martes, febrero 17, 2026
Agridulce
viernes, febrero 06, 2026
Cena con Iván Filipina
Cenábamos esta semana los tres en El Contenedor, Iván, Fran y yo.
—¿Entre tus amigos hay quienes simpaticen con la extrema derecha? —le pregunté a Iván, ávido de hablar de todo.
—¿Cómo va a haberlos, Bore? —Me encanta que me llame Bore—. Si en mi pandilla hay una filipina, un chino y un boliviano.
—Cierto —reflexioné.
Con 23 esplendorosos años, me inquieta que mi sobrino se deje llevar por esos cantos de sirena de quienes no tienen idea de lo que fue el fascismo.
—No sabes cuánto me alegro, Iván.
martes, agosto 26, 2025
Pérgamo
Ya llegamos a Berlín sabiendo que no podríamos visitar una de sus joyas: el museo de Pérgamo.
En período de rehabilitación, que comenzó en 2023, no está previsto que se reinaugure por completo hasta 2037. Así que mi amiga Mariángeles y yo estuvimos bromeando acerca de cómo estaríamos de salud para volver a Berlín por esa fecha, en el caso de que estuviésemos vivos.
Sorprende que un estado como el alemán, tan eficiente en apariencia, necesite 14 años para renovar un museo tan necesario para comprender el pasado de la humanidad. Priva a una generación de jóvenes la oportunidad de integrarlo en su bagaje cultural.
Tal vez sea un problema muy europeo, buscar la perfección en lugar del pragmatismo.
Yo hacía la reflexión en voz alta mientras paseábamos por los alrededores.
—Si este museo estuviese en China, te lo tendrían remodelado para el viernes.
domingo, enero 26, 2025
Chinos
Le hablaba a Fran de una vecina en la que me estoy inspirando para construir un personaje secundario de mi próxima novela.
—Esa mujer ya no vive aquí.
—Cierto —contesté—, hace tiempo que no la veo.
Entonces él me contó que en el piso donde vivía ahora hay una familia china.
—¡No sé cómo haces para enterarte de esas cosas!
Me miró como él hace, cada vez que me ve en Babia.
—¿Sabes cómo me informo? Pues verás, cuando antes aparcaba la moto, veía a esa mujer en su terraza. Ahora, cuando la aparco y miro al mismo sitio, veo chinos.
miércoles, junio 12, 2024
Teletrabajo
Vivo en un bloque de apartamentos que se ha convertido en una comunidad triste, habitado por personas de la tercera edad cansadas de bregar con su día a día.
Las mañanas que teletrabajo en casa son un suplicio de gritos, quejas y broncas que no tienen que ver sino con la desesperación de personas con las facultades mentales y físicas muy deterioradas.
Apenas un piso con niños, chinos, ruidosos y divertidos que dan el toque de vitalidad que rompe con los malos rollos.
Ya a primera hora debo cerrar las ventanas interiores al patio para poder concentrarme en el trabajo.
Qué duro es llegar a la vejez, qué duro tanto mal humor.
martes, octubre 25, 2022
Chino
Además de trabajador, es simpático.
No hay hora a la que pase en la que no tenga el negocio abierto. Encuentras todo lo que se te ocurra y, por muy raro que sea, se sabe todos los precios de memoria. O quizás se los invente sobre la marcha.
Cuando entras a media tarde está medio adormilado, con una pequeña televisión emitiendo un serial en su idioma. Hay mañanas en las que está en cuclillas, tal vez haciendo ejercicios de meditación. Por las noches a veces le acompaña su esposa.
El local no puede ser más cutre, pero ahí está el hombre, defendiendo su negocio.
No sé qué educación ha debido recibir el pueblo chino para generar ciudadanos tan trabajadores. Echan doce horas diarias, no cogen vacaciones, no se les ve tomando cervezas.
Trabajar, trabajar, trabajar... No sé qué hay detrás de esos negocios, quiénes los surten, si hay quién los vigile, si hay alguien que pida cuentas. Desconozco hasta qué punto se han endeudado, cómo hicieron para salir de su país, qué perspectivas tienen, qué desean para sus hijos.
Trato de imaginar cómo de felices son, con una vida tan previsible.
