x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Dormir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dormir. Mostrar todas las entradas

jueves, mayo 28, 2026

Comodín

Soy el perfecto comodín de los amigos que se quieren ir a dormir, en esas noches que se alargan y ya tienes la boca tonta de tanto vino.

No tienen más que mirarme para sugerirme que lance la frase. Yo la cojo al vuelo:

—Me largo.

Porque siempre soy el más dormilón, el primero que sueña con la cama, la excusa perfecta para que ellos puedan decir:

Ah, pues ya que Salva se va...

domingo, mayo 24, 2026

Alarma

Sigo sintiendo un placer infantil al despertarme por un mal sueño y descubrir que aún me quedan horas por dormir.

Ese tiempo de soledad regalado en el que todo se concentra en mí para dejarme caer sin prisa en el túnel del dormir, sin combatir.

Echarme a un lado, observar a Fran y decirme que aún está por llegar lo mejor.

viernes, mayo 08, 2026

Despertador

Anoche pasamos un rato precioso en la entrega del Premio Fernando Lara de novela.

Antes de la cena, en un patio del Alcázar, coincidí con un amigo a quien quiero mucho.

¿Nos tomamos algo cuando termine el acto? ─le propuse.

No puedo, Salva. Mañana entro a trabajar a las 7h.

Yo le dije que llevo más de treinta años entrando a esa hora.

¿Y cómo lo consigues? me preguntó.

Pues poniendo el despertador.

domingo, marzo 15, 2026

Dormir

Se habla del placer del sexo y la comida, pero poco del disfrute del dormir bien.

Desde pequeño siempre ha sido una cualidad que me define. Sí, una cualidad, como puede serlo tener una dentadura perfecta o habilidad para hacer buenas paellas. 

Yo sé dormir bien.

Puedo caer rendido donde sea a cualquier hora con solo proponérmelo. Y al despertar, empiezo, otra vez, un nuevo día.

Hay veces en las que Fran llega muerto del trabajo y tenemos alguna movida social comprometida. Entonces le insisto:

Échate un rato.

Pero si tenemos que salir en media hora.

Inténtalo.

¡Yo no soy tú!

lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

lunes, diciembre 29, 2025

Amor

A mí me educaron con amor.

Sin saberlo, tiro mucho de ahí para seguir hacia delante, sin querer investigar hasta qué punto fue verdad o yo endulcé mi propio relato.

Todas mis novelas, sin pretenderlo, bucean ahí: en el niño que fuimos.

Pero no recurro a ello de forma consciente, solo sé que es mi verdad, que se fomentó en mí una forma de acercarme al mundo llena de luz.

Es en ese lugar donde aparece mi madre, la que no me reñía sino para comer.

Aquel beso cada noche antes de dormir.

Cuando observo tanto cascarrabias me digo: no todos tuvieron la suerte que tuve yo.

lunes, diciembre 01, 2025

Sueños

Es difícil que sueñe con alguien que no se desdoble en dos.

Puede acompañarme toda la noche mi hermana Raquel, que al mismo tiempo es la presentadora del Telediario. O mi amigo Martín, que se confunde con un compañero de Aveiro.

Yo vivo odiseas extraordinarias en mis sueños que nadie me sabe explicar.

¿Qué hago siempre conduciendo bicicletas de veinte metros de altura?

Ya en la ducha, tratando de reconstruirlos, me pregunto cómo el hombre ha llegado a la luna y no ha sabido descifrar las aventuras que vivimos al dormir.

Tal vez ahí se encuentre el germen de la mejor terapia mental.

miércoles, julio 09, 2025

Beso

Tenemos más tendencia a la protesta que a la celebración y hay veces, muchas, en que la queja viene de no haber sabido festejar en su momento lo que nos hacía disfrutar.

Yo recibo cada mañana un beso sonoro y muchos achuchones.

¡Cada mañana!

Fran se levanta siempre antes, sea día de trabajar o descansar. Aprovecha que yo estoy sin defensas para ponerme su cabeza en la barriga y acariciarme de la cabeza hasta los pies.

Yo hago como el que se molesta, pero moriría si dejara de ser así.

domingo, diciembre 15, 2024

Hormonas

Fran duerme menos que yo, así que los días de fiesta él hace de mi despertador natural. 

Se despereza, consulta el móvil, se levanta, viene, va... 

Las veces que veo la oportunidad, lo abrazo, porque los años han demostrado que poseo el poder de adormecerlo de nuevo. No es necesario más que rodearlo con mis brazos para que, en cuestión de segundos, le baje el ritmo cardíaco, los músculos se le destensen y acabe expulsando ese ligero resoplido que indica que está dormido.

Lo que ocurre, algunas veces, es que el que se despierta soy yo y acabo con el brazo dormido de sostenerlo, sin quererlo despertar.

domingo, noviembre 03, 2024

Siesta

Soy dormilón y me encanta leer, dos características en mí que se han ido entremezclando en la mente de Fran durante la media vida que llevamos juntos.

