martes, marzo 31, 2026
Memoria
jueves, marzo 26, 2026
Berlín
miércoles, enero 07, 2026
Obrigado
Cuando viajamos a Estambul, Marrakech, Palermo o Berlín, nuestros primeros agradecimientos siempre son en portugués:
—Obrigado.
Porque para nosotros, acostumbrados a nuestros fines de semana en el Algarve, estar fuera de España es estar en Portugal.
Los que nos escuchan, con nuestro fuerte acento castellano, dirán: ¿de qué país son estos dos?
martes, agosto 19, 2025
Faro
sábado, agosto 16, 2025
Impacto
Desde que llegué de Berlín no dejo de ver documentales para entender cómo el hombre puede ser tan cruel.
Tan retorcido.
Veo uno tras otro reportajes sobre la Segunda Guerra Mundial, la caída del muro, el holocausto nazi o el Tratado de Versalles para buscar algo de una luz que no me termina de llegar.
Lo más complejo es pensar que no somos nadie para criticar otros tiempos mientras permitimos, todos, la tremenda barbaridad que está ocurriendo en Gaza.
No hay perdón para Hitler, nunca. Tampoco para Netanyahu. La historia lo juzgará, nos juzgará, con severidad.
domingo, agosto 10, 2025
Yonqui
El tipo, muy colgado, justo frente a mí, me gritaba, malhumorado, mientras me tomaba un café junto al Spree.
Que el hombre no tuviera cuerpo ni para ponerse en pie, de la cogorza que tenía, y que yo estuviera acompañado por Fran, Mariángeles y Martín, hizo que aguantara el chaparrón sin inmutarme.
Yo apuraba mi magdalena de chocolate antes de empezar nuestra ruta vespertina por Berlín. El hombre volvía a la carga, con los ojos inyectados, en un alemán casi militar. ¿Qué me estaría diciendo?
Cuando las palabras no se entienden, no se nos puede herir.
Niños
viernes, agosto 08, 2025
Amanecer
jueves, agosto 07, 2025
Berlín
lunes, julio 05, 2021
Escudos
domingo, julio 02, 2017
Araceli
La habitación aún estaba a oscuras. Acelerado por la visión, traté de conciliar el sueño, con la imagen clavada de Araceli siendo descubierta al entrar de madrugada en una casa que pensaría vacía.
Buceé por los años de juventud y di con el intenso viaje que hicimos con mi Clío por toda Europa. Rafa, ella y yo. Cómo tuvimos que refugiarnos en el camping de La Molina el mismo día en que una avalancha causaba una catástrofe en el de Biescas; la discusión con un policía en las calles de París por un semáforo que yo no reconocía haberme saltado; los planos del viaje volando por los aires camino de Bruselas; su petición comedida de que no dejara el volante, 'me da miedo cómo conduce Rafa'; las tardes largas paseándonos los fríos parques de Copenhague; el sol fuerte por las calles de Berlín y los huevos fritos que nos preparaba una 'froilán' anciana en un bucólico camping a las afueras de Zurich.
Se me venía su risa contagiosa mientras trataba de volver a dormir. Inseparable de mis hermanas, leal y tranquila. Dulce. Tal vez entraba en casa de mi padre a buscarlas y se dio de bruces conmigo.
No olvido la llamada de Raquel a mi despacho de París. 'A Araceli le han detectado un cáncer'. Desde 2000 kilómetros de distancia le envié un ramo de rosas. Las más rojas. No tardó en responderme.
Estaba guapa con su pañuelo en su cabeza, dando tumbos entre la esperanza y el horror. Al final no pudo. No sé hace cuántos años ya... Pero esa noche me la encontré. Sonó la cerradura y la descubrí. Maldigo haberme despertado, no haberle podido ofrecer un abrazo, aunque fuera sólo un abrazo de sueños inventados, aunque lo que me contase fuese lo que yo quisiera oír. Que todo iba bien.
miércoles, julio 27, 2016
Terror
Recorrer este viejo continente tuvo el efecto inicial de hacerme sentir muy pequeño, al ver la enorme diversidad de culturas, lenguas y conglomerados urbanos, cuando aún no sabía que me estaba haciendo grande como persona al abrir los ojos al espectáculo de contemplar las gentes de los países que conforman el origen de una de las grandes civilizaciones de la humanidad. Visité Berlín cuando tiraron el muro y atravesé de un lado a otro con una emoción que se me salía del corazón.
No sé definir si admiro más la cultura francesa, la inglesa, la alemana, la italiana, la de los países nórdicos o mi propia cultura hispana, pero sí sé que todas son fundamentales para conformar lo que hoy somos. No se entiende nuestro presente sin Voltaire, Dante, Kant, Cervantes o Lord Byron.
Un continente que ha estallado mil veces en guerras de incomprensión, en atroces carnicerías durante siglos, para definir fronteras o imponer religiones, y que por fin ha encontrado sus leyes básicas de entendimiento en una organización plurinacional apoyada en los derechos y libertades más amplios que nunca hayamos tenido.
Una organización burocrática y perfectible, seguro. Gris, lenta y aburrida, tal vez. Pero bendito aburrimiento el que nos permite construir un futuro en paz.
Pasado mañana comienzo unas nuevas vacaciones por la Europa del norte de Francia hasta llegar a Holanda, con la ilusión de transmitirle a mi sobrino Iván un pellizco de la emoción que supone para mí patearme sus calles, con la alegría de llevar a mi hermana Raquel por los rincones donde se movieron Rubens, Rembrandt o Carlos V, en tanto nos avasallan noticias que, una vez más, anuncian su declive, atacada por fanáticos que sólo buscan la destrucción de la armonía de un pueblo culto; armonía que tan costosa ha sido de alcanzar.
Los radicales se buscan para deshacer lo conseguido por generaciones, que entendieron que las luchas fratricidas quedaron atrás; radicales que vienen para imponer el terror, el odio y la vergüenza. Radicales que llegan de fuera o que surgen de dentro, analfabetos y pijos, salvajes y cultivados, mediocres, pusilánimes, rencorosos, provincianos, egocéntricos y despreciables hasta decir basta.
Yo quiero enseñarle a Iván lo mejor de Europa y decirle que esa tierra es suya, que hay que amarla porque nosotros venimos de ahí y estamos obligados a defenderla de quien la odia, porque quien odia a Europa como sentimiento universal es el peor de los fascistas, el más rancio, el menos solidario, el más desmemoriado, torpe y necio.
domingo, marzo 01, 2015
Tarragona
Esta mañana, comiendo con mi familia, recordé a mi amigo Quino y su eterna inocencia.
Acabábamos de llegar a Berlín en una de nuestras últimas escalas. El dinero escaseaba, y por tanto la comida. Nos tomábamos de forma solemne pastillas de Micebrina para reducir el gasto en sandwiches. Pero éramos felices.
El día era caluroso y caminábamos ya sin rumbo en busca del camping a través de los inacabables alrededores arbolados de Berlín. No había GPS, ni móviles, ni forma de localizar información y estábamos exhaustos.
Apareció entonces un coche con matrícula de Tarragona y Quino vio el cielo abierto.
-¡¡¡Compatriotas!!!
El coche frenó en seco. Iba una pandilla de gente joven, como nosotros. Y preguntaron:
-¿Catalans?
Entonces fue cuando Quino se giró hacia mí y, con cara descompuesta, me preguntó:
-¿Pero la T no era de Toledo?