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domingo, marzo 03, 2024

El bienestar personal tiene mucho que ver con cómo tenemos compartimentada la cabeza.

Si tu mente es un solo espacio donde todo se confunde, es difícil manejarte con soltura por el mundo. Los traumas y los proyectos se juntan y de esa ensaladilla no puede salir la calma que requiere el sentirse bien en la propia piel.

Las pérdidas, que todos arrastramos, deben tener su sitio en nuestro cerebro, pero deben estar bien separadas de las preocupaciones del día a día, y éstas deben tener un sitio apartado de aquél donde están nuestras ilusiones de futuro. El amor, el deseo sexual, la ternura, la reflexión. Debemos poder abrir esos cajones en cada momento preciso.

Si una muerte de alguien querido causa estragos en cada uno de nosotros, tenemos que encontrar el modo de acudir a ella cuantas veces lo necesitemos, pero sin que todo nuestro pensamiento se llene para siempre del aroma negruzco del dolor.

Eso no es traicionar a nadie, sino vivir con dignidad.

miércoles, agosto 02, 2023

Asaltos

Hay momentos en el día en los que me ataca un profundo sentimiento de desasosiego, otras veces de tristeza, de desgana, de hastío, de desilusión.

Aprendí a llevarlo mejor desde que admití que son normales esos bajones de espíritu.

Nuestra cabeza trabaja sin cesar durante toda su vida, como el corazón al latir. Es lógico que, aunque sea durante milésimas de segundo, haya instantes en que confluyan en sus circuitos tres o cuatro señales uqe nos lleven al desaliento.

Son punzadas, duran poco, hacen daño.

El riesgo es que cronifiquen, que al mirar para otro lado, por aparentar que no existen, vuelvan una y otra vez. 

Yo creo que hay que mirar a la aguja que nos pincha y entender dónde nos hace sangre, porque admitir que hay pensamientos que nos dañan es la mejor forma de saber canalizarnos hacia nuestro propio bien.

Cuando llegue el pinchazo, súdalo. Es parte de nuestra naturaleza, no hay que magnificar nuestras debilidades. Forman parte íntima de ti.

domingo, noviembre 20, 2022

Molestias

De las molestias sólo nos acordamos cuando éstas llegan.

Padecemos dolores crónicos que, en su mayoría, tardan semanas en desaparecer, aunque tengamos siempre la sensación de que el malestar que hoy sentimos se hará eterno en nuestras vidas.

A mí me gusta jugarle la partida a ese pinchazo en la espalda, en la rodilla o en la cabeza que creemos que nos acabará matando.

Las reglas son facilonas. Si el dolor viene de imprevisto, un punto para él. Si, en cambio, soy yo el que me acuerdo espontáneamente de él, por inexistente, un punto para mí. Que me coge comiendo y me pega un latigazo, ya vamos dos a uno; que me estoy duchando y veo que no me duele nada, ya estamos dos a dos.

Así que llego a la cama, me siento en el borde y me digo, estoy en plena forma. Así que gané por tres a dos.

Aunque haya días en los que pierdas, el hecho de marcarle algún que otro golpe al dolor te sirve para confirmar que todo pasará. Que somos más listos. Que vamos a poder.

La mente juega un papel tan importante que es capaz, más veces de la cuenta, de derrotar a las quejas del cuerpo.

(Mi empatía más sincera con aquéllos a los que el dolor siempre les gana la partida)