Al tener siempre la compañía de un libro, es habitual que pase tardes o noches de lectura. No hay espacio para el aburrimiento si tienes una novela a mano. Así que, en cualquier momento de cualquier día le comunico mis planes a Fran:

—Voy a leer.

Me produce tanto placer el hacerlo, me desconecta tan rápido de la realidad, me siento tan cómodo que, en menos que canta un gallo, me quedo frito.

Así que Fran ha modificado nuestro vocabulario, de forma que, cuando se va a dormir una siesta o se acuesta un poco antes porque tiene que madrugar, yo le pregunto:

—¿Dónde vas?

Y él, con guasa, me responde:

—Voy a leer.


viernes, septiembre 13, 2024

Somnífero

Aunque duermo como un niño pequeño, hay días infames de trabajo en los que no me libro del diazepam al caer en la cama de noche. 

Pero esos casos son excepcionales para mí, porque tengo una medicina mejor para caer redondo. Los libros. 

No es desprecio hacia ellos, sino alabanza por conseguir bajarme la tensión a los tobillos y conectarme con la parte de mí que más me gusta, la de observador del mundo.

Al salirme de mí para adentrarme en espacios ajenos, me olvido de lo que me impide relajar músculos y mandíbula, hasta que, por arte de magia, mis ojos se empiezan a cerrar allí donde me llevó ese narrador que me quiso rescatar de mis comecomes.

viernes, abril 12, 2024

Salud

Hay un factor placer en el cuidarse.

Saber que la ensalada que tomas es sanísima, renunciar esa noche a la cerveza, darte el largo paseo hasta Triana pese a la pereza, hacer las flexiones antes de dormir, estirar la espalda en la ducha, comprar un kilo de sardinas en el mercado, con todo su omega 3.

Tenemos que disociar la lucha salud-disfrute, porque las dos caben en el mismo cofre de las maravillas.

Querer a nuestro cuerpo es querer al mundo. Cuidarlo es lo menos que nos podemos pedir.

sábado, marzo 16, 2024

Sí, hombre

Ocurre todos los días y todas las noches caigo.

Él, que siempre está ya en la cama cuando yo me acuesto, espera a que ponga las alarmas, organice mis libros, haga un zapping rápido por la tele y acomode mis almohadas, y así, para cuando ya me he colocado cómodo, me suelte.

Échate para allá para el otro lado de la cama, para abrazarme.

Entonces mi yo más arisco, el organizado, el que está concentrado en lo que ha hecho en el día y lo que tiene por hacer mañana, siempre le responde.

¡Sí, hombre! con cara de cuerno.

Y viene la carcajada de Fran.

sábado, diciembre 23, 2023

Respiraciones

Es un método que no falla.

Espero a que esté dormido y me agarro por detrás, tan pegado que incluso siento sus latidos y su respiración a través de su espalda. Entonces, en el silencio de la noche, me concentro en el movimiento de sus pulmones, en el ritmo relajado de sus inspiraciones y espiraciones, hasta, poco a poco, acoplarme a su respirar.

Al concentrarme solo en eso, en coordinar mi cuerpo con el suyo en el movimiento más animal, mi mente se va adentrando en sueños, que no pueden ser feos, hasta dormir.

miércoles, mayo 24, 2023

Somnífero

Solo hay un somnífero mejor que leer una novela, y es escribirla.

La virtud relajante de la ficción es esa, sacarte de tu realidad para transportarte a otros mundos. Al conceder ese poder al libro que se tiene entre manos, uno está aflojando la mandíbula. El cuerpo pierde la tensión que produce el pensar en los planes del día siguiente o en la bronca del día anterior.

Una buena novela te pedirá que pierdas sueño para saber más, pero en el fondo no es más que un señuelo para que a cada página te sientas más fuera de ti, con lo que dejas a un lado toda preocupación propia para participar en un juego en el que no cuentan los dolores propios.

Cuando, en cambio, es uno el que está construyendo ese universo de ficción, y apaga las luces, se alcanzan estados cercanos a la levitación. Ahí sí que no estás tú, por muy en el centro que estés, por mucho que esos personajes solo existan en tu cabeza. Cuando construyes una novela lo menos importante eres tú.

Así que me escondo por ver qué tal se llevan entre ellos, de modo que cuando la novela va bien avanzada ya los conozco como si fueran mi familia y al calorcito de sus conversaciones, me quedo frito.


miércoles, noviembre 02, 2022

Ajo

La vida es una continua lucha entre nuestro yo que prefiere quedarse quieto y aquella otra parte de nosotros a la que le gusta echarle sal y pimienta al día a día. 

Lo malo es cuando le echas ajo.

