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lunes, octubre 12, 2026

Palomas

Cuando observo con atención a las palomas, entristezco.

No tengo más que abrir la ventana del salón para asomarme, de forma anónima, a su mundo: se han apropiado del tejado del convento sin vida que domino desde lo alto.

Me fijo en una, la de los dos puntos negros, y la sigo mientras me tomo el café, como un Rodríguez de la Fuente urbano. Compruebo entonces cómo llega la más barrigona y la expulsa de su rincón, para volar hasta la espadaña de la iglesia de Santa Clara. Allí donde el sol no la deja en paz. Baja entonces al borde del muro donde se asoma un naranjo, hasta que otras, grises, se le colocan al lado a bailarle danzas que ella no quiere soportar. Vuela hacia donde yo. Por momentos me mira.

Yo la invitaría a café.

miércoles, septiembre 24, 2025

Palomas

Los días en que teletrabajo solo me acompañan las palomas del otro lado de mi ventana.

Cada poco, se asoman, me miran y se van.

Yo hago lo mismo. 

No sé hasta qué punto nos envidiamos.

martes, diciembre 07, 2021

Paloma

Me voy a hacer un pequeño Félix Rodríguez de la Fuente.

Tengo una paloma que me distrae y me interesa por igual. Se coloca al otro lado del gran ventanal de mi salón, en un pequeño saliente que le permite caminar de un lado a otro.

Es muy cotilla. Se pasa las horas asomada a mi salón a través del cristal. Es muy estúpida, porque no deja que sus compañeras ocupen ni un centímetro cuadrado de su espacio. Es, además, escandalosa, porque hace unos ruidos que yo no imaginé que un animalillo así pudiera hacer, una especie de mugido de toro, apagado pero insistente. Es maniática, porque cada cierto tiempo esconde una de las patas bajo el plumaje. Y se hincha cada dos por tres. Como un pavo real. Quizás porque es la más coqueta de entre todas las que se asoman a mi ventana. Tiene un plumaje azul y unos ojos verdes que encandilan.

Hasta hace poco no sabía si siempre era la misma, pero le he encontrado una mancha, un punto negro en la barriga, que la delata.

A mí me gustaría saber qué le pasa, si tiene algún dolor, si se protege de algo, si está tramando alguna venganza o si le gusta el suelo de mi casa, porque no deja de mirarlo.

Yo me siento a teletrabajar, con toda mi concentración puesta en el informe que tengo que realizar para una fábrica en la India y, de golpe, me veo con los ojos grabados en mi amiga, con el pecho hinchado, la pata en alto y dando picotazos a mi ventana.

¡Qué querrá de mí!