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lunes, febrero 27, 2023

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Hay un cinco por ciento de impresentables en este mundo.

Es mi teoría.

Cuando tuve un equipo de trabajo de 60 personas, eran tres los que siempre daban por saco; en pandillas de quince o veinte amigos, estaba el mamarracho que malmetía entre todos; si me invitan a un club de lectura, aparecen uno o dos que van allí a reventar la fiesta.

Son muy pocos, pero hacen un ruido muy desagradable, que se te mete en la cabeza y no te deja disfrutar de la gente válida que tienes alrededor.

Yo a todo trato de sacarle punta y pienso, a veces, que son útiles para crecer uno como persona, porque esta gente insufrible puede sacar lo peor de ti, sí, pero también te está retando a que rebusques tus mejores armas para conseguir sortear la amargura que desprenden con la estrategia más elegante de todas, cuando de luchar se trata. Hacer que no existan. Borrarlos del mapa sin que ellos se den cuenta de que conseguiste apagar su ruido sin despreciarlos. Mirar hacia ellos y no verlos. Escucharlos maldecir y sacar media sonrisa. 

Se vuelven pequeñitos y pierden sus estúpidos poderes.

viernes, julio 27, 2018

Contadores

Independientemente de dioses, integro en pensamientos subconscientes el embrujo de una justicia universal que nos arropa desde no sabemos dónde. Algún mecanismo automático o apuntador omnipresente que toma nota, hace fotos, graba conversaciones y vigila cada uno de nuestros pasos. Discos duros espirituales con trillones de trillones de datos en los que contadores individuales almacenan sonrisas como puntos verdes y gritos como rojos, desplantes que descuentan, favores que incrementan. Memorias imparciales que nada olvidan en algún lugar del infinito espacio acerca de lo que fuimos, acotando nuestras virtudes como ventajas para calificar con limpieza comportamientos que no siempre son puros, aliviando las cargas negativas a quienes arrastran dolores congénitos de cabeza o ruinas familiares de las que no fueron culpables. Dispositivos que son más benevolentes con humanos nacidos en Uganda que con aquéllos que crecieron en California, aparatos empáticos que no se censuran, ni se estropean, que no juzgan con sesgo ni evalúan los reconcomes de miedo al vivir, sino que almacenan actos, posturas, alardes, besos y empujones sin atender a pensamientos que no saben descifrar; hadas electrónicas notarias de nuestras líneas de conducta.

El subconsciente tiene esos miedos que la razón ignora, aunque sus teorías sean todo lo difusas que su condición subterránea implica.

Mi subconsciente, en duermevelas pausados de soledades, quiere pensar que en algún lugar alguien sabe cómo fuimos, cómo estamos siendo; tal vez porque mi subconsciente tenga elaborada la teoría de que si no existiera esa justicia sabelotodo la gente no tendría escrúpulos en mostrar su peor cara a escondidas de la justicia humana.

lunes, noviembre 14, 2011

Excusas

Un ejercicio muy sano que comencé a practicar hace tiempo me ha dado muy buenos resultados como persona.

Podría parecer de perogrullo, pero el ejercicio en sí no es otro que tener la gimnástica mental suficiente para evitar a toda costa, ante una pregunta incómoda, buscar excusas.

A nivel profesional, por ejemplo. Siempre hay mil motivos exteriores a uno para justificar decisiones tomadas. 'Es la herencia de mi jefe', 'es la situación de la empresa', 'son los comentarios de la gente' o 'la presión de la dirección' serían, en muchas ocasiones, buenas muletas para torear ante la falta de valor para asumir responsabilidades propias. En cambio, gana tu credibilidad como profesional cuando no tiras de ningún argumento parecido para justificar tus actuaciones.

'He actuado así porque yo considero que es la mejor decisión'.

Cuando las circunstancias aprietan e incomodan, se tiene tendencia a mirar hacia otro lado para encontrar respuestas. Te puedes salvar en una, dos o tres ocasiones, pero acabas pagándolo.

En cuestiones personales es aún más evidente. No hay nada más sano que hablar de frente y, si no te apetece ir a una comida, asistir a un evento o meterte en un negocio 'equis', lo mejor es decir que no. Decir además que no o que sí porque tú no o sí lo quieres. Y, a ser posible, con una sonrisa serena.

En este hermoso período de producción de la película que me está tocando vivir, he recibido llamadas de actores o voluntarios que buscaban una explicación a no haberlos elegido en cuestiones que no venían al caso y yo me esforzaba por abstraerme de todo para asumir mi propia responsabilidad.

'No te hemos elegido porque consideramos que no eres el mejor'.

Asumir las decisiones como propias es un camino para crecer cada día.

domingo, noviembre 07, 2010

Canelones

Desde muchos años atrás mastico una teoría sobre el ser humano.

La teoría de los 'canelones'.

Será por lo que me gusta comerlos.

Imagino nuestra existencia como un gran canelón, ya cocido y sin rellenar, extendido, que se mueve por el espacio.

A cada uno al nacer nos asignan uno de estos cuadrados de pasta blanca, aunque desafortunadamente no todos tienen el mismo, de igual consistencia o tamaño. No te dan a elegir. Te dan un canelón por el que moverte durante el resto de tu existencia. No controlas la velocidad con la que se mueve, ni si hay mucho viento o si éste es más o menos resbaladizo.

En el tiempo de aprendizaje, durante la niñez y adolescencia, vas haciéndote a él, recorriéndolo, paseando de un extremo a otro para calcular el perímetro, los vértices y fronteras. Vas haciéndote a zonas preferidas donde te sientes más cómodo.

Conforme el tiempo avanza y llega el momento de las decisiones, debes aplicarle cirugía y comenzar a cortar. Decides seguir estudiando o no, irte de casa de tus padres o no, tener hijos o no... Y vas marcando el terreno. Decides y limitas el espacio, sin saber que hay decisiones que te llevan a quedarte en el lado pequeño del canelón. El resto se pierde para siempre.

Cuanto más inteligente, sensible, perspicaz, humano, generoso... mejor te mueves en ese espacio siempre limitado. Tienes terreno.

Incluso puedes conseguir estirarlo a base de pasos acertados.

Pero necesariamente hay cortes, pérdidas, trozos de suelo que se te van.

Hay tormentas, temblores, enemigos externos que atacan tu espacio vital, que lo limitan, lo desgastan.

La clave de la felicidad no existe, pero es importante terminar al final de nuestros días con la mayor porción posible de canelón para no acabar constreñidos en el rincón definitivo de las decisiones equivocadas.