A mí, despistado por excelencia, me viene muy bien tenerlo abajo de casa, porque siempre hay algo que se me olvidó comprar.
Yo entro en esa tienda en penumbra como si lo hiciera en casa ajena, no queriendo molestar.
Viven entre nosotros y son unos perfectos desconocidos.
jueves, septiembre 15, 2022
Pasión
sábado, octubre 09, 2021
Opinión
viernes, mayo 28, 2021
Viaje
El director de la fábrica me llamó a su despacho:
—Tengo una misión importante que encomendarte.
Se aproximaba el envío de nuestra nueva caja de cambios de Renault, producida en Sevilla, al mercado asiático. Era una prueba de fuego para nosotros y todo debía salir bien para garantizar el futuro. Nissan iba a mirar con siete ojos el nivel de excelencia de nuestro producto.
—Tú irás como responsable de Calidad —me explicó—. Acompáñate de alguien del departamento de Ingeniería —me insinuó un nombre—. Tenéis un mes para recorrer todas las fábricas del continente, establecer relaciones basadas en la transparencia, formarles en su uso y responder a todas preguntas que se les pasen por la cabeza.
El itinerario comprendía Corea del Sur, Japón, China, Indonesia, Tailandia y la India. Yo, responsabilizado y emocionado a partes iguales, fui a buscar a su despacho a mi futuro compañero de viajes.
—No sé, Salva, qué puedo aportar yo como valor añadido a esa misión.
Me quedé a cuadros. Te dan una oportunidad de vivir una experiencia de altos vuelos, nunca mejor dicho, y te planteas qué puedes aportar.
¡Puedes aportarlo todo!
Yo ya sabía que no quería pasar un mes con alguien así, de modo que busqué por instinto a quien me pudiese acompañar: alguien con sangre en las venas.
Pablo y yo tomábamos días después un vuelo hacia Seúl para vivir una aventura apasionante durante unas semanas inolvidables de las que recuerdo, a pesar de haber pasado diez años, cada paisaje, cada comida, cada emoción.
lunes, noviembre 07, 2016
Chenoa
lunes, noviembre 12, 2012
Islas
Los chinos, con la memoria aún diáfana de los crímenes cometidos el siglo pasado por el imperio japonés, se han lanzado en multitud a protestar contra todo rastro nipón en su territorio, bien visible en multitud de empresas del país del Sol naciente que desembarcaron en China buscando su mano de obra barata y el enorme mercado que representan los mil y pico millones de habitantes del país más populoso del mundo.
Entre las firmas boicoteadas está Nissan, constructor automóvil que tiene en Cantón una de sus principales factorías. Allí se fabrican vehículos de gama media con gran aceptación entre los chinos.
Nissan, aliado con la multinacional Renault, encuentra mucho más económico importar motores diésel y cajas de cambio manuales al constructor europeo, especialista en esas tecnologías; desde Europa, por tanto, salen barcos repletos de esos conjuntos mecánicos que equipan los coches japoneses que compran los chinos.
En el norte de la ciudad de Sevilla, Renault tiene una fábrica enorme, que produce desde hace cincuenta años cajas de cambio para todo el mercado europeo. Hace un decenio, con la Alianza establecida entre unos y otros, en mi factoría nos encontramos con la agradable sorpresa de comenzar a exportar a otros continentes.
Hoy, unas islas deshabitadas provocan una reacción visceral de los chinos contra los japoneses que provoca un descenso espectacular en la venta de los Nissan Micra y lleva a que, por obra del inmisericorde mercado mundial, no se les renueve el contrato a unas decenas de jóvenes sevillanos ante la caída de los pedidos.
Afortunadamente nuestros clientes ya se reparten por cuatro continentes y esto no será más que un pequeño tropezón, pero asusta pensar cómo unas islas deshabitadas perdidas en medio de la nada nos alertan de lo interconectado que está el mundo.
sábado, agosto 11, 2012
Siria
Tras las revueltas fundamentalmente pacíficas de Túnez y Egipto, nos tocó sufrir con Libia. Allí el Terror estaba instalado con cadenas más rígidas y fue preciso incluso una coalición internacional para evacuar del poder al sátrapa de Gadafi. Pero fueron necesarias demasiadas muertes y pronto cayeron en el olvido las heroicidades de los habitantes de Misrata.
