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lunes, julio 05, 2021

Escudos

Cuando viajé por primera vez por Europa, nada más llegar a Burdeos, descubrí el mundo de los escuditos.

Piezas de tela bordadas con el símbolo de cada ciudad. 

Solían comprarlo los mochileros para coserlo en su petate y así dar muestra de los sitios por donde habían ido pasando.

A mí me encantaba coleccionar, así que me llevé todo el viaje a la caza y captura de los escuditos. París, Bruselas, Gante, Brujas, Ámsterdam, Copenhague, Berlín, Zurich, Ginebra... Lo recuerdo como si fuese ayer. 

Mi mochila era prestada, así que, al no poder coserlos, decidí guardarlos en una caja.

Me llevé veinte años obsesionado con tener el máximo número de ellos. No valía que nadie me los regalase al viajar. Debía ser yo, siempre poniéndome retos. Pero el radio de acción se ampliaba, y en América o Asia esos souvenirs no eran fáciles de encontrar, para mi disgusto.

Con el tiempo me fui dando cuenta de lo tonto que puede ser querer almacenar recuerdos en una caja de metal.

Las experiencias no se miden en escuditos ni viajar es una competición por ver quién recorre más kilómetros.

Los escudos están en el corazón.

domingo, junio 27, 2021

Incaico

Llevábamos tiempo organizando esa cita. Joaquín nos había hablado maravillas del restaurante Noor de Córdoba, un dos estrellas Michelín, en el que no sólo se come bien, nos decía, sino que te tratan con una suerte de coreografía del buen servir con los ojos puestos en el pasado califal de la ciudad.

Allí nos plantamos este sábado, con la ilusión que proporcionan los sueños trabajados.

Tras lavarnos con agua de rosas las manos, nos llevaron a la mesa. Nos explicaron el concepto del menú, elaborado con productos de la época, mucho antes que nos trajésemos patatas, tomates o cacao de América. Nos tenían preparados para la inmersión.

Quien nos explicaba esto era un chaval de orejas desabrochadas que delataba, por sus ojos y por su acento, que él sí venía de ese continente desconocido por entonces. Con una exquisita profesionalidad, ejercía de maestro de sala y daba las instrucciones al resto de personal para ir sirviendo cada plato.

A mí me sigue produciendo un cosquilleo de satisfacción comprobar que aquéllos que un día debieron dejar su tierra, para hacerse con una vida mejor, consiguen triunfar en su desempeño profesional.

Él nos condujo por ese viaje culinario a épocas musulmanas en las que su tierra hablaba inca, quechua o aymará. 

Es maravilloso reencontrarse en igualdad.

jueves, octubre 10, 2019

Monstruos

La democracia crea monstruos.

El sistema menos imperfecto del que los humanos nos hemos dotado requiere evoluciones que impidan que personajes malvados, iletrados y ególatras como Donald Trump puedan llegar al poder.

Aún estamos a tiempo de que los países civilizados legislen para evitar que mentirosos compulsivos con aires de César gobiernen nuestros destinos. Mientras las cámaras legislativas sigan en manos de partidos medianamente sensatos se hace necesario elaborar reglas de juego de las que no se pueda salir. No podemos permitir partidos políticos o dirigentes que se burlen de sus contrincantes a golpe de tuits, sean estos ciudadanos de su país, oponentes políticos o países ajenos al suyo.

Hay que perfeccionar el sistema para evitar que se pueda votar con las vísceras, porque no todo vale. Ya Hitler salió de las urnas.

Una sociedad no puede estar al albur de lo que un fanático decida al tomarse la tercera coca-cola para desayunar tirado en su sofá.

Se proclama defensor de su pueblo a base de enemistarse con todos, de arruinar el comercio mundial, de reírse de los más débiles apoltronado en un PIB inigualable. Ahora los hombres blancos del interior de la América profunda sonríen satisfechos, con la cortedad de no saber mirar más allá, incapaces de reflexionar acerca de un futuro negro cuando los países a los que machaca su dirigente acabarán por arrastrar al planeta entero a una espiral de degradación de la que no escapará el Nerón que se dedicó a incendiar por doquier sintiéndose a salvo de su propia ira.