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jueves, julio 03, 2025

Nervios

En apenas un rato presentaré mi undécima novela.

Desde aquellos años de la mili en que escribí la primera —llevando un cuaderno escondido a la garita del cuartel—, siempre he sentido el apoyo de quienes han creído en esa parte de mí que disfruta de un oficio tan inútil como imprescindible: contar historias.

El hecho de que me espere un salón de actos lleno para recibir a mi próxima criatura me produce una enorme emoción, aunque sea una emoción ganada a pulso —por todo lo que conlleva de trabajo, disciplina y convicción—.

Sin ti, que me lees y acompañas en cada página, esa satisfacción personal sería menos intensa y esa convicción, menos firme.

Soy despistado para casi todo, pero siempre llevo conmigo a quienes se alegran de mis éxitos.

Escribir historias inventadas que se hagan reales en el corazón de quien las lee es una tarea ardua que exige lo mejor de mí.

Días como el de hoy dan sentido a todo el esfuerzo.

Gracias por estar ahí. 


martes, mayo 28, 2024

Nerva

Cuando Mariángeles nos propuso este sábado ir a cenar a Nerva, en un fin de semana delicioso en la cuenca minera de Huelva, me encantó la idea.

—Nunca he estado allí. —Siempre estoy deseoso de conocer sitios nuevos—. Todo mi contacto con Nerva ha sido un compañero de mili hace treinta años, con el que hice buenas migas.

Allí nos plantamos, tras visitar aldeas perdidas en medio de un paisaje grandioso de montañas suaves y kilométricos agujeros rojos.

El pueblo estaba animadísimo, así que hicimos por buscar sitio para cenar en la plaza del Ayuntamiento. Echamos un rato intenso, en el que protesté contra el mundo por la poca empatía de nuestra sociedad para escuchar a sus semejantes. 

Pasó entonces alguien entre las mesas.

—¡Es él! —les dije—. Mi compañero de mili se acaba de sentar ahí. —En la mesa de enfrente, donde una familia grande estaba pidiendo la cuenta.

No era posible que se alinearan tantas estrellas.

—Acércate —me animó Fran.

Negué con la cabeza. No se acordaría de mí. 

—¿Y si no es él? —protesté, pero no tenía dudas de que lo era.

Martín me insistió.

—No vale arrepentirse mañana por no haberlo intentado.

Me levanté y me acerqué a su mesa. Aparecí por detrás de él. Recordaba que se llamaba David.

—Perdona, ¿tú hiciste la mili conmigo?

Él se giró.

—¡¡¡Navarro!!!

Y nos fundimos en un abrazo.

En mis novelas, la vida es así.

lunes, abril 03, 2023

Tepesa

Tardé en empezar la mili lo que se me alargó terminar la carrera de Ingeniería. 

Podía haber optado por la objeción de conciencia, pero quería que ese capítulo de mi vida pasara lo antes posible, así que me enfundé en el traje de soldadito español en cuanto aprobé el último examen.

Fue una experiencia surrealista. Sacaba varios años a los reclutas, debido a mis prórrogas de estudio, lo que me dejaba aún más fuera de contexto.

Que me trataran como a un bulto con ojos me repateaba. Me gustaría decir que era diferente, pero no. Estuve allí y puedo opinar. En ese mundo era habitual la colleja al desfilar, el grito chusco al despertarte, el comentario de desprecio al que no llegaba. 

Cuando terminé la instrucción, y ya por fin podía dormir en casa, me programaba el despertador a las seis de la mañana para estar en estado de revista para la izada de bandera.

Iba en mi vespa. 

Justo antes de llegar al portón de entrada, había una indicación de tráfico que señalaba una fábrica de aceite, de la empresa Tepesa, que se encontraba a las espaldas del cuartel.

Todos los días, cuando aún la ciudad no se había despertado, veía ese cartel.

Tepesa. 

Y todos los días gritaba al viento.

—¡Muchísimo!

domingo, mayo 08, 2022

Tres

Mi primera novela la terminé en la garita del aceite.

Así llamaban a uno de los puestos de vigilancia del cuartel de Caballería de Sevilla, donde me tocó hacer la mili.

La historia se llamaba 'Tres' y no sé si habrá dos o tres ejemplares, en papel fotocopiado y encuadernación de anillas, entre mis amigos. Sé que Irene tiene uno, lo que siempre me tranquilizó porque quizás llegue el día en que quiera volver a leer lo que escribí en esos años de enorme pulsión dramática, para lo bueno y lo malo, en los que se desarrollaba mi vida.

No puedo sino recordar con nostalgia, desde la distancia, esas guardias eternas, algunas heladas, en las que yo dejaba el Cetme en el suelo, sacaba mis papeles y mi boli, y me metía en el mundo de esos tres universitarios que compartían su amor.

Creaba con tanta pasión esa historia que los reclutas con los que compartía guardia, aburridos como ostras, esperaban a que les contase cómo transcurrían los nuevos acontecimientos de mi novela. Creían en mí.

Es curioso cómo uno hace cuentas con su pasado. Yo me veo vestido de militar y me siento el mejor escritor del mundo.

viernes, agosto 27, 2021

Sargento

Por no verme condicionado por las prórrogas, no me hice objetor cuando me tocó hacer la mili. Quería quitarme el 'muerto' de encima cuanto antes para empezar a trabajar.

Así que la empecé cuando terminé la carrera, desfasado respecto al resto de reclutas, a los que sacaba cinco o seis años.

El día de mi cumpleaños, en plena instrucción, esperaba como un tortolito más en la fila para entrar al comedor del cuartel. A voz en grito señalaron que empezaba nuestro turno y el sargento que había a mi lado me soltó un palmetazo en la coronilla, sin venir a cuento, para que me diese prisa.

Ha sido el momento en que más cerca he estado de perder los papeles y devolver el guantazo.

Si yo recuerdo como el momento de mayor vejación personal en mi vida ese tortazo de una persona que se servía de su jerarquía para hacer de las suyas, no quiero imaginar lo que podrá sentir una mujer a la que, contra su voluntad, un hombre la somete, la reduce y la viola.

No hay posible perdón con quien abusa de su fuerza para someter a otra persona.