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domingo, octubre 03, 2021

Hostia

Estaba trabajando en Valladolid en las fechas en que la ciudad celebraba las Fiestas de San Mateo.

La parte alta de mi espalda, por esos días, andaba muy dolorida, lo que no me coartó para adentrarme por las calles del centro y así investigar en qué consistía esa celebración.

Los andaluces, educados en un castellano suave, de pronunciación redondeada, siempre nos sorprendemos con el español de las gentes de la Meseta, tan marcado en sus terminaciones, categórico, rotundo.

Me paseé entre las casetas, sin decidirme a instalarme en ninguna. Ofrecían cervezas, vinos, pinchos, quesos, cubatas. Yo sólo pensaba en la espalda y entendí que un par de cañas no vendrían mal para olvidar la punzada continua cerca del omóplato. Esa misma tarde había ido a un fisio y me había rociado bien de una crema que olía a eucalipto.

—Déjatela unas cuantas horas, para que haga efecto.

Por fin me introduje entre la multitud para pedirme mi cerveza.

El camarero olió la crema de mi espalda y soltó a voz en grito.

—¡Aquí alguien se ha pegado una hostia! Dios, ¡que me huele la caseta a Reflex!

Yo me hice el loco y salí de allí. 

¡Cómo impone el castellano de Castilla!


miércoles, marzo 17, 2021

Subjuntivo

Muchos vascos, en castellano, usan el condicional en vez del subjuntivo. Y a mí me produce mucha ternura.

No sé si es porque tiene un sesgo infantil, pero cuando dicen 'si yo tendría suerte' en vez de 'si yo tuviera suerte' a mí ya me tienen entregado.

Este pasado verano, que lo he pasado casi en su totalidad viajando por tierras vascas, tuve la ocasión de comentarlo con un guipuzcoano recio y sabio al que aprecio horrores. 

—Román, ¿en euskera existe el subjuntivo? —pregunté, inocente.

Se me paró en redondo, en medio del paseo de Azkoitia por el que caminábamos.

—¿Quién te ha dicho semejante tontería?

Entonces le expliqué mi teoría. Yo entendía que al utilizar el condicional, en castellano, era porque hacían una traducción directa del euskera.

En esos mismos días se lo comenté a Josu, mientras nos invitaba a una cena en su casa de Donosti.

—Pero, Salva, ¡si nuestro subjuntivo es precioso!

Entonces empezó a jugar con los vasos, los cubiertos y la ensaladera, como si fueran sujeto, verbo y predicado, para explicarnos cómo se construían las frases en euskera. 

—Vamos a simular la hipótesis —me proponía— de que tu quisieras pescado.

Efectivamente, el subjuntivo en euskera es precioso.

Cómo llena el alma que alguien te explique las cosas con pasión.