situación, para poder flotar. Sé dónde tengo que buscar en mí.

La felicidad, más veces de las que pensamos, hay que currársela.

El único problema es que la burbuja se rompe y, de pronto, entra de nuevo el ruido de la realidad.

viernes, abril 12, 2024

Salud

Hay un factor placer en el cuidarse.

Saber que la ensalada que tomas es sanísima, renunciar esa noche a la cerveza, darte el largo paseo hasta Triana pese a la pereza, hacer las flexiones antes de dormir, estirar la espalda en la ducha, comprar un kilo de sardinas en el mercado, con todo su omega 3.

Tenemos que disociar la lucha salud-disfrute, porque las dos caben en el mismo cofre de las maravillas.

Querer a nuestro cuerpo es querer al mundo. Cuidarlo es lo menos que nos podemos pedir.

jueves, febrero 15, 2024

Manta

En esta vida lo fácil es tirarse en la cama y taparse con la manta hasta arriba.

A todos nos gusta.

Esconderse en ese refugio siempre a mano para no participar del juego de los retos es destructivo. Son millones las personas que se meten en esa cueva, por no arriesgar.

Llega un día en el que se les viene el mundo encima y se dicen, no he viajado, no suena el teléfono, no tengo historias que contar, no sé hablar de nada interesante, porque siempre que le propusieron algo, cómodo o retador, prefieron apagar luces y tirarse en diagonal en el colchón.

viernes, enero 26, 2024

Aletargados

Cuántas veces no nos dejamos aletargar por programas de radio que no nos interesan.

Hasta que un día saltamos y nos decimos ¡basta ya! de aguantar a este pelmazo contándome siempre la misma historia.

Convivimos con situaciones que nos desagradan y la mayoría de las veces no nos damos cuenta. Volvemos a ponernos una y otra vez el pantalón deshilachado, comemos en el plato descascarillado, nos sentamos en la silla en la que se nos clavan los muelles y seguimos sin arreglar la puerta del lavavajillas.

¡Hay que solucionar!

La pereza es una gangrena que nos hace tener las piernas cada vez más llena de fango, tanto que, cuando nos queramos dar cuenta, nos hundiremos en las arenas movedizas de ni siquiera protestar.

martes, agosto 29, 2023

Seguido

Yo soy muy seguido, de ahí que mi principal enemiga sea la pereza.

La detesto. 

Es una leona que yo no he criado y abre las fauces en cuanto quiero poner en pie alguno de los mil proyectos que tengo dentro de la cabeza.

Me condiciona, me ralentiza, me hace dudar, porque sí, porque tiene el don de utilizar artimañas para que no hagas lo que me apetece. 

¿A quién le interesa eso que escribes? Ese entrenamiento de pesas no te sirve para nada. Lo de hacer ahora una salsa de tomate es un absurdo, cómprala. ¿Otra vez vas a ir a un club de lectura? No entiendo que salgas de nuevo a la calle. Venga, quédate ahí, tirado, en el sofá, abre el teléfono, narcotízate con los gatos de Instagram.

Enviaría a la leona a pasearse por la selva tropical.

lunes, febrero 27, 2023

Antiguo

Me fuerzo a no querer ser antiguo al analizar nuestros días, porque soy un convencido de que el progreso siempre ha ayudado al hombre a profundizar en su bienestar, incluso porque el cambio está asociado al ser humano. Ninguna generación ha vivido un mundo tan avanzado como el suyo propio.

Ese convencimiento no quita para que me preocupen determinados comportamientos que observo desde mi atalaya de libre pensador.

Uno de ellos es el esfuerzo. Llámenme carca, que no lo soy, pero a todos se nos pasan las horas muertas embobados con vídeos de gatos haciendo travesuras, de olas invadiendo un pueblo costero, de chavales dando sustos por la calle. Horas de relax, necesarias tal vez, en las que nuestra pereza sube a la cumbre de todas las perezas para no hacer otra cosa que pasar con el dedo a otro vídeo tonto de una chica bailando un reggaeton, o de un mono robando en el bolso de una japonesa.

¿Dónde van a parar esas horas perdidas? Sobre todo, ¿dónde van cuando de gente joven se trata? Esas tardes y fines de semana sin hacer estrictamente nada productivo, embriagados por el dulce sopor de los estímulos que nos llegan de todos lados para tener nuestra mente anestesiada, ajena a la producción propia, a la construcción de retos, al esfuerzo del aprendizaje.

