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miércoles, diciembre 31, 2025

Mercado

Recién aterrizados en Catania, decidimos visitar Enna camino de la capital.

Una ciudad fortaleza en el medio de la isla, a casi mil metros de altura, desde donde se divisa toda Sicilia.

Para que las cuentas nos salieran, ya que queríamos organizar la cena de Nochevieja en nuestro apartamento, decidimos hacer una compra en el mercado de esa pequeña ciudad. Todo un espectáculo ver a las familias italianas llenando carros de panetones y prosecos, entre quesos, embutidos y aperitivos que no son los que estamos habituados a ver.

Advertí a Fran de que se nos hacía tarde para llegar a Palermo a la hora del almuerzo.

Ya encontraremos algo me dijo. Esta compra en este mercado también es parte del viajar.

viernes, diciembre 29, 2023

Proyectos

¿Qué es una persona sin proyectos?

Por nimios que sean, incluso aunque tengan más que ver con los otros que contigo. Ver terminar la carrera de un nieto, celebrar el ascenso de una hija o la fiesta anual de la asociación de vecinos.

No hay vida sin ilusión y las ilusiones son propósitos concretos que se integran en tu corazón cuando abres los ojos al despertarte cada día.

Hay, incluso, que luchar por buscarlos, por crearlos, por enredarnos. Nos va la vida en ello.

Es lógico que haya fechas para revisarlos y ponernos nota, para hacer borrón de lo que no nos gustó y rehacer la lista. Lo bueno es que siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.

¡Feliz año!

viernes, diciembre 16, 2022

Villaluenga

Llevábamos meses juntos, pero él vivía en Sevilla y yo en París.

Cada uno con nuestro trabajo, y nuestra vida, nos buscábamos cada fin de semana, aquí o allí, para estar juntos, con ese cosquilleo en la barriga que produce el enamoramiento.

Nos fuimos a celebrar Fin de Año con amigos a un pueblecito de la sierra de Cádiz, Villaluenga del Rosario, a una casa con chimenea, rodeada de un paisaje de ensueño.

Al día siguiente de las uvas, nos dimos un largo paseo Fran y yo por el monte. Yo no sabía cómo decirle lo que iba a decirle sin que se me pudiese criticar una palabra, porque moría de ganas de pedirle que se viniera a París a vivir conmigo. Comprometerlo implicaba que, si la cosa fuese mal, podría echarme en cara el haber puesto patas arriba su vida, sobre todo porque él tenía un trabajo fijo en una empresa que lo trataba muy bien.

—Fran —le vine a decir—, no quiero que veas en mis palabras otra cosa que amor, ni pienses que no tengo en cuenta los riesgos que supondría para ti, pero me encantaría que te vinieses a vivir a París conmigo.

Hace veinte años.

Y Fran me dijo que sí.