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miércoles, septiembre 24, 2025

Etapas

La etapa más compleja de una novela no es el papel en blanco, sino la cuarta página.

Has pasado semanas de pura abstracción en las que lo fundamental era descubrir qué querías contar. Ésa es la gran decisión. El qué.

Voy a dedicar muchísimas horas de mi vida a poner en pie una historia y necesito tener claro que lo que voy a construir merece la pena, que no solo te va a emocionar a ti sino que me va a remover por dentro a mí.

El día en que escribes la primera escena siempre se recuerda. Vas lanzado. Sabes dónde quieres llegar. Te atragantas de tan claro que tienes el futuro inmediato de tu criatura.

Pero llega la cuarta página.

domingo, abril 14, 2024

Humor

Si escribir es una de las actividades que me pone de mejor humor, ¿por qué, a menudo, me cuesta tanto?

Tiene que ver, sin duda, con el esfuerzo que supone rebuscar en mis tripas. 

Crear desde la nada es tener que dejar parte de ti en el intento, una composición de la que eres responsable último, en la que uno debe utilizar herramientas que están solo a su alcance, métodos que has tenido que inventar para conseguir sacar algo que interese, que aporte, que haga reír o conmover.

Mi principal argumento para escribir es indirecto y no es otro que la satisfacción que sé que voy a sentir cuando termine, porque si el primer motivo para hacerlo fuera que me voy a abrir en canal no tendría nueve novelas entre mis logros, ni un texto diario que compartir contigo.

viernes, febrero 09, 2024

Elisa

Cada vez que paso por la puerta del McDonald's del edificio Cristina veo a Elisa.

Pero no a mi querida Elisa de Ubrique, ni a mi adorada Elisa de Huelva, veo a la Elisa de 'El hombre que ya no soy'.

Demacrada, atacada, golfa y vividora, no puedo no pensar en ella cuando paso por allí. 

Crear mundos desde cero provoca ese efecto surrealista de cruzarte con gente que no existe sino en tu cabeza. 

Yo paso con el coche y me asomo, inconscientemente, por ver si la está liando, una vez más, en el McDonald's.

viernes, diciembre 23, 2022

Novela

Siempre me pasa lo mismo cuando me lanzo a escribir una novela, y ya van casi una decena.

Los comienzos son descorazonadores. Escribo, ideo, planifico, construyo escenas, invento personajes, imagino futuros, elaboro pasados que me agotan. Esa capacidad omnipotente de crear implica un desgaste emocional brutal en los primeros pasos. Cuanto menos avanzada está la historia más cuesta sentarse delante del papel en blanco. Todo parece flojo, poco creíble, deslavazado y encuentro mil excusas en la nevera, en youtube o en las calles de Sevilla para quitarme de en medio.

Necesito abroncarme a mí mismo para avanzar apenas unas líneas y me ofrezco la promesa de victorias pasadas para entrar en la dinámica del creador, porque me digo a mi yo escritor que ya fui capaz, que ya hubo quien se emocionó con esos mundos inventados, que por qué no va a volver a pasar con los que están aún por recrear.

Cada día que avanzo, por pequeños que sean los párrafos, más lleno los pulmones, menos tonta me parece la historia.

Estos días a Pablo lo tengo desbordado. Todos los personajes salen a su encuentro y él se encuentra vacío, poniendo malas caras que no van con él, saltando a la mínima, torciendo el gesto, no queriendo más que ir a casa a acostarse para no pensar. Porque de momento Pablo está en mí y tengo que conseguir que me dé una patada, se aleje y empiece a maquinar.

jueves, mayo 12, 2022

Maru

Me encantan las noches en las que el insomnio me lo produce la creatividad, cuando mis novelas empiezan a tomar vida y ya los personajes se pasean por mi cabeza como Pedro por su casa.

Noches calurosas de ventanas abiertas en las que me levanto para amamantarme de agua fresca de la nevera para serenar las neuronas y volver al sueño de lo cotidiano.

Ya he conseguido descontrolar a Maru con una encrucijada tal de estímulos personales, que ahora es ella quien revoluciona mi vida para decir, como el feto dando patadas en la barriga, aquí estoy yo. Ya me tienes contigo y voy a liarla.

Es entonces cuando una brisa fresca me hace cerrar la ventana, buscar a tientas el edredón e intentar protegerme del asalto de mis personajes de ficción, como si yo fuera víctima y no culpable.