En esos tiempos ya comenzaron las revueltas en siria, y no nacidas sólo en una ciudad o grupo tribal, sino que rápidamente se extendieron por todo el país, haciéndonos familiares nombres de ciudades como Deraa, Idlib, Homs, Alepo o Hama.
En los tiempos actuales en que cada ciudadano con móvil es un portador de noticias, se nos inundan los telediarios con imágenes terroríficas y las matanzas se cuentan por centenas, pero parece que el dolor no lo es en la distancia.
Sorprende, con la que ha caído estas últimas semanas en Alepo, que las Naciones Unidas no se pongan de acuerdo en una resolución que frene esta masacre, que condene los crímenes del régimen y lleve a un punto de negociación inmediato.
¿Cuál es el freno?
Dos países que lideran el mundo y que son, en sí, profundamente antidemocráticos, soberbios y nada respetuosos con los derechos del hombre: Rusia y China.
Sin embargo, son suficientemente potentes como para que se les tosa, se les exija comportamientos limpios y sistemas que garanticen la libertad, auténtica, de sus ciudadanos.
Así que al dictador le amparan dos grandes naciones que no tienen entre sus premisas fundamentales el respeto al ser humano.
¿Hasta cuándo esta hipocresía con el poderoso?, ¿qué se necesita para denunciar sin ambages que así no se puede?
domingo, agosto 07, 2011
Intereses
Entendemos, por tanto, que si pedimos prestado tenemos que devolver.
A gran escala, los países han ido solicitando dinero para ir pagando facturas para las que no tenían liquidez. El problema es que se han acostumbrado a pedir más de lo que se tenía, siempre, para mantener un estatus al que quizás no tenían derecho.
Uno de los grandes problemas de la democracia es precisamente uno de sus pilares básicos: La alternancia.
Cuando uno sabe que va a estar un tiempo limitado en el poder no siempre tiene las amplias miras que debe tener. Gasta más de lo que las arcas públicas dan de sí para asegurarse el cariño (voto) popular.
El pecado es no haber legislado en contra de ese déficit eterno.
Ahora vienen los sudores fríos porque no se tiene dinero para pagar lo que nos prestaron. Y para obtener ese dinero nos piden más intereses.
¿Quién ofrece tanto dinero? China, por un lado, país productor por excelencia donde no se respetan los derechos humanos ni los de los trabajadores y los grandes fondos de inversión por otro (el gran capital) para obtener siempre el máximo beneficio.
Es decir, el dinero nos lo prestan entidades sin escrúpulos.
En nuestros gobernantes está poner coto a esas desmesuras: reduciendo el déficit aplicando sentido común (difícil de realizar sin tocar los básicos, por lo que hay que buscar la productividad al máximo y medidas innovadoras -los genéricos en las farmacias son un buen ejemplo-), obligar a las empresas chinas exportadoras a ser auditadas según los estándares de la Organización Internacional del Trabajo y penalizar fuertemente (impuestos) todas las transacciones financieras que tengan como único objetivo la especulación.
Hay que agarrar el toro por los cuernos y seguir con el cinturón apretado para darle un mundo mejor a nuestros hijos.
viernes, octubre 22, 2010
Desajustes
Cuando solicitamos ayer, al llegar al hotel tras el trabajo, un plano de la ciudad, aparecía una red de metro con cinco líneas.
Tras explicarnos el conserje del metro cómo llegar a la estación más cercana, comprobamos que había al menos dos líneas más de las que estaban reflejadas en el folleto del hotel, que no tenía pinta de haber sido editado mucho tiempo atrás.
Tomamos el metro para ir a Beijing lu (la calle Pekín), arteria comercial de la ciudad. Impecable, inmenso, casi oliendo a recién hecho, todas las pantallas táctiles, informatizado al máximo, tomamos un par de líneas para llegar allí.
Pablo se dejó secuestrar para comprar ropa en el 'fake market', el mercado de lo falso. Yo tenía ganas de un paseo y una cerveza a solas.
