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domingo, mayo 03, 2026

Calidad

Dentro de la Dirección de Calidad de cualquier gran industria hay dos divisiones importantes: la Calidad Cliente y la de los Proveedores.

Acostumbrado a batallar media vida profesional en esa dirección, siempre he estado más cerca de la primera, los clientes.

Para gestionar a los proveedores se busca un perfil de rottweiler. Profesionales que sepan azuzar sin más miramientos que conseguir resultados. Un trabajo que exige mucha preparación porque implica conocer al dedillo la tecnología del proveedor.

Los que hemos estado en la división de los clientes tenemos que ser sutiles, empáticos y un punto comercial, para saber contener las crisis con el mínimo daño posible. Aquí la clave es conocer bien tu terreno para no transmitir en ningún caso dudas.

Ahora que lo veo desde fuera y los observo en la máquina de café, me quedo con los de la Calidad Cliente.

Gritar es muy fácil.

miércoles, marzo 29, 2023

Alfombra

Fue la primera vez que visitaba Marruecos.

Se nos ocurrió sobre la marcha y, al no tener los pasaportes con nosotros, la única forma de entrar era mediante un tour organizado de un día completo, que incluía paseo en camello y comida en la medina de Tánger.

¡Qué bien nos lo pasamos!

Veíamos Tarifa desde la Alcazaba de la ciudad, donde jóvenes con chilaba se colocaban serpientes alrededor del cuello, y nos planteábamos cómo podía haber tal salto cultural a tan pocos kilómetros de distancia.

La ruta, en autobús, incluía paradas en el zoco, en tiendas compinchadas con la compañía turística que organizaba la visita. Entramos en una farmacia bereber, en un mercado de especias y en una tienda de alfombras. A pesar de la explosión de colores, y olores, de estos lugares, yo quería que nos sacaran de allí. ¡Había tantas cosas por ver!

—Nos tratan como a rebaño —protesté—, y todo para sacarle los cuartos al turista tonto que se acabará comprando una alfombra —insistí.

Entonces me saludó el de la tienda.

El único que iba con una alfombra a los hombros, en el ferry de vuelta a España, era yo.

miércoles, julio 14, 2021

Juventud

La publicidad, las redes sociales o la música nos están educando de tal manera en el culto a la belleza que los establecimientos de moda o los restaurantes de diseño tienen vetados a quienes tienen más de 30 años o no tienen las proporciones físicas de lo que se considera un cuerpo atlético.

Y esa mancha se extiende a cada vez más negocios que tienen que ver con el trato comercial.

La otra noche estrenábamos uno de esos restaurantes en Sevilla, de una estética espectacular, repleto de buen gusto en cada detalle, y se me acercó un señor bien entrado en la cincuentena a preguntarme si ya estábamos todos en la mesa. Mi primera reacción fue pensar, éste es el jefe. Pero no, era un camarero más, muy eficiente por cierto, atento como pocos al desarrollo de la cena. Quizás porque se le exija un plus, o se lo exija él mismo, a la vista de no cumplir con los cánones que esta sociedad establece para un servicio al público de máxima calidad.

Apartamos a quien envejece o a quien engorda.

A mí me gusta comprar en el Zara que hay por la calle Tetuán, y cada vez que voy miro de reojo por si sigue en la caja la dependienta que lleva tantos años allí, porque las leyes de la juventud que mueven el mundo la tienen condenada a desaparecer en cuanto nos descuidemos, como en 'La fuga de Logan'.

Ponte crema, corre mucho, no te rías, que se te hacen arrugas, bebe agua, cuida el pelo.

Seguro que es más agradable para la vista estar servidos por modelos, ¿pero es sano para nuestra sociedad? ¿Potenciamos lo suficiente la buena actitud?

Hay algunos chavales en sitios de copas que parece que se han tragado un palo, que tienen más tontería que un mueble-bar y que, encima, te miran por encima del hombro. ¿Perdona? 

¿No preferiríamos un tipo profesional con picardía y don de gentes?

La dictadura de la imagen.