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martes, marzo 31, 2026

Memoria

Mariángeles es mi memoria.

En todos los momentos especiales de nuestras vidas, hemos estado allí. Los tres: ella, su memoria y yo.

En Nueva York, Berlín, París, Londres, Lisboa. En su Huelva, en mi Sevilla.

Me vienen chispazos de un pasado feliz y ella lo dibuja con sus recuerdos.

Eso ocurrió el 14 de diciembre del 2013, tú llevabas un polo rojo y acababas de volver de Japón.

No sé dónde almacena tantas fotos sin papel, cómo enlaza una historia con otra, hasta saber qué comimos ese día, de qué hablamos.

Fogonazos de una vida que ella caza para mí.

domingo, abril 06, 2025

Diez euros

Yo le di diez euros a una mujer en Lisboa y me quedé con sus ojos.

Subí las escaleras y miré allí donde la dejé, con su mirada de agradecimiento aún clavada en mí.

Para mí no eran nada, para ella un mundo.

No sabría recordar aquello que hice hace tres días, pero no olvido esos ojos, que se me aparecen a menudo para decirme dónde está la verdad de las cosas.

domingo, agosto 04, 2024

Ibérico

Buscábamos el Museo Nacional del Azulejo, en Lisboa, y nos dimos de frente con un antiguo edificio rosado, señorial, que tenía marcado 'Teatro Ibérico'.

Me pareció tan bonito, que se me fue la olla.

¿Y si nos dedicáramos más a unir?

En Sevilla llevan tiempo preparando un gran centro cultural hispano-portugués, la Fundación Magallanes, en lo que eran unos antiguos cuarteles de Artillería. Qué buen rollo.

¿Por qué no despojarnos del nacionalismo que busca fronteras donde no las hay y nos centramos en movimientos que busquen tirar las ya existentes?

Sería la más sana de las revoluciones.


domingo, diciembre 10, 2023

Vasconcelos

Visitábamos la última exposición de Joana Vasconcelos en Lisboa, una propuesta colorida, provocadora y arriesgada, como todas las de la artista portuguesa. Lo hacíamos con la calma de no tener nada importante que hacer durante la tarde, con la felicidad que dan los días sin ritmos a los que engancharse.

Fran, admirador de la obra de la artista, iba lento. Yo, sedado por la belleza, caminaba a mi bola, tan pendiente de lo que se exponía como de la gente que lo observaba.

Es precioso embobarse de ver a la gente embobada.

Había, eso sí, electrones libres, que me desquiciaban. Que hacían fotos a cada obra, a cada objeto, a cada letrero explicativo, quizás para llegar apurados a casa y ponerse a mirar lo que no supieron ver mientras los demás nos dejábamos llevar por la fantasía.

domingo, agosto 01, 2021

Desdentada

Me había retrasado para hacer unas fotos del castillo de San Jorge desde la zona universitaria cuando, subiendo unas escaleras empinadas, la anciana que iba a mi lado, toda de negro, lanzó un gemido como gata herida.

La agarré por el brazo, esquelético, y ella se quitó la mascarilla, negra también.

Con la boca desdentada, empezó a gritarme en voz alta una retahíla en portugués a tal velocidad que no me enteré de nada. No podía respirar.

Tranquila, señora.

Dudé cuál era la escena que estaba viviendo, pero saqué la cartera y le di un billete de diez euros. Ella me lo agradeció como si le hubiese dado un anillo de oro. Seguí escalera arriba, ella escalera abajo. Me asomé al llegar a lo alto del mirador y allá abajo estaba ella, aún lanzándome besos.

Los diez euros mejor empleados en todo mi viaje a Lisboa.

jueves, julio 29, 2021

Lisboa

Esta noche cenaré en Lisboa y me reiré del mundo. Brindaré por mi felicidad y la de los míos. Me subiré al carro de la euforia que provoca dejar de trabajar unas semanas. Viviré con emoción ese paseo por las calles empedradas de una ciudad que pretendo hacer mía los próximos días, abierto a olerla, a montarme en sus tranvías, a alquilar motos eléctricas con las que ir de los barrios altos a la Plaza del Comercio con mi amor, a untar paté de sardinas y beber vino alentejano, a recorrer las rutas que nos ha preparado mi amiga Mariángeles, a buscar bares donde canten fado para nosotros.

