x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Ruido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ruido. Mostrar todas las entradas

sábado, marzo 15, 2025

Contar

Qué ansia la del ser humano por contar su historia sin escuchar la del otro.

Es un comportamiento digno de estudio: analizar la impaciencia por cortar el discurso de quien nos habla para decir que lo mío es más fuerte, más desgarrador o más divertido de lo que esa persona, por muy querida que sea, me está contando.

En lugar de habitar la historia ajena, de dejarnos llevar por la experiencia de quien nos habla, con el aprendizaje asociado que conlleva el experimentar en la piel del otro, nos aferramos a nuestro relato, archiconocido para nosotros.

Sueño con un mundo menos ruidoso, carente de atropellos, donde nuestros semejantes se sientan atendidos cuando quieran explicarnos acerca de su interior.

Un mundo en el que nos demos la palabra con sinceridad, porque realmente nos interese lo que nos tienen que narrar.

Pocas cosas hay más atractivas que alguien que sabe escuchar sin la urgencia de interrumpir.

viernes, febrero 28, 2025

Sillas

He tenido dos grandes jefes a los que admiré durante el tiempo que trabajé con ellos. Varios años en ambos casos. Me resulta curioso, en cambio, que de todas las grandes enseñanzas que pude recibir de ellos, me quedé con dos muy tontas que me hacen recordarlos a diario.

Uno de ellos me aconsejó no enrollar el cargador del móvil, al guardarlo, como si fuera una bobina de lana.

—Se te va a romper el cable si sigues haciéndolo así.

El otro siempre llamaba la atención cuando, al terminar una reunión, la gente arrastraba las sillas para levantarse y no las colocaba en su sitio.

Así que, cada vez que termino de comer, me levanto con extremo cuidado, sin hacer ruido, y coloco bien la silla pegada a la mesa; del mismo modo que cada vez que hago la maleta, y la hago a menudo, trato con cuidado el móvil del cargador.

Al menos, los tengo presentes.

jueves, octubre 17, 2024

Vidrio

Cada vez que tiro las botellas en el contenedor de vidrio, miro a la ventana que está justo encima y pienso en las maldiciones que estarán habituados a mascullar sus inquilinos cada vez que oyen la descarga de cristales rompiéndose entre sí.

Nadie está a salvo de que un día le coloquen uno igual bajo su ventana.

Entonces añorarás, con impotencia, los tiempos de las siestas infinitas, los despertares suaves provocados por la luz del amanecer, el ciclo armonioso de las cosas.


sábado, febrero 11, 2023

Portugal

Portugal es un país inmenso que admiro de corazón.

Tendemos a comparar con el de al lado y prejuzgar, como si la grandeza la dieran los kilómetros cuadrados, pero no hay más que agarrar un coche y tomar por carreteras secundarias, acompañadas de hileras de álamos, para entender la hermosura de un territorio poblado por gente humilde y orgullosa de lo que es.

Quizás la personalidad se agrande cuando uno se siente pequeño y se afiance ese sentimiento de unidad, de aquí estamos para lo que se necesite, sin los riesgos que ofrece el creerse el mejor de la clase.

El pequeño por fuera suele convertirse en el más grande por dentro.

El portugués cambia de idioma en cuanto descubre de donde vienes y agradece, de verdad, que estés visitando su tierra. Es difícil encontrar actitudes altivas o recelosas en ellos como anfitriones.

Incluso ese punto de tristeza, que existe, forma parte de su característica como pueblo, algo en lo que están educados, en no hacer ruido, en pedir disculpas, en no levantar la voz.

No hablo de que un portugués sea mejor o peor por el hecho de serlo, solo que la sensación que te llevas siempre que lo visitas es de sentirte en territorio amigo.

No hay más que entrar en el monasterio de Tomar para comprender el devenir histórico de este pueblo noble. 

Amo Portugal.

lunes, agosto 22, 2022

Coñazo

Sin quitar el carácter abierto que nos suele caracterizar, los españoles somos un coñazo en el extranjero, sobre todo cuando se trata de entrar en un restaurante, un museo o utilizar un medio de transporte.

Somos escandalosos allí donde vamos.

Habituado a frecuentes viajes a Francia por trabajo o a Portugal por placer, ir a cenar a cualquier local en esos países implica, salvo excepciones, un entorno agradable para conversar mientras se degusta un buen vino.

Recuerdo que, durante los cuatro años que viví en París, cada vez que volvía a Sevilla me escandalizaba por el ruido de los bares. Por el ruido de la ciudad en general. Hay mucha gente que charla queriendo que las personas que están a cinco metros a la redonda se entere de lo simpático o inteligente que es.

No sé cómo se puede educar a un pueblo para hacerle entender que los decibelios no son sinónimo de simpatía.

lunes, junio 25, 2018

Sillas

Terminada cada reunión de trabajo, François Frenette venía a quejarse de lo mismo.

-No arrastren las sillas, por favor.

Las sillas hacen ruido al arrastrarse. Un sonido incómodo que molesta más a quien no lo produce, a quien no mueve la silla.

En la vorágine de decisiones por tomar hay mañanas que me escapo a desayunar fuera de la fábrica. Pido mi batido de chocolate y media tostada con jamón. ¿Triturado o en rodajas? Siempre triturado. Me concentro en mis pensamientos, trato de evadirme de todo. De las charlas del bar, de la tele encendida, del sonido de la cafetera. El camarero, sin embargo, recoge las tazas de café como si no pudiera hacerlo sin golpear escandalosamente unas con otras.

Ni que uno fuera a desayunar para relajarse...

No me gusta la gente que no controla los ruidos que provoca. Quien grita a lo lejos sin atender a los que están cerca, quien hace sonar el claxon sin atender al peatón de justo al lado, quien taconea suelos sin pensar en los vecinos de abajo.

El mundo chirría de sillas arrastrándose, tazas golpeándose, cláxones sonando que no dejan observar el silencio con el que muchos otros se manejan con cuidado pensando en ti.