Se me acercaban mujeres, me hablaban en chino, me abrían el bolso y me sacaban folletos de relojes: 'guáshe, guáshe', o de pantalones, o de joyas... Un chavalito se acercó con una navaja y unos zapatos. Antes de que me diera cuenta le rajó por la mitad la suela, sacó un pegamento mágico y volvió a pegarla. Con cara de estreñimiento apretó y apretó, luego me pasó el zapato. Yo pasé del tema, porque, en caso contrario, tenía a este chino para rato; pero el pegamento debía ser impresionante. Artilugios que se lanzaban al aire, aparatos para masajearte, cacerolas para hervir no sé qué masa de no se qué comida. Pero de bar, nada. Un simple bar con una simple cerveza.
Recorrí las calles adyacentes en busca de algún sitio relajado, de algún templo budista, de edificios que visitar... No los encontré. Tras esperar hora y media a Pablo, decidí cenar en el hotel.
A esta generación china le faltan, a mi entender, al menos dos generaciones para pasar a disfrutar la ciudad nueva, infraestructuras y riquezas que les están plantando como setas a su alrededor.
Vengo de un Japón donde la gente se ha hecho a sí misma y la sofisticación y el buen hacer han venido naciendo con el pueblo.
Aquí, en China, tienes la sensación de viajar en metro con personas iletradas que están desbordadas por tanto desarrollo. Seguramente me equivoque.
Pregunté en la fábrica cuánto ganaba un operario de la línea. Me dijeron 3000 yuanes (400 euros). Pensé que ganarían menos. Aún así, todo este mundo de consumismo acelerado que le están edificando por todos lados puede acabar desajustándoles.
Desajustando a una sociedad entera, currante y despistada.
jueves, octubre 21, 2010
China
Mis primeras impresiones en el gigantesco aeropuerto cantonés fueron negativas. Un adolescente limpiando el baño del aeropuerto, empujones inimaginables en Japón para recoger las maletas, una desagradable banquera para cambiarme euros en yuanes…
Pero el mayor choque fue el taxista. Pablo ya me había advertido, pero aluciné con los gritos que nos pegaba regateando el precio del trayecto al hotel, mientras circulaba como un ciclón por la autopista. Con un inglés que recordaba a Chiquito de la Calzada, ‘hoteeeeeeeellllllllrrrrrrrr’, nos pasaba el móvil con la calculadora y la foto de su novia para ir negociando el precio. Chillando como si le fuera la vida en ello.
Cuando ya habíamos llegado al acuerdo de pagarle 180 yuanes (unos veinte euros) nos preguntó si éramos chinos (¿?). No, ‘we are from Spain’.
Entonces nos cantó un pasodoble.
Entrar en Cantón para alguien que no ha pisado China es espectacular. Los primeros bloques de edificios te los encuentras rodeados en sus filos por tubos fluorescentes que van cambiando de color, como ésos que te ofrecen los chinos cuando entran en los bares de Sevilla y tú te planteas, ¿quién puede querer comprar algo así?
El caso es que cuando te vas adentrando en la ciudad, te vas asustando.
Porque es impresionante lo que te encuentras. Rascacielos espectaculares, avenidas de cinco carriles, centros comerciales descomunales (¡en un país comunista!). Escaparates de Cartier, Dior… ¿Qué es esto?, ¿ésta es la China de salarios de 50 euros que nos han vendido?
Me bastó ese recorrido de una hora en taxi para comprender la enorme, desorbitada y espeluznante potencia de China. El gran prestamista del mundo, el que crece un 10% anual, la patria de 1300 millones de personas.
Te sientes diminuto.
Nos fuimos a cenar a la isla de Shaiman (creo que se escribe así) para calmar tanta excitación. Yo me pedí brochetas de pollo satay, Pablo medio kilo de serpiente frita. Yo decidí probar la serpiente para poder contarlo y fardar. Cuando llegó el plato parecían chocos fritos. El problema es que Pablo la probó antes que yo y, con cara de susto, gritó:
-¡Tienen hueso!
Le di un bocado con los ojos cerrados, puagggg, y me tragué un vaso entero de cerveza.
sábado, octubre 16, 2010
Human sea
Carne de cerdo a la plancha rodeada de hojas de... ¿parra?