Hay quien dice que la euforia es de tontos, porque la vida pone todo en su sitio. Que ser tremendamente feliz por empezar unas vacaciones es no ser consciente que antes que te des cuenta estarás de nuevo en reuniones de trabajo.

Yo, no. Si no celebro hoy que soy feliz, ¿cuándo lo hago? ¿A quién hay que pedir permiso para perder los papeles y gritar que me muero de ganas de aprovechar estos días que serán sólo para mí?

En un rato cogemos el coche, en unas horas seremos lisboetas y durante días recorreremos un puñado de ciudades y muchos paisajes para disfrutar de la alegría de estar vivos.

¿Me acompañas?

lunes, agosto 22, 2016

Muero

En una de las paradas de nuestro viaje por Europa de estas vacaciones recién terminadas, mi sobrino Iván me imitaba, con risas, y repetía con voz impostada una frase mía:

-Muero por llegar a Gante y ver el Políptico de Van Eyck.

Yo simulé una cara de cabreo y él insistió:

-¡Es que tú te mueres por todo!

Sí. Desde que él me lo dijo, caí en la cuenta de las veces que uso esa expresión. 'Muero por volver a Nueva York, por pasear de nuevo por Lisboa, por volver a atravesar en camioneta la Cordillera de los Andes, o a patearme los templos de Kioto entre geishas, o a comer pollo al sultán en una azotea de Bursa, o pescado y licor de ciruelas en el mercado de Pusán, o recrearme otra vez con el retrato del matrimonio Arnolfini de Van Eyck en la National Gallery, o por bañarme al anochecer en la playa granadina de La Herradura, o por vivir de nuevo la noche ténebre del Jueves Santo en la iglesia de San Miguel y San Gaetano de Florencia, o por tomar un antojito en la Venta Esteban de Jerez, o por leer un nuevo libro de Murakami, o de Auster, o por pasear una vez más Barcelona con Rivo y Ángels, o Hamburgo con Gabi, o Ámsterdam con Fernando, o por recorrerme una mañana más cada rincón de la catedral de Sevilla...'

Muero por seguir vivo y teniendo intacta la capacidad de emocionarme.

lunes, junio 06, 2016

Kitty

Limeña del 37, Kitty es una bella peruana chiquita de manos angulosas, hablar pausado y nariz pequeña de la que me había hablado con adoración mi amigo Fernando antes de conocerla ayer.

Embaucado por su conversación durante una cena de domingo, pude disfrutar del sabio arte de la escucha cuando a tu lado encuentras alguien que sabe romper el silencio con frases bien construidas de un pasado rico en experiencias.

Ella me habló de cómo decidió venirse a Europa por no seguir sufriendo mal de amores con un divorciado treinta años mayor que ella, animada por su madre, 'una muñeca de porcelana' que no sabía siquiera que para preparar el té había que prender el fuego; me contó de sus veintitantos años en Lisboa, de sus hijos y nietos portugueses y de un viaje inolvidable que hizo a Sevilla en los 80, cuando se alojó en un Alfonso XIII de camas tan altas que sólo podía llegar de un salto; de cómo entre tres mujeres muy jóvenes montaron la tercera agencia de viajes más grande del Perú.

Me pidió, con la belleza de la mirada de sus ojos curiosos, ayuda para conseguir un retrato que perdió, en blanco y negro, de la Macarena vestida de monja, mientras me hablaba de todas las vírgenes que decoran su casa de Miraflores.

Vestida con un traje azul turquesa de flores, peinada como una princesa, esta mujer de 79 años me explicó entusiasmada cómo viven los indígenas en el lago Titicaca, su viaje a Tasco, en México, 'una ciudad como un pesebre' y su boda en Tánger, ante la imposibilidad de que su portugués se divorciara.

Andaba preocupada por las elecciones de ayer en Perú, harta de ser gobernada por un 'cachaco' y mostraba una emoción indisimulada ante cada plato que le traían para probar.

Yo la escuchaba con avidez, sumergido en el incomparable placer de dejarte transportar por las palabras de quien lo ha vivido todo y aún tiene ganas de seducir.