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sábado, febrero 19, 2022

Broma

En cuestiones de trabajo, me gusta tantear con una broma a las personas con las que empiezo a tratar. Que son muchas, por el puesto específico que desempeño. 

No hay día en el que no tenga que presentarme a alguien de una fábrica en cualquier lugar del mundo, o a un directivo parisino, o a un compañero que trabaja en Rumanía, o a alguien de Recursos Humanos en España. 

Como casi todo es a distancia, lo primero que hago es tantear.

No me sale decir 'bonjour' y soltar una lista de peticiones, preguntas o informaciones. Lanzo el 'bonjour', el 'good morning' o el 'buenos días' y doy un paso atrás.

Quizás no en la primera respuesta, pero en la segunda ya ves qué tipo de persona se mueve al otro lado. 

Es entonces, como en las historias de amor, cuando se juega todo. Hay que encontrar el tono justo, la frase concisa, para hacerte ver como un tipo cercano, en el que se puede confiar, que no ha venido a buscarte para salvar su culo ni para darte más trabajo ni problemas. Que, independientemente de la pregunta técnica que te vaya a hacer, sé que hay una persona al otro lado de mi pantalla de ordenador.

La mayoría de la gente no se da cuenta de que las tres primeras frases, incluso en una relación profesional, son transcendentales.

Lo contrario es echar un huevo a una sartén sin aceite.

lunes, noviembre 01, 2021

Trato

A mí me ha salvado el trato.

Porque no soy especialmente brillante en mi trabajo, ni soy un enamorado de mi profesión.

Sin embargo, me ha ido bien. He tenido, tengo, una carrera profesional interesante, he tocado muchos palos, he vivido en varios sitios, me han asignado fuertes responsabilidades, he dirigido equipos, me he codeado con gente de mucho nivel.

Estoy convencido de que la clave de mi éxito está en el trato. Hacia los demás, hacia mí mismo. Saber ponerme en mi lugar con una sonrisa, saber escuchar al otro sin importar su jerarquía.

A los años de entrar en Renault, en el salón de actos de mi fábrica, el director dio una charla a todos los mandos de la empresa sobre la gestión de los recursos humanos. En ella defendió lo que él definió como la técnica de las 3 haches.

—Humanidad, humildad y sentido del humor.

Fue ése uno de los momentos clave de mi vida, porque entonces añadió:

—El mejor ejemplo de quien lo sabe poner en práctica es Salvador Navarro.

Entonces todo el mundo se giró hacia mí y yo subí al cielo del anfiteatro. Fue una lección de vida. Nunca olvidaré esas palabras, que han sido una guía constante para mí.

Días después, al salir del trabajo, fui a comer con mi padre, que estaba en su ronda diaria de tapeo con los amigos. Al saludarlos, él, achispado y orgulloso de mí, comentó en voz alta.

—Borete, les he contado a mis amigos lo de tus 3 efes, pero con las cervezas no me acuerdo de ninguna.

—Eran haches, papá.