El señor Kang nos dejó cerca del centro de Pusán en una tarde de viernes abarrotada de tráfico y Hojin Lee nos invitó a pasearnos por Jalgachi, el mercado de pescado de su ciudad.
El escenario era impactante: tenderetes abarrotados de peces vivos en inmensas peceras, cantantes de verbena taponando las calles con micros a volumen elevadísimo, ancianos paralíticos tumbados bocabajo en planchas rodantes... ¡pufff!
Tras atravesar la marabunta y llegar al paseo marítimo, Hojin nos preguntó: ¿paseo o restaurante?
Reventados, Pablo y yo, con nuestro ordenador a cuestas tras diez horas de curro respondimos al unísono: ¡restaurante!
Hacía tiempo que no cenaba dos veces.
Pablo eligió almejas de nácar, yo un pez negro sabrosísimo (según el pescadero) y Hojin sashimi de angulas (exquisitas, recién degolladas delante nuestra).
Todo lo acompañamos de un licor de cerezas coreano. Sentados en un tatami con las piernas medio estiradas, sin saber dónde colocarlas.
Entonces le pregunté, con el licor subiendo a la cabeza, por sus vecinos de Corea del Norte.
Hojin cambió el rostro y nos explicó con dolor y objetividad acerca de la Guerra de Corea:
'Antes de las Guerras Mundiales Japón nos conquistó. Cuando terminó la 2ª Gran Guerra, Japón se retiró de nuestras tierras. Por entonces el pueblo coreano estaba unido, en grupúsculos de resistencia, contra el único enemigo, el invasor, Japón.
Cuando éste se retiró, los resistentes se dividieron en prorrusos y proamericanos. Los comunistas, alentados por China, invadieron la península de Corea (salvo la ciudad de Pusán, como un Cádiz del siglo XX). América reaccionó y recuperó el territorio a base de poderío militar. Entró por Seúl y avanzó hasta la frontera de Corea con China.
Por entonces, China no tenía otra fuerza que su población, así que dió fusiles a la primera línea de fuego y contraatacó contra el poderío americano. La Corea occidental ametrallaba a esa Corea comunista que avanzaba a base de disparos de una sola línea de fuego, mientras el resto de la población hacía batir sus tambores para amedrentar.
La marea humana. La primera fila caía y la segunda cogía los fusiles, en una ola de muerte imparable alimentada por la creencia en la potencia del comunismo.
Fue entonces -nos contó Hojin- cuando Estados Unidos estuvo a punto de lanzar la tercera bomba atómica.
Los chinos llegaron a la actual frontera entre las dos Coreas'.
A mí me da hoy por pensar en las posibles dos Españas, viendo el dolor salpicado de licor de cerezas de Hojin hablando de su país.
Me levanté tras la cena, para ir al baño, con una pierna dormida, cojeando, pensando en la dulzura y maestría de Hojin contándonos los dolores de su propio pueblo.
lunes, octubre 11, 2010
Asia
Mi fábrica me envía en una visita más política que técnica para establecer relaciones con nuestros clientes de Nissan y Samsung, cada vez más inundados de nuestras cajas de cambio sevillanas, que tanto dinero y empleo aportan a nuestra ciudad.
Siempre que hagamos las cosas bien, con precios reducidos y niveles altos de calidad, Nissan no dedicará dinero a invertir en plantas de fabricación de cajas de cambio manuales cuando sus principales clientes las quieren automáticas. Ahí estamos nosotros a veinte mil kilómetros de distancia, luchando para venderles miles de órganos mecánicos cada semana, casi cada día, para que ellos ni se planteen otra cosa que comprar nuestros productos, garantizando el empleo de aquí.
Junto con mi amigo Pablo aterrizaremos en la tradicional Corea, en su puerto de Busán, la Barcelona coreana. Allí nos espera Hojin Lee, ya conocido de visitas anteriores a Sevilla, quien nos invitará a una barbacoa típica de su país. El sábado volaremos al imperial Japón, donde tendremos oportunidad de visitar la antigua capital de Nara y visitar la noche tokiota, en tanto esperamos para visitar la Central de la Ingeniería Mecánica de Nissan, algo que debe ser espectacular.
