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Mostrando entradas con la etiqueta Tontos. Mostrar todas las entradas
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jueves, diciembre 18, 2025

Media hora

Desde siempre, he encontrado un disfrute total en mi primera media hora de jornada laboral.

Más incluso en invierno, cuando la ciudad está a oscuras y aun no has interactuado con nadie. Ese rato de abrir correos, de organizar tareas, de revisar indicadores. El cosquilleo de sentirte útil.

Luego viene la primera llamada, el marrón del día, las urgencias imprevistas, el tonto de turno, el café.

Y ese disfrute se difumina para convertirse en trabajo de trabajar, sin ninguna poesía.

lunes, julio 17, 2023

Hans

La tarde del sábado me la pasé recorriendo la isla de Hans. sin salir de casa.

Descubrí que allí puedes pasar, caminando, de Europa a América y de América a Europa y la historia me fascinó.

Cuando se establecieron las fronteras entre Canadá y Groenlandia, una reunión autónoma de Dinamarca, se dieron cuenta de que la línea trazada en el mar atravesaba por la mitad esa diminuta isla deshabitada, apenas una roca de un kilómetro de ancho y otro de largo situada en un paisaje inhóspito.

Empezó entonces la guerra del whisky, la más pacífica de todas las guerras. Llegaban los canadienses y plantaban una bandera con un whisky de su país a sus pies; luego venían los daneses, cambiaban la bandera, doblando la de Canadá con respeto, y ponían un licor de Groenlandia en el suelo. Así durante décadas.

Hace apenas un año firmaron la paz y trazaron una línea fronteriza que divide la isla en dos.

Podría parecer un cuento. Tal vez sea un cuento. De lo tonto que puede llegar a ser el hombre. De la importancia del sentido del humor. De cómo con educación se llega a cualquier lado. Un cuento de aventuras, de viajes, un sainete polar.

Deberían declarar la isla de Hans territorio universal, libre de banderas.

Sería un hermoso final del cuento. El principio de un tiempo de esperanzas.

miércoles, diciembre 28, 2022

Humildad

Son muchos los que piensan que la humildad es cosa de tontos, pero yo estoy cada día más convencido que es más bien una actitud de listos, porque al humilde acaban abriéndosele todas las puertas, ya que no se dedica a aporrearlas sino a encontrar el momento adecuado para llamar.

Quien no pisotea con la energía de los invencibles acaba ganando la confianza de los que le rodean.

Y digo que es de listos porque se consigue mucho cuando se muestran las debilidades propias, cuando se usa la sinceridad como arma de comunicación y se ofrece la mano a quien lo necesita.

Al mostrarte desnudo de artificios, el otro empatiza contigo con facilidad.

Una persona que deja hablar, que reconoce errores, que opina sin tapujos, que actúa sin dobles intenciones acaba convirtiéndose en todo un lujo, humano, accesible y de fiar.

domingo, septiembre 04, 2022

Amargado

Cuando alguien me insiste en que está amargado, y no me lo dice una vez, sino trescientas, que todo le va mal, que su vida es un desastre, yo le doy la razón.

—No querría verme en tu piel —le digo.

Es algo que choca, porque lo que el otro espera es compasión. Escuchar que no, que es muy válido, que seguro que la vida le va a sonreír, que todo es cuestión de tiempo.

Cuando le dices que tiene razón, que es una persona realmente amargada, la reacción suele ser positiva, porque le sacas de su bucle de pena para defenderse.

—¿Tan mal me ves? —Te preguntará, con cara de mosqueo.

No soy partidario de dar combustible al que se quiere quemar, sino ponerle delante un espejo grande en el que vea que está a punto de arder.

Cuando alguien te dice 'qué tonto soy', lo último espera escuchar es:

—Sí, eres tonto.

jueves, enero 20, 2022

Ganador

Salgo siempre ganando al llevarme bien con la gente que me cae mal.

Es una técnica sencilla que funciona de maravilla contra los entripados, porque al establecer cierta fluidez en tu comunicación con esas personas que te resultan odiosas acabas por no pensar en ellos ni dedicarle dos minutos a maldecirlos.

Incluso las sonrisas salen fáciles cuando hablo con ellos, ya que sólo los trato porque no tengo más remedio, bien porque sean de la familia, del trabajo o amigos de Fran. Hay que apechugar con esa gente que tiene más tontería que un mueble-bar, que se creen graciosos, que tienen el ego por las nubes y se vanaglorian de ser como son.

Yo les sonrío, incluso les acaricio la espalda. Pongo cara de interesante cuando los escucho y les digo que tengo prisa.

—Justo ahora me están esperando.

Mostrar mosqueo, incomodidad o alguna señal de debilidad es hacerles el juego.

Cuidado si te acaricio el lomo.