jueves, diciembre 25, 2025
Adiós
sábado, enero 25, 2025
500
viernes, diciembre 27, 2024
Escena
Es la escena más bonita que retengo de estas Navidades.
Mis hermanas nos daban los regalos a los tres hombres de la familia, mi hermano David, mi sobrino Iván y yo.
Cuando este recibió el suyo, se abrazó a Raquel, su madre, y luego fue, gateando por el sofá, hasta su tía Mónica, en quien se desparramó con sus enormes 21 años, como si fuera un crío.
Iván ha tenido la suerte de contar con dos madres y él no para de mostrar, con toda su inocencia, que las quiere, muchísimo, a las dos.
jueves, diciembre 26, 2024
Álex
Viene cada año por Navidad y siempre lo recibimos con los brazos abiertos.
No sabemos nada el uno del otro durante el resto del año, pero cuando él baja a ver a la familia, me llama.
Ocurre que, de no observarnos, de no compartir, de no mensajearnos, hemos ido volviéndonos dos desconocidos, tanto que la cena de estas fiestas ha sido un completo desastre.
En las antípodas en todo lo que tiene que ver con la visión del mundo, la conversación fue derivando hacia temas que nos definen tanto como personas que los dos nos dimos cuenta de que el hilo que nos unía ya se había roto.
Estábamos en casa, Fran se acostó y nos quedamos a solas.
—Por todo lo que te quiero —le dije—, creo que sería bueno que esta cena se acabase ya.
Él me dio la razón, nos abrazamos y se fue.
No creo que haya ninguna otra.
martes, diciembre 24, 2024
Pánico
Hay quien tiene pánico a la Navidad.
Suele coincidir con aquellos que han sufrido pérdidas en fechas cercanas a las de estos días, días que ejercen de impulsores del vacío que supone no contar con esos seres queridos.
Estas fechas potencian recuerdos de casas llenas, de risas tontas, de escenas tiernas que puede que no vuelvan, o no en el mismo grado, con las personas de entonces ni la alegría de nuestros tiempos jóvenes.
Ese pánico se vuelve odio al villancico, al turrón y a los programas enlatados que se repiten una y otra vez para recordarles que hubo un tiempo en el que sí creyeron en la Navidad.
sábado, diciembre 21, 2024
Gambas
Es probable que para cuando leas este texto ya me haya llamado Raquel para decirme qué me toca a mí comprar para la cena de Nochebuena.
Si no fuera por mi hermana, acabaríamos sentados esa noche delante de unos cuantos platos de comida preparada de última hora.
Nunca lo permitiría ella.
En toda familia, en todo grupo de amigos, está esa figura impagable del organizador, quien asume el rol de que las cosas marchen bien y no nos abandonemos.
Raquel se ocupará, como siempre, de la carne mechada y la ensalada de endivias con roquefort.
Mantener las costumbres es, también, una prueba de amor.
miércoles, enero 03, 2024
Cristina
domingo, diciembre 24, 2023
Cursi
miércoles, diciembre 21, 2022
Cortinas
lunes, diciembre 20, 2021
Nochebuena
Llegábamos por paquetes a casa de mi abuela.
Los Navarro, Los Funes, Los Mora, Los Villanueva... Cada familia con su estilo personal, porque ya desde pequeño se nos va diferenciando. Y nos soltaban ahí, tras darle besos a la abuela, a los tíos y explicar cómo nos iba en el colegio a cada uno.
Nos uníamos más o menos por edades, aunque todos éramos tan pequeños que las distancias, vistas desde hoy, se antojan invisibles. Nos repartíamos por las habitaciones, sorteábamos la timidez primera de niños que no se veían a menudo y el más avispado preparaba juegos, organizaba teatrillos o ideaba trastadas. Yo me limitaba a no destacar.
El jolgorio se acallaba un poco cuando alguien gritaba:
—¡El discurso del Rey!
Los niños seguíamos a lo nuestro y en cuanto nos descuidábamos ya los padres andaban contentos de alcohol y comenzaban los achuchones, los chistes y las bromas hacia la gran jefa.
