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jueves, marzo 05, 2026

Carmen

"Salva, vente a Valencia", me animó Carmen Estellés hace unos días.

Allí se reunía con dos amigas, Jone y Ana, que llegaban desde Bilbao y Zaragoza para visitarla.

Vi que esos días estaba en Valladolid, que este viernes tenía el estreno de la obra de mi querida Carmen Tamayo, que no me cuadraban las fechas y me disculpé, dolido por no tener la libertad de unirme a ellas.

El jueves me envió fotos desde la plaza de la Catedral. 

Se conocieron a través de mis textos de cada tarde, de comentarlos.

¿Quién me dice que no merece la pena este abrirme en canal diario?

Solo por esa foto, por la amistad entre ellas tres, ya todo tiene sentido.

sábado, octubre 04, 2025

Telediario

Los días de trabajo en que como en casa me puedo permitir una pequeña siestecita, con despertador, mientras suena el telediario. De tal forma que mis sueños, tan reales, se contaminan de la actualidad informativa, y así aparezco agotado cuando suena la alarma.

He aprovechado ese tiempo de descanso para excavar túneles enormes para reconducir las aguas torrenciales y evitar que otra DANA se lleve por delante a los pueblos valencianos, me he dedicado a destruir drones rusos con un tirachinas mastodóntico o he viajado a Gaza para preparar grandes potajes a chavales desesperados.

El sonido del teléfono me recuerda, sin piedad, que no he hecho nada más que dormir.

martes, diciembre 03, 2024

Fango

Ha sido tan impactante el último mes con las trágicas noticias de Valencia que las pesadillas se han hecho presentes de forma continua.

Si a eso le unimos los diez días que pasé en Roma, donde quedé subyugado, los dos acontecimientos, el personal y el humano, se unen en un delirio nocturno que me hace no parar de dar vueltas en la cama.

Me desperté el domingo tras pasar toda la noche entre ruinas romanas llenas de barro, así que, perdido, me planté en el centro comercial de mis sueños. 

Una señora, al verme tan sucio, se me acercó y me tendió una tarjeta.

Es mi negocio, ¡ven!, te voy a vestir nuevo de la cabeza a los pies.

Yo leí el nombre del negocio, 'El trenecito de las algas'.

¿El trenecito de las algas?

Ya desayunando, se lo conté a Fran.

¿Existe algún negocio que se llame así?

Él me pasó la tostada y la mantequilla.

Estás como una regadera, Borete.

viernes, noviembre 01, 2024

Muertos

Los muertos son más muertos cuando te cogen cerca.

Empatizas más si cabe porque escuchas los gritos de desesperación en tu idioma, porque la fisionomía de los pueblos es muy parecida a la de los tuyos, porque, sin tiempo a analizarlo, sientes que esas personas son parte de ti.

Ya no es solo que uno vea que la catástrofe no es un imposible, sino que conoces personas con nombres y apellidos que viven allí donde aún se busca a los muertos.

Ahora es tiempo de demostrar lo que queremos a nuestro país, no con proclamas políticas ni golpes de pecho. 

Nos tenéis aquí.

Vamos a salir de esta.

sábado, octubre 30, 2021

Agostini

Yo aprendí francés con Planeta-Agostini.

Era un chaval y bajaba cada semana a comprar un fascículo. ¡Hasta 96! Y me los estudiaba todos. Con un casete. 'Écoutez-Répétez'. Yo escuchaba y repetía las veces que hiciera falta.

Lo fui mejorando leyendo a Anna Gavalda, Amélie Nothomb, Françoise Sagan... o escuchando a Zazie. Siempre las mujeres para facilitarme el camino.

Así que cuando me fui a vivir a París con treinta y tantos años, mi francés era muy académico.

Mi amigo David, en cambio, se encontró con el idioma de sopetón. Renault lo contrató y lo envió a Francia, donde nos conocimos, sin saber ni papa de francés. De modo que lo aprendió en la calle, en charlas de café, en bares de copas.

Cuando nuestra 'mamá francesa' Brigitte nos invitaba a su casa a comer, casi a diario, nos decía que parecía tener sentados en la mesa a un pijo de clase alta y a un antisistema del extrarradio.

¡David! —interrumpía ella.

Le corregía a cada momento por los tacos, las expresiones malsonantes y las barbaridades que decía, sin él ser consciente. Se limitaba a repetir lo que escuchaba.