Llevaba días durmiendo mal por un picor continuo en los oídos, así que investigué por internet qué podía ser. Como siempre ocurre en la red, ya había millones de personas que habían preguntado lo mismo y la respuesta mayoritaria era que se trataba de una descamación de la piel del oído interno. La solución, una gota de aceite de oliva virgen.

Hice malabarismos para echarme el aceite, pero lo conseguí. Y empecé a dormir como un lirón.

Así que decidí comprar un botecito con cuentagotas para facilitar la labor. En el tiempo que tardó en llegar, leí más sobre el asunto. Había quien sugería triturar algo de ajo en ese aceite, para aprovechar las propiedades curativas de la planta. De modo que cuando tuve el bote, trituré el ajo y me vertí una gota en uno de los oídos, para no manchar la almohada.

¡¡¡Qué picor!!!

Me desperté a media noche con una molestia insoportable y con un olor intenso a bar cutre de carretera que le llegaba por dentro a mi nariz. Así que me levanté, traté de limpiarme el oído con un bastoncillo y comprobé que lo tenía lleno de sangre. Se me heló el corazón. El novelista que hay en mí pensó que se me estaba derritiendo el cerebro. Tanteé el otro oído, la nariz, por ver si la sangre caía por todos lados.

Tras una inspección rigurosa, comprobé que la causa no era sino una pequeña herida externa producida por rascarme mientras dormía.

Me eché aceite del bueno, y me acosté.

Yo soy de los que le echan sal y pimienta a la vida, pero ajo... Ajo, nunca más.

jueves, mayo 12, 2022

Sonda

Como un detector de movimientos de tierra, cuando Fran ve que comienzo a moverme en la cama, coloca uno de sus dedos en mi barriga y sigue durmiendo.

De hecho no sé si es su cuerpo el que decide por cuenta propia colocar ahí el dedo, sin consultarlo con él.

Entonces yo me calmo, poco a poco paso a despertarme, a abrir los ojos en la habitación en penumbra, con la mente en los planes para el día. 

Mi barriga sabe que está ahí el dedo. Vigilante. Quizás Fran esté dormido y yo en mis cosas, pero el dedo lo controla todo.

Cuando por fin decido poner los pies en tierra, el detector informa al caballero que su marido se ha levantado. Es entonces cuando me giro y Fran, desde la almohada, me guiña un ojo de puro amor.

viernes, mayo 06, 2022

Libro

Me encanta dormir tras caérseme un libro en la cabeza.

En ese final de un nuevo día agotador, cuando intento llegar al final del capítulo y las fuerzas no dan para más. Se van cerrando los ojos, te fallan las manos y ¡plaf! Novelazo en la cara para medio despertarte, dándote un plus de energía que muchas veces no da para alcanzar a terminar el párrafo en cuestión.

En muchas ocasiones el porrazo viene seguido de una carcajada. De Fran, claro.

En todo caso, producen los mejores sueños, porque enlazas sin solución de continuidad el mundo de la ficción con el onírico y entras en esa nueva dimensión, tan necesaria, con el cuerpo entregado a todo lo que no es tu realidad diaria.

Novelazo y a dormir.

lunes, abril 04, 2022

Queja

Tenemos todo el derecho a maldecir el despertador. A no querer levantarnos. Nos merecemos poder decir que nos desespera volver a empezar de nuevo un día más.

Lo que no vale es decirlo a diario.

Lucho por no avergonzarme de expresar, no a nadie sino a mí mismo, mi hartura. Esos días en los que ves que a las ocho de la mañana tienes reunión con el amargado de turno, que Fran está en San Sebastián y que no tengo yogur en la nevera. Sí. Me cabreo con el mundo, saco mi tablao de Farruquito y me pego mi 'zapateao'. Me meto en la ducha y me achicharro, con plena consciencia, hasta que con la toalla me seco mi mala uva y abro las ventanas.

No quiero ser contenido conmigo mismo. Quiero concederme esos instantes de pataleo casi infantil en el que me digo, en el tono dramático que corresponde, que no puedo más.

La luz de amanecer de mi ciudad, que me conoce, hace por amansar a la fiera.

viernes, enero 07, 2022

Siesta

Cuando puedo dormir una siesta me gusta hacerlo con las ventanas bien abiertas a la luz.

Que incluso me moleste el sol.

Ese placer de ir cayendo poco a poco mientras suena el soniquete del telediario y empiezas a meter las noticias en tus sueños, de forma que cuando llega el hombre del tiempo ya tú estás regulando el termostato a los grados que él te dice desde el otro lado del espejo.

Una siesta con luz es un viaje diferente al de la noche, porque hay un factor externo, determinante, que une el mundo real con el onírico, la cambiante luminosidad que atraviesa los cristales.

En los días tranquilos del fin de semana Fran me pide una siesta de cama y persianas echadas, pero yo me agarro a mi sofá, a una tele parlanchina y a ese dulce transcurrir de la tarde con olores a café.