x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Aficiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aficiones. Mostrar todas las entradas

miércoles, julio 01, 2026

Ciudades

Siempre escribiré de las ciudades que me enamoran, pero nunca despreciaré en público aquellas que no me gustan.

No sería yo, porque no veo necesidad.

Cuando alguien tiene la fortuna, como tengo yo, de tener cierta capacidad para transmitir a un público heterogéneo, lo mínimo que me tengo que exigir es no dañar gratuitamente. Quien habla de ciudades habla de profesiones, de aficiones, de hábitos.

Vivimos una época en la que se aplaude el comentario soez.

Ahí no me encontraréis, porque no sería yo.

jueves, septiembre 15, 2022

Pasión

Me apasiona la gente apasionada.

Cuanto más concreta es su pasión, más fan me vuelvo de ellos. No es lo mismo que me digan que les gusta la música británica, que confesarme que no podría vivir sin escuchar a los The Mission.

Es una atracción fatal. En el momento en el que alguien empieza a hablar en detalle, con devoción, de un tema muy específico, yo caigo rendido. Bien sea de las algas del mar de China, de la Segunda República española o del repertorio completo de las óperas de Verdi.

Quizás porque no soy experto en nada, me gustan aquellos que sí lo son, que se desviven por una afición que defienden con todo su corazón.

A mí me aburre escuchar historias sobre lugares comunes, prefiero mil veces sumergirme en tu habilidad para componer collages con telas de Filipinas.

lunes, enero 04, 2021

Afición

La falta de aficiones conduce a la depresión.

Hablo por la experiencia que me da observar, a gente que quiero, hundirse en el marasmo de lo negro cuando la vida les ofrece la posibilidad de tener todo el tiempo para ellos. 

Les llega, por ejemplo, un merecido período de jubilación y la euforia inicial de sentirse libres para hacer lo que les dé la gana se convierte en pánico a no encontrar nada interesante que hacer. 

Otros, más jóvenes, consiguen estabilizar su vida laboral o, simplemente, confirman que han llegado a su techo profesional. Entonces, ¿qué?

¿Qué se hace con una vida dedicada a tu profesión cuando tu profesión deja de existir o motivar?

Hace unos días almorzaba con un amigo que pasaba por Sevilla estas Navidades. Su pareja se había prejubilado con unas condiciones inmejorables de edad y dinero. Tienen una casa maravillosa en la costa, proyectan comprarse un pisazo en Madrid y mi amigo no llega a los cincuenta años.

-No necesito trabajar.

Yo le pedía que me definiese un día cualquiera en su vida actual.

-No tienes que examinarme, Salva.

Pero no me mostraba ilusión por ningún proyecto en concreto.

-No te quiero examinar. Sólo sé que te aprecio mucho y quiero saber qué vas a hacer con tanto tiempo regalado. Porque cuando te des cuenta te habrás lamentado de haber dejado pasar los años, volando, entre paseos al gimnasio y visitas a Madrid.

La vida está llena, pienso, cuando tenemos algo que construir.

domingo, noviembre 29, 2020

Objetivo

Nunca debe ser uno todo lo que quería ser.

Lo hermoso y aterrador de la vida es que ésta siempre quiere más. No hay objetivo que la sacie, porque se lo traga del tirón y pide algo más sabroso aún.

De ahí que sea fundamental el establecer varias líneas de progreso en tu visión a medio plazo de tus sueños. 

Si echas toda la fuerza de tu ilusión en promocionar en el trabajo llegará un momento en que no podrás avanzar más y se te vendrá el mundo encima. Si toda tu ilusión es ganar un campeonato deportivo, llegará el día en que comprenderás que ya no hay campeonatos en los que participar.

Me gusta la gente que se diversifica, que toca muchos palos, que tiene grupos de amigos diferentes, que muere con aficiones alejadas entre sí.

Apagar el despertador cada día se hace muy cuesta arriba cuando no hay dos o tres metas claras que te motiven a saltar de la cama. Metas que nadie viene a poner por ti. Proyectos que hay que trabajar desde el interior. Adaptados a tu edad, a tus capacidades, a tu economía, a tus tiempos; pero sobre todo a tus ilusiones.

Recuerdo que mi padre, ya muy mayor, se llevaba las tardes organizando en cuadernos la cronología de los reyes de España. Siempre estaba entretenido. Cuando se cansaba de los reyes se ponía con los escritores. Cada vez que iba a su casa tenía una novedad que comentarme sobre Carlos III o sobre Emilia Pardo Bazán.

Al horizonte debemos fabricarle señuelos por alcanzar.