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Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
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jueves, diciembre 25, 2025

Adiós

Desde hace muchísimo tiempo cada vez que se acerca la Navidad me llama un antiguo amor.

Tiene familia en Sevilla y baja desde Madrid cada año para la cena de Nochebuena. No nos vemos el resto del año, ni nos tenemos al tanto, ni nos seguimos en redes.

Nos ponemos al día, viene a cenar a casa, y hasta la próxima.

Los encuentros iban siendo cada vez más tensos, con reproches hacia la vida que llevaba cada uno, hasta que el año pasado explotó. Cenaba en casa con Fran y conmigo y nos soltó un panegírico sobre las virtudes de la Ultraderecha. ¡Un gay!

Se fue dando un portazo llamándome burgués de pacotilla.

Este año no ha dado señales de vida. Sé que andará por aquí. Sé que da pena. Sé que es lo mejor.

sábado, enero 25, 2025

500

Era muy pequeño cuando me enfrenté por primera vez al concepto del dinero.

Una cena de navidad en casa de mi abuela fue el escenario. Con unas copas de más, mi tío Jesus Mari sacó quinientas pesetas y lanzó una frase, a todos los allí presentes, que me impactó.

—¡Este billete se te va de las manos en cuanto te descuidas! —gritó.

A mí, por entonces, quinientas pesetas me parecían una fortuna. ¡Cuántos dónuts se podían comprar! ¡Cuántos cromos del álbum de ciudades del mundo! ¡Cuántos chicles de menta!

Hay veces en las que me asomo a mi cuenta bancaria y visualizo a mi tío Jesús Mari, con las venas del cuello llenas de sangre, agitando el billete de 500 pesetas entre botellas de champán.

viernes, diciembre 27, 2024

Escena

Es la escena más bonita que retengo de estas Navidades.

Mis hermanas nos daban los regalos a los tres hombres de la familia, mi hermano David, mi sobrino Iván y yo.

Cuando este recibió el suyo, se abrazó a Raquel, su madre, y luego fue, gateando por el sofá, hasta su tía Mónica, en quien se desparramó con sus enormes 21 años, como si fuera un crío.

Iván ha tenido la suerte de contar con dos madres y él no para de mostrar, con toda su inocencia, que las quiere, muchísimo, a las dos.

jueves, diciembre 26, 2024

Álex

Viene cada año por Navidad y siempre lo recibimos con los brazos abiertos.

No sabemos nada el uno del otro durante el resto del año, pero cuando él baja a ver a la familia, me llama.

Ocurre que, de no observarnos, de no compartir, de no mensajearnos, hemos ido volviéndonos dos desconocidos, tanto que la cena de estas fiestas ha sido un completo desastre.

En las antípodas en todo lo que tiene que ver con la visión del mundo, la conversación fue derivando hacia temas que nos definen tanto como personas que los dos nos dimos cuenta de que el hilo que nos unía ya se había roto.

Estábamos en casa, Fran se acostó y nos quedamos a solas.

—Por todo lo que te quiero —le dije—, creo que sería bueno que esta cena se acabase ya.

Él me dio la razón, nos abrazamos y se fue.

No creo que haya ninguna otra.

martes, diciembre 24, 2024

Pánico

Hay quien tiene pánico a la Navidad.

Suele coincidir con aquellos que han sufrido pérdidas en fechas cercanas a las de estos días, días que ejercen de impulsores del vacío que supone no contar con esos seres queridos.

Estas fechas potencian recuerdos de casas llenas, de risas tontas, de escenas tiernas que puede que no vuelvan, o no en el mismo grado, con las personas de entonces ni la alegría de nuestros tiempos jóvenes.

Ese pánico se vuelve odio al villancico, al turrón y a los programas enlatados que se repiten una y otra vez para recordarles que hubo un tiempo en el que sí creyeron en la Navidad.

sábado, diciembre 21, 2024

Gambas

Es probable que para cuando leas este texto ya me haya llamado Raquel para decirme qué me toca a mí comprar para la cena de Nochebuena.