Sí, lo sé, la juventud de hoy es maravillosa, abierta de mente, inquieta, preparada. Sí, sé que el panorama que les estamos dejando no es alentador, con sueldos miserables y viviendas inasequibles. Estoy en el mundo.

Yo sí sé que, desde mi atalaya, observo el mundo y no dejo de pensar en que nos estamos aborregando. 

martes, febrero 14, 2023

Líos

No meterse en líos es meterse en líos.

Cuando uno renuncia a investigar, a enredar, a maquinar, a curiosear está plantando las semillas de un período chungo en lo emocional.

Si a la mente no se le da caña la mente se vuelve tonta. Nuestro coco necesita la gasolina de un libro, de pensar en un viaje o conocer a alguien nuevo, muere por aprender, ya sea una receta o el alfabeto japonés. 

En el momento en que caen los estímulos nuestro espíritu envaguece, hasta acabar por protestar por cualquier sorpresa que traiga el día a día, se vuelve gruñón, irascible, desde el momento en que le rompen ese no hacer nada al que se ha abocado.

Existir es cambiar. En cuanto decides no hacerlo te conviertes en estatua de sal.

Hay que decir que sí, hay que meterse en líos. 

miércoles, enero 25, 2023

Emoticono

Igual que me resistí a abandonar los discos de vinilo, para mí, amante de las letras, supuso un sacrilegio entrar en el mundo de los emoticonos.

La grandeza de la lengua que nos une nos permite expresar, con toda la riqueza y detalle que queramos, cualquier reflexión, sentimiento o postura respecto a cualquier tema. No hace falta más que dedicarle unos segundos a elaborar nuestro discurso y otros tantos a escribirlo, incluso en una pantalla de móvil.

Un día admití que no se pueden poner puertas al campo y que mi empecinamiento no era sino caminar en contra del progreso, porque enviar un corazón rojo a Fran cada vez que me acuerdo de él es una manera tan válida como otra de mostrar mi amor, porque terminar una respuesta con un muñequillo que guiña el ojo es una buena opción para quitar hierro al asunto, porque, a fin de cuentas, nos permite mantener un hilo rápido con el exterior en momentos en los que las prisas, el trabajo o la desgana nos convencerían para quedarnos callados.

Tengo una amiga uruguaya que se niega y, cada vez que le escribo, debo contenerme para no enviarle todo mi cariño disfrazado de corazones. Ella resistió más que yo.

martes, enero 17, 2023

Desganas

Convivimos mal con nuestras desganas.

Nos martirizamos sin saberlo con las mañanas en las que suena el despertador y no encontramos la motivación para salir de la cama, los días en los que se nos hace un mundo pensar qué hacer de comer, los fines de semana que llegan y no nos apetece salir de casa.

No sabemos perdonarnos, admitir que trabajar es muchas veces un coñazo, que las tareas rutinarias no llenan el alma, que la pereza forma también parte de nosotros.

Cuando transformas ese principio de remoridimiento en asunción de tu propia naturaleza humana comienzas a sentirte mejor, porque no hay nada peor que forzarte continuamente a ser quien no eres, sin aceptar que nacemos y vivimos con debilidades propias de todo ser humano.

¿Que mañana suena el despertador y no tienes ganas de nada? Eso es que estás vivo.

Ya vendrán, seguro, días de luz.

viernes, diciembre 23, 2022

Novela

Siempre me pasa lo mismo cuando me lanzo a escribir una novela, y ya van casi una decena.

Los comienzos son descorazonadores. Escribo, ideo, planifico, construyo escenas, invento personajes, imagino futuros, elaboro pasados que me agotan. Esa capacidad omnipotente de crear implica un desgaste emocional brutal en los primeros pasos. Cuanto menos avanzada está la historia más cuesta sentarse delante del papel en blanco. Todo parece flojo, poco creíble, deslavazado y encuentro mil excusas en la nevera, en youtube o en las calles de Sevilla para quitarme de en medio.

