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jueves, diciembre 04, 2025

Onda

Soy un gran lector de clásicos.

Haber disfrutado de Madame Bovary, Trafalgar, La tía tula o La montaña mágica es algo que queda dentro para siempre. 

Lo que sí observo, en mis intentos actuales de acercarme a escritores de hace siglos, es cómo la onda literaria actual vibra en otra frecuencia. La falta de tiempo para el ocio que padece nuestra sociedad hace que se haga bola para muchos el poder pausar los ritmos para leer capítulos largos donde, aparentemente, no pasa nada.

No hay paciencia.

Se pide más emoción, más rápido, más golpes de efecto, menos profundizar.

Es un reto al que nos enfrentamos los escritores actuales: saber narrar en la prisa de los demás.

Cada lector mira cuánto queda para terminar una escena, cómo de largo es el texto de facebook, qué porcentaje del ebook llevo leído, qué grosor le queda aún a la novela. 

Corremos, corremos, sin saber muy bien hacia dónde. Sin pararnos a disfrutar de estar parados. De respirar.

Recomendaría vivamente a Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.

No hay sitio al que llegar.

miércoles, septiembre 03, 2025

Ahogarse

Que de jovencito estuviera a punto de ahogarme junto al Faro de Trafalgar hace que, a día de hoy, le tenga un miedo atroz al agua. 

Ese día de verano de un sol abrasador nada hacía pensar que el agua me arrastrase como lo hizo hacia una zona de olas de la que no podía escapar.

Llegado al punto en que perdí el control de la respiración por el pánico, me hablé a mí mismo, con cariño:

—Borete, respira... Borete, tranquilo.

Sabía que si no hacía nada no podría salir de allí, así que me lancé hacia la ola más tremenda para que me sacara a revolcones de allí.

Da igual que el mar esté como un plato y que yo te sonría. Te estaré engañando, porque meterme en el mar desata todo mi terror de juventud.