Si no fuera por mi hermana, acabaríamos sentados esa noche delante de unos cuantos platos de comida preparada de última hora.

Nunca lo permitiría ella.

En toda familia, en todo grupo de amigos, está esa figura impagable del organizador, quien asume el rol de que las cosas marchen bien y no nos abandonemos.

Raquel se ocupará, como siempre, de la carne mechada y la ensalada de endivias con roquefort. 

Mantener las costumbres es, también, una prueba de amor.

miércoles, enero 03, 2024

Cristina

"Te quiero mucho, aunque te vea poco. Sé que estás ahí y eso es algo maravilloso"

Me permito compartir este entrañable mensaje de felicitación navideña de mi amiga Cristina, como ejemplo de la calidad de las amistades que tengo.

Apreciarnos por sabernos ahí es tan reconfortante como sanador, porque sí, la vida nos lleva en volandas de un lado a otro, nos pega sustos, nos rompe planes y, más veces de las que quisiéramos, nos anula cafés ya previstos.

Ella y yo llevamos meses como el perro y el gato. Cuando puede ella, yo no estoy, cuando la llamo, ella está de hospitales.

Saber que sabe que estoy aquí me reconforta.

domingo, diciembre 24, 2023

Cursi

La diferencia entre lo cursi y lo entrañable, para mí, es la que existe entre reenviar una felicitación navideña impersonal y escribir unas palabras sentidas a una persona concreta para decirle que, un año más, la tienes en mente.

Sí, recibir un mensaje enlatado ya implica que alguien se ha acordado de mí. Sin embargo, cuando va acompañado de mi nombre y el de los míos, eso roza el corazón.

La Navidad se llena de palabras empalagosas que no quieren decir nada. Deberíamos rebelarnos contra tanta cursilería y poner un poco más de corazón. No tirar de la agenda del móvil y enviar un mensaje indiscriminado, sino escribir, si apetece, a aquella persona que supone tanto para ti y decirle, por qué no, ¡Felices Fiestas! 

Un año más, me acuerdo de ti.

miércoles, diciembre 21, 2022

Cortinas

Las cortinas de la casa de mi abuela separaban dos mundos.

Recorrían todo el salón, inmenso cuando eres un crío, y dejaban tanto espacio libre hacia las ventanas, que los primos nos organizábamos una vida aparte por allí dentro, mientras los mayores, en esas eternas cenas de Nochebuena, iban aumentando los decibelios al mismo ritmo que el alcohol.

Por nuestro lado de las cortinas siempre había quien organizaba sesiones de teatro para representar a la abuela, algo que yo detestaba; por el otro lado mis tíos empezaban a contar chistes que no les daba tiempo a terminar, ahogados en su propia risa.

Yo pasaba al otro lado de esa gran tela blanca que definía la frontera de la infancia y me sentaba a escuchar a los mayores, sus batallas, los recuerdos, los tiros sin bala, la sensualidad de las historias a medio contar, mientras mis primos se afanaban en preparar una obra teatral que me resultaba ridícula.

De vez en cuando me asomaba hacia ese otro lado y me decía:

—Yo debía estar ahí.

lunes, diciembre 20, 2021

Nochebuena

Llegábamos por paquetes a casa de mi abuela. 

Los Navarro, Los Funes, Los Mora, Los Villanueva... Cada familia con su estilo personal, porque ya desde pequeño se nos va diferenciando. Y nos soltaban ahí, tras darle besos a la abuela, a los tíos y explicar cómo nos iba en el colegio a cada uno.

Nos uníamos más o menos por edades, aunque todos éramos tan pequeños que las distancias, vistas desde hoy, se antojan invisibles. Nos repartíamos por las habitaciones, sorteábamos la timidez primera de niños que no se veían a menudo y el más avispado preparaba juegos, organizaba teatrillos o ideaba trastadas. Yo me limitaba a no destacar.