Es maravilloso el proceso de creación.

sábado, octubre 09, 2021

Colapso

Uno de los defectos de fábrica con los que nací es el de mi incapacidad para controlar mis emociones.

Ayer asistí a una charla muy esperada de mi admirado escritor Jesús Carrasco. Con un delicioso saber estar, nos narró durante una hora, ante un público entregado, sus aprendizajes de media vida apegado a la creación de novelas, la escena de su padre leyendo en casa, sus historias fallidas, la capacidad de reinventarse, el poder de la lectura.

Cuando supe que la última media hora se permitirían preguntas desde el patio de butacas, estructuré en mi cabeza la que yo llevaba años queriéndole hacer. Porque a mí no me convenció 'Intemperie', la novela que lo llevó a ser un autor de culto, pero sí me convencía él como persona y, sobre todo, su última obra, 'Llévame a casa'.

Tras reordenar el discurso en mi cabeza levanté la mano y me acercaron un micro. Fue decir la primera frase 'voy a polemizar contigo' y sentí que se me agarraba la garganta, que la sangre comenzaba a fluir desordenada a borbotones y que no llegaría con calma al final de mis argumentos. Escucharme a mí mismo hablar emocionado me hacía sentir más ridículo aún. No sé donde termina la hipersensibilidad y comienza la inmadurez.

Conseguí hilvanar, con mucha dificultad, el razonamiento y él me contestó con toda la humildad.

Al salir, le confesé a mi amigo Isaac lo infantil de mi descontrol.

—Ha sido muy emocionante tu emoción —me dijo, cariñoso.

El día del funeral de mi padre mis hermanos me animaron a escribir unas palabras. Escribí mi texto más bonito. Sin embargo, cuando llegó el momento de levantarme a leerlo, no pude. Supe en ese momento que hubiera entrado en colapso y mi padre no se merecía eso.

Cuando la emoción me sube por las piernas, me agarra entero y pierdo el tono, la calma y la razón.

viernes, febrero 16, 2018

Dentro

Una pregunta recurrente que se nos hace a la gente que escribimos es identificar cuánto de nosotros hay en las experiencias que narramos, cuántos de nuestros personajes son gente conocida, en un intento naif de justificar ante sus ojos las ganas que podamos tener de contar historias.

No se suele narrar la vida de gente plana, mis novelas se llenan de protagonistas con aristas, los conflictos al límite se entrecruzan y acabo por preguntarme, como un lector más de mí mismo, inmerso en la construcción de esos mundos que objetivamente no son los míos, dónde encontré la chistera de donde sacar tanto conejo.

No dudo que todos los defectos están en mí, y todas las virtudes; todas las perversiones están en mí. Los intentos de gritar, de abandonar, de amar; la vanidad, el remordimiento, el viejo que aún no soy, el niño que fui; los complejos, la desfachatez, la bondad perfecta y el rencor. Todo está en mí y en el grado en que yo lo quiera encontrar. Sólo tengo que concentrar todas las lupas, hacerme con los más precisos audífonos, buscar la calma absoluta, olvidarme del mí actual, conseguir bisturís de extraperlo y maniobrar por ahí dentro a la captura de esos infinitos personajes que tengo por ahí danzando; darles su espacio, acariciarlos, reírme con ellos y de ellos al tiempo que me río de mí, me condeno y me perdono, dejo los pudores arrumbados entre cerrojos para concentrarme en el pomposo disfrute de construir frankensteins creíbles con retazos del volcán que todos llevamos dentro.


jueves, noviembre 30, 2017

Atención

Una de mis principales dificultades como mando de mi empresa es conseguir que mi equipo o mis compañeros mantengan la concentración al tratar cualquier cuestión. Lo que parece una dificultad propia de niños se está convirtiendo en una epidemia de adultos sobre la que será preciso reflexionar, porque no prestar la atención precisa a los retos y dificultades diarias hace que estos se aborden con ligereza y sin el rigor precisos, construyéndonos un futuro que será cualquier cosa menos brillante.

El triunfo en estos tiempos creo que lo ganará el que sepa inventarse burbujas de desconexión hacia estímulos secundarios; gente que sepa filtrar lo importante en el día a día sin sucumbir al ruido que se cuela por cada rendija. El sabio, el creador, el innovador, el líder, todos ellos deben edificar su valía sobre la lectura, la experimentación y la observación, para lo que se requiere esa cualidad cada vez más escasa, que consiste en focalizar la atención en aquello que es importante.