x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Pena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pena. Mostrar todas las entradas

jueves, diciembre 25, 2025

Adiós

Desde hace muchísimo tiempo cada vez que se acerca la Navidad me llama un antiguo amor.

Tiene familia en Sevilla y baja desde Madrid cada año para la cena de Nochebuena. No nos vemos el resto del año, ni nos tenemos al tanto, ni nos seguimos en redes.

Nos ponemos al día, viene a cenar a casa, y hasta la próxima.

Los encuentros iban siendo cada vez más tensos, con reproches hacia la vida que llevaba cada uno, hasta que el año pasado explotó. Cenaba en casa con Fran y conmigo y nos soltó un panegírico sobre las virtudes de la Ultraderecha. ¡Un gay!

Se fue dando un portazo llamándome burgués de pacotilla.

Este año no ha dado señales de vida. Sé que andará por aquí. Sé que da pena. Sé que es lo mejor.

miércoles, septiembre 27, 2023

Asceta

Será que soy un poco asceta, pero a mí me alivian mis amigos incluso sin tirar de ellos, porque sé que van a estar ahí.

Sí, claro que hay que demostrar que estamos vivos. Quedar, llamar, enviar mensajes, proponer excursiones. Seguro.

Lo que sí es verdad es que uno llega a unos niveles de compatibilidad emocional que incluso no necesita compartir los malos momentos para no dar problemas.

Si hay algo que me angustia, trato de resolverlo yo y no expandir la ansiedad, porque considero generoso el no dar más problemas de la cuenta, sobre la base cierta de que en el momento en el que grité al aire una petición de ayuda tendré a mi lado a quien sabrá cuidar de mí.

Soy más de compartir alegrías.

Es, considero, una forma evolucionada del querer.

martes, junio 20, 2023

Pena

Hay gente que me produce mucha pena y es un sentimiento que quiero desterrar de mí.

La pena es degradante, para el que la siente y para aquel que la provoca. Es fea, incluso, la palabra, donde se encierran, con nada que destapemos, la prepotencia del que la siente, un tufillo desagradable que nos envenena, el estigma de quien es mirado con compasión.

La pena hay que transformarla, en cuanto se nos aparece, en comprensión, es mucho más sano, en empatía, porque nadie está a salvo de ser mañana objeto de ese misma reacción por parte de otros.

¿Quiénes somos para pensar que el otro es más infeliz?

jueves, noviembre 10, 2022

Pena

Hay gente que se mueve por la pena.

Yo era así.

A mí, de jovencillo, se me presentaba cualquier amigo con un drama y a mí me volvía loco. Era un atractivo más, así de chungo era yo. En mi subconsciente tenía establecido que una persona que había sufrido mucho era, de por sí, más interesante. Cada muerto puntuaba, cada enfermedad, cada ruina familiar que me contaban me hacían más excitante el relato. Yo era un necrófilo que se regodeaba en enamorarse del desgraciado.

Quizás fuera porque yo había sufrido mucho de adolescente, tal vez era por sentirme un bicho raro, pero era una persona necrófila.

El paso de los años me fue abriendo los ojos hasta conseguir pasar del negro al blanco luminoso.

Me sigue conmoviendo el dolor ajeno, mucho, pero ya no constituye una cualidad que convierta a esa persona en alguien por quien necesariamente apostar. Encontré el antídoto contra ese enganche.

He necesitado media vida para darme cuenta de que no se puede utilizar la pena como reclamo. 

martes, febrero 02, 2021

Presumir

No confío en aquél que cuenta a los siete vientos que está ocupado hasta las cejas.

Me da mal rollo quien se vende como imprescindible de nada, quien parece que me quisiera cobrar su tiempo. Quien sonríe estudiando su sonrisa.

A mí me da lástima la persona que se toma por alguien de importancia. Mucha pena.

Aquéllos que presumen de ser jefes, de ganar dinero, de cómo de apretada tienen la agenda, de cuánta gente le espera, le llama, le pide, le asalta, le admira, le solicita favores para llegar a ser como ellos son.

Triunfadores de papel maché.

A mí me gusta verlo yo. Atravesar a través de sus actos la grandeza de quien tengo cerca. Descubrir en sus silencios todo lo valioso que hay en ellos.

No creo que exista forma de mezclar una buena crema si los ingredientes son la vanidad y la brillantez, porque esta última repele a la primera. 

Tuve un jefe que me dijo un día en su despacho 'te llevas demasiado bien con tu equipo, así que te voy a envenenar la sangre'. 

¿Perdona?

U otro, llamado Fulanito Pascual, que con voz impostada me aseguró que algún día yo llegaría a ser un 'Fulanito Pascual'. Qué horror, pensé.