El jolgorio se acallaba un poco cuando alguien gritaba:

—¡El discurso del Rey!

Los niños seguíamos a lo nuestro y en cuanto nos descuidábamos ya los padres andaban contentos de alcohol y comenzaban los achuchones, los chistes y las bromas hacia la gran jefa.

—Qué cortito está esto de comer, abuela.

Se reían, atiborrados de jamón y langostinos. 

Yo recuerdo esconderme entre las cortinas. Había un pasadizo estrecho entre los grandes ventanales y el salón, en el que yo me metía cuando ya no tenía ganas de fiesta. Era chulo escuchar desde allí las risas de los mayores, que se veían tan raros y lejanos. Me sorprendían los temas de los que hablaban, algunos me asustaban, otros los intentaba memorizar para luego preguntar a mi madre... 

Y me planteaba, con cierto vértigo, qué sería de mí cuando yo fuera como ellos.


lunes, noviembre 01, 2021

Felicidad

La felicidad se potencia diciéndotela.

Hay mañanas en las que ni el mundo se ha despertado y ya estoy haciéndome un café para preparar reuniones que sé que van a ser desagradables. Con la cafetera delante me planteo que estoy hasta los mismísimos de esos horarios cansinos, de toda una vida escuchando un despertador a horas inhumanas. 

Entonces miro mi casa y me digo, ¡qué chula! Y pienso en quien duerme a mi lado y me digo, ¡qué suerte! Hago un repaso de la gente que vamos a ver durante la semana y saco una sonrisa. Me acuerdo de mi novela a punto de salir, de la buena salud que tengo, de la que tiene mi familia, de lo emocionado que está Fran con su negocio, mis hermanas con el Pilates, mi sobrino con sus estudios de Informática, mi Betis con sus partidazos; los maravillosos amigos que tengo, la alegría de la ciudad en la que vivo, la buena vida que me proporciona mi empresa, los viajes programados, la dorada que nos comeremos esa noche, los paseos que nos daremos por los escaparates de París en Navidad...

La felicidad hay que contársela a uno mismo, porque a veces se nos olvida.

domingo, junio 27, 2021

Cumpleaños

Es triste felicitar por teléfono el cumpleaños a alguien querido y que te responda con un mensaje preparado, impersonal y anónimo.

Sé que estamos muy liados, pero no cumplimos años todos los días ni tenemos diez mil amigos. Llegamos a un punto de frialdad en las relaciones en que parece que todo se puede programar.

Quizás llegue el momento, o tal vez ya ha llegado para algunos, en que saludes a la gente conocida por medio de mensajes enlatados, para que no te olviden, pero sin comerse uno mucho la cabeza. Hoy es día 23, pues hoy salen los saludos a Marisa, si es lunes, toca preguntarle a mi hermana por mi sobrino. 

Ya ocurre en Navidad, en que recibes felicitaciones huecas, textos cursis a los que no le han dedicado más que el tiempo de reenviar. No hay nada más frío que te digan que disfrutes con tus seres queridos. Suena a alcanfor.

Reenviar, reenviar, reenviar. Te paso la patata, que no tengo tiempo. Pero que veas que sigo aquí.

Nos da miedo quedarnos solos, pero nos curramos poco el evitarlo.

Si alguien se acuerda de ti en un día especial, respóndele al menos por su nombre.

viernes, diciembre 25, 2020

Pavo

Un cliente regaló un pavo a mi padre por Navidad.

Él, ilusionado, lo trajo a casa. Los cuatro hermanos, todos pequeños, lo recibimos alborozados.

¡El pavo estaba vivo!

Le habilitamos un espacio en la terraza, le pusimos nombre y lo tapábamos cada noche con una manta. 
El pavo hacía unos ruidos extraños y, cada dos por tres, alguno de nosotros se asomaba, con cierta aversión, por ver si seguía en su sitio.

Llegó el día en que mi padre se metió con él en la cocina. 

