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miércoles, octubre 22, 2025

Pablo

Hace unas semanas fui a una boda. 

De las que más me gustan, de esas donde no hay compromiso, sino muchas ganas de ir.

Allí me encontré con un antiguo compañero de trabajo al que aprecio muchísimo. Nos pusimos al día, nos presentamos a nuestros amigos, echamos un buen rato.

Al día siguiente, me envió un mensaje que justificaba la boda en sí:

'¡Qué bien lo pasamos ayer, Salva, a ver si nos vemos más!, me encantan los momentos contigo, me divierten pero a la vez me dan paz...'

Hay instantes en que a uno se le derrite el corazón.

viernes, agosto 04, 2023

Helicóptero

Fue el regalo de boda que nos hizo Isa.

Al ser la luna de miel en Nueva York, nos sorprendió con un billete para sobrevolar Manhattan en helicóptero.

El día era fresco y soleado, nos pasaron a una sala para darnos instrucciones, en un pequeño edificio a orillas del East River.

Cuando nos lanzamos a las alturas, tan de golpe, tan alto, tan ruidoso, la emoción se desparramaba a borbotones. Fue llevándonos desde el Downtown, cerca del puentre de Manhattan, hasta Central Park, bordeamos el Empire State, el rascacielos de la Chrysler, vimos cómo Broadway rajaba la ciudad en diagonal. 

Yo no paraba de echar fotos, que cualquiera sabe dónde estarán hoy. 

Todavía me pesa no haber dejado el móvil en el bolsillo y haber disfrutado a pleno pulmón de ese espectáculo inigualable. 

Nos llevamos media vida atesorando recuerdos que luego olvidaremos y nos olvidamos de vivir el ahora, el aquí, despreciando los quince minutos de dar vueltas por los cielos de Nueva York.

sábado, julio 22, 2023

Villamartín

Entramos para comer algo con la resaca de la boda en un pueblo a los pies de la sierra de Cádiz y, de pronto, nos encontramos con un local que podría estar en el barrio más de moda de Manhattan.

Yo comí poco porque andaba con el estómago revuelto tras la boda, pero este fin de semana volvimos para disfrutarlo a todo lo que da.

La sonrisa del dueño al vernos repetir fue de las auténticas.

Le dijimos que repetíamos por lo enamorados que quedamos del lugar y él, antes de que comenzasen a llenarse las mesas, nos enseñó los salones, de exquisita decoración, nos explicó la carta, trabajadísima y nos contó su trayectoria, arriesgada para un pueblo de doce mil habitantes poco habituado a salir de las tabernas con menú de nueve euros.

¡Cómo me gusta la gente emprendedora! Los que creen en sí mismos y te montan una piscina en medio del desierto.

Lo escuchamos con atención y, nada más que por ver su cara explicándonos sus ilusiones, ya mereció la pena haber ido.

(Y por el bogavante con huevos fritos)