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lunes, septiembre 11, 2023

Emma

Hay que estar muy loca para desplegar tanto amor.

En los mejores años de su vida, Emma decidió montar una ONG para socorrer a los habitantes de poblaciones cercanas al frente de guerra en Ucrania, gentes que no tenían recursos para escapar de una muerte más que probable, para llevarlas a un sitio seguro donde cuidasen de ellos.

Esta catalana de 32 años murió este fin de semana. La mató un misil ruso. Un suceso bélico más, que pronto se olvidará.

A mí son estas noticias las que se me graban, las de personas 'santas' en su acepción más radical. Una mujer capaz de poner la vida de los demás por encima de la suya, de complicarse hasta ese extremo por desconocidos a miles de kilómetros de aquí.

En estos tiempos de héroes de papel maché, desde la comodidad de nuestro móvil nos puede recorrer una cierta compasión al pensar en ella, sin imaginar que fue ella la que encontró, cientos de veces, una felicidad inalcanzable para la mayoría, la de dar un abrazo de esperanza a quien ya la había perdido.

viernes, junio 02, 2023

Contradicciones

La vida es entender contradicciones, contradicciones que empiezan por uno mismo.

La vida debería ser resolverlas, para evitar decir una cosa y hacer la contraria.

A todos nos pasa. Asumir esa debilidad, la de nuestra falta de coherencia, también forma parte del recorrido.

Asumir que somos débiles, e incoherentes, no es excusa para no querer luchar contra nuestras contradicciones, porque somos más grandes cuanto más pequeñas las hacemos.

Es de los mayores piropos que me pueden hacer. 

-Eres coherente.

Al instalarse uno en el terreno de lo fiable, crece por dentro. No me valen las proclamas si no van acompañadas de actos que las confirmen. 

Choca que una persona tacaña pueda dar lecciones de solidaridad, que a alguien antipático se le llene la boca con la palabra bondad, que un tipo clasista presuma de pagar cuotas a ONG's, que quien no paga impuestos se queje de la Sanidad, que quien no sabe escuchar presuma de empatía.

No vale decir que soy lo que nunca he sabido ser.

lunes, febrero 21, 2022

Palomita

Hoy se ha muerto Antonio.

—A mí me llamaban 'La Palomita de San Gil' —me contó una tarde de otoño, el día en el que lo conocí.

Llegado a Sevilla siendo un adolescente, sin apenas saber leer, para huir de las habladurías de su pueblo, en plena posguerra, consiguió trabajo como pintor de brocha gorda.

—Siempre me he ganado yo las habichuelas, Salva —me explicaba, orgulloso, con sus 85 años bien vividos a cuestas.

Fue uno de los primeros transexuales en esa Sevilla en blanco y negro. Conforme fue creciendo se fue haciendo conocida como cantante de tabernas.

—Es que yo soy una mujer.

—¿Tienes por ahí alguna cinta, en la que yo te pueda ver actuar?

Ella meneaba la cabeza, apesadumbrada, pero pronto se animaba.

—Me gustaba cantar coplas picantes —me soltaba, con ojos gamberros.

Yo apartaba la mirada, acalorado, para investigar su vida a través de la enormidad de objetos, cuadros, fotos que había por todos lados.

—Estás en tu casa, Salva. Mira y coge lo que quieras.

—¿Quién es este hombre de la foto? —le pregunté.

Se enamoró de un joven casado, muy apuesto, al que conoció en un bar, y con quien tuvo una relación de cincuenta años.

—Era mi amigo —me dijo, con la boca pequeña.

—Yo estoy casado con un hombre, Antonio —le aclaré, para que me abriera su corazón.

—Sí, pues ese guayabo tan guapo era como mi marido. Y se me murió. Y su familia me repudió, y tiró todas mis cosas por la ventana.

Una ONG maravillosa, que se encarga de cuidar a la gente a la que no miramos, a los viejos solitarios, a quienes viven en la calle, a quienes penan en una cárcel, me encargó contar la historia de su vida. Pero nos faltó tiempo. Ya a la segunda cita estaba metido en la cama, sin querer moverse.

—¿Por qué ya no vistes como una mujer? —le pregunté, para provocar un punto de coquetería en él, ya sin apenas dientes, apenas un pellejo con huesos, maltratado por la soledad y el frío de una casa minúscula.

—Porque es muy cansado, Salva. Ser mujer es muy cansado y yo ya no tengo ganas de vivir.

No pude ahondar en esa vida rebosante de anécdotas, amores, coplas, valentías y desengaños. Llegué tarde. Ya estaba cerrando la puerta cuando llamé para interesarme por su vida.

Os dejo la foto que me permitió hacer de él de la época en la que actuaba, junto con los retratos de sus padres.