Anoche le preguntaba a mi hermana Mónica cómo fue la escena, porque en nuestro recuerdo particular cada uno tenemos una versión de la muerte del pavo. La teoría más compartida es que mi padre, urbanita, amante de los animales y presa de los nervios, no terminó de hacer bien la faena y el animal corrió por la cocina sin cabeza.

Cuando mi madre abrió la puerta eso parecía el escenario posterior a la matanza de Texas.

Nadie quiso comer pavo y, tengo claro, mi padre no aceptó más regalos envenenados.

jueves, diciembre 24, 2020

Navidad

Para los que hemos nacido en grandes familias, la cena de Nochebuena era la primera ceremonia protocolaria de nuestras vidas. Cada año. Tan pequeños.

Yo, tímido como un perrillo abandonado por entonces, me moría de los nervios. 

La familia de mi madre la componían ocho hermanos. Los primos superaban los veinte. Nos esperaba cada año un recital de besos, achuchones y preguntas. Ya se iba distinguiendo por entonces quiénes eran más llanos, más pijos, más golfos, mas controlados. Pero no eran, en gran parte, sino desconocidos de nuestro día a día.

Las voces subían, el alcohol se hacía dueño de los gestos de los mayores y a nosotros nos organizaban por grupos de edad para que preparásemos obras de teatro y no diésemos mucho el coñazo.

Yo, habituado a visitar esa casa de mi abuela cada viernes, sentía que se invadía mi espacio. 

Cada año cambiaban las relaciones entre los mayores, había enfermedades, mis primos crecían y preparabas inconscientemente las respuestas a las preguntas que te harían.

El tiempo fue, inmisericorde, vaciando esa casa de la abuela. Hoy no conozco casi nada de la vida de esos primos con los que un día me pusieron a preparar obras de teatro entre las risas alcoholizadas de los mayores.

-Abuela, esto está cortito -decía mi tío Pepe cuando llegaban los turrones.

Yo me lanzaba a por el turrón de Suchard y observaba, ya libre, cómo iba muriendo la noche.

martes, diciembre 26, 2017

Woody

Amenazaba lluvia. Decidí adelantarme para evitar las largas colas propias del día de Navidad en el Cine Alameda. Siempre voy con nervios a cada nueva peli de Allen. Puro cine. Da la casualidad de que 'Wonder Wheel' transcurre en Coney Island, donde pasamos uno de nuestros días de vacaciones este pasado verano neoyorquino.

No había nadie en la taquilla.

Esperé a que llegase Fran y entramos. Apenas una pareja y una chica en la gran sala 4 del Alameda.

Las luces se apagan y, desde lo alto de un puesto de socorrista de una atestada playa ambientada en los 50, Justin Timberlake nos explica, tras los imprescindibles créditos jazzísticos, que va a narrarnos una historia de la que él, futuro escritor, es protagonista y cuyo hilo no sabes hasta qué punto es ficción. ¡La magia del cine!

Una historia dura, una Kate Winslet soberbia, el mismo bar de playa donde tomamos hamburguesas Raquel, Iván, Fran y yo. Incluso las mismas cestas rojas y fotos en la pared. Un matrimonio de compromiso por parte de ella, una hijastra que vuelve de una vida fracasada, un niño pirómano...
¿Hasta qué punto podemos abandonar la ética por nuestros sueños?

Las luces me devuelven a una inmensa sala vacía. Salimos a la Alameda para picar un sándwich. ¿Dónde quedan esos cines del día de Navidad?

La vida fluye, sigue, se transforma, ya la gente pasa estos días en casa viendo series de televisión, o fascinados en juegos con la play, con Operación Triunfo, o enredados en redes sociales de las que no soy ajeno... El mundo siempre gira, nunca es nada como era; aunque el cine de Allen consiga meterme durante hora y media en tiempos color salmón para recordarme, a mí, la magia inimitable que rebosa de unas enormes pantallas de cine que tiemblan de no saberse eternas, seguramente inservibles para explicarnos un día, espero que muy lejano, que una vez existieron y nos hicieron felices.