x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 15, 2024

Ceviche

La comida peruana, para mí, es como una película de terror. Me fascina y me horroriza al mismo tiempo.

Esos ceviches coloridos de sabores tan ácidos que te hacen cerrar los ojos y apretar los labios hasta que pasa el punto crítico en el que te planteas ¿me gusta o lo detesto?

El paladar español no está hecho a determinadas propuestas, pero el mío todavía menos.

Recuerdo los meses que estuve trabajando en México. Iba a la cantina de la fábrica y suplicaba a la camarera que me sirviera algo que no picase.

Esto seguritísimo que no pica, señor.

Entonces me iba con la bandeja a mi mesa y, ya con el primer bocado, empezaba a llorar.

Recuerdo una escena antes de poner rumbo de vuelta a Madrid, en la que dos mujeres abrían sus maletas para mostrarse entre ellas todos los botecitos de tabasco, chile y similares que se llevaban desde México.

—En España —decían—, todo sabe a nada.

viernes, mayo 12, 2023

Indio

Estaba terminando de rematar mi novela, recluido en el piso de mis suegros en Portugal, cuando los gritos de un crío me sacaron de la historia.

La luz entraba a raudales por el balcón, la brisa era perfecta, el momento final, tantas veces imaginado en mi cabeza, se acercaba. Iban a proponerle a mi protagonista algo que llevaba media vida esperando.

Pero fuera el niño empezó a jugar a la pelota. Él solo. Daba con el balón en la pared y gritaba a cada patadón.

Me asomé con cara de pocos amigos y allí estaba él, un chaval indio, hay muchos en el Algarve, de cinco o seis años, jugando consigo mismo. Me metí en el salón, y cerré la puerta del balcón. El niño, tal vez comprendiendo la situación, tomó la pelota, se sentó en un poyete y se calló.

Por fin pude escribir la frase, la emoción me subía por las piernas. ¿Le pediría o no mi protagonista a su amigo que no se fuera a Perú?

Puse el punto final a una historia en la que he batallado con muchos de mis traumas personales.

Me asomé al exterior, a través del cristal, y allí estaba el pequeño indio, callado, con la pelota abrazada a la barriga, mirando al escritor mosqueón.

lunes, junio 06, 2016

Kitty

Limeña del 37, Kitty es una bella peruana chiquita de manos angulosas, hablar pausado y nariz pequeña de la que me había hablado con adoración mi amigo Fernando antes de conocerla ayer.

Embaucado por su conversación durante una cena de domingo, pude disfrutar del sabio arte de la escucha cuando a tu lado encuentras alguien que sabe romper el silencio con frases bien construidas de un pasado rico en experiencias.

Ella me habló de cómo decidió venirse a Europa por no seguir sufriendo mal de amores con un divorciado treinta años mayor que ella, animada por su madre, 'una muñeca de porcelana' que no sabía siquiera que para preparar el té había que prender el fuego; me contó de sus veintitantos años en Lisboa, de sus hijos y nietos portugueses y de un viaje inolvidable que hizo a Sevilla en los 80, cuando se alojó en un Alfonso XIII de camas tan altas que sólo podía llegar de un salto; de cómo entre tres mujeres muy jóvenes montaron la tercera agencia de viajes más grande del Perú.

Me pidió, con la belleza de la mirada de sus ojos curiosos, ayuda para conseguir un retrato que perdió, en blanco y negro, de la Macarena vestida de monja, mientras me hablaba de todas las vírgenes que decoran su casa de Miraflores.

Vestida con un traje azul turquesa de flores, peinada como una princesa, esta mujer de 79 años me explicó entusiasmada cómo viven los indígenas en el lago Titicaca, su viaje a Tasco, en México, 'una ciudad como un pesebre' y su boda en Tánger, ante la imposibilidad de que su portugués se divorciara.

Andaba preocupada por las elecciones de ayer en Perú, harta de ser gobernada por un 'cachaco' y mostraba una emoción indisimulada ante cada plato que le traían para probar.

Yo la escuchaba con avidez, sumergido en el incomparable placer de dejarte transportar por las palabras de quien lo ha vivido todo y aún tiene ganas de seducir.