Alguien sobresaliente en el campo que sea debe ser, antes que nada, sensible. Humano. Porque es del verdadero conocimiento de la naturaleza humana, frágil por definición, desde donde se puede construir algo grande. Honesto.

Sí, ha habido grandes sabios insoportables, dirigentes mundiales hechos de soberbia que han triunfado, poetas excelsos insufribles. Pero quiero creer que son la excepción de este mundo complicado de entender.

Yo soy incapaz de admirar a quien no es bueno; y no es bueno quien no es humilde.

viernes, enero 15, 2021

triste

No echo de menos a la gente triste. 

Porque yo era un triste. 

Y conseguí salir, así que no me gusta que me recuerden cómo era estar encerrado en mi cueva de lamentos hacia un mundo exterior que me agredía.

Afortunadamente un día tuve las agallas de salir fuera de la cueva a inspeccionar. Y luego otro día. Y ya cada mañana me levantaba con ánimo de pasear como un intruso. Nadie se fijaba en mí. Era la mejor noticia. Me di cuenta de que nadie me prestaba atención. Que lo que yo veía como agresiones y peligros no eran sino invenciones mías. 

Fue entonces cuando tiré las llaves de la cueva al río del olvido para no volver a entrar jamás. 

Aún distingo a los intrusos que inspeccionan a mi alrededor para meterse a cada rato, atemorizados, en sus cuevas.

Son chupasangres. Lo sé, porque yo lo fui. 

Intentan con sus lamentos sutiles conquistarte a partir de la pena. Tratan de convencerte con verdades que yo ya digerí.

Los hay muy inteligentes, que te llevan al huerto de la negritud sin que tú te des cuenta. Con palabras sabias, con modales exquisitos, con caricias insanas.

Yo los huelo. 

miércoles, septiembre 16, 2020

Llamadas

Pocas cuestiones cotidianas me hacen sentir peor que contestar a una llamada anónima de alguien que trabaja como teleoperador.

Mal porque invade mi intimidad sin derecho a hacerlo, mal porque no encuentro el tono para rechazarlo, mal porque esa pobre persona maldita las ganas que tiene de ofrecerte una venta a plazos, un contrato telefónico o un seguro de vida.

Son parapetos humanos colocados por empresas que buscan el pasadizo para meterse en tu esfera personal. Pero son ellos los que dan la cara, ellos y ellas los que tienen que aguantar los improperios mientras siguen recitando su oferta para hacer un cliente más.

-Perdón, no me interesa.

Me fuerzo a buscar la frase amable, pero los forman para atacar cualquier punto débil. Y la educación suena a debilidad.

-Simplemente, no quiero que me llaméis a mi teléfono personal.

Te aseguran que lo que te ofrecen es único. 

-¿Cómo lo puede rechazar sin escucharme?

-Porque le aseguro que soy feliz tal como estoy.

Pero se agarran a ti, te piden un minuto, dos segundos, una frase.

Les imagino volviendo a casa, soltando los zapatos, buscando en la nevera algo que picar, mientras en sus cabezas resuenan reproches, insultos y malos modos de gente anónima que no sabe lo que es la ruina, o tragarse los sapos, o detestar ser carne de trueque por un puñado de euros.

Me hacen sentir mal, porque encima minusvaloro la posibilidad de que puedan ser razonablemente felices.

domingo, diciembre 27, 2015

Pena

Intento aplicarme una máxima: nunca des por supuesto el estado de ánimo en el otro. Lo hago porque, incluso en quien menos te imaginas, pueden circular las mayores tragedias personales ocultas tras una sonrisa o un semblante neutro. Tragedias que pueden pivotar en torno a complejos físicos, enfermedades reales o ficticias, ansiedades o frustraciones, timideces estrambóticas o miedos irreprimibles.

Cuanto más cerca tuya está el otro más fácil es que las palabras desanuden esos terrores internos que impiden respirar a pleno pulmón. De ahí que uno, pienso, deba estar atento a los signos, sutiles la mayoría de las veces, que denotan que alguien querido, o cercano, se reconcome por dentro.

Eso no me impide, sin embargo, huir de los profesionales de la pena, de aquéllos que no han querido trabajar en su vida su parte sana y llevan todo el día puestas las gafas de ver nubes negras. Los del 'no' por respuesta y la excusa por bandera, que venden su sonrisa a precio de oro sin tú siquiera querer comprarla.

Suelen ser, estos profesionales del drama, los que justifican tu buen humor en malas prácticas, tus ganas de vivir en falta de principios o excesiva ingenuidad, y que se regodean anunciando los males que vendrán en cuando te descuides. Los del 'ya te lo dije', que disfrutan con los batacazos ajenos.

Gente que no se entera de que no son centro del mundo y que pasan por la vida haciendo menos fácil la vida de los demás, vendiendo banderas negras.