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viernes, enero 02, 2026

Palermo

Estos días en Palermo he creído varias veces estar en Tánger.

No porque haya mezquitas, ni por una inmigración masiva que no existe, ni porque considere de menos a la capital siciliana. Tal vez sea un piropo.

Esa capacidad de vivir el presente bajo un sol claro, el caos circulatorio, la gente humilde; ese subsistir en lo básico de mercados vibrantes.

Golpeados por la perfección tecnológica de las ciudades triunfadoras del norte, pasear Palermo es bajar al cielo de lo cotidiano, donde realmente se juega la vida, fuera de tanta presión por ser los mejores.

Por eso, quizás, busco estas ciudades, porque representan lo que somos los humanos sin disfraces. Hermosamente incapaces de ser más de lo que podemos ser.

miércoles, septiembre 03, 2025

Ahogarse

Que de jovencito estuviera a punto de ahogarme junto al Faro de Trafalgar hace que, a día de hoy, le tenga un miedo atroz al agua. 

Ese día de verano de un sol abrasador nada hacía pensar que el agua me arrastrase como lo hizo hacia una zona de olas de la que no podía escapar.

Llegado al punto en que perdí el control de la respiración por el pánico, me hablé a mí mismo, con cariño:

—Borete, respira... Borete, tranquilo.

Sabía que si no hacía nada no podría salir de allí, así que me lancé hacia la ola más tremenda para que me sacara a revolcones de allí.

Da igual que el mar esté como un plato y que yo te sonría. Te estaré engañando, porque meterme en el mar desata todo mi terror de juventud.

viernes, enero 26, 2024

Maldecir

Tenemos todo el derecho a maldecir nuestra suerte, a gritar con rabia que nadie tenía derecho a meternos en este sinsentido del vivir.

Lo grave es cuando lo hacemos a todas horas y con cualquier argumento.

Sí, la vida nos ofrece escenarios dolorosísimos de los que no se libra ni el más afortunado; sí, nos hace pequeñitos, vulnerables, insignificantes cuando quiere. No tiene compasiones con nadie y es justo protestar, aunque nuestro grito no vaya a otro lado que al más grande de los vacíos.

A cambio, hay días de pleno sol que, quizás, compensan los desengaños y dan sentido a lo que, a veces, pensamos que no lo tiene.

Ese sol puede ser una sonrisa.