Cenando con mi amigo Helio, a quien hacía tiempo que no veía, hicimos un repaso de nuestros últimos meses.
Habiendo atravesado él una mala racha, me concentré en transmitirle con sinceridad toda la fuerza de mis proyectos y mi felicidad a nivel personal, queriendo compartirla con él.
Sin embargo, aparecían en mi discurso una serie de puntos negros, de desengaños o frustraciones en mi relación con el mundo, con la gente cercana, con nombres y apellidos, o anónima, la sociedad en la que me muevo.
Helio, como amigo que me quiere, sin poder dejar de lado su faceta de psicoanalista, me diagnosticó:
'Salva, tu problema es que crees que todo el mundo está dispuesto a dar el cien por cien'.
Sí, quizás mis decepciones vengan por ahí, por creer que el personal está o debe estar por la labor de entregar el cien, en cada momento y circunstancia.
Primero viene el analizar si yo doy el cien o no, luego confirmar si es un defecto o una virtud.
Lo que sí siento es que quiero ir a por el cien en cada caso, a pesar de lo que represente de frustración asociada. Y sé, también, que me gusta la gente que se da, sin barreras.
En todo caso, sé que Helio tiene mucha razón: la gente no quiere o no sabe, en una gran mayoría, darse de pleno. No lo refiero en cuanto a su relación conmigo en un razonamiento egocéntrico y vanidoso, sino en su relación con ellos mismos, sus proyectos o querencias. La gente tiene tendencia a reservarse, a contenerse.
La sociedad, en general, no se moja. Las personas individuales, concretas, no dan el cien.
¿Qué es lo correcto?, ¿qué, lo incorrecto?
La sabiduría, tal vez, esté al lado de la contención.