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sábado, marzo 23, 2024

Noche tenebre

No hizo falta más que una mirada para entendernos.

Aquello nos había impactado.

Desde ese día nos juramos que había que volver a repetir.

Era Jueves Santo y habíamos llegado a esa iglesia por puro azar, tras una larga caminata por las calles comerciales de Florencia. Serían las ocho de la tarde.

Al abrir la puerta, dudamos si podíamos entrar, pero entramos. Allí estaba pasando algo indescriptible. Un espacio inmenso de incienso y velas, con las estatuas de los santos tapadas de terciopelo negro y cientos de mujeres, vestidas como vírgenes, arrodilladas frente a una capilla. Sonaba música de órgano, mientras cantaban con voz muy baja.

Sin hacer ruido, Fran y yo nos situamos lo más camuflados que pudimos, entre las bancadas.

Era la 'noche tenebre'.

Mañana salimos para Florencia, abducidos por esa noche, en ese sitio, a dejar el espíritu correr como quien saca a un perro por la montaña.

martes, octubre 18, 2022

Bethania

Eran las tantas de la madrugada y yo había pasado la noche en la discoteca donde ponían copas mis hermanas.

Estaba descubriendo la vida, todo por entonces era novedoso, incluso esaos chupitos que me hacían perder, por primera vez, la compostura.

Mi amigo Quino estaba en Brasil de prácticas y me trajo un disco de María Bethania, con quien caí rendido de inmediato. Tenía puestas sus canciones a todas horas y las sabía recitar con un portugués destartalado.

Esperé a que mis hermanas terminaran de currar, ya casi amanecía, y les propuse, a ellas y sus amigos, con la borrachera propia de un adolescente, cantarles una canción de la Bethania.

Chega de tentar, dissimular e disfarçar e esconder o que não dá mais pra ocultar... Aún recuerdo hoy la letra, de esos tiempos, en carne viva.

Los tenía en corro, en torno a mí, pero tantos ojos me hacían perder el hilo de la letra. Se reían a carcajadas y yo suplicaba por que me dejaran empezar de nuevo.

Chega de tentar...

Y me perdía otra vez. Iba perdiendo el equilibrio. Abría los brazos para cantar y volvía a equivocarme. 

Así hasta que me caí de espaldas, en forma de cruz. No tuvieron reflejos para evitar la caída y allí seguía yo, bocarriba, cantando por la Bethania.

Desinhibido, dolorido, feliz, con todo el futuro abrazado en esos brazos abiertos.

lunes, agosto 22, 2022

Saliva

No hay como tragar saliva para delatarte, sobre todo cuando lo haces en la oscuridad,  a solas con otra persona, y el silencio invade el espacio,

Que el otro escuche ese sonido incontrolado de líquido atravesando la garganta es la más bella declaración de amor, porque es tu cuerpo entero el que habla, descontrolado, independiente de la razón.

Tengo la suerte de que me pase a menudo, cuando la noche ya solo queda para nosotros y la ciudad duerme. Unas veces yo, otras Fran, perdemos el poder de nuestro gañote, emitiendo ese ruidillo que nos delata, mientras sabemos que nos miramos sin podernos ver.

La mejor recompensa es, a los pocos minutos, escuchar al otro tragar saliva. Es el clímax del amor. 

sábado, enero 23, 2021

Abrazo

No hay momento más feliz que cuando lo abrazo antes de dormir.

Fran siempre se queda frito antes que yo, mientras yo leo o veo alguna peli. Es justo tras apagar la luz o la tele cuando el silencio se apodera de todo. No es una oscuridad que asuste.

Paso mi brazo por encima de él hasta rodearlo y él, dormido, lo agarra con fuerza en su pecho. Yo me acoplo y me abandono al placer de atravesar la frontera nebulosa entre los mundos que separa el sueño.

Caigo, dulcemente, como envenenado por un cianuro infantil.

No hay mayor felicidad que ese brazo perdiendo la circulación sanguínea. El Fran dormido lo aprieta en sueños que no recuerda. No sé a qué hora será en la que nos recolocamos. Yo trato de girar y Fran se aferra, en su mundo onírico, a mi brazo aprisionado.

Él no cree, con la luz del día, las cosas que yo le cuento.

Lo más hermoso es confirmar, en los escasos instantes en que recupero el contacto con la realidad, que siempre buscamos un punto de contacto. Los pies, las caderas, las manos, un dedo... Hay carne con carne.

Nos buscamos.

Cae cada día la noche y ansío el momento cumbre. Apago la luz y cruzo mi brazo alrededor de su pecho. Él, dormido, lo agarra y yo subo al cielo.