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viernes, septiembre 26, 2025

Prisas

Iba con mucha prisa en coche para llegar a tiempo a una reunión cuando, a cien metros de llegar, el de delante puso los intermitentes.

Me prohibí tocar el claxon.

La puerta del copiloto tardó en abrirse y de allí salió una mujer en la cincuentena, con una delgadez extrema, que no tenía apenas fuerza para cerrar el coche. Había un inmenso dolor en su rostro. Aún así, al pasar por delante de mí, tuvo la gallardía de levantar la mano para pedirme perdón por los treinta segundos que me había hecho perder.

Bofetadas así son necesarias.

lunes, abril 28, 2025

Compasión

En una de esas cenas que nos regala la vida, Elisa, querida amiga y reumatóloga, nos hablaba de su nuevo residente MIR.

—Un joven brillante —decía—. Memoriza términos imposibles, tiene siempre la respuesta perfecta.

Eficiente, comprometido, dispuesto. Pero distante con el paciente.

Elisa, tras observar todo su potencial, le propuso darle un consejo. Él, pensando que le recomendaría algún libro o curso, le respondió que sí.

—No te desprendas nunca del espíritu compasivo.

jueves, agosto 03, 2023

Mataderos

Me narraba mi prima la visita a un matadero de cerdos en Extremadura.

Del mismo modo que me comentaba lo higiénicas que eran las condiciones, con los hangares limpios y cada cosa en su sitio, me explicaba el terror de los animales al ver que los van a matar.

—¡No imaginas los gruñidos de pánico! Ellos lo saben perfectamente—me explicaba, conocedora de esa industria.

Yo, omnívoro como soy, sufría con el relato. No es un sufrimiento naif, infantil, modernito, podemita o como se le quiera adjetivar. Es una cuestión de empatía con el animal. ¿No hay otra forma de hacerlo que no implique ponerlos en fila india, oliendo sangre y viendo a sus compañeros morir? ¿No podemos aplicar la compasión a la industria y dormirlos dulcemente antes de sacrificarlos?

A mí no me vale el discruso de 'eso siempre ha sido así'.

Avanzar como sociedad es también ser más humanos con quienes no tienen posibilidad de defenderse.

martes, junio 20, 2023

Pena

Hay gente que me produce mucha pena y es un sentimiento que quiero desterrar de mí.

La pena es degradante, para el que la siente y para aquel que la provoca. Es fea, incluso, la palabra, donde se encierran, con nada que destapemos, la prepotencia del que la siente, un tufillo desagradable que nos envenena, el estigma de quien es mirado con compasión.

La pena hay que transformarla, en cuanto se nos aparece, en comprensión, es mucho más sano, en empatía, porque nadie está a salvo de ser mañana objeto de ese misma reacción por parte de otros.

¿Quiénes somos para pensar que el otro es más infeliz?

jueves, noviembre 10, 2022

Pena

Hay gente que se mueve por la pena.

Yo era así.

A mí, de jovencillo, se me presentaba cualquier amigo con un drama y a mí me volvía loco. Era un atractivo más, así de chungo era yo. En mi subconsciente tenía establecido que una persona que había sufrido mucho era, de por sí, más interesante. Cada muerto puntuaba, cada enfermedad, cada ruina familiar que me contaban me hacían más excitante el relato. Yo era un necrófilo que se regodeaba en enamorarse del desgraciado.

Quizás fuera porque yo había sufrido mucho de adolescente, tal vez era por sentirme un bicho raro, pero era una persona necrófila.

El paso de los años me fue abriendo los ojos hasta conseguir pasar del negro al blanco luminoso.

Me sigue conmoviendo el dolor ajeno, mucho, pero ya no constituye una cualidad que convierta a esa persona en alguien por quien necesariamente apostar. Encontré el antídoto contra ese enganche.

He necesitado media vida para darme cuenta de que no se puede utilizar la pena como reclamo. 

jueves, octubre 06, 2022

Relaciones

Que las relaciones humanas se rigen por una relación de equilibrios es de las lecciones más difíciles de aprender.

