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sábado, octubre 09, 2021

Opinión

Hay mil asuntos sobre los que no tengo opinión.

O sobre los que mi opinión podría cambiar en función de mi estado de ánimo.

Debemos ser valientes para asumir que hay temas que no dominamos y no romper el silencio con teorías sobre aquello que desconocemos.

No sé si es bueno legalizar la droga o la prostitución, como mucho puedo hacerme preguntas honestas acerca de lo que supondría el que se hiciera. No sé si es conveniente que la industria se robotice cada vez más, porque lo que supone de logro, al eliminar tareas repetitivas o fatigosas, implica también disminución en los puestos de trabajo. Desconozco si es buena idea enfrentarse a China por no ser un estado democrático, porque el gigantesco país es tan poderoso que desestabilizarlo podría implicar traer el caos al planeta Tierra.

Quiero saber de mucho, pero sé que no llegaré a asimilar tantos conceptos como para ser una persona capaz de argumentar acerca de lo divino y de lo humano.

Admiro a quien tiene criterios claros, al tiempo que me asusta que sus argumentaciones no tengan bases lo suficientemente sólidas como para mantenerse en pie.

¿En manos de quién estamos?

Nuestro futuro debería estar supervisado por sabios buenos, que tengan los medios y la mesura para saber decidir, pero eso va contra las bases mismas de la democracia.

Dudar de todo es sano, aunque yo dude hasta de la duda en sí.

viernes, mayo 14, 2021

Robot

Regresábamos al hotel, tras una noche divertidísima en Tokio, cuando vimos el robot.

Había un embudo de tráfico por unas obras en un cruce de varias calles en Shinjuku. En medio de la confluencia habían colocado a un robot, vestido de guardia de tráfico, que controlaba una gran diversidad de posibilidades para ir dando paso por uno u otro carril en función de la afluencia de coches.

Pablo y yo, animados por los cubatas bebidos, nos paramos a ver al muñeco trabajar. Tratábamos de adivinar cuál era la lógica, porque los movimientos automáticos cambiaban constantemente.

-Tiene que haber sensores por todos lados para que se comporte así -le comenté.

Lo teníamos a cinco metros y estaba caracterizado de forma magistral, con puros rasgos japoneses.

De pronto, se giró hacia nosotros y dimos un respingo. Levantó la mano para saludarnos con una sonrisa.

¡Era un hombre!

Nos entró un ataque de risa conforme nos alejamos de allí.

Yo, a día de hoy, no sé qué o quién nos saludó.