—Mira qué cuerpecito tenía, Salva. Mira qué guapa era yo.

Hoy ha muerto la Palomita de San Gil.

jueves, octubre 28, 2021

Cancela

—¿Tú puedes cocinar? —le pregunté.

Entonces me contó que, desde hace años, un matrimonio que vive frente a él le acerca la comida a diario.

—Ésa es la cocina, Salvador —me dijo desde su silla de ruedas, mientras yo visitaba las habitaciones con su permiso.

Vi el plato de puchero sin terminar en el fregadero y no me atreví a preguntar si tenía algo en la nevera.

—Salvo la comida, yo puedo cuidar de mí —me explicó—. Incluso me ducho yo solo, ¿sabes? Pero no me ducho mucho, para que no se me caiga el pelo que me queda.

Los servicios sociales le envían una chica todos los días a su casa.

—Marina está aquí una hora y veinte. Ni un minuto más ni un minuto menos.

Para Antonio, el tiempo es un elemento constante en su discurso.

—¿Tú vas a venir dos horas cada semana, Salvador?

—Vendré las veces que sea necesario, Antonio, hasta que termine de escribir el relato de tu vida.

Ayer estuvimos de tanteo. Me puso a prueba con frases directas, para ver mi reacción. Se emocionó, me miró de reojo, me contó chistes verdes y recitó poemas. 

—Otro día que vengas, te canto una copla.

Me explicó quién era cada cual entre las fotos de su casa.

—Ya todos están muertos.

miércoles, octubre 27, 2021

Universo

Cuando una persona nos deja, un Universo se desvanece.

El de sus miedos, sus ilusiones, sus historias de amor, sus mediocridades, todo el aprendizaje que le llevó a ser quien era, sus ganas de vivir, ¿dónde se va todo eso?

Este pasado lunes, a la salida de una tertulia literaria, uno de los ponentes me animó a tomar una cerveza. Me presentó a varios amigos, una de ellas iba con sus padres. Sentados en una mesa de la Alameda, con la noche recién caída, el padre de esta chica comenzó a contarnos una historia familiar. Cómo su familia en la posguerra se trasladó desde Cazalla a Sevilla a partir de un pálpito de su madre. Estaba contando una parte nuclear de su vida, pero todos habíamos quedado en pocos minutos para continuar la nuestra. El hombre enlazaba con fluidez su relato, que nos maravillaba, pero no dejábamos de mirar el reloj.

-Perdone, tenemos que irnos.

Yo, recién llegado al lugar de la cena donde estaba citado, me quedé con el runrún de ese hombre mayor y su historia de juventud sin terminar.

Esta tarde, a las cinco y media, tengo mi primera cita con un señor de ochenta y tantos años al que una ONG ha seleccionado, por su pasado, sus condiciones de vida y su soledad, para publicarle una historia de vida. Sé que se llama Antonio y vive por la calle San Luis. Poco más. Es mi responsabilidad escucharle, saber preguntarle, quedar las tardes que sean necesarias con él, para introducir su historia en una esfera de cristal, que no deje escapar los aromas, el tiempo necesario para convertirla en un relato en papel.

Sé que está ilusionado, como lo estaba ese hombre hablando de cómo un día su familia cogió todos sus bártulos y dejaron su vida fácil en Cazalla para jugarse el futuro en Sevilla. Ese futuro ya es casi pasado y no tuvimos tiempo para escucharlo.

¿Dónde se van tantas historias?

Quizás, ojalá, se integren en el subconsciente de la gente que las escucha.

sábado, octubre 17, 2020

Desgraciado

Me recogió en el Puente de la Barqueta. No supe distinguirla con la mascarilla, pero ya nos conocíamos. Habíamos compartido una tarde de primavera en la Feria del Libro de Sevilla en un minitaller de escritura con personas sin hogar.

—Yo sí me acuerdo de ti, Salvador. Compré tu último libro, me lo dedicaste y me lo leí.

Se llama María.

—Y me gustó.

Me ganaba por goleada.

Durante el trayecto hasta la cárcel me explicó lo básico. Cómo están distribuidos los internos, cuáles son sus horarios, qué tipo de delitos son los mayoritarios, cómo son las celdas, cómo se organizan.

—Vamos a estar en un módulo de respeto. Hasta cierto punto ellos se autogestionan. Ahí están los internos menos problemáticos, los que se comprometen a no estar ociosos, a no ser agresivos.

Me vería la cara de susto.

—En todos los años que llevo viniendo, nunca he tenido el más mínimo problema.

Entonces comprendí que era voluntaria. Que había comido como los pavos en su casa al salir del trabajo antes de recogerme para esa tarde literaria en la biblioteca de la prisión.