De Tokio volaremos a Cantón, la tercera ciudad de China, al sur. Otra megalópolis adonde llegamos con el nombre del hotel y la fábrica escrito en caracteres chinos para hacernos entender. Será impactante entrar en el país más poblado de la tierra y observar, como una hormiga más, la grandeza del ser humano, en un país donde aún queda mucho para poder sentirse cómodo, con un premio Nobel encerrado por criticar al régimen. Dos días duros de trabajo intentando entendernos con nuestros colegas chinos.
Será entonces el momento de acudir a la tropical Indonesia, en la poco agraciada Yakarta. A pesar de vacunas y prevenciones, un spray antimosquitos nos acompañará ya que tenemos un fin de semana para explorar las playas del Índico. Será una mezcla explosiva estar al mismo tiempo en un país asiático y musulmán. Inolvidable, con seguridad.
De Indonesia volaremos a Tailandia, a su capital Bangkok, la ciudad de los mil templos y las casas sobre el agua. Me dice Pablo que allí el calor es bochornoso y las calles están abarrotadas, pero no creo que mucho más que en Madrás, en la India, último trayecto de esta visita de trabajo al gran continente asiático.
Viajar allí donde existen civilizaciones milenarias, donde pensamos que todos son iguales porque nuestra cortedad nos hace ver sólo ojos rasgados, ridiculizando y metiendo todo en el mismo saco de 'los chinos'.
Llevamos miles de años girando en la misma pelota, compartiendo espacio con la diferencia de un giro de ocho, diez, doce horas... Tan lejanos estando en el mismo sitio, teniendo las mismas preocupaciones de seres mortales y pasajeros.
Voy por cuestiones de trabajo, lo que se convierte en contratiempo y ventaja. Porque no tendré libertad para organizar todo mi tiempo, pero podré convivir con habitantes reales de esos países; porque aún pasando momentos de tensión, mi misión tiene sentido para favorecer a mi empresa y la economía de mi ciudad. Porque no me sentiré una persona transparente sino integrada, aunque sea por unas semanas.
Quiero visitar templos budistas, tomar sake, comidas con curry, aprender de los símbolos de la gramática china, ir a karaokes japoneses, ver vacas sagradas en la India, oír a los almuhecines en la isla de Java, entrar en mercados de especias chinos, adentrarme en las calles de burdeles tailandeses, oler diferente, sentir la humedad, pisar calles de barro y subir a rascacielos de cristal.
Estoy a 24 horas de pisar suelo asiático y sólo pienso en lo afortunado que soy.
miércoles, marzo 24, 2010
La China que trabaja
Ya a finales del siglo XX se veía venir la arrolladora apisonadora económica que se nos viene encima: China.
Un país con mil y muchos millones de habitantes que vive quizás en el mejor de los regímenes posibles donde, sin embargo, la libertad de expresión es una quimera ni es posible tomar partido por otra instancia política que la obligada, el imponente Partido Comunista Chino.
En Occidente cada vez tenemos menos capacidad para hacer rentables industrias de producción (aceros, textiles, coches, juguetes, electrónica...). No somos competitivos frente a, sobre todo, el empuje chino.
Hasta ahí, todo es comprensible. La libertad de mercado hace que los productos elaborados en el Lejano Oriente se vean muy poco penalizados por una masa salarial ínfima y se hagan, por tanto, muy atractivos cara a un consumidor europeo o americano que cada vez mira más el precio.
Pero, ¿a costa de qué? Damos empleo a cientos de millones de chinos con nuestro consumo, algo positivo para que ese país tenga futuro. Pero, ¿en qué condiciones?, ¿qué derechos sociales tiene el trabajador chino?, ¿cuántas horas echa al día?, ¿qué protecciones tiene?, ¿cuántas vacaciones?, ¿cómo se vela por su seguridad laboral, por la ergonomía en el trabajo, por las condiciones medioambientales?
Mi sensación es que hay miedo a asustar al Gigante; pero veo una forma de jugar ganador-ganador (Occidente-China).
Mi teoría a aplicar:
No se compra un producto a ninguna empresa de ese país que no admita un decálogo de buenas prácticas que pueda ser auditable (y de hecho, lo sea regularmente). En este decálogo deberá constar un salario mínimo, unas horas semanales máximas, una protección sindical, una edad mínima, unos servicios médicos de empresa, unas condiciones higiénicas, ergonómicas y medioambientales básicas.
