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jueves, febrero 19, 2026

Agradable

Ser agradable no está de moda.

Soltar una barbaridad con la excusa de que ya no se puede hablar de nada es la nueva tendencia. Denigrar al diferente argumentando que tenemos la piel muy fina. 

—Es que me gusta hablar claro —se vanaglorian algunos.

Se cuentan por multitudes quienes no son conscientes del valor del respeto hacia el otro.

¿Quién iba a decirnos que daríamos tantos pasos hacia atrás?

viernes, mayo 05, 2023

Insulto

El insulto es un arma aparentemente inofensiva.

Mejor maldecir que tirar una piedra, podría pensarse.

El daño causado por la palabra a veces es más doloroso que el provocado por un golpe físico. El insulto denigra, agrede y requiere de otro improperio de vuelta, para introducirnos en una dinámica de la que no es fácil escapar.

Cuando ofendes es difícil borrar esa mancha, no la que has causado en el otro, sino en ti. Una vez que has vituperado a otra persona ya te has retratado y lo que, en un principio, puede parecer carácter, incluso personalidad, a la larga se convierte en una tara en tu relación con el agredido.

No somos conscientes de la belleza de hablar bien, en el tono, en las formas, en el contenido.

Un calentón lo tiene cualquiera, no hay que fustigarse si un día sueltas una burrada a quien se lo merece. El problema es cuando para defender los argumentos tienes que recurrir a la descalificación del otro.

Si quieres ganar una batalla, la mejor estrategia es seducir.

sábado, abril 08, 2023

Crisis

Los tacos tienen tal fuerza, que mejor decirlos en tu propio idioma.

Mi amigo Miguel nos había recomendado tomar una copa en el Marie's Crisis de Nueva York, tras alguna de nuestras cenas por Manhattan.

Así que allí nos plantamos mi hermana Raquel, Fran y yo, tras disfrutar en un mexicano fabuloso de comida muy picante y música a todo trapo que triunfaba en el subsuelo de la ciudad.

Mientras Fran se acercaba al baño, nos pedimos dos gintónics. El bar era famoso porque los cantantes de Broadway solían ir allí tras las actuaciones para cantar alrededor del piano. 

Saqué la tarjeta para pagar y el camarero, un señor bien mayor con cara de malas pulgas, nos gritó:

—Cash!!!

Le expliqué que no teníamos dinero en metálico y él, en un gesto que no había visto en mi vida, le quitó la copa de las manos a Raquel y la vació en el fregadero.

Fue tal mi indignación que grité, cabreadísimo, lo primero que se me vino a la cabeza.

—Fuck you!

Ese hombre se encendió como la cabeza de una cerilla y levantó la parte móvil de la barra para salir. Mi hermana y yo nos miramos y decidimos salir corriendo. Fran bajaba del baño y nos alertó. El hombre venía detrás con las manos en alto para agredirnos.

Tuvieron que separarnos, no sé cómo salimos de allí.

Ya en la calle, vimos un cajero justo en la puerta del bar. Con lo fácil que hubiera sido decírnoslo a la hora de pagar. 'No admito tarjetas, pero podéis sacar dinero justo a dos metros de la entrada'.

Cuando me cabreo mucho, digo para mis adentros, 'fuck you', y se monta la de dios en mi cabeza.

martes, noviembre 02, 2021

Descalificativos

Me molestan los descalificativos categóricos que atacan a gente que no conozco.

"No es de fiar, es un pervertido, habla mal a tus espaldas, es un chupasangre..."

Muchas veces la fama está bien merecida, soy consciente. Es raro que se hable muy mal de gente buena. Lo que no quita para que yo quiera formar mi opinión por mí mismo, no estar condicionado por las experiencias de otros, para así poder decidir a quién sí y a quién no.

Es en mi propio círculo de amigos donde compruebo relaciones muy tensas entre gente a la que quiero. Cuando quedo con alguno de ellos a solas, y les pregunto, me trazan retratos del otro que yo no sé ver.

—Yo no tengo esa sensación que tienes tú.

A todo el mundo le chafa que un amigo no le dé la razón, más cuando hay pasión en sus argumentos, pero soy partidario de enfriar las emociones, sobre todo si son negativas, a base de preguntar por los verdaderos motivos. A veces, cuando preguntas y vuelves a preguntar, no es tanto que el otro no sea de fiar, ni sea pervertido, ni hable mal a tus espaldas, ni sea un chupasangre. Es tan sencillo como que cuesta admitir que vea el mundo al revés que tú, porque el mundo que uno ve es el mejor de los posibles.

—Ese tío tiene mandanga.

—Deja que lo averigüe yo.

jueves, julio 08, 2021

Extremo

Antes me lo planteaba ya tarde, cuando había lanzado el torpedo; ahora consigo reflexionarlo y evitar apretar el botón sin más.

Abusamos de calificativos tremebundos como facha, cateto, chorizo, indigno, mafioso, pervertido o iluminado cuando nos referimos a personas concretas, lo que provoca no sólo un enrarecimiento del ambiente en el que nos movemos, ya de por sí cargado, sino que además nos hacen un flaco favor a nosotros mismos como individuos maduros, serenos, de mente abierta que muchos pretendemos ser. 

Si alguien mete en la conversación un comentario de índole religiosa ya es un facha, si otro no conoce determinado restaurante de moda es un cateto, si en un sitio te cobran más cara la caña de cerveza ya son unos chorizos.

Llevamos tan al límite nuestros señalamientos que acabamos por construir artificialmente una sociedad de malnacidos irreconciliables.

Yo me he metido en la cabeza el no definir gratuitamente a nadie con esos epítetos, para que llegado el caso, cuando lo haga, se comprenda mi punto de desengaño con esa persona.

Mientras tanto, admito que mucha gente no piensa como yo, no actúa como yo, no ve el mundo que yo veo ni le sacuden comportamientos que a mí me desconciertan.

Tienen todo el derecho a sentir distinto.