—Soy responsable de Recursos Humanos en una empresa grande.

Nos esperaban otros dos voluntarios. Jovencillos estudiantes que prefieren pasar la tarde del viernes como compañeros de personas sin libertad a irse de parranda con los amigos.

La cárcel era como en las películas. Impacta como en las películas. Se atraviesan controles y rejas como en las películas.

—Ya estamos dentro.

Las dos horas siguientes volaron. Me emocioné al leer el primer texto. Los reclusos se organizaban en sillas a mi alrededor. Me sorprendió el silencio mientras leía y los aplausos al final de cada relato. Hablaban de sus miedos.

—Yo tengo pensado el título de un cuento que transcurre aquí dentro —confesó uno de ellos—. 'El cementerio de los hombres vivos'

—¿Y de qué va? —pregunté.

—Tan sólo tengo el título —y todos se rieron.

Había quienes asumían su culpa al expresarse, había quienes defendían que una persona se vuelve otra cuando le invaden las emociones negativas. Había quienes enlazaban discursos deslavazados.

—Aquí hay gente mala, sí —me decía María—. Pero, sobre todo, hay mucho desgraciado.

Desgraciado que ha nacido en el lugar erróneo, que se ha metido en historias indebidas, que se dejó llevar por malas compañías.

Me ofrecieron visitar el patio y compartir paseo con los internos. Al solecito. Impresionan las vallas altas y esa cotidianeidad que no distingue los días de la semana. Se acercaban a hablar con nosotros con naturalidad.

—No imagino salir ahí fuera y que todo el mundo lleve mascarillas.

Ahí fuera...

Al trasvasar las rejas de vuelta les confesé a los tres mi admiración por ellos.

—¿Tú no haces nada como voluntario? —me preguntó María.

—No —contesté, rotundo.

—Me refiero fuera del trabajo, algo que hagas por el puro placer de hacerlo. Escribir es un acto voluntario, ¿no?

—Sí, claro, pero eso lo hago para mí.

—¿Y para quién crees que hago yo esto?

viernes, octubre 16, 2020

Cárcel

Hoy estoy excitado.

Tengo la inmensa suerte de tener la amistad de gente muy comprometida con causas sociales.

Yo no he tenido nunca la grandeza de embarcarme en aventuras que impliquen un compromiso personal en la ayuda a los demás. Me limito a pagar cuotas mensuales a ONG's que me envían boletines que no tengo el valor de leer con detalle.

Es por eso que siempre digo sí cuando se me requiere desde alguna organización implicada en causas humanitarias.

Ya estuve dando una charla a personas sin hogar, o colaborando en una jornada de escritura con otro colectivo que no tenía casa donde dormir, o participando como jurado en un concurso de relatos para presos.

Hoy me toca, por primera vez en la vida, visitar la cárcel. Me han invitado a dar una conferencia a los presos y he dicho que sí. 

Me lo piden como un favor y yo lo tomo como un regalo.

Llevo varios relatos impresos y muchas ganas de escuchar. De mirar a sus ojos curiosos para tratar de entender cómo es la vida con cadenas. No sé si estaré nervioso, si me afectará demasiado, si sabré aportar algo.

Sólo sé que de aquí a un rato seré una persona mejor.

lunes, agosto 12, 2019

Otro

Una de las imágenes que retengo de mi reciente viaje a Londres es la de una ejecutiva en tacones agachada hacia un mendigo, hombre bien mayor, interesada por saber cómo estaba.

Querer no es poder, al menos no es sencillo.

Me gustaría tener esa capacidad para colocarme en cuclillas y prestar mi ayuda a cualquiera de los mendigos invisibles que me cruzo por mi ciudad. Querría tener la sonrisa perenne de quienes van por la vida con el corazón abierto; ser más disciplinado en mi conciencia ecológica, vencida mil veces por mi pereza; implicarme más en la sociedad civil, no sólo dedicarme a pagar cuotas a ONG's que tranquilizan mi conciencia; me gustaría ser más claro en mis posicionamientos, dejando de lado el miedo a la discrepancia; me apena no ser más constante en mis llamadas a los amigos, acordarme poco de las personas hoy ancianas que fueron importantes en mi vida. Querría tener menos miedo a preguntarle a la gente querida cómo está, ser más divertido contando chistes, no irme tan pronto a la cama cuando salgo de fiesta, ser más solidario con mis compañeros de trabajo, tener menos miedo a las enfermedades, evitar enamorarme de mis rutinas, escribir más, ver menos el móvil, leer más, sentir más, aprender más de música, tener menos prejuicios. Reír más. Amar sin cálculos. Ser ejemplar.

Querría no dejar de ser yo, siendo otro.