No sé cuándo fui consciente de haber encontrado, a lo largo de mi crecimiento como persona, la equivalencia entre el acto de aprender y el de ser feliz.
Quizás porque el aprendizaje no lo hago equivalente al hecho de estudiar, o no al esfuerzo, o no a la obligación.
Aprender por el gusto de conocer.
Hoy, como tantos otros domingos, he salido a la calle, me he comprado el periódico y me he ido a desayunar durante casi dos horas.
Tiempo para sumergirme en la realidad de un Marruecos que acaba de votar a un gobierno islamista en que aprendí que la propia monarquía ha sido impulsora de partidos políticos para ahuyentar la posibilidad de un país gobernado bajo las leyes de la sharia, desayuno en el que descubrí el lado luterano de Ángela Merkel, amante de las matemáticas y de la lengua rusa, que llegó a pertenecer a las Juventudes Comunistas de la RDA. Desde Chile me explicaban, poco después, por qué esas movilizaciones estudiantiles en un país en pleno progreso, y encontré la clave en la baja calidad de la enseñanza, al haber confundido los políticos cantidad con calidad. Me explicaron el drama que supondría para España volver a la peseta, fundamentalmente por la descapitalización de la banca y me adentré en una clase de 4º de ESO del País Vasco durante la exposición de su drama de una víctima del terrorismo. Analicé durante quince minutos gracias a un estudio estadístico, hacia dónde se fueron los votos del PSOE del 20N, en esa zona centrista poco ideologizada que se reparten de elección en elección los dos grandes partidos. Me sorprendí por las altísimas compras de automóviles en estos tiempos de crisis de los 'rent a car' o el desembarco en Norteamérica de unas 'muñecas de Famosa' que yo creía desaparecidas. Me alegré de saber que cada vez se tiene más en cuenta el compromiso ético de las grandes empresas con el empleado o con el medio ambiente por parte del cliente y de los inversores. Buceé en la historia de Atenas y Roma para entender algo de la crisis que hoy afecta a griegos e italianos, en un artículo en que se defendía una salida política, casi espiritual, a esta crisis. Me aproximé a Medina Azahara para conocer cómo un grupo de intelectuales cordobeses defendió el inicio de excavaciones para protegerla del desconocimiento social de esa ciudad fundada en el siglo X.
Pasando páginas de un periódico que cuesta menos que un desayuno, tuve dos horas nuevas de placer. Un viaje de Chile a Alemania, de Marruecos a Grecia, de la política a la empresa pasando por lo espiritual.
Difícil encontrar formas más baratas de alegrarse una mañana de domingo, siempre que se entienda que el conocimiento es crecimiento, que te ayuda a hacerte como persona y como observador del mundo, de las realidades de otros tiempos y de éstos, de otros sitios lejanos, que lo son menos cuando tienes la curiosidad de detenerte un rato y leer.
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domingo, noviembre 27, 2011
domingo, junio 26, 2011
Machacados
Europa no lo sería sin los discursos de Platón o la ética de Socrates. La democracia es una palabra hermosísima que Grecia entregó, como tantas otras, al ser humano. Palabras eternas y actuales.
Hoy leía acerca de la proliferación de indigentes en las calles de Atenas, los cierres de negocios y la rabia no siempre contenida.
El mundo occidental concedió no hace mucho la organización de unos Juegos Olímpicos al país que los creó. Y con ello le entregó un regalo envenenado que vació sus arcas para unas semanas de gloria.
Cuando Grecia entró en Europa no pensó estar entrando en una cueva de tecnócratas liderados por una Merkel ansiosa de disciplina monetaria, con un Banco Central que sólo mira por el crecimiento de alemanes y franceses.
Los políticos griegos, como tantos otros, han cometido errores imperdonables. En su caso especialmente graves, porque falsearon las cuentas para anunciar un déficit que era mucho mayor del publicitado. Es un país donde hay mucha economía sumergida y un empleo público inflado. Bien. Arreglémoslo entre todos, como europeos que vivimos en comunidad. Pidamos sacrificios, sí. Pero no criminalicemos a un pueblo culto y trabajador. No arruinemos a una generación a la ignominia y la falta de esperanza.
Pidamos control y ajuste, pero propongamos un plan de choque para ese país hermano, busquémosle fondos europeos para fortalecer su industria, llevemos allí, aunque sea un gesto simbólico, alguno de los organismos que se reparten en el centro de Europa. Démosle voz al Sur. Tenemos capacidad sobrada para ello. Somos grandes, estamos preparados.
Esta Europa, sin embargo, es carnaza de mercados y burócratas, nos hacen entender. No hay lugar para la imaginación ni la solidaridad.
¿Dónde está la ilusión con que se nos vendía a este viejo continente como un pueblo unido con la aparición de la Comunidad Europea?
Si ser europeo significa vivir a lo alemán, yo me bajo de este tren.
Hoy leía acerca de la proliferación de indigentes en las calles de Atenas, los cierres de negocios y la rabia no siempre contenida.
El mundo occidental concedió no hace mucho la organización de unos Juegos Olímpicos al país que los creó. Y con ello le entregó un regalo envenenado que vació sus arcas para unas semanas de gloria.
Cuando Grecia entró en Europa no pensó estar entrando en una cueva de tecnócratas liderados por una Merkel ansiosa de disciplina monetaria, con un Banco Central que sólo mira por el crecimiento de alemanes y franceses.
Los políticos griegos, como tantos otros, han cometido errores imperdonables. En su caso especialmente graves, porque falsearon las cuentas para anunciar un déficit que era mucho mayor del publicitado. Es un país donde hay mucha economía sumergida y un empleo público inflado. Bien. Arreglémoslo entre todos, como europeos que vivimos en comunidad. Pidamos sacrificios, sí. Pero no criminalicemos a un pueblo culto y trabajador. No arruinemos a una generación a la ignominia y la falta de esperanza.
Pidamos control y ajuste, pero propongamos un plan de choque para ese país hermano, busquémosle fondos europeos para fortalecer su industria, llevemos allí, aunque sea un gesto simbólico, alguno de los organismos que se reparten en el centro de Europa. Démosle voz al Sur. Tenemos capacidad sobrada para ello. Somos grandes, estamos preparados.
Esta Europa, sin embargo, es carnaza de mercados y burócratas, nos hacen entender. No hay lugar para la imaginación ni la solidaridad.
¿Dónde está la ilusión con que se nos vendía a este viejo continente como un pueblo unido con la aparición de la Comunidad Europea?
Si ser europeo significa vivir a lo alemán, yo me bajo de este tren.
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