—Qué cortito está esto de comer, abuela.
Se reían, atiborrados de jamón y langostinos.
Yo recuerdo esconderme entre las cortinas. Había un pasadizo estrecho entre los grandes ventanales y el salón, en el que yo me metía cuando ya no tenía ganas de fiesta. Era chulo escuchar desde allí las risas de los mayores, que se veían tan raros y lejanos. Me sorprendían los temas de los que hablaban, algunos me asustaban, otros los intentaba memorizar para luego preguntar a mi madre...
Y me planteaba, con cierto vértigo, qué sería de mí cuando yo fuera como ellos.
lunes, noviembre 01, 2021
Felicidad
domingo, junio 27, 2021
Cumpleaños
viernes, diciembre 25, 2020
Pavo
jueves, diciembre 24, 2020
Navidad
Para los que hemos nacido en grandes familias, la cena de Nochebuena era la primera ceremonia protocolaria de nuestras vidas. Cada año. Tan pequeños.
Yo, tímido como un perrillo abandonado por entonces, me moría de los nervios.
La familia de mi madre la componían ocho hermanos. Los primos superaban los veinte. Nos esperaba cada año un recital de besos, achuchones y preguntas. Ya se iba distinguiendo por entonces quiénes eran más llanos, más pijos, más golfos, mas controlados. Pero no eran, en gran parte, sino desconocidos de nuestro día a día.
Las voces subían, el alcohol se hacía dueño de los gestos de los mayores y a nosotros nos organizaban por grupos de edad para que preparásemos obras de teatro y no diésemos mucho el coñazo.
Yo, habituado a visitar esa casa de mi abuela cada viernes, sentía que se invadía mi espacio.
Cada año cambiaban las relaciones entre los mayores, había enfermedades, mis primos crecían y preparabas inconscientemente las respuestas a las preguntas que te harían.
El tiempo fue, inmisericorde, vaciando esa casa de la abuela. Hoy no conozco casi nada de la vida de esos primos con los que un día me pusieron a preparar obras de teatro entre las risas alcoholizadas de los mayores.
-Abuela, esto está cortito -decía mi tío Pepe cuando llegaban los turrones.
Yo me lanzaba a por el turrón de Suchard y observaba, ya libre, cómo iba muriendo la noche.
martes, diciembre 26, 2017
Woody
No había nadie en la taquilla.
Esperé a que llegase Fran y entramos. Apenas una pareja y una chica en la gran sala 4 del Alameda.
Las luces se apagan y, desde lo alto de un puesto de socorrista de una atestada playa ambientada en los 50, Justin Timberlake nos explica, tras los imprescindibles créditos jazzísticos, que va a narrarnos una historia de la que él, futuro escritor, es protagonista y cuyo hilo no sabes hasta qué punto es ficción. ¡La magia del cine!
Una historia dura, una Kate Winslet soberbia, el mismo bar de playa donde tomamos hamburguesas Raquel, Iván, Fran y yo. Incluso las mismas cestas rojas y fotos en la pared. Un matrimonio de compromiso por parte de ella, una hijastra que vuelve de una vida fracasada, un niño pirómano...
¿Hasta qué punto podemos abandonar la ética por nuestros sueños?
Las luces me devuelven a una inmensa sala vacía. Salimos a la Alameda para picar un sándwich. ¿Dónde quedan esos cines del día de Navidad?
La vida fluye, sigue, se transforma, ya la gente pasa estos días en casa viendo series de televisión, o fascinados en juegos con la play, con Operación Triunfo, o enredados en redes sociales de las que no soy ajeno... El mundo siempre gira, nunca es nada como era; aunque el cine de Allen consiga meterme durante hora y media en tiempos color salmón para recordarme, a mí, la magia inimitable que rebosa de unas enormes pantallas de cine que tiemblan de no saberse eternas, seguramente inservibles para explicarnos un día, espero que muy lejano, que una vez existieron y nos hicieron felices.