Necesito abroncarme a mí mismo para avanzar apenas unas líneas y me ofrezco la promesa de victorias pasadas para entrar en la dinámica del creador, porque me digo a mi yo escritor que ya fui capaz, que ya hubo quien se emocionó con esos mundos inventados, que por qué no va a volver a pasar con los que están aún por recrear.

Cada día que avanzo, por pequeños que sean los párrafos, más lleno los pulmones, menos tonta me parece la historia.

Estos días a Pablo lo tengo desbordado. Todos los personajes salen a su encuentro y él se encuentra vacío, poniendo malas caras que no van con él, saltando a la mínima, torciendo el gesto, no queriendo más que ir a casa a acostarse para no pensar. Porque de momento Pablo está en mí y tengo que conseguir que me dé una patada, se aleje y empiece a maquinar.

miércoles, noviembre 23, 2022

Escaqueo

Con todo lo buen estudiante que siempre he sido, nunca perdí la ocasión de hacerme el enfermo para no ir a clase.

A veces ponía tal empeño que mi madre, aún confirmando con el termómetro que no tenía fiebre, se lo creía.

Esas mañanas metido en la cama, escuchando los movimientos de ella por la casa, la radio en la cocina, los sonidos desde el patio, no tenían precio.

No tenía problemas de integración en el colegio, ni me lo pasaba mal en el recreo, ni siquiera echaba de menos mi casa cuando estaba en clase pero, de vez en cuando, forzaba mi espíritu novelero y ponía cara de puchero al despertar, esperando el veredicto de mamá.

jueves, marzo 17, 2022

Escaqueado

Los que más ocupados dicen estar son los más escaqueados.

Yo padezco a esos compañeros que, ya antes de decirles buenos días, te saludan con quejas de su carga de trabajo.

—Estoy hasta arriba, Salva.

Son personas que despliegan una estrategia inteligente, ya que al mostrar al mundo mundial lo reventado que están, hacen que los demás acabemos cargando con sus mochilas.

Llega a tal punto su teatralidad que, a veces, acaban creyéndoselo. Porque les funciona. Ese punto de ansiedad trabajada que les hace cascarón de huevo para todo aquello que tenga que ver con la solidaridad hacia el otro.

Lo peor es cuando se lleva a la esfera personal y cierran los oídos a la escucha activa de quienes están a su alrededor. No están dispuestos a hacer frente a nada que les suponga esfuerzo.

Escaqueados de la vida.

jueves, enero 27, 2022

Ataques

Hay tardes invernales de luces apagadas en las que me envuelve un escalofrío de pensar que todo se repite.

Te coge a traición esa sensación de haberlo vivido ya todo que dura apenas un instante, pero que se queda agarrada en las tripas para preguntarte ¿cómo se frena esto?

Hay amaneceres a oscuras, de edredón y sueño profundo, en los que la alarma del despertador te grita que hay que trabajar un día más. Otro más. El cuerpo se une a tu mente, cómplices los dos, para protestar en silencio y yo, que soy generoso, les concedo unos minutos para que se desenreden de la desmotivación que, puñetera, ataca cuando menos te lo esperas.

Son instantes preciosos de intimidad en los que tu yo más profundo se pregunta el por qué de las cosas, con dolor, con pereza, con desconfianza, para que busques en ti ese café con tu amigo, ese beso al despertar, esa novela en la mesilla de noche, ese fin de semana en familia que te demuestra que sí, que te apetece seguir.

Las sonrisas que se trabajan son las que más nos reconfortan.




jueves, enero 06, 2022

Tontos

Nunca me llevé bien con los días tontos.

Mis ansias de movimiento provocan que no simpatice con los días parados, aquéllos en los que voy de la cama al sofá y del sofá a la nevera, sin ganas de leer, escribir, entrenar o hablar de nada.

Tengo que aprender a gestionarlos, porque es muy probable que esos días no sean sino una huelga encubierta de mi cuerpo para decirme: 'para ya, que me tienes harto'.

Yo saco mi arsenal de argumentos para protegerme del mal rollo que me produce el no hacer nada, especialista como soy en rellenar cada hueco de mi reloj con un plan definido.

Hace unas semanas me decía mi fisioterapeuta:

—Tienes la espalda como una piedra. Debes parar.

Sí, y mi cuerpo lo escucha y organiza estos días tediosos sin consultarme, en los que atravesar el salón se me antoja como una maratón y sólo quiero tener los pies en alto.