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jueves, diciembre 04, 2025

Onda

Soy un gran lector de clásicos.

Haber disfrutado de Madame Bovary, Trafalgar, La tía tula o La montaña mágica es algo que queda dentro para siempre. 

Lo que sí observo, en mis intentos actuales de acercarme a escritores de hace siglos, es cómo la onda literaria actual vibra en otra frecuencia. La falta de tiempo para el ocio que padece nuestra sociedad hace que se haga bola para muchos el poder pausar los ritmos para leer capítulos largos donde, aparentemente, no pasa nada.

No hay paciencia.

Se pide más emoción, más rápido, más golpes de efecto, menos profundizar.

Es un reto al que nos enfrentamos los escritores actuales: saber narrar en la prisa de los demás.

Cada lector mira cuánto queda para terminar una escena, cómo de largo es el texto de facebook, qué porcentaje del ebook llevo leído, qué grosor le queda aún a la novela. 

Corremos, corremos, sin saber muy bien hacia dónde. Sin pararnos a disfrutar de estar parados. De respirar.

Recomendaría vivamente a Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.

No hay sitio al que llegar.

sábado, julio 10, 2021

Leer

Leer, a mí, me ha proporcionado episodios de felicidad sublimes.

Una novela larga, bien estructurada, con personajes creíbles, una trama entretenida y poesía entre sus líneas es un regalo que queda de por vida en los entresijos de tus vivencias.

Cuántas veces no habré confundido yo la realidad de mi pasado con escenas que sólo ocurrieron entre las páginas de libros que me marcaron. Cuántos personajes no han quedado entre mis mejores recuerdos.

Hay novelas que, de tan sólo ver su cubierta, me provocan emociones muy concretas.

La lectura enriquece, complementa, enseña, emociona, pero no hace milagros.

Conozco a gente muy lectora que tiene menos mundo que un niño mimado. Gente que ha leído toda la obra de Pérez Galdós y Dostoievski que se asusta al escuchar un grito, que no distingue los estados de ánimo en los demás, que mantiene conversaciones aburridísimas y se escandaliza por cualquier cosa.

No se aprende dejando que todos los riesgos los corran tus personajes de ficción.

Leer es riquísimo, pero mucho más lo es el vivir a pleno pulmón.