En París conocimos una noche a una francesita divertidísima, que hablaba el español tal como David hablaba el francés. Estaba enamorada de España. Tanto es así que encontró trabajo en Valencia. En la última entrevista antes de contratarla, le preguntaron:

Estamos interesados en ficharte, pero tenemos dos posibles puestos y nos gustaría saber cuál es el que preferirías.

A lo que ella respondió, en su español callejero:

A mí me la trae floja.

Y se fue a Valencia.

miércoles, febrero 17, 2021

Blanco

Comenzar a escribir una novela es tan duro como desafiante.

Ya tengo en mi cabeza la trama, jugosa de sangre caliente, diferente en su concepto, a estas alturas ya irrenunciable, avasalladora como reto.

Sin embargo, los personajes yacen inertes en la palma de mi mano. Algunos apenas balbucean, otros andan despistados, confusos. No todos saben aún cuántos hermanos tendrán, cómo será su físico, dónde vivirán, incluso si seguirán llamándose así o les cambiaré de empleo. Se miran y se ven muy parecidos entre ellos, cuando hablan no encuentran su tono, ni saben todavía reír.

He empezado a moldear a Lara, una valenciana de mediana edad que huye del Brexit con su hijo, al que cambié ya tres veces de nombre antes de saludarme el encargado de un restaurante, Abel, que lo bautizó, sin saberlo.

Con todos sus ahorros invertidos en un pequeño hotel en Sevilla, mi protagonista tiende a venirse abajo más de lo que yo deseo, así que le busco secundarios que la animen, que le hagan compañía, que le descubran las cualidades que atesora tras media vida como madre soltera en Londres.

Dudo si traer a su madre, ya mayor, desde Valencia, para que la cuide. O darla por muerta.

Decidí, como un electroshock, que la primera frase de la novela fuese el mayor golpe de efecto de la historia, pero ha dejado a Lara aturdida.

Pensé que su historia la narrase alguien desconocido, pero vi que no, que no hay mejor forma de contar su historia que a través de la pluma de quien más apasionadamente la quiso. Maxi.

¿Lo llamo Maxi?

Llegará un momento en que todas mis criaturas se me alboroten, tomen decisiones a pesar de mí, adquieran personalidad, tono, textura, sustento; pero aún están lejos los días en que mis manos teclearán solas la historia. Ahora necesitan de mi oxígeno y mi paleta de colores. Toda la energía la pongo yo, lo que me trae destrozado. Me despierto a medianoche pensando en ellos. Escucho conversaciones, veo películas, oigo música, leo novelas como ávido ladrón de detalles para mis personajes.

Tengo todos los avíos del puchero, ahora toca encender el fuego. 

Ya no me puedo separar de la lumbre.

sábado, octubre 10, 2009

Paella

A mi modesto entender, el principal desaliento de toda la burbuja de estiércol aparecida con el caso Gürtel no es ver la cara de pijo revenido de Ricardo Costa intentando justificar lo injustificable, ni la risa socarrona de Francisco Camps contestando lo buena que está la paella valenciana cuando le preguntan por todo el dinero que él ha visto pasar por debajo de las mesas, ni siquiera la vergüenza ajena que supone escuchar las conversaciones con ese personaje llamado Bigotes (¡pidiéndole a este tipejo cambios en el gobierno de la comunidad!). No. Para mí el principal desaliento es que la sociedad valenciana mire a otro lado, que todas las encuestas digan que el PP volvería a obtener mayoría absoluta.

Ocurre de forma similar en la ciudadanía italiana, que aún apoya en más del cincuenta por ciento al chulo de Berlusconi, un desvergonzado machista, amenazador, engreído, chantajista que no sabe otra cosa que gritar más alto que el resto para intentar callar con dinero a quien piensa diferente.

Tenemos lo que nos merecemos.

No imagino a una sociedad como la sueca o la holandesa permitiendo este tipo de comportamientos. Allí ya llevarían varios meses fuera de la vida política, no me atrevo a decir en la cárcel, aunque lo piense, los Costa, Camps y compañía.

Estos son los que quieren dar 'Educación para la Ciudadanía' en inglés, porque ya que hay que darla, que al menos los alumnos no se enteren.

¿La ética?

Déjeme de ética, que a mí lo que me gusta es la paella valenciana.

Gente miserable.