Con estos condicionantes, ese producto quedaría registrado como vendible en el resto del mundo. Subiría algo el precio, seguro, pero ganarían los derechos de los trabajadores chinos. Al mismo tiempo, la competencia se basaría en elementos más éticos y daría la oportunidad a nuestros países a luchar con mayor igualdad frente a otros mercados.
Quien no cumpliese las reglas, saldría de ese mercado libre.
No se puede cerrar los ojos y comprar una camiseta por tres euros sin pensar que en algún zulo perdido de las llanuras de China una chavala de 15 años cose, sin apenas luz, de lunes a lunes, durante catorce horas diarias, para llevarse cuatro perras a casa.
Todos somos cómplices.
lunes, julio 30, 2007
La historia en los periódicos
No quiero reflexionar acerca de las tendencias políticas, ideológicas o sociales de la prensa que podamos preferir (aunque tal vez en mi razonamiento las evoluciones sean distintas según a qué tipo de periódicos nos sintamos más unidos).
Con el tiempo he percibido una tendencia en mí a filtrar.
Leer prensa te cultiva. Es difícil que un lector asiduo de prensa (de los disfrutadores de lectura pausada) no sepa situar Sri Lanka en el mapa, no conozca el nombre de los últimos primeros ministros franceses, no sepa distinguir las grandes líneas que distinguen Hammas de Al-fatah o le suene a chino el desarrollo urbanístico de Shangai. A un aficionado a leer periódicos le suenan las cosas sin haberlas estudiado, razona en lo social sabiendo encontrar fácilmente ejemplos, sabe de los avances médicos y de los principales conflictos étnicos o religiosos. Es difícil no tener una opinión formada sobre el chiísmo, el budismo o la iglesia Evangélica americana. A quienes leemos la prensa nos provocan en un sentido u otro las leyes que tengan que ver con la Educación, lo Social, lo Económico, lo Autonómico.
La evolución del lector asiduo de prensa viene con los años. ¿Hacia dónde dirigimos nuestras miradas?, ¿qué nos llama más la atención?, ¿a qué apartado dedicamos más tiempo?
Es consustancial con cada persona dedicar más interés a la prensa rosa, a los deportes, a las necrológicas, a lo local, a la política nacional o a las grandes desgracias mundiales. Pero con el tiempo, al lector medio que dirige sus miradas de forma equilibrada a todos los focos, va tomando más fuerza lo duradero, lo perdurable, aquello de lo que podemos aprender.
En mi caso es así y, como no me considero un bicho raro, pienso que esa tendencia debe ser humana, equilibrada y lógica. Con el tiempo van tomando mayor relevancia las páginas de opinión que la última bravuconada de Bush, con los años prestamos más atención a lo universal que a lo local, a lo social que a lo político (entendido como política de diseño, de la que tanto sabemos en nuestra España, política de hacer política –no de preocuparse por el ciudadano-).
Mi reflexión hace referencia al verdadero sentido de la vida y de las cosas.
¿Qué nos llevamos con nosotros?, ¿de qué hemos aprendido los de mi generación? Cuatro cosas en el fondo. Los grandes titulares en lo internacional pasarían por el fin de la Guerra Fría, la obstinación de Fidel por mantener un régimen aislado, el fracaso americano en Oriente Medio, el crecimiento poco pasional de Europa, la izquierdización democrática de Latinoamérica… lo más destacado en lo nacional pasa por la bonanza económica, el éxito a medias de la integración de las nacionalidades históricas en un Estado que, pese a quien pese, funciona, el papel ridículo de una Iglesia que se encuentra perdida, el gran avance en lo social (divorcio, aborto, matrimonio homosexual, ley de dependencia, ¿futura ley de eutanasia?)
La evolución es saber escoger, leer entre líneas, sentirnos partícipes de este mundo que corre deprisa.
Desayunarnos cada día con una foto de la que vamos aprendiendo a sacar punta, matices, enseñanzas… para que este rato que pasamos por la vida podamos sentirnos vivos, que hemos comprendido algo, que hemos aportado algo