Por mi vida han pasado no pocas personas que me han atraído mucho, a las que me encantaba escuchar hablar o su forma de enfrentar los desafíos, y que sin embargo no vieron el atractivo personal en mí. 

Admitir que uno no gusta a gente que te interesa es una pastilla difícil de tragar, pero el ser humano funciona así.

Se puede intentar estirar las relaciones a base de compasión, coacción o estratagemas, pero cuando una de las dos partes no siente necesidad de la otra poco hay que hacer.

Cuando se echa en cara a alguien que no devuelve la llamada, que no se acuerda de su cumpleaños, que no le invita a una cerveza, no tiene argumentos sólidos. Si no lo hace es porque no le interesas, al menos no lo suficiente.

No se pueden echar en cara las emociones y preferencias de cada cual.

Entenderlo a tiempo es vivir mejor.

No vale arrastrarse.

domingo, septiembre 04, 2022

Amargado

Cuando alguien me insiste en que está amargado, y no me lo dice una vez, sino trescientas, que todo le va mal, que su vida es un desastre, yo le doy la razón.

—No querría verme en tu piel —le digo.

Es algo que choca, porque lo que el otro espera es compasión. Escuchar que no, que es muy válido, que seguro que la vida le va a sonreír, que todo es cuestión de tiempo.

Cuando le dices que tiene razón, que es una persona realmente amargada, la reacción suele ser positiva, porque le sacas de su bucle de pena para defenderse.

—¿Tan mal me ves? —Te preguntará, con cara de mosqueo.

No soy partidario de dar combustible al que se quiere quemar, sino ponerle delante un espejo grande en el que vea que está a punto de arder.

Cuando alguien te dice 'qué tonto soy', lo último espera escuchar es:

—Sí, eres tonto.

lunes, abril 26, 2021

Titubeos

Nuestro racismo se nutre de buenas intenciones.

Esta pasada semana estaba en una conferencia telemática y descubrí que uno de los participantes, alto directivo de Renault, era negro, con apellido y acento africanos.

Mi primera reacción fue de alegría. Mi empresa continúa por el buen camino de integración, pensé.

Mientras él hablaba acerca de su proyecto técnico, yo imaginaba los méritos que tendría que haber hecho para llegar a esa posición de privilegio, tanto en lo laboral como en lo social. Pensé, no sé si erróneamente, que sus pasos habrían sido controlados con lupa, que habría tenido que superar prejuicios y desconfianzas, que debía valer más de la media.

En ésas, este hombre se atrancó en su explicación.

Desde mi mesa, a dos mil kilómetros de distancia, me puse en tensión, a la espera de que retomase el hilo conductor de su exposición, que no tardó en hacer en menos de dos segundos.

Suspiré aliviado, como si ese hombre hubiera superado una prueba y un pequeño desliz pudiera echar abajo su imagen triunfal.

¿Por qué esa condescendencia en mí hacia él? ¿Quién soy yo para perdonarle la vida?

No nos habremos curado del racismo mientras no seamos capaces de ver al otro sin las gafas de la compasión.

La igualdad implica sentirse iguales, no aparentar que nos lo creemos.

lunes, abril 19, 2021

Queen

Sentada en un banco de madera, sola, de riguroso luto, la reina de Inglaterra acompañaba el féretro de su marido.

Me ha producido una enorme compasión.

No porque ella merezca más pena que cualquier otra persona que pierde a un familiar, más incluso cuando éste había vivido bien y rozaba los cien años, sino por lo que representa esa imagen.

Era compasión hacia el ser humano en su complejidad.

Compasión por nosotros mismos.

Un fogonazo de ternura por lo que somos.

No hay oropeles, ni fortunas, ni liturgias que puedan consolar a quien pierde a un ser amado.

Una persona frágil, anciana, perdida en su soledad, llora en un banco de caoba de una iglesia monumental, llena de banderas, de obispos, de futuros reyes, a quien le acompañó toda su vida.

No hay corona que pueda con la muerte.

El dolor es el mismo.

Agudo e inconsolable.