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jueves, octubre 17, 2024

Vidrio

Cada vez que tiro las botellas en el contenedor de vidrio, miro a la ventana que está justo encima y pienso en las maldiciones que estarán habituados a mascullar sus inquilinos cada vez que oyen la descarga de cristales rompiéndose entre sí.

Nadie está a salvo de que un día le coloquen uno igual bajo su ventana.

Entonces añorarás, con impotencia, los tiempos de las siestas infinitas, los despertares suaves provocados por la luz del amanecer, el ciclo armonioso de las cosas.


lunes, julio 10, 2023

Romper

A mí me gusta que los días se me rompan por la mitad.

Amante de los imprevistos, me erotiza la llamada no esperada, la reunión de urgencia, la visita que llega sin avisar, el notición, la sorpresa, el cambio de planes, el viaje.

Un día repetido es un día que no existe, no llena la mochila de nada y me roba la energía.

La novedad, en cambio, es el combustible vital más eficaz. Si me tomo el mismo desayuno a la misma hora en el mismo sitio con la misma gente acabaré por no saber en qué día vivo.

Entiendo, claro que sí, al amante de la rutina, al que se agarra al calorcito de lo que siempre ocurre igual. Puedo, a veces, añorar esa felicidad de lo previsible.

Pero a mí me va la marcha y si no se me rompe el día, lo destrozo yo.

martes, marzo 07, 2023

Organizados

Prefiero a la gente que intenta ser organizada que la que lo tiene todo bajo control o, también, que aquella que es un desastre.

Los que son muy organizados, y lo llevan todo para delante, me asustan. Suelen ser personas rígidas, acostumbradas a que si es martes y son las nueve tenemos que estar cenando alcachofas. 

Las que son un desastre me hacen gracia, pero me agotan. Su imprevisibilidad y dejadez acaban por agujerear la confianza.

En cambio, la gente que pretende estructurar las cosas y no lo consigue se convierte en la más atractiva para mí. No se dejan ir, suelen saber dónde van y son los que mejor se adaptan al día a día, porque no santifican los planes, especialistas como son en hacer lo contrario de lo previsto sin el mínimo síntoma de ahogo.

Son los que tienen la pechuga en la nevera para la cena de esta noche, pero que prefieren dejarla para mañana cuando te los cruzas y les invitas a una cerveza.

sábado, julio 17, 2021

Precipitado

—Sé que es algo precipitado, pero podríamos organizar una cena esta noche.

Eran las seis de la tarde.

—Nunca, nada, es precipitado —contesté.

No sé cuántas veces habré dejado la comida a medio hacer, o habré congelado el pescado, o sacado las cervezas del congelador porque he recibido una propuesta 'precipitada'.

Yo me he autoeducado en el sí.

Quizás venga de lejos, de cuando era adolescente y tenía miedo a que se olvidasen mis amigos de mí. Ahora, en el día de hoy, es un sí convencido, maduro e incontestable.

Con el sí tienes lo imprevisto garantizado y lo imprevisto trae la vida, porque no sabes qué te van a contar, quién puede acudir, qué comida nueva vais a descubrir, cuántas carcajadas vas a soltar.

Los noes son el alimento de las propuestas que no te harán.

Los síes mueven el mundo, los noes lo congelan. Que no me cuenten que la edad es un freno.

Los planes están para romperlos cuando alguien querido te dice